miércoles, 30 de septiembre de 2020

1960-2020: Hace sesenta años que la URSS desmanteló el Gulag... solo oficialmente

La actualidad confirma la pervivencia de criterios y hábitos estalinistas 
en los aparatos de poder de los países exsoviéticos

Los hechos protagonizados por los hermanos polacos Kaczinsky y su sosias político el húngaro Viktor Orbán han demostrado que ni siquiera la pertenencia de sus países a la Unión Europea (UE) ha logrado corregir los criterios controladores, autoritarios y mesiánicos que mamaron en las sociedades en que se educaron, regidas con mandamientos y valores de corte religiosamente estalinistas.
Otro tanto es perceptible en Bielorrusia, donde el presidente Lukashenko es —junto al coreano Kim Jong-un— el más fiel representante vivo de la escuela de hombres de Estado que ejemplifica la trayectoria de Iósef Stalin, probablemente el monarca e individuo que más daño ha causado al proyecto socialista. 
En la lista de jefes de Estado y/o de Gobierno que conservan trazas o residuos estalinistas es obligado incluir a Vladímir Putin, pero no solo por los acosos, las oportunas penas de cárcel o los accidentes, disparos, apuñalamientos, suicidios y envenenamientos sufridos por sus más significados opositores y por periodistas que ejercen con honestidad su profesión, sino también por lo que esconden sus declaraciones, gestos, imágenes propagandísticas y, sobre todo, por el miedo político que transpira la Rusia oficial, amén del afán de Putin por seguir al mando, rasgos que en su totalidad o en gran medida el presidente ruso aprendió queriendo o sin querer en el KGB.    
Aunque apenas ha merecido espacio en los medios, este año se ha cumplido el 60.º aniversario del  desmantelamiento oficial del Gulag, cuyo eficaz funcionamiento ayuda a entender cómo calaron ciertos valores y taras en la cúpula socio-política de Rusia, reflejando la inclinación al dominio absoluto del pueblo, del país y del futuro de ambos, consustancial a la (mal)formación del Estado moderno ruso, que corrió a cargo de la familia Romanov y sus gobiernos. De hecho, los rectores del Gulag imitaron de pe a pa el sistema penal zarista, amen de usar sus instalaciones, ampliarlas y mejorarlas para mal

Una f
unción, solo una: ejecutar
las sentencias judiciales...
y las políticas
Gulag [ГУЛАГ, acrónimo de Glávnoye upravléniye ispravítelno-trudovyj lageréy i kolóniy > Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correctivo] era la sección del NKVD [siglas de Naródny Komissariat Vnútrennij Del > Comisariado Popular para Asuntos Internos] encargada de la administración del sistema penal de la URSS.
Fundado oficialmente el 25 de abril de 1930 y suprimido el 13 de enero de 1960, ese singular y parcialmente secreto conjunto de campos y colonias de trabajo empezó a funcionar mucho antes, en 1918, pero sin ser provisto de una dirección y administración centrales y lo que es más importante e inquietante, sin criterios uniformes ni conocidos. Esto propició que, coincidiendo con la guerra civil rusa, en sus establecimientos murieran de hambre, enfermedades o fusilados la mayoría de los opositores y soldados del ejército blanco apresados por las autoridades y el Ejército Rojo.
Acuciado por la necesidad de habilitar espacios para los miles de presos de la guerra civil y para los detenidos por el aumento de la delincuencia que propició la desaparición temporal de la policía en las calles, en la primavera de 1918 el primer gobierno bolchevique consideró adecuados —con ligeras variantes— los establecimientos y criterios de la red zarista de kátorgas que puso en marcha el Imperio Ruso en el siglo XVII, cuando inició la construcción de decenas de campos de concentración en Siberia, donde gran parte de la población reclusa era empleada en trabajos forzosos.
En las kátorgas los reos eran utilizados para la construcción de infraestructuras básicas (la primera red viaria básica siberiana fue construida por esclavos y condenados a trabajos forzados) y también contribuían a arraigar población en geografías de interés forestal, agrario, minero e incluso militar, para lo que a la mayoría de los presos se les imponía una segunda pena, pues el preso solo obtenía la excarcelación si se quedaba a residir el resto de su vida en la región donde había cumplido la condena.
 
