02 julio 2013

Los palabros que viste la mentira: «No nos lo creemos»

Una sentencia inolvidable: «Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades». Esta frase no sólo es representativa de las medias verdades y de las mentiras que difunde el Poder para justificar el desvío de dinero público en favor de entidades financieras privadas, sino que también es representativa de cómo se construyen los mensajes para hacer creíble lo falso.
Y el Poder, ayudado por numerosos medios, insiste hasta conseguir que el receptor dude de lo que siente, de lo que piensa, de lo que toca e incluso de lo que ven sus ojos.
«Las palabras no son neutras: sirven para hacer algo al que las escucha. Las palabras y las frases que utilizan las élites políticas y económicas neoliberales intentan que la ciudadanía se comporte de ciertas maneras, sobre todo para que adopte opiniones y comportamientos sin que los poderosos tengan que ejercer la fuerza de manera obvia. El lenguaje es la primera y más necesaria arma del capitalismo neoliberal».
Esas son las primeras líneas de No nos lo creemos. Una lectura crítica del lenguaje neoliberal, de Clara Valverde, que ofrece un análisis tan sencillo como profundo sobre el hábil uso del lenguaje que hacen los propagandistas del Poder para difundir teorías, recrear la realidad y mantener embobados o enajenados al mayor número posible de ciudadanos.
No, la inmensa mayoría de los europeos no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pero muchos, quizá la mayoría, han asumido como cierta la sentencia que reza en la primera línea de esta reseña.
¿Qué argucias, qué palabras, qué giros, qué eufemismos...?, ¿cómo construye el Poder su propio lenguaje, sus perversos significados y sus falsas verdades?...
Pruebas hay del grado de perfección que han alcanzado los propagandistas del Poder; por ejemplo, si un detenido confiesa lo que ha hecho y lo que no ha hecho mediante tortura es porque se han aplicado «técnicas avanzadas de interrogatorio»... Decir genocidio suena demasiado fuerte y es preferible la expresión «limpieza étnica»... Durante la guerra de Vietnam, a fin de consolar a los deudos de los marines muertos en bombardeos de la propia aviación norteamericana se puso de moda el eufemismo «fuego amigo»... Y estos días, cuando los europeos que critican las medidas gubernamentales pasean su rechazo por las calles el Poder (y sus medios) recurren a palabras como «radicales» y «antisistema» para crear desconfianza, miedo y a la postre, hundir la navaja del neolenguaje para retratar a quienes protestan como «ingenuos», «intolerantes», «irresponsables» y en cuanto hay la más mínima excusa, tildarlos de «violentos», vincularlos a los «disturbios» y acusarlos de quebrar «la paz ciudadana».
Libertad de mercado (para negar que reina la ley del más fuerte y/o del más influyente), crecimiento negativo (en lugar de recesión), ajuste de plantilla (para no declinar el verbo despedir) ... La lista de neologismos, expresiones falaces y eufemismos es cada vez más larga. 
Por 7 euros, ¡sólo 7!, Valverde e Icaria ofrecen un prontuario de muy aconsejable lectura.

1 comentario:

  1. Desde la "Pax Romana" acá el poder desnudo y en bruto siempre ha intentado dar gato por liebre para disimular la opresión que ejerce, hacerla más llevadera y acallar a los disidentes.

    Cierto que el virtuosismo alcanzado en este menester por los neolibs de los tiempos presentes no tiene parangón, particularmente en el lamentable y resignado estado en que vivimos (en ambos sentidos del término "estado"), donde ya no se trata de estirar y retorcer significados, sino de invertirlos y darles la vuelta. Así, la emigración por hambre o desempleo pasa a ser "movilidad geográfica", el partido Popular en el Gobierno encarna la "absoluta transparencia", la reciente reforma laboral es "la más social" de que han disfrutado las clases asalariadas y la nueva ley de costas, a pesar de su manga ancha, es una ley "proteccionista y ecologista".

    Lo curioso es que estos que a diario prostituyen y erosionan el castellano son los mismos que se indignan muchísimo por las supuestas "persecuciones" que sufre, por ejemplo en Catalunya. Como si la lengua necesitara agresiones de fuera, y no tuviera bastante con los balbucientes "finiquitos diferidos" de Cospedal (que emula a Gila, pero con muy poca gracia), o con la estomagante habla "en pijo" del señor Guindos, que no se apea de su "vuelvo a repetir" cuando aún no ha repetido nada ni una sola vez, ya que (por lo visto) nadie le ha enseñado nunca el sobrio "repito" o el sencillo "vuelvo a decir". Quizás estos usos resulten demasiado llanos para señores copiados de "La Escopeta Nacional"

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