13 agosto 2015

Hace 40 años de la "increíble" muerte de Moncho Reboiras en la ferrolana Rúa da Terra

Fue una acción gubernativa del franquismo caracterizada por las chapuzas,
rodeada de sombras y con detalles que carecen de explicación racional
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Esta semana se celebran varios actos en recuerdo de Xosé Ramón Reboiras Noia, militante antifranquista, nacionalista gallego y miembro de Unión do Povo Galego que fue abatido por la Policía en El Ferrol del Caudillo de 1975.
Moncho Reboiras murió a los 25 años de edad durante el tiroteo que mantuvo en la Rúa da Terra con miembros de la Brigada Político Social (BPS) y de la Policía Armada que participaron en el operativo organizado para detenerle durante la noche del 11 al 12 de agosto de 1975, hace ahora 40 años.
Con el paso del tiempo y como consecuencia de las circunstancias de su muerte, Moncho Reboiras se ha convertido en un referente histórico y en icono humano de la izquierda galleguista.
La historia que "explica" la muerte de Reboiras se inició a finales de los años sesenta, durante la dictadura del general Franco, cuando algunos cuadros de la Unión do Povo Galego (UPG, años después impulsora del BNG) barajaron la posibilidad de recurrir a la lucha armada.
Según las fuentes consultadas, la primera vez que se habló de esa posibilidad de forma generalizada entre los militantes de la formación, aunque no de forma "oficial”, fue inmediatamente después de la muerte de Che Guevara (1967). No obstante, no se produjo una propuesta formal para abrir el melón y debatirlo abiertamente hasta 1969.
El asunto suscitó un amplio debate que se prolongó varios años. Pese a que los partidarios de la "lucha armada” —así la enunciaron— eran minoría, la dirección de UPG dio el visto bueno a crear el llamado Frente Armado, al que nunca estuvieron adscritos más de una docena de personas.

Página de Ferrol Diario con la noticia de la muerte
de Reboiras. Las autoridades informaron de que
había sido desarticulada la sección gallega de
ETA, para lo que incluso acuñaron la
combinación de siglas «UPG-ETA».
La dictadura fue la precursora
de la táctica «todo es ETA»
El Frente Armado apenas fue un ensayo 
De las primeras acciones apenas existen referencias fiables. Lo único plenamente contrastado es que durante del trienio 1973-75 llevaron a cabo varios "asaltos recaudatorios" con la finalidad de cubrir necesidades económicas de la organización, cubrir gastos logísticos y los derivados de las detenciones (prestar apoyo jurídico a los arrestados en movilizaciones y paliar penurias sobrevenidas a sus familias).
La denominación Frente Armado sugiere la existencia de una sólida y nutrida estructura, pero no fue así. Eran pocos, apenas disponían de armas y —esto es sustancial para valorar políticamente su existencia— nunca cometieron acciones de violencia indiscriminada que causaran daños a las personas, ni tampoco planificaron ni ejecutaron atentados contra agentes de las fuerzas de seguridad del Estado. 
Reboiras, que se integró en el Frente Armado y participó en la creación de su incipiente infraestructura, ya tenía ficha abierta en los archivos policiales, no en vano había sido detenido e identificado en al menos una ocasión por la Guardia Civil y, además, durante el bienio 1973-74 participó a cara descubierta en varias movilizaciones sindicales, convirtiéndose en uno de los activistas más conocidos por la Policía de las tres ciudades de la Galicia industrializada, Vigo, Ferrol y A Coruña.
Los responsables de la UPG no sólo carecían de experiencia en materia de lucha armada clandestina, sino que además —a la vista de los hechos— tampoco se preocuparon de compensar ese desconocimiento e incurrieron en el grave error de permitir que el archiconocido Reboiras participara en un proyecto que, de entrada, exigía la más absoluta clandestinidad y que los activistas estuvieran "limpios"; es decir, que no hubieran sido fichados, ni fueran conocidos social ni policialmente por sus actividades políticas o sindicales.
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Es falso que la Policía política de la dictadura fuera tonta
La Brigada Político-Social (BPS, la policía política) cometía errores, como todos los aparatos de todos los Estados, trabajaba con medios arcaicos pero era singularmente eficiente en dos aspectos: recabar datos (fotos incluidas) y relacionar hechos, personas y ambas referencias entre sí.
Todo indica que Reboiras fue reconocido en Ferrol por un policía o un confidente [los había por doquier: "profesionales", circunstanciales o forzados] y el upegá fue sometido inmediatamente a seguimiento, lo que a su vez permitió localizar en el barrio de Canido el domicilio que frecuentaba, donde al parecer residía provisionalmente junto al menos dos compañeros.
El 11 de agosto de 1975 la BPS organizó un operativo y ya pasada la medianoche varias decenas de policías establecieron un cerco en torno al inmueble y sus aledaños.

