19 septiembre 2012

La muerte del detestado/respetado Santiago Carrillo exige una reflexión

Por encima de comunista, Santiago Carrillo Solares fue pragmático, aunque sin renunciar a los cimientos del materialismo dialéctico. Tan pragmático fue que convirtió la táctica (restaurar la democracia parlamentaria) en el objetivo central del PCE, lo que a la postre acabó siendo prácticamente el único objetivo del comunismo oficial.
Así, recortando el horizonte del Partido Comunista de España (PCE), Carrillo se hizo hueco en la llamada Transición, episodio sacralizado que, entre otras cosas positivas y negativas, permitió instaurar una democracia parlamentaria de mínimos a cambio de dejar activos los cuadros de la dictadura, el régimen que había causado miserias sin cuento y más de 100.000 desaparecidos --a los que todavía hoy molesta encontrar.
En 1975, todavía vivo el dictador, la periodista Oriana Fallaci entrevistó al entonces secretario general del PCE y preguntó:
«¿Y si el referéndum que usted sugiere, señor Carrillo, diera la victoria a la monarquía?»; a lo que él, arqueando las cejas, respondió:
→ «¡Paciencia!, si el pueblo se decide por la monarquía, haremos política con la monarquía. Nunca me he opuesto a la voluntad popular».
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Carrillo abraza a la viuda de Marcelino Camacho,
en la capilla ardiente del líder de CC OO
(imagen capturada en El país)
Recordando contradicciones
Recuerdo que poco antes de cumplir los 17 [otoño de 1970], cursando preu, dos compañeros de clase y yo nos reunimos con el profesor de Historia un par de veces en un bar cercano al establecimiento donde estudiábamos para que nos instruyera en el Pacto por la Libertad [denominación de la "política de reconciliación nacional" que mediada la década de 1950, una vez desmanteladas las partidas guerrilleras, incluía una invitación a sectores de la derecha para que rompieran con el franquismo].
Luego, una vez introducidos en esa tesis del PCE y del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC, sección catalana del PCE), el profesor cedió el trabajo de formación a una militante treintañera --años después muy conocida en el mundo de la política catalana-- que nos encuadró en las Juventudes.
Pues bien, en esa época los principales referentes de la lucha antifranquista eran los comunistas López Raimundo, Antoni Gutiérrez, López Bulla o Solé Tura, que todavía pilotaba Bandera Roja (BR), cuyos militantes eran catalogados por el PCE-PSUC como amigos equivocados a los que convenía recuperar; más los escasos socialistas de la época, como Joan Reventós (MSC), y los cuatro democristianos que había apoyado las conclusiones del contubernio de Munich (Miralles, Satrústegui y Vidal-Beneyto, entre otros). El resto, la mayoría, eran nihilistas o barrigas contentas.
En todo caso, para los jóvenes y menos jóvenes de la izquierda antifranquista, en el ámbito europeo los únicos con proyección social que plantaban cara al orden establecido eran los tres carrillos de Occidente: Carrillo, el italiano Enrico Berlinguer y el francés Georges Marchais, que además estaban plantando cara al todopoderoso y autoritario PCUS.
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Nunca lo sabremos
Sin embargo, numerosos jóvenes rompimos con el partido porque, tan ingenuos como ideologizados, acusábamos a Carrillo de revisionista. ¡Que lo era!...
¿Quién estábamos más cerca de acertar? Nunca lo sabremos, pero sí sabemos que Carrillo no acertó al ser condescendiente con los fascistas.
Decenas de jóvenes del PSUC migramos al Moviment Socialista de Catalunya [MSC, formación cofundadora del actual PSC y que por aquel entonces proponía la Unitat Popular pel Socialisme frente al interclasismo del Pacto por la Libertad, ¡lo que son las cosas!], o a la BR de Solé Tura, o a LCR, PCE(M-L), MCE, PT, POR, ORT y otras formaciones.
También hubo quienes optamos por el comunismo libertario, el del MIL y otros colectivos como Fomento Obrero Revolucionario, en los que se entremezclaban tácticas marxistas con visiones del mundo próximas a la de Mijaíl Bakunin y a la de los socialistas útopicos del siglo XVIII-XIX, que fueron los primeros en predicar racionalidad y tolerancia en el recién nacido movimiento obrero.
Esas y otras siglas y sus correspondientes debates formaban parte del día a día de los jóvenes que a finales de los años sesenta y primeros setenta descubrimos que España era un país económica, social, cultural y políticamente anclado en el XIX, por lo que considerábamos un deber hacer algo para que el país superara la edad media
Fuera de la militancia, el resto de la vida y del mundo eran libros y más libros, películas de arte y ensayo, las escapadas a Francia, las caídas [detenciones] de tal o cual compañero, las manifestaciones encuadradas, las citas de seguridad, el trabajo con las vietnamitas y las churreras para imprimir llamamientos [octavillas y revistas sectoriales o de barrio], conseguir un trabajo de jornada intensiva para seguir estudiando, aprobar el curso a trancas y barrancas, recaudar fondos [¡como fuera!...], sonreír con Hermano lobo y La codorniz, relajarse con el jazz-rock, cultivar sentimientos con Pete Seeger, Víctor Jara, Lluis Llach, Paco Ibáñez, etcétera y tangencialmente, un poco de sexo… ¡Y por hache o por be en numerosas ocasiones salían a colación Carrillo y el eurocomunismo
Aunque criticábamos a Carrillo, en secreto nos preguntábamos si a la vista del estercolero en el que malvivíamos no sería más conveniente, por realista, el Pacto por la Libertad de los revisionistas que el sueño de hacer la revolución...
Años después, ya en el 77, unos cientos de los que en Catalunya militaban a la izquierda del PCE-PSUC intentaron ganar espacios con la coalición Front per la Unitat dels Traballadors (FUT), pero no hubo manera: ¡ni un escaño! De modo que la mayoría acabaron colaborando o integrándose en el PSC-PSOE o en el partido (el PSUC) y más tarde en ICV-IU [aunque la mayoría siguen (seguimos) siendo críticos y a veces, criticones. Como bien dice un amigo de media vida y de media muerte: «Tengo tan asumido que debo ser escéptico y libre, que a veces me sorprendo criticando el todo por un detalle»].
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Sin poder político, casi todo es imposible 
La muerte de Santiago Carrillo merece, cuando menos, abrir una reflexión, máxime ahora, una vez comprobado hasta la saciedad que franquistas, neofranquistas, ultraliberales, nacional-católicos y demás familias de la derecha, grandes fortunas y banqueros [¡incluidos los vendedores de preferentes!] son tan pragmáticos como el Carrillo del Pacto por la Libertad: Sin poder político casi nada es posible, ¡ni siquiera mantener los servicios públicos!
En materia de acción política, combinando las movilizaciones de base y los contactos por arriba, Carrillo ha sido un maestro y de bien nacidos sería que los ciudadanos de las Españas reconocieran que los carrillos fueron imprescindibles para hacer posible esta democracia que, todo sea dicho, vive inquietantes momentos de fragilidad, no sólo por motivos económicos.
En fin, ha muerto Carrillo y tengo la convicción de que entre quienes lo lloran no sólo figuran (figuramos) su familia, amigos, camaradas de militancia en el PCE, PTE-UC, PSOE y demás compañeros de viaje, sino también lo lloran con sinceridad gentes de la derecha democrática; por ejemplo, Herrero Rodríguez de Miñón; el cual, por cierto, tuvo que alejarse del aznarismo para "respirar" intelectualmente.
Esta noche [madrugada del miércoles], antes de apagar la luz encenderé un pitillo con el ferviente deseo de que el recuerdo de Carrillo goce siempre de buena salud.
EL ÚLTIMO artículo de Santiago Carrillo: "¿Volvemos a los tiempos del miedo?", en El país.
DE INTERÉS: "A La Caverna se le ve el plumero...", en TUITINFORMACIÓN. 
EN LA BLOGOSFERA:
* Diario del aire: "Carrillo y Gutiérrez Mellado en la sala de los relojes";
* En la boca del lobo: "Carrillo, la necesidad de un relato común";
* Fernando Berlín/Radiocable: "De Fraga a Carrillo, retratando el periodismo de España";
* Metiendo bulla: "Santiago Carrillo o la pasión política";
* Quien mucho abarca: "Carrrillo";
* Zona crítica: "Carrillo, de película".

