24 abril 2007

El padre del caos ruso, Yeltsin, ha muerto

El ex presidente de la Federación Rusa, Boris Nikolaiévich Yeltsin (Butka, 1931), ha muerto sin que sepamos qué papel jugó en el golpe de Estado aparentemente frustrado de agosto de 1991, durante el que Mijail Gorbachov fue detenido, retenido en Crimea y liberado tras las protestas que, paradójicamente, lideró Yeltsin, que ya era el enemigo número uno del padre de la perestroika (en ruso, reestructuración) y que a raíz de la asonada se ciño la corona del reinventado imperio zarista.
Inmediatamente después del misterioso arresto de Gorvachov, Yeltsin se dirigió al Parlamento y, subido en un tanque, pronunció su famosa arenga antigolpista cuyas imágenes fueron oportunamente captadas y difundidas en toda Rusia y en todo el mundo.
Pese a la debilidad de las estructuras del Estado soviético y pese a que la mayoría de la cúpula militar era contraria a la perestroika, las tímidas y minoritarias movilizaciones teóricamente lideradas por Yeltsin forzaron la rendición de los golpistas… O eso dice la historia oficial.
Yeltsin muere sin que tampoco se sepa por qué motivo en diciembre de 1999 eligió precisamente al ex agente de la KGB Vladimir Putin como sucesor --cual hijo de un monarca-- para liderar el nuevo Estado ruso.
Tras el inteligente y mal disimulado golpe de Estado de 1991, y después de la opereta que siguió durante ocho años, el héroe de la democracia (¿?) decidió abandonar el poder por causas que tampoco se conocen con claridad.
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Insisten en que ha sido un héroe
Lógicamente, la mayoría de los obituarios sobre la controvertida figura de Yeltsin serán benignos.
No hace falta ser adivino para intuir que el ex estalinista Yeltsin, que arruinó la ordenada transición y democratización que pilotaba Gorvachov, será presentado como un héroe de la causa de la libertad,... y se cantarán poemas épicos a mayor gloria.
Ni las matanzas de Chechenia, ni el corrupto proceso de privatizaciones, ni los profundos desequilibrios sociales, ni los graves vacíos constitucionales que acusa el presidencialista Estado ruso, nada será óbice para que Yeltsin sea homenajeado al mismo tiempo que su debilidad intelectual, su eclecticismo político y sus borracheras serán olvidadas o disculpadas.
Demasiados peces gordos, tanto rusos como no rusos, estaban interesados en que la transición a la democracia fuera un río revuelto. Para los "listos", Gorvachov era una piedra en el zapato y Yeltsin ha sido el oportuno hombre de Estado (¿?) que a pesar de su pasado comunista hizo un acto de contrición (¿?) para erigirse en defensor de la democracia y enemigo de las perversiones comunistas.  
Probablemente, lo más irónico es que en 1991, cuando el golpe-opereta minó la autoridad de Gorvachov, Rusia no necesitaba héroes anticomunistas porque la administración soviética estaba siendo reformada racional y sistemáticamente.
Por cierto, cuando en diciembre de 1999 Yeltsin cedió graciosamente el poder a Putin, el primer acto presidencial del ex kagebé fue decretar la inmunidad de Yeltsin y de toda su familia.
Descanse en paz.
Biografías de Yeltsin, en CIDOB y WIKIPEDIA.

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