06 abril 2014

España: Si el poder no pone coto a las "guerras" inter-territoriales...

...el mosaico y el Estado acabarán troceados por las buenas o a lo peor, por las malas
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Lo sorprendente e inexplicable no es que más de la mitad de los adultos residentes en Catalunya sean partidarios de la segregación, lo sorprendente es que que todavía haya un elevado porcentaje de ciudadanos residentes en Catalunya que siguen creyendo que la España actual es su país.
Personalmente [aunque soy consciente de que mi opinión carece de toda relevancia], debo precisar que no me molesta ser ciudadano español. No me motivan las fronteras, salvo para franquearlas, y en paralelo el ámbito del Estado español es un mosaico cultural y humanamente rico en el que se uno se puede (o podría) sentir a gusto.
[Si el mosaico abarcara toda la Península, ¡mejor!; considero lamentable que el iberismo esté infravalorado como futuro político-administrativo]
La Península siempre fue un mosaico 
Infortunadamente, entre los miembros de las élites con poder social y económico (con independencia de su idioma materno) los necios son numerosos.
Es evidente que los Estados europeos están cada vez más al servicio del "dinero" e imponen valores más o menos cuestionables; pero en España no solo ocurre eso, sino que además el Estado está siendo utilizado otra vez para uniformar el país política y culturalmente. Y más aberrante, también intentan castrar el mosaico sentimental.
Por si fuera poco, el españolismo es doblemente necio porque ignora que para bien del sistema es imprescindible mantener la concordia y estabilidad social sin olvidar que España es un mosaico. Ese afán uniformador de corte "religioso" ha calado con tanta intensidad en ciertas personas que ni siquiera son conscientes de los excesos en los que incurren (= fanatismo).
[Hay una diferencia sustancial entre España y el resto de Estados de la Europa occidental, Francia y Gran Bretaña, por ejemplo, donde el Estado implementó y mantiene activas una serie de medidas para evitar quiebras sociales graves. Por el contrario, el Estado español apenas dispone de contrapesos y, para colmo, están siendo destruidos los pocos que se habían creado a partir de 1978, motivo por el que los dos poderes fundamentales del país (el económico y el político) no solo son factores complementarios, sino ¡socios interesados!]
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El fútbol solo une momentáneas pasiones...
El PP practica el «nosotros o el caos»
En un escenario deteriorado económica y socialmente es una osadía que el poder político utilice el Estado para fomentar filias y fobias, en especial las de carácter social, cultural y territorial. Es incomprensible, por ejemplo, que los españolistas combatan el independentismo desde y con las armas del Estado, y que lo hagan ninguneando a Catalunya y a lo catalán.
El PP está convirtiendo el Estado en enemigo de Catalunya y de los catalanes.
Eso es penoso y muy peligroso.
Pero no es una actitud nueva. Las actitudes anti-catalanas de los españolistas ya eran habituales [también en ciertos medios de información] mucho antes de que CiU decidiera apostar por el independentismo. 
Ese españolismo reviejo, ahora exacerbado, está en el origen de que gran parte de los nacionalistas catalanes, tanto de la derecha como de la izquierda, hayan reaccionado "sentimental" y/o ideológicamente y apuesten por abandonar el Estado español.
Ese alejamiento ya se registró cuando el PP de Aznar López obtuvo mayoría absoluta y ejerció el poder sin necesidad de respetar el mosaico.
Desde hace dos años la deriva se repite con Rajoy Brey, con el agravante de que la gestión gubernamental de la crisis económica alimenta descontentos y rechazos.
Con mayoría absoluta, el españolismo no solo fomenta filias y fobias en el ámbito de lo político, lo económico y lo cultural, sino que ha vuelto a trasladar esa estúpida guerra de posiciones a otros ámbitos, desde las artes hasta los transportes, pasando por la enseñanza, el ocio, el turismo, etcétera... ¡e incluso los deportes!
Los españolistas decidieron hace ya mucho tiempo uniformar el país y siempre que disponen de poder suficiente retoman "la más sagrada de sus tareas". Siguen sin entender que si persisten en esa dinámica y siguen azuzando, provocarán la destrucción del mosaico y el fin del actual Estado.
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NOTA:
Usted, amable lector/a, quizá argumente que la responsabilidad de ese problema es compartida a partes iguales por todos los nacionalismos: españolismo, catalanismo, vasquismo, galleguismo, andalucismo, etcétera. 
Conviene mirar hacia atrás sin miedos ni prejuicios: el motor de las filias y fobias lo puso en marcha hace ya muchos años el empeño uniformador del españolismo. Ciertamente, hay cuotas de responsabilidad en todas las familias, pero ninguna familia sentimental, económica o ideológica ha influido tanto, ni su actitud ha sido tan constante ni prolongada en el tiempo como la de Madrispaña (conste que no me refiero a los madrileños). Al Estado y a esa España centralista corresponde, pues, hacer el mayor esfuerzo para poner fin a los contenciosos. Y con Rajoy, como en su día con Aznar, el españolismo no ha dado ni un solo paso en ese sentido, sino todo lo contrario.
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5 comentarios:

  1. El nivel de incomodidad, molestia o fastidio que cada cual pueda sentir por su nacionalidad es, evidentemente, asunto personal, libre e inobjetable.