[NOTAKátorga es un palabro ruso de origen dual: heleno y tártaro (idioma túrquico originario y de uso habitual en Tartaristán y Crimea, así como en enclaves de Ucrania, Turquía y en varias comarcas asiáticas de la Federación Rusa).
En griego, katergon es una galera —embarcación sin apenas quilla pero de gran porte impulsada a fuerza de remos—, y el significado del vocablo tártaro katargá
es morir]
 

La represión también obedecía y obedece
a necesidades o ambiciones económicas
En contra de lo que en ocasiones se afirma y de lo que todavía creen numerosos ciudadanos, el sistema soviético de campos de trabajo era el de aplicación general, es falso que el Gulag fuera un sistema que solo trataba presos políticos.
Lógicamente, la mayoría de los ingresados en los establecimientos del Gulag eran delincuentes y, por tanto, la mayoría de los enviados a penar y residir hasta la muerte lejos de casa también eran delincuentes; no en vano cometer un homicidio, poseer un arma, perpetrar un robo de cuantía mayor o “socialmente repudiable” —por ejemplo, robar en la fábrica o en el koljós— conllevaba sistemáticamente la reclusión y el extrañamiento de por vida
A la economía del Estado soviético, como antes a la de la clase pudiente del régimen monárquico, le interesaba poblar o repoblar vastos territorios de la Rusia deshabitada (la septentrional y Siberia) a fin de disponer de fuerzas productivas para que funcionaran (o rentaran beneficios) tres sectores económicos de gran proyección y uno esencial:
* la minería (incluidos los hidrocarburos), 
* la construcción (infraestructuras y viviendas),  
* la silvicultura (madera), y
la agroalimentación (en las décadas de 1920 y 1930 la producción de cereales era imprescindible para paliar las sucesivas hambrunas que azotaron varias regiones del sur de la Rusia europea). 

Una simple opinión bastaba 
para ser engullido 
por el sistema penal
El Gulag fue y sigue siendo conocido generalmente como un aparato de represión que engullía a cuantos se oponían al orden y al poder soviéticos, fueran políticos —desde antiestalinistas (trostkistas) y anarquistas hasta liberales—, religiosos —sacerdotes, pastores, imanes, etc.— o simples ciudadanos que emitieran una opinión de cualquier tipo, incluso sobre arte o literatura, contraria a las tesis o dogmas oficiales, aunque lo hicieran en una carta o en una conversación privada; como le ocurrió al militante del PCUS y oficial de artillería del Ejército Rojo Aleksandr Solzhenitsyn, que en 1945, poco antes de que empezara la ofensiva final para tomar Berlín, remitió varias cartas a un amigo en las que criticaba la conducción de la guerra por Stalin, lo que le valió una condena a ocho años de trabajos forzados.
Durante los treinta años (1930-1960) de funcionamiento oficial del Gulag el Estado soviético llegó a disponer de 427 kátorgas o campos y colonias de trabajo.
La pervivencia del renovado y en algunos aspectos endurecido sistema penal zarista, así como la reclusión de cientos de miles de individuos eran hechos conocidos en Europa occidental, pero conveniencias geoestratégicas y políticas, unidas a las complicidades prensa-poder, impidieron que el asunto generara el goteo de noticias y los reportajes de amplia difusión que sin duda merecía; la sordina se prolongó hasta 1973, cuando se publicó “Archipiélago Gulag”, de Solzhenitsyn, lo que coincidió con el definitivo triunfo de las tesis eurocomunistas (o antiestalinistas) en los tres PC con mayor peso en la opinión pública de Occidente: los de Italia, Francia y España, propiciando que decenas de miles de comunistas europeos dejaran de negar la evidencia.

