11 septiembre 2006

El futuro de la prensa y el oficio de periodista

En los últimos diez años se han publicado docenas de artículos y ensayos pronosticando el fin de la prensa y, paradójicamente, algunos agoreros insisten en que la prensa agoniza sin remedio pero ofrecen fórmulas para su salvación... ¡Anuncian la muerte garantizando la vida! (¿?)
Paradojas aparte, en Occidente la prensa ha perdido el liderazgo en la difusión de informaciones y opiniones. Negarlo sería absurdo; pero, ¿se ha perdido la batalla por la supervivencia de los medios impresos?
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Los asuntos más debatidos
En la mayoría de los estudios, informes, ensayos, artículos, encuestas y demás textos referidos al declive de la prensa se habla de la actitud de las empresas editoriales y de su concentración, de la conveniencia de que los editores asuman la necesidad de convertir sus empresas en conglomerados multimedia, incluso se ha afirmado que el mejor profesional del sector es el periodista multimedia.
Esos textos también otorgan trascendental importancia a la tecnología y se hacen mil y una cábalas sobre las inclinaciones reales o supuestas de los compradores de información. Otros aseguran que internet es un competidor directo de la prensa y los de más allá achacan el declive a que la juventud está dejando de comprar periódicos…
En fin, cuando se analiza la agonía de la prensa se argumentan mil y un factores; pero, curiosamente, rara vez se habla o se habla poco de los periodistas y del oficio. ¿Por qué?
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Viñeta de J·R·Mora
[El texto que sigue corresponde a uno de esos informes sobre la situación de varios medios de información y comunicación:
“La venta de los diarios de Knight Ridder a McClatchy, un grupo mucho más pequeño, es un símbolo de los tiempos que corren. El pez chico se come al grande. Knight Ridder no aguanta la presión de los inversores en busca de más beneficios. McClatchy tiene mayor capacidad de gestionar un negocio que todavía es rentable.
“Los analistas desaconsejan las inversiones en los grandes grupos de prensa. Merryl Lynch pronostica un largo período de declive y en un informe citado por Business week sus analistas no son optimistas a corto plazo sobre los ingresos digitales.
“El último episodio es la disputa dentro de Tribune, el grupo formado por los herederos de dos cabeceras tradicionales: Los Angeles times y el Chicago tribune. El imperio que el general Harrison Gray Otis y su yerno Harry Chandler construyeron sobre un diario con suficiente poder para elegir gobernador de California es puesto en cuestión por sus herederos, preocupados por la falta de tirón de sus activos para los accionistas.
“Separar las inversiones en prensa y medios audiovisuales puede ser la solución para no caer en el efecto AOL Time Warner (la megafusión mítica del boom tecnológico que ha tenido que ser parcialmente disuelta para evitar el hundimiento de la cotización) y volver a recuperar la rentabilidad de las acciones…”]
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Lo empresarial y lo profesional
Ese tipo de análisis --al margen de que sea acertado y útil para determinados aspectos-- condicionan el debate general y, en el peor de los casos, lo capitalizan. Dicho de otro modo, estudiar el presente y el futuro de la prensa se está convirtiendo en un asunto exclusivamente empresarial y económico, relegando el oficio, los periodistas y el tratamiento de la información a un segundo o tercer plano.
¿Por qué?
Ciertamente, la información es un producto, ¡hasta la opinión es un producto factible de compra-venta! Pero, ¿sólo es un producto, sin más?
La misma pregunta enunciada de otro modo: ¿Es posible analizar el futuro de la prensa teniendo en cuenta sólo su condición de producto comercializable?, ¿es adecuado tratar como consumidores comunes a quienes cada día compran información?
Es comprensible que los financieros, los contables y los publicistas pongan el acento en los aspectos económicos y de gestión. Lo que resulta difícilmente comprensible es que cada vez sean más los periodistas que analizan su profesión poniéndose gafas ajenas a lo esencial de su oficio.
El futuro de la prensa, que no es precisamente halagüeño, depende en gran medida de que en este largo debate cada cual asuma el rol que le corresponde, ¡y a los periodistas les toca el papel que les toca! No otro.
Nueve de cada diez análisis, pronunciamientos, vaticinios o críticas realizadas por periodistas u organizaciones de periodistas a propósito del futuro de los periódicos acaban derivando y centrándose en cuestiones económicas o de mercado. Es más, rara vez analizan a quienes mantienen los periódicos: los compradores de información.
¿Por qué la generalidad de los periodistas hablan tan poco de su oficio y, en cambio, dedican tanto esfuerzo y pasión a la organización empresarial, a la publicidad, a las conveniencias, a las finanzas de la empresa, a los partidos políticos...?
El debate sobre el futuro de la prensa cojea porque, entre otras causas, los periodistas piensan y hablan cada vez menos en y de su oficio.

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