    Por mi parte, me siento incómodo con mi nacionalidad española (que espero no dure mucho) por un buen elenco de motivos. Por ejemplo, me incomoda e irrita ser ciudadano de uno de los pocos Estados del mundo que, tras padecer durante largos años una dictadura, se niega a rehabilitar a las víctimas de dicha dictadura, mantiene a sus poderes fácticos y honra todavía hoy muchos de los emblemas de la misma. Bajo gobiernos de unos y otros signos.

    Me incomoda ser ciudadano de un Estado en el que miles, quizás millones de habitantes aprueban la situación anómala expresada en el párrafo anterior.

    Me molesta ser ciudadano de un Estado que vive en una pseudodemocracia tutelada.

    Me molesta que cada vez que voy a Francia me recuerden "vous êtes en retard", y en Inglaterra me digan "you spanish obviously are politically underdeveloped".

    En resumen, me irrita y me incomoda ser ciudadano de un país que "está enfermo", según acertadamente certificaba uno de los últimos posts de este magnífico blog.

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    1. Entiendo que se sienta incómodo siendo ciudadano español o portando DNI y pasaporte del Estado español, pero en mi opinión esa es una referencia administrativa.
      Siempre hablando a título personal, los ciudadanos españoles no somos responsables (ni siquiera los que han votado a los partidos que gobiernan o gobernaron) de lo que haga y deshaga la élite dominante y el Estado.
      Los españoles constituimos una colectividad y pertenecemos a ella, queramos o no, y personalmente no me molesta que sea así, sin menoscabo de que me repugne lo que hizo y lo que hace el Estado respecto de lo que usted menciona y de otros asuntos.
      Sí, en el extranjero yo también he escuchado y sufrido expresiones como las que menciona, pero además de que revelan la simpleza de quienes las utilizan, no me doy por aludido y si la "bordería" de quien hace esos comentarios va a más y personaliza siempre hay hechos con los que zaherir a un francés o un británico, aunque tampoco sean imputables a los ciudadanos de esos Estados.
      España está enferma, coincidimos, pero el virus lo han inoculado los que han detentado y los que ostentan el poder, no los ciudadanos del común, ni la colectividad.
      En todo caso, insisto en que también me repugna este Estado, pero no sus gentes.

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    2. Supongo que resulta consolador, incluso terapéutico, poder disociar de ese modo el Estado y las clases hegemónicas, por un lado, y la ciudadanía por otro.

      Pero me temo que esa disociación sea sociológicamente insostenible. El Estado franquista contó con amplio apoyo ciudadano, y por eso perduró; y el corrupto régimen actual sería inviable si amplias capas sociales no simpatizaran con él, aparte de los eventuales beneficios que obtengan.

      En resumen, el Estado anómalo presupone una ciudadanía anómala.

      Saludos cordiales.

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    3. La sociedad no la moldean solo los ciudadanos, ¡ni mucho menos! Entre otras cosas, porque NO SON LIBRES.
      No refiero a la libertad "política" o a las libertades democráticas, sino a la libertad personal.
      La vida (alimentarse, dormir caliente, vestirse, amar, estudiar, trabajar, tener hijos y alimentarlos, etc. etc. y etc.) nos "encarcela" a todos en mayor o menor medida; a unos más que a otros, cierto, y unos se dejan encarcelar más que otros. Pero todos estamos sometidos a las "obligaciones" que comporta de vivir y, además, hacerlo en el marco de un sistema económico que pone mil y una trabas y trampas.
      Los ciudadanos NO SON LIBRES para decidir lo que quieren y si a esos condicionantes añadimos la educación y los valores que reciben desde niños...
      Es muy complejo.
      Personalmente, no me parece objetivo equiparar "el miedo a la libertad" (libro de Fromm que vale la pena releer) de los ciudadanos y el afán de poder y dinero de las clases dominantes (el Estado).
      No soy yo quien disocio a unos de otros. Siempre han estado disociados.
      Que tanta gente baje la cabeza, cierre los ojos y/o se ponga al servicio del poder está más relacionado con "la vida" que con las convicciones personales.
      Reciba un cordial abrazo.

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