En 1951 tocó techo
con 2,5 millones de prisioneros
Las prácticas de los responsables y empleados del Gulag causaron consternación; así, por ejemplo, cabe destacar las tasas de mortalidad anuales en las colonias siberianas y del norte de la Rusia europea, donde llegaron a alcanzar el 7 % en varios años de las décadas de 1930 y 1940 —según datos elaborados con fuentes oficiales, si bien hay cálculos independientes que dan por hecho que en los años previos a la segunda guerra mundial hubo campos en los que murió el 10 % de la población reclusa.
Antes de la pseudoamnistía de marzo de 1953, otorgada inmediatamente después del fallecimiento de Stalin, 22 de cada 100 presos perdidos en el Gulag habían sido condenados por motivos políticos o de opinión. Tras el perdón de la primavera del 53 fueron progresivamente excarcelados, pero a finales de 1957 todavía 2 de cada 100 internos eran políticos.
En este punto es obligado dejar constancia de que muchos de los amnistiados —no hay referencias que permitan cuantificar el fenómeno— no se libraron de cumplir la segunda pena: quedarse a vivir el resto de sus vidas en la región donde estuvieron recluidos. Esa medida se aplicó a la mayoría de los excarcelados en Siberia por motivos demográficos y con objetivos económicos.
En las cárceles y en los campos o colonias del Gulag —los de “propósito especial” y los de “trabajo forzoso”— los presos eran divididos por categorías:
* los considerados “peligrosos para el Estado”,
* los opositores políticos no violentos,
* los delincuentes comunes,
* los prisioneros de la guerra civil entre rojos y blancos desencadenada tras la toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques, en octubre de 1917 y que se prolongó hasta la primavera de 1923,
* los militares acusados de corrupción o malversación —los reos de traición y espionaje eran fusilados, fuesen militares o civiles y rara vez mediaba una instrucción judicial—, o
* la sección formada por quienes habían robado o causado grave perjuicio al Estado o al sistema de producción, una fábrica, por ejemplo —entre estos abundaban los que habían actuado con fines políticos—, etc.
Sobre todo durante la década de 1920 debido a su apoyo activo al ejército blanco o zarista pero también con posterioridad, el Gulag acogió —siempre lejos de su lugar de residencia— a casi todos los obispos, a cientos de sacerdotes y a personal auxiliar de la Iglesia Ortodoxa.
Durante el bienio de la denominada Gran Purga (1937-38) las detenciones fueron sistemáticas, generalizadas y provocaron un aumento exponencial del número de reclusos.
Decenas de miles de ciudadanos, entre 400.000 y 550.000, según las fuentes, recibieron largas condenas y en la mayoría de los casos en base a la premeditadamente equívoca y mil veces interpretable redacción del artículo 58 del revisado Código Penal, que penaba acciones, pensamientos, intenciones e incluso deseos tan etéreos y discrecionales que bastaban dos palabras para describir la causa, el delito y el móvil del reo: «actividades contrarrevolucionarias».
A partir de la invasión de Rusia por la Wermatch, la población recluida en el Gulag experimentó una fuerte reducción debido a que decenas de cárceles y colonias quedaron en territorio bajo control de las SS y porque en el resto de establecimientos miles de prisioneros fueron enviados al frente como "voluntarios", la mayoría en batallones de asalto o en primera línea de defensa.
La tasa de muertes en esas unidades fue superior al 70 %, según reconocieron tras la guerra numerosos oficiales, aunque salvo en contadas excepciones esas declaraciones no recriminaban a los mandos sino que alababan la valentía de los "presos voluntarios"...  
A principios de 1943, con la intención de tender la mano a sectores sociales silenciosamente críticos con el régimen y también para suavizar psicológicamente el día a día de los soldados y de los civiles que sobrevivían y trabajaban de sol a sol en la retaguardia, el PC permitió el culto, renunció a que los oficiales y comisarios de barrio o localidad organizaran charlas de ateísmo, dejó de acosar a los activistas del cristianismo ortodoxo —que era la fe del 95 % de la población rusófona— y excarceló a los obispos y sacerdotes internados en el Gulag por «actividades contrarrevolucionarias», exceptuados los que habían tomado las armas o se habían integrado en unidades del ejército blanco. Inmediatamente, varios cientos de predicadores se incorporaron al Ejército Rojo para ayudar espiritualmente a que los soldados matasen enemigos sin remilgos morales y con el alma en paz con dios...  
Finalizada la “guerra en defensa de la madre patria”, el número de presos en el Gulag volvió a crecer de forma constante hasta alcanzar en 1951 los 2,5 millones de reclusos, de los que en torno al 70 % penaba en campos y colonias de trabajo.