José Ramón Reboiras Noya
El cerco: precipitación, falta de coordinación
e incompetencia
De madrugada y por causas de las que existen versiones contradictorias, se produjo un primer cruce de disparos. Sólo uno de los tres upegás iba armado, Reboiras, y a pesar de que las fuerzas policiales se enfrentaban a una sola pistola la Policía protagonizó una absurda balacera que generó desorden entre los apostados, lo que fue aprovechado por los otros dos activistas para burlar el cerco, evitando ser detenidos.
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[Los datos conocidos apuntan que los militantes de la UPG detectaron la presencia de policías en las inmediaciones del inmueble, lo cual era casi inevitable porque la BPS contó con el apoyo de al menos medio centenar de policías armados y varios vehículos para cercar el inmueble; de modo que lo extraordinario hubiera sido que Reboiras y sus dos compañeros, Xoán Carballo y Elvira Souto, no advirtieran que ocurría algo inusual, descubriendo así el despliegue. 
Una versión proporcionada por un agente jubilado indica que la Policía invitó a los activistas a entregarse y Reboiras respondió con un disparo, uno, que fue contestado por varios agentes que efectuaron numerosos disparos, generando confusión y lógico nerviosismo entre los propios policías porque salvo los más cercanos al inmueble, todos los demás creyeron que se trataba de un tiroteo en el que participaban varios activistas armados; por si fuera poco, el ruido de la balacera causó gran alarma vecinal, lo que complicó sobremanera el operativo.
El desorden reinante, la descoordinación y la impericia de la mayoría de los funcionarios apostados propició que dos de los cercados lograran huir en plena noche en una zona urbana cuyas calles estaban prácticamente desiertas]
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La chapuza policial hizo época: no sólo "desaparecieron" dos de los tres upegás cercados, sino que además el único que iba armado, Reboiras, también logró burlar el asedio pasando por los tejados a otro edifico [la Policía no tuvo en cuenta esta posibilidad], desde el que salió a la calle para luego sortear a las decenas de funcionarios que deambulaban por el barrio.
La batida policial dirigida por la BPS, en la que llegaron a participar un ciento de agentes [hay fuentes que elevan la cifra a más de 200, incluidos policías municipales], tardó dos horas y media en volver a localizar al huido, que acabó arrinconado en el portal del número 27 de la Rúa da Terra [en 1975, calle José Antonio], donde se desencadenó el tiroteo en el que oficialmente Reboiras resultó alcanzado y muerto [un dato sí está confirmado, las balas entraron por la espalda].
No existen más datos plenamente fiables de lo ocurrido en el enfrentamiento final. Las autoridades jamás informaron de los detalles. Ni entonces ni con posterioridad, el poder político del Estado español no ha ofrecido ninguna explicación racional de lo ocurrido desde que fue rodeado el inmueble hasta que fue abatido el huido.
Mil y una preguntas siguen abiertas al respecto, pues objetivamente es increíble que una nutrida fuerza policial con todas las circunstancias a su favor se viera obligada a matar a un hombre solo armado sólo con una pistola.
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ENLACES a dos breves biografías de Moncho Reboiras:
* Página de la UPG (gal) y Wikipedia (cast). 

2 comentarios:

  1. Tuve la ocasión de entablar amistad con él cuando desempeñaba en Figueirido servicio militar como cabo primero de milicias. Me honró con su amistad y me que´dó grabado que un día me dijo: "un día xa che falarei da miña vida", podría contar más cosas pero yo me di cuenta que llevaba una vida cuartelera desordenada y furtiva por las noches....me pedía dormir en la camareta, en mi cama por el día....fue cuando me dijo "xa che contarei da miña vida...."

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