20 noviembre 2010

Pornografía y prostitución infantil: ¿Qué es el "sexting"?

La pornografía infantil está infortunadamente vinculada a la Red, que es utilizada por pedófilos y pederastas de forma habitual. Quienes relativizan el alcance y los efectos que tiene la pornografía infantil mienten, están gravemente desinformados, se niegan a enfrentarse a la realidad o les importa un rábano lo que ocurra con los hijos de los demás, a veces incluso hay quienes se despreocupan de sus propios hijos, pero este es otro asunto.
Sobre pornografía infantil hay numerosas publicaciones y abundante documentación, también en la Red.
Hay pedófilos, pederastas y buscadores de menores de edad con fines delictivos (pornografía y prostitución infantiles) aprovechan cualquier hueco para introducirse en grupos o ambientes de adolescentes aficionados al sexting --en castellano sexteo, vocablo que se utiliza de forma generalizada en Sudamérica y entre los hispanohablantes norteamericanos.
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Un "juego" que no se debe practicar
ni con los amigos o amigas
de mayor confianza. Las
fotos cambian fácilmente
de manos y... ¡!
¿Qué es el sexteo?
El fenómeno se inició en Estados Unidos y consiste, resumiendo, en que niños/as, adolescentes o jóvenes utilizan el sistema de transmisión de mensajes breves (los populares SMS) u otras aplicaciones para remitirse entre unos y otras fotos insinuantes, incluso desnudos, así como mensajes eróticos o citas con fines sexuales.
El problema radica en que esos mensajes son rebotados por los receptores a sus amigos o conocidos y a través de estos, a más y más personas, por lo que hay elevadas probabilidades de que las imágenes, los textos y las citas acaben llegando al móvil de conocidos o desconocidos carentes de escrúpulos.
En ocasiones esos mensajes incluyen números de teléfono o los lugares de encuentro y datos personales que pueden ser recibidos o robados por un pedófilo, un pederasta, un pornógrafo o un proxeneta [cada vez son más los "empresarios ilegales del sexo" que recurren a las telecomunicaciones para localizar y captar niñas/os, adolescentes y jóvenes].
Lo que en principio era un juego de quinceañeros/as estadounidenses, casi todos de clases medias y alta, se ha extendido por todo Occidente, especialmente por Latinoamérica, y una vez más los delincuentes sexuales aprovechan la mina.
No se trata sólo de alertar sobre ciertos juegos a los menores de edad, sino de que padres, familiares, docentes y adultos en general sean cada vez más conscientes de los riesgos que supone el sexteo para los niños y los no tan niños.
En definitiva, no bajar la guardia.
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El rapto y asesinato de la niña onubense Mari Luz, aparte de las circunstancias que habrían favorecido al autor de la perversión, ha reavivado un asunto de honda enjundia: ¿qué caracteriza a los pederastas?, ¿son simples delincuentes?, ¿se trata de una inclinación sexual natural?, ¿hay factores concretos de índole social o acaso familiar que conforman su personalidad?, ¿son enfermos incurables?
De entrada, es obligado subrayar que los estudios en profundidad que se han realizado del comportamiento de los pederastas --todavía escasos y casi siempre centrados en cuestiones teóricas o en casos concretos-- revelan que los autores de abusos sexuales a menores casi siempre son personas conocidas para la víctima y sus familiares, carecen de un perfil psicosocial que permita identificarlos en la vida cotidiana y rara vez son individuos asociales.
Un pederasta --salvo cuando ataca a un menor por razones que van más allá de lo sexual; por venganza, por ejemplo-- rara vez deja entrever sus intenciones, ni siquiera a quienes conviven con él.

El estudio "epidemiológico" de McLachlan
Uno de los pocos estudios realizados con amplitud propia de un trabajo epidemiológico, en el que intervino el especialista británico Robert J. McLachlan, demuestra --al margen de las prevenciones que merecen las encuestas-- que nueve de cada diez reos de delitos sexuales contra menores están emparentados con el niño o la niña, o bien son amigos o vecinos de la familia de la víctima.
Las mujeres que abusan sexualmente de menores de edad son excepcionales.
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Espacio y tiempo
En más del 95 % de las ocasiones el pederasta conoce previamente al menor porque ha compartido --tanto con el niño como con sus familiares-- tiempo y espacio en el polideportivo, en el colegio, en la biblioteca, en la tienda de chuches del barrio, en el autobús o en otro ámbito de acceso público.
En numerosas ocasiones, lo más preocupante en ese oscuro mundo del deseo sexual contra natura -o al menos contrario a las convenciones sociales y a las normas que hacen posible la convivencia- radica en que «el abusador es el padre, el abuelo, el tío, el primo o el hermano de la víctima», ha subrayado McLachlan, que está considerado uno de los más acreditados expertos europeos en delitos sexuales, y que durante años ha sido el responsable del grupo de la Policía Metropolitana de Londres que se encarga de perseguir ese tipo de crímenes.
Los especialistas (desde psicólogos y médicos hasta policías y criminólogos) han insistido en varias ocasiones en que los estudios hasta ahora realizados no permiten otorgar a ese tipo de delincuentes una prevalencia por grado de instrucción, oficio, fortuna, condición social o etnia.
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Retrato robot válido para los países de Occidente
Sin embargo, las respuestas facilitadas por los delincuentes sexuales que participaron en una amplia encuesta realizada en Nueva York permiten disponer de un retrato robot del pederasta en las sociedades industrializadas. Con matices, aunque de grado mínimo, ese perfil es aplicable en España.
El retrato robot del pederasta, siempre según ese estudio neoyorquino, sería el de un hombre adulto de raza blanca (este detalle tiene un alto significado en la sociedad norteamericana); casi siempre se trata de tipos mayores de 30 años que están o han estado casados (lo que en principio indica que en su mayoría son heterosexuales), ha realizado estudios secundarios (es más, resulta que el 40% de los condenados encuestados eran universitarios); disfruta de unos ingresos superiores a la media y profesa alguna religión.
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La religión no es un freno
En este último aspecto es obligado subrayar que nueve de cada diez reos (todos ellos acusados de pederastia y en prisión, o ya sometidos a tratamiento pospenitenciario) declararon ser seguidores de una religión monoteísta (cristianismo, islamismo, judaísmo).
Los autores del estudio tuvieron muy en cuenta que los abusadores sometidos a estudio podrían haber minimizado o desfigurado los hechos y los datos para paliar su vergüenza, o acaso para ganar la confianza de los científicos a fin de acceder a beneficios penitenciarios. Y también tuvieron en cuenta que numerosos encuestados eran propensos a engañar y algunos, mentirosos compulsivos.
Es imposible precisar en qué medida afectó ese factor a los resultados del estudio, pero afectó, sin duda, por lo que el perfil del pederasta es vago y más inquietante por ser difícil de detectar.

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