26 julio 2014

Treinta años sin saber qué fue de los 16 tripulantes del "Montrove"

Hace ahora 30 años, por estas fechas se fraguaba el misterio marítimo y la tragedia marinera que más tinta y más saliva han generado en el mundo de la pesca gallega y europea: el 19 de julio de 1984 zarpó de Las Palmas de Gran Canaria el buque congelador Montrove rumbo al banco canario-sahariano. El barco y los 16 tripulantes desaparecieron sin dejar rastro.
Los últimos que avistaron el Montrove fueron los marineros del Borneira, otro pesquero gallego, quienes informaron de que el congelador navegaba a velocidad lenta, quizá para ahorrar carburante.
A partir de entonces, silencio.
Ante la ausencia de noticias, familiares de la tripulación dieron la voz de alarma el 10 de agosto. Las autoridades organizaron la búsqueda aérea y todas las embarcaciones que navegaban o iban a transitar por la zona recibieron aviso… No sólo nadie avistó el buque, sino que nadie halló rastro alguno de un posible naufragio.
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No es excepcional detectar
naufragios con notable retraso
Durante la primera semana del mes de agosto naufragó el Islamar III, siniestro que se saldó con la muerte de 26 personas. Esta tragedia fue confirmada con días de retraso y alimentó la inquietud ante la falta de noticias del Montrove.
En el caso del Islamar III, antes de que fueran hallados los dos únicos supervivientes, no sólo se barajó la posibilidad del hundimiento, sino que también se especuló con que hubiera sido apresado por patrulleras marroquíes o por el Frente Polisario, pues la última comunicación se produjo cuando el pesquero navegaba frente a la costa norte del Sahara Occidental. De modo que para explicar el silencio del Montrove se apuntaron similares hipótesis.
Sin embargo, el Montrove portaba provisiones y carburante que garantizaban una autonomía de al menos 60 días, lo cual, unido a que el patrón del pesquero [Manuel Cruz Rodríguez] apenas comunicaba con tierra, salvo que hubiera una urgencia, propició que se considerara "normal" que transcurrieran dos o tres semanas sin que el armador ni los familiares de los tripulantes tuvieran noticia de cómo transcurría la marea ni dónde faenaba el buque.
A pesar de todo, la tardanza en confirmar el naufragio del Islamar III y el hecho excepcional de que nadie hubiera vuelto a avistar el Montrove desde que lo hicieran los marineros del Borneira poco después de zarpar de Las Palmas, en un área marítima con elevada densidad de tráfico, alimentó los temores y estos se multiplicaron el 20 de agosto, cuando el pesquero Noeche transmitió la noticia de que habían avistado el congelador en aguas del banco pesquero de Mauritania.
Con el paso de los días fueron descartadas las hipótesis más plausibles, pues Marruecos, Mauritania y el Polisario negaron haber apresado la embarcación; es más, las autoridades de esos países se implicaron en la búsqueda del barco. A pesar del vasto rastreo aéreo y de la colaboración de decenas de barcos, no fue hallado indicio alguno de un posible naufragio y hundimiento.
A finales de agosto, casi mes y medio después de que el Montrove zapara de Las Palmas rumbo al banco canario-sahariano, se consideraban lógicas estas tres explicaciones:
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Primera, el buque se había quedado sin máquina, sin comunicaciones y navegaba a la deriva alejándose de su teórico destino, mar adentro, hacia poniente; o bien por los mismos motivos había encallado en una zona ignota del litoral saharaui o del mauritano (el paso del tiempo ha demostrado que lo segundo es improbable porque jamás se han hallado restos);
Segunda, el pesquero y sus tripulantes habían sido secuestrados por piratas; no obstante, esta posibilidad era remota debido a que el buque no transportaba mercancías de alto valor, el posible botín no justificaba la comisión de un delito de tan arriesgada ejecución y, sobre todo, ya había transcurrido más de un mes y nadie había pedido el pago de un rescate, o
Tercera, el Montrove estaba faenando con normalidad, aunque lejos de la zona prevista, no en vano había sido avistado en aguas mauritanas, según habían comunicado desde el Noeche [no obstante, los propios autores de ese avistamiento puntualizaron que "parecía" el Montrove, por lo que no garantizaron la identidad del barco. Lo curioso de esa información es que las autoridades no comprobaron, o si lo hicieron no consta, qué buques de estética y perfil similar al Montrove navegaban esos días frente a la costa norte mauritana; lo que hubiera permitido valorar en su justa medida la información transmitida desde el Noeche].
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Las identidades de la tripulación
Todo se enredó cuando en Las Palmas se descubrió que la composición de la tripulación del Montrove no era la declarada al solicitar el despacho del buque. La lista de tripulantes contenía errores; ¿o acaso era una falsedad premeditada?, se preguntaron las autoridades y no pocos profesionales del mar.
No obstante, horas después apareció una segunda lista que, presumiblemente, había sido entregada por Consignaciones Canarias Africanas SA, representante del armador en Canarias. La composición, según este documento, era la siguiente:
Manuel Cruz Rodríguez, patrón; Luis Paz Fernández, segundo patrón; Miguel Nores Pastoriza, contramaestre; Ángel Martínez Iglesias, primer oficial de máquinas; José Barros Pastoriza, segundo oficial de máquinas; Juan Carregal Blanco y Francisco García Estévez, ambos engrasadores; Antonio Soage Piñeiro, cocinero, y los marineros José Agulló Ogando, Hassán Enadir, Gerardo Ibáñez Fernández, Otiaminio Jaminal, José Pastoriza Riobó, Antonio Piñeiro Vilas, Enrique Pérez Varela, Manuel Soage Loira y Antonio Trabazo García.
Hace 30 años que esas 16 personas desaparecieron y casi todas las preguntas siguen sin respuesta.
MÁS información y detalles, en:
"25 años de la desaparición del pesquero congelador Montrove";
"Pesquero Montrove. 29 años del suceso", y
"El misterio del Montrove".

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