2 comentarios:

  1. En mi opinión, lo que hace tan difícil juzgar las actuaciones de Carrillo es el extendido desconocimiento de lo que realmente estaba sucediendo en la Unión Soviética, aunque ya se habían elevado voces muy críticas tan tempranamente como en el año 1920, cuando Bertrand Russell visitó la gran nación rusa y se entrevistó con Lenin, trayendo los peores augurios ("Teoría y práctica del bolchevismo").

    Durante la guerra civil, fue algo más que discutible el sometimiento del PC a los criterios, necesidades y conveniencias del PCUS, así como su empeño en cercenar las actitudes o las medidas que tuviesen un cariz revolucionario. Las cesiones del PC durante el posfranquismo (leninismo, bandera republicana...) no hacen sino prolongar aun más esta continuada "renuncia a las esencias"... una indudable contribución a lo que para algunos fue una "modélica transición" (¡todavía hoy, a la luz del Estado que tenemos!) y para muchos otros no fue sino el más escandaloso sometimiento de las clases trabajadoras y, en general, de las no-beneficiarias de la dictadura.

    Por mucho que los aciertos de Carrillo sean discutibles, sería absurdo y mezquino, sin embargo, negar la valentía personal, la fidelidad a sus convicciones y la capacidad de sacrificio del desaparecido líder.

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  2. Magnifica reflexión y epitafio Félix.

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