El afán de dominio
no se satisface ni se logra
solo con represión
A partir de otoño de 1945 entre los reclusos utilizados para las labores más duras y peligrosas destacaban por su cuantía:
* los militares que habían desertado,
* los rusos y no rusos que habían trabajado para los alemanes, incluso personas que habían sido esclavizadas por los nazis en fábricas o en la construcción, y
* los soldados del III Reich capturados durante la guerra, incluidos españoles de la División Azul.
La opacidad informativa del régimen soviético empezó a resquebrajarse durante la presidencia de Mijáil Gorbachov pero la alegría duró poco, pues el secretismo se volvió a imponer con mayor eficacia cuando tomó el poder Boris Yeltsin; la transparencia apenas ha mejorado con su sucesor, Vladimir Putin, lo que ha impedido calcular con precisión el número de personas que fueron tratadas y/o trabajaron en los establecimientos del Gulag.
A la opacidad, a los vacíos documentales y a la destrucción de archivos se suman el elevado número de cárceles, campos de internamiento, talleres y colonias —oficialmente 427, si bien hubo inmuebles y colonias no contabilizadas porque dependían directamente del NKVD o del KGB—, también han dificultado la tarea la vasta extensión geográfica del país, la abundancia de gestores políticos que acumuló el Gulag, lo que propició el incumplimiento de normas y registros, así como las filias y fobias que han condicionado a las fuentes, maleado la labor de los propios investigadores y entorpecido las relaciones y la coordinación entre ellos.
Según cálculos apolíticos y por tanto más fiables porque no han descartado ni aceptado cifras o referencias en función de querencias o conveniencias, durante los 29 años y 8 meses de funcionamiento oficial el Gulag trató a 14 millones de personas, como máximo, y el número de muertes registradas en sus establecimientos desde el 1 de enero de 1934 (del período abril 1930-diciembre 1933 se carece de referencias) hasta el 13 de enero de 1960 ascendió a 1.053.829.
Conste que todos los datos y estimaciones referidas al Gulag solo incluyen a personas que ingresaron en inmuebles, campos y colonias administradas por esa dirección penal y solo abarcan desde el 25 de abril de 1930 hasta el 13 de enero de 1960.
Lo que ocurrió después es otra historia.

[Fuentes no oficiales y organizaciones civiles que incluyen a los desaparecidos (detenidos e ingresados en prisión de los que luego no consta ninguna referencia), los soldados blancos o zaristas apresados durante la guerra civil (1918-1923) más los encarcelados durante el preGulag (desde enero de 1918 hasta abril de 1930) cifran los fallecidos en el sistema penal soviético hasta enero de 1960 entre 1,8 y 2,1 millones]

La intolerancia y el afán de dominio zarista y estalinista echaron profundas raíces en Rusia, de modo que tras varios siglos sementando la idea de que gobernar es dominar —criterio que hizo suyo gran parte de la ciudadanía— es comprensible que esa y otras taras no hayan sido corregidas en tres generaciones.
Lo que no es comprensible es que desde y en el poder haya quienes todavía hoy reproducen aquellos males y los practican —en España también sabemos de añoranzas incomprensibles...

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