23 julio 2011

Periodismo: Centrar la atención en Murdoch y sólo en Murdoch es cómodo y tranquilizador

Los avatares del imperio mediático que pilota Rupert Murdoch son noticia desde hace varias jornadas debido, básicamente, a la renuncia de los dos grandes partidos británicos (conservadores y laboristas) a seguir silenciando o protegiendo los métodos informativos que practican o practicaban medios del magnate australiano (nacionalizado estadounidense).
Pero una vez ventilados algunos hechos --todo indica que queda mucha tela que cortar--, resulta curiosa la minuciosa indagación de los criterios empresariales que rigen en el imperio Murdoch y los orígenes de la personalidad de quien es un referente en el negocio de informar, a quien muchos de los que ahora lo satanizan han servido y halagado sin cuento...
Dejando de lado detalles que forman parte del tomate, de la trayectoria vital de Rupert Murdoch sólo cabe reseñar que se ha casado tres veces y que la segunda y tercera esposas eran empleadas suyas.
En total, el potentado tiene seis hijos, pero sólo uno trabaja en la corporación, James Murdoch, que es quien compareció junto a su padre en la Cámara de los Comunes, en una sesión extraordinaria convocada para que los diputados británicos demostraran formalmente su interés en poner coto a los chanchullos en los que incurren o han incurrido un número todavía indeterminado de periodistas.
Porque hay un detalle capital que, sin embargo, ha sido y es orillado por la mayoría de los medios y de los gurús del periodismo, de modo que conviene subrayarlo:
Las acusaciones penales que investiga la Justicia británica --y ahora también la estadounidense-- se refieren a hechos protagonizados por profesionales de la información.
En buena lógica, cabe inferir que el medio o los medios para los que trabajaban o trabajan esos periodistas ordenaron esas práticas o eran conocedores de ellas; pero en la mayoría de los textos informativos y de opinión que se difunden se silencia o minimiza el protagonismo de los periodistas a pesar de que es un hecho sustancial --sin olvidar que además de periodistas, están implicados policías y detectives privados.
Los inicios fueron prometedores
Rupert Murdoch, en 1969
De los inicios de Rupert Murdoch en el mundo del periodismo cabe resaltar que fueron honorables, como ocurre en la inmensa mayoría de quienes tienen vocación, sea cual sea el oficio o profesión.
En los años cincuenta, el joven Rupert heredó un pequeño pero prestigiado periódico local gestionado por un grupo de periodistas y amigos, en el que Rupert se integró y con el que se identificó.
Entre otros méritos, el rotativo y su propietario se implicaron en asuntos como la defensa de los derechos civiles de los indígenas australianos, criticaron la actitud racista de la clase dominante (anglosajones) con respecto a los nativos y a los inmigrantes llegados desde Filipinas, Indonesia, el sudeste asiático, China o Japón, entre otras geografías, e incluso defendieron a un ciudadano negro que fue acusado sin pruebas y condenado a muerte por violación y asesinato.
Pero aquella actitud de Murdoch se diluyó precisamente con motivo del episodio del violador y asesino injustamente condenado --finalmente, la pena de muerte fue conmutada por cadena perpetua-- y, paradójicamente, fue entonces cuando el joven Rupert descubrió las ventajas que le podía reportar estar detrás o junto al Poder; es decir, formar parte de la clase dominante.
Optó por tener poder, fue un alumno muy aplicado y además disponía de posibles, por lo que obtuvo buenas notas y supo aprovechar las oportunidades...
Así emergió Murdoch.
[Sobre ese pasado, así como acerca del nada ejemplar padre de Rupert Murdoch, y también sobre los sucesivos éxitos del editor australiano ha elaborado un interesante relato Bruce Page, titulado “A real history of Rupert Murdoch”, publicado en la ePágina de CunterPunch]
Regresando al que sería el otro meollo de este post y aparte de otras revelaciones y enseñanzas del caso Murdoch --porque habrá más, sin duda--, convendría subrayar que las porquerías que hay debajo de no pocas alfombras mediáticas se han acumulado y se acumulan con la indispensable e interesada colaboración de periodistas asalariados, cuyas ignominiosas aportaciones siempre son recompensadas.
CON ANTERIORIDAD,

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