29 junio 2006

El penúltimo rastro de la dictadura: ETA

Autarquía económica, estructuras productivas inadecuadas, prebendas administrativas, subvenciones interesadas, concursos públicos amañados, generalizada desconfianza social, un sector público paternalista y profundamente corrupto...
La España democrática heredó esas y otras pesadas cargas de la dictadura, amén de cientos de delitos amnistiados, hábitos autoritarios, embrutecimiento cultural, etcétera... y ETA.
El 12 de abril de este año, tras el anuncio de la tregua indefinida de ETA, el periódico El norte de Castilla, nada sospechoso de veleidades proetarras, difundió una información sobre las consecuencias del alto el fuego cuyo antetítulo rezaba:
«El 75 % de los vascos cree que el alto fuego es el primer paso hacia la paz», y añadía: «El sondeo desvela que la nueva situación ha producido ilusión (46 %) y optimismo (39 %), excepto entre los simpatizantes del PP».
El presidente de Gobierno español ha anunciado la apertura de un proceso político cuya finalidad es facilitar la desaparición de Euskadi ta Askatasuna (ETA). Dicho así, cualquiera diría que Rodríguez Zapatero afronta el reto de solucionar un problema reciente, como si ETA fuera hija de la democracia, o fruto de los desaguisados cometidos por Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo y Felipe González, los jefes de Gobierno que precedieron a José María Aznar López; el cual, por cierto, pese a haber ordenado reuniones con representantes de ETA y pese a haber trasladado a 142 presos etarras a cárceles del País Vasco, también fracasó en su intento de convencer a ETA de que lo más conveniente para todos era renunciar al uso de la violencia.
La rotunda negativa del PP a respaldar la iniciativa gubernamental, aparte de ser una reacción esperada, apunta que el PP prefiere mantener vivo el conflicto. Además, tan visceral reacción parece confirmar lo que muchos temían: la violencia verbal y la física están políticamente emparentadas.
Los dirigentes del PP han olvidado que cuando se aprobó la Constitución, en 1978, se dieron dos circunstancias singularmente decisivas para el futuro inmediato de España.
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Placa que todavía hoy "adorna" la Diputación de Alicante
El bálsamo del olvido
El primer factor que hizo posible el salto a la democracia fue protagonizado por el conjunto de la sociedad española, que olvidó a los franquistas que había perpetrado decenas de miles de homicidios, robos y corrupciones sin cuento, incluso hubo autores de esos u otros delitos que se incorporaron a la vida política de la España democrática con todos sus derechos civiles, en tanto que otros se retiraron del candelero institucional para seguir viviendo plácidamente y sin que nadie les echara en cara que habían contribuido a enlodar la vida del país.
Y el segundo factor que hizo posible la transición, aunque su oportunidad es cuestionable porque dejó activada una bomba de relojería, consistió en cerrar los ojos ante los conflictos inter-territoriales provocados por el empeño del nacionalismo español en destruir el mosaico; lo que dejó abiertas las heridas que la dictadura infectó, por ejemplo, en "las provincias vascongadas".
No nos engañemos: el café para todos de las autonomías es una tapadera que, además de emular erróneamente el federalismo es onerosa y tarde o temprano habrá que reparar el dislate.
Abundando en simplezas y aunque emocionalmente pueda ser comprensible, el PP habla demasiado y con imprudente resentimiento de los casi mil muertos causados por las acciones de ETA. Por el contrario, rara vez se alude a que el 6 de diciembre de 1978 la mayoría de españoles dejaron de hablar de los más de 100.000 desaparecidos, de las decenas de miles de condenas de cárcel, y de los cientos de miles de infelicidades y ruinas económicas personales que causaron o propiciaron la guerra desatada por el golpe de Estado y por el régimen franquista. 
Por si fuera poco, salvo excepciones, los causantes y los beneficiarios de la ignominia jamás han hecho el más mínimo esfuerzo de contrición. No es de extrañar, pues, que la actitud del PP aznarista haya refrescado la memoria de quienes en 1978 decidieron (decidimos) perdonar u obviar los graves daños causados por los franquistas.
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Los paños calientes y la represión sólo prolongan el problema
La mayoría de los grupos políticos que tenían representación parlamentaria en las Cortes Constituyentes (1977-78) --incluidos PNV, CiU, PSOE y PCE, entre otros-- optaron por cerrar los ojos a sabiendas de que dejaban abierto el conflicto vasco, entre otros, amén de cerrar los ojos ante decisiones judiciales que un Estado de Derecho democrático jamás debería obviar.
Por otro lado, en el referendo de la Constitución celebrado el 6 de diciembre del 78, sólo 2 de cada 10 vascos inscritos en el censo electoral votaron a la carta magna, y pese a tan frágil respaldo casi todos siguieron cerrando los ojos.
Todo valía, razonaron, con tal de pasar página y empezar a vivir en democracia y construir una paz de verdad.
No, en estos momentos el debate no debe estar centrado en dirimir si la Transición fue la adecuada. Ni tampoco tiene utilidad analizar una vez más las acciones de ETA durante la dictadura para condenarlas o justificarlas. Pero ahora, curiosamente ahora, los dirigentes del PP insisten en tergiversar los hechos e insisten en que la Historia de España --incluida ETA y todo lo que representa-- empezó el 6 de diciembre de 1978.
Justo cuando hay una posibilidad real de acabar con una de las más dañinas herencias de la España negra, el constitucionalista PP saca pecho para dar lecciones de democracia, de justicia y de dignidad...
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¿De qué dignidad hablan los nacional-católicos españoles?
¿De qué pretende dar lecciones un partido cuyo presidente de honor es un ex ministro franquista que justificó penas de muerte dictadas por tribunales especiales que conculcaban todos los principios de un Estado de derecho?
¿De qué dignididad habla el PP?
Peor aún, ¿cómo se atreve el PP a insinuar que sus pronunciamientos están basados en los principios morales del cristianismo?...
En España, como en toda sociedad y Estado democrático, es necesario que tengan voz y estén representadas todas las sensibilidades y todos los proyectos políticos, desde la derecha más autoritaria hasta la izquierda extrema y también los independentistas.
¿Qué pretende el PP promoviendo la ceguera colectiva, negando la existencia de hipotecas históricas que en gran medida se deben al franquismo?
Otra cosa es que los etarras acaben entendiendo que su actitud carece de futuro, opten por integrarse en el escenario y luchen políticamente sin violencia.
Es difícil, pero urge cerrar las heridas de la dictadura que siguen abiertas, en vez de golpearlas para que sigan sangrando.
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ENLACE a la breve historia de ETA que ofrece la WIKIPEDIA.

