09 junio 2013

¿Es austero un gobierno que recorta el gasto público? Casi nunca y en el caso español, ni de coña

La derecha europea arrolla. La española también. Y no sólo en las urnas.
Sí, sí, ha leído usted bien: la derecha arrolla. Y arrolla tanto que incluso impone su lenguaje. Aunque sería más exacto hablar de jerga. No me refiero sólo a palabras, palabros y eufemismos, sino también a los conceptos que los vocablos representan.
La más reciente tergiversación que ha logrado imponer la derecha afecta al sustantivo austeridad.
El éxito de la derecha es tal que la izquierda políticamente correcta [esa que de izquierda apenas le queda la sombra] y parte de la izquierda real, que electoral y "filológicamente" están derrotadas, intentan paliar el triunfo "oral" de la derecha inventando estupideces, como eso del "austericidio", dando así por cierto el singular sentido de la austeridad que difunden los rajoy, merkel, cameron y demás conservadores. Peor aún, la izquierda es tan "boba" que cede a la derecha la virtud de ser austera.
Sin embargo, nadie ignora, salvo esa izquierda desnortada [o derechizada], que los conservadores jamás son austeros, esto constituiría una contradicción. En todo caso, los conservadores predican la austeridad, algo similar a lo que hace El Vaticano [digo El Vaticano, ¡ojo!, no los cristianos]
En el mundo tal como lo entiende la derecha, los únicos austeros son los criados [léase, los asalariados y casi todos los autónomos y pequeños empresarios].
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Austeridad es una palabra que suena bien...
Los conservadores necesitan que los demás seamos austeros. Y vive Dios [aunque no creo] que lo somos y, además, lo somos porque no queda otra y también a mucha honra.
¡Que absurdo es todo!
Los conservadores europeos hablan de austeridad para referirse a la necesidad sistémica de que los Estados gasten menos, pero esa austeridad no es tal, pues usan ese sustantivo para no pronunciar la palabra ahorro ni las expresiones restricción del gasto o, más exactamente, desvío de recursos públicos, pues esta última es la denominación más correcta para referirse a una política cuyo eje es ahorrar dinero público para, entre otras cosas, satisfacer la "necesidad" que tiene el sistema financiero de tapar los agujeros que… No les voy a cansar repitiendo lo que ya todos sabemos.
[Ver "Vivienda: De los créditos basura a los precios simulados"]
En fin, estos días he tenido el blog un tanto abandonado por motivos que no vienen al caso y esta noche, ya casi superado el enésimo baño de españolismo deportivo con los que nos idiotizan casi a diario tantos medios [conste que he disfrutado con Nadal y Ferrer], sentí la necesidad de proclamar que me encanta la austeridad pese a ser zurdo.
En la lucha de clases que se libra en el campo del lenguaje la izquierda lleva años perdiendo batallas, sobre todo en asuntos de economía.
Llamar austeridad al ahorro, máxime cuando la finalidad es no subir impuestos a los ricos y prestar dinero a la banca, me parece tan descabellado como decir que el PIB experimenta un crecimiento negativo para callar que el PIB disminuye, cae o se derrumba… O enunciar que se hará un ajuste de plantilla para evitar la palabra despidos.
La política de ahorro del actual Gobierno no es por razón de su austeridad. Los adinerados y sus gobiernos jamás fueron austeros. Quien lo crea así necesita visitar urgentemente el diccionario de la RAE.
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La política de austeridad es al agua embotellada como... La viñeta es de Dilbert
NOTA:
Austeridad, según precisa la Real Academia, es la cualidad de la persona austera y por austero se entiende «severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral», o también «sobrio, morigerado, sencillo, sin ninguna clase de alardes».
Por favor, no seamos cómodos y hagamos un esfuerzo por pensar, aunque "duela": los presupuestos españoles ya eran austeros y sobrios antes de que el Gobierno de Rajoy metiera las tijeras donde no debería, pues España figura desde siempre en el furgón de cola del Occidente europeo en cuanto a porcentaje del producto interior bruto dedicado a sanidad y educación. Es más, la sanidad pública española es, o era, una de las más eficientes del mundo a pesar de que, en efecto, incurre en ciertas duplicidades y varios vicios.  
Insisto, la política del actual Gobierno no es de austeridad, sino política de ahorro. Y cuando el pobre ahorra en los alimentos para comprar el coche (salvar a la banca), llegan el hambre y la descomposición del hogar (la sociedad). Es inevitable.
ANÁLISIS relacionado, didáctico y de alto interés: 
"¿Existió el milagro fiscal del Gobierno de Aznar?", por Ignacio Conde Ruiz, en ZONA CRÍTICA.

1 comentario:

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