4 comentarios:

  1. Estoy completamente de acuerdo contigo. España es una democracia joven y, por lo tanto, algo inestable todavía. Asombra ver que todavía no tenemos claro qué es España, cuando el fantasma de "Las dos Españas" todavía nos persigue. Como bien dices, se ha mirado hacia otro lado tanto con ETA como con tantos y tantos franquistas asesinos que ahora se "han pasado a la democracia" como si nunca hubieran hecho nada malo, Fraga por ejemplo, que hace poco nos deleitó con un comentario a favor de la dictadura de su amigo Pinochet.
    España tiene demasiados "fantasmas", y nadie quiere abrir el debate, dejar claro qué es España y qué no es, y seguir adelante con una base sólida.

    Hay algo que me ha llamado especialmente la atención. En el título afirmas que ETA es el penúltimo rastro de la dictadura. ¿Cuál crees que es la última?

    Un saludo.

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  2. Hola, digo el penúltimo porque nunca nada es lo último. Pero, en mi opinión, el franquismo nos dejó variados problemas, tangibles e intangibles. Los más preocupantes son los segundos, porque los problemas presupuestarios y fiscales (piensa que en aquella época casi nadie pagaba impuestos) se han ido solventado. Lo más grave es la cultura paternalista --en lo moral y en lo económico-- y los hábitos y los criterios que seguimos considerando lógicos o naturales pero que no lo son. Por ejemplo, un concepto de autoridad distorsionado, un aparato de Justicia en cuyos cargos más relevantes siguen estando hijos de familias que tienen intereses que defender, una noción de libertad demasiado individualista --que antepone derechos personales a colectivos--, unas empresas públicas que eran insolventes pero que tenían grandes patrimonios y el PP vendió por cuatro euros, etcétera, etcétera, etcétera.
    El PP defiende prerogativas que en muchas ocasiones no son visibles para la generalidad de la ciudadanía, ¿quién crees que era la familia Aznar?, miembros del régimen y de los más "fieles". ¿O las familias Rajoy y Romay? El padre de Romay fue presidente de la Diputación de A Coruña durante años y años. Son detalles, pero los hay a cientos, hay fortunas actuales de España que se hicieron con expropiaciones delictivas, con concesiones otorgadas a dedo, con licencias de importación mafiosas y monopolísticas, etcétera. Las herencias del franquismo siguen vivas... ¡Y nos dedicamos a procesar a Pinochet! Sí, había que hacerlo, pero es curioso que haya quienes siguen dando lecciones de ética y de democracia pese a que son ladrones y homicidas probados.
    El aparato de la Justicia, pero sobre todo los legisladores (diputados y senadores), tiene una responsabilidad que jamás han querido asumir.
    Nadie quiere revivir situaciones incómodas, por emplear un calificativo suave, pero el colmo de la desvergüenza es que en este país haya tanta hipocresía y no seamos capaces --de forma colectiva-- de arrinconar a quienes hacen política para defender prebendas y privilegios.
    Hay puertas de los años 40, 50, 60 y 70 que siguen abiertas, y el PP --los miembros de los grupos fachas están en el PP-- lo sabe y sabe lo que hace. Las herencias del franquismo, ¡los valores y prebendas!, siguen ahí, incluso en las actitudes de inhibición o de apoliticismo.
    El apoliticismo siempre es de derechas, o de esa izquierda enajenada que tan bien representaron los estalinistas o cierto sector de la llamada izquierda aberzale.
    Simplificar es peligroso. Las cosas son complejas, como las vidas de las personas. Lo esencial es que haya voluntad de convivir y de respetar las reglas de juego, aunque no nos gusten. Hoy, por desgracia, hay dirigentes del PP que quiere romperlas. Son hijos del franquismo, de sus valores.

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  3. Félix: es de justicia la dignidad, respeto y memoria para todas las familias de las víctimas del franquismo.

    Pero la dictadura es la dictadura y ETA ha continuado matando durante el período democrático, quien pretenda justificar esto sería lamentable para cualquier persona decente.

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    1. Miguel,
      Claro que es injustificable una y otra violencia. Explicar uno de los motivos por los que hay violencia NO equivale a justificarla, para nada (saludos).

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