25 marzo 2014

Otra piedra en el zapato: Transnistria, la Crimea de Moldavia

Ni siquiera el pleito este-oeste suscitado a raíz del conflicto ucraniano y de la reincorporación de Crimea a Rusia ha logrado arrancar del olvido a Transnistria (o Transdniéster).
Los gobiernos de Occidente ["los buenos"] todavía se avergüenzan cuando alguien recuerda el ridículo que protagonizó la OTAN cuando envió tropas a Transnistria en apoyo de Moldavia en un intento de derrocar al Gobierno autónomo de Tiráspol, que había proclamado la independencia el 1 de septiembre de 1990, doce días después de que la propia Moldavia rompiera amarras con la URSS.
Aquella intentona probó sin sombra de duda que la mayoría de los transnistrios rechazaban su integración en Moldavia que movilizó su ejército en marzo de 1992 para frustrar la segregación, pero en apenas 72 horas se topó con una sorprendente movilización transnitria, que había organizado y armado una suerte de milicias compuestas por más de 20.000 hombres y mujeres.
La decidida actitud de la inmensa mayoría de la población hizo temer un baño de sangre que en Naciones Unidas y varias capitales de Occidente (no todas) consideraron injustificable, lo que unido a la presencia de tropas rusas sobre el terreno abrevió la guerra.
Tras doce semanas de alardes, miedos, parálisis económica, violencia callejera y tiroteos, ambos bandos aceptaron un alto el fuego. Los enfrentamientos se saldaron con unos 1.200 muertos, según fuentes moldavas, aunque hay quienes elevan la cifra a más de 2.000.
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Un Estado virtual nacido
al fenecer la URSS
La historia de Transnistria, territorio y conflicto desconocidos para la inmensa mayoría de los ciudadanos comunitarios, refleja el desorden que caracterizó el derrumbe de la Unión Soviética y las injerencias que desde entonces han organizado sistemáticamente EE UU y sus aliados para "meter la cuchara" con la finalidad de ampliar sus economías y mercados en el Este europeo, amén de acceder a reservas minerales y a fuerzas productivas baratas, lo que permiten deslocalizar industrias de Occidente para abaratar costes.
Después de la segunda guerra mundial, ya en 1946, más de la mitad oriental de la región rumana de Besarabia [incluida Transnistria, franja en la que no obstante la mayoría de la población no era rumana, sino ruso-ucraniana] fue utilizada para instaurar un Estado colchón en el flanco suroeste de la URSS. Para dar credibilidad a esa operación Moscú recreó la Moldavia medieval, una suerte de marca y señorío instrumental creado en el siglo XIV por el Reino de Hungría, del que era vasallo, para proteger la frontera oriental.
En el siglo XV, el artificial país moldavo, que nunca fue una nación ni tuvo fronteras estables [más del 90 % de los ciudadanos moldavos son étnica y culturalmente rumanos], fue convertido en un principado al servicio del Gran Ducado de Lituania y finalmente, ya en el siglo XVII, el territorio pasó a rendir vasallaje al Imperio Otomano.
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Además de casi toda Besarabia, Rumanía 
perdió parte de la Bukovina y de Valaquia, 
Al mismo tiempo que utilizaba esa porción de territorio rumano para inventar la República Socialista Soviética (RSS) de Moldavia, la Unión Soviética entregó a la RSS de Ucrania el norte de la región también rumana de Bukovina más la región costera de Budzak, el área costera del mar Negro comprendida entre los deltas del Danubio y el Dniéster [este territorio también era de soberanía rumana pero su población era y es de mayoría ucraniana]; en tanto que el tercio occidental de Besarabia permaneció en la nación y el Estado "natural" del que forma parte, Rumanía.
Esas decisiones fueron tanto o más absurdas que la adoptada por el Kremlin en 1954, cuando suprimió por decreto la RSS de Crimea e incorporó su territorio a la RSS de Ucrania.
Aquellos polvos trajeron los actuales lodos crimeos y transnistrios, entre otros. El conflicto territorial heredado de la época soviética más enjundioso se vive en la región del Cáucaso, donde las disputas fronterizas son incontables.
También poco después de finalizar la segunda guerra mundial, el Gobierno soviético deportó a otros territorios rusos, tanto  europeos como asiáticos, a unos 60.000 rumanos residentes en Transnistria, reforzando así que rusos y ucranianos constituyeran mayoría holgada en la franja.
Esa deportación no obedecía a motivos económicos ni demográficos, sino que se trataba de una purga socio-política motivada porque numerosos rumanos habían luchado o colaborado con las tropas de la Wermacht que invadieron el sur de la URSS.
Esos emigrantes forzosos fueron sustituidos con ucranianos y rusos que en gran parte se mudaron a Transnistria voluntariamente atraídos por un plan de industrialización que generó cientos de empleos.
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565.000 transnistrios forman un mosaico humano
cohesionado pese a no existir una mayoría étnica 
* el 33 % moldavos (es decir, rumanos);
* 30,5 % rusos;
* 27 % ucranianos;
* 3 % búlgaros
* y el resto gagaúzos [pueblo túrquico emparentado con los tártaros de Crimea], gitanos, polacos  y bielorrusos.
Antes de la segunda guerra mundial Transnistria contaba con un notable colectivo de fe judaica, cifrado entre 15.000 y 18.000 personas, según las fuentes. La población de religión judía prácticamente desapareció durante la ocupación nazi.
Tanto en este como en el resto de territorios balcánicos y en el sur de la desaparecida URSS, en la ejecución del genocidio judío jugaron un papel relevante los ultras croatas de la Ustacha, los musulmanes bosnios o bosniacos, el autodenominado Ejército de Liberación Ucraniano [esta milicia se integró en el ejército nazi, pero combatió a favor del III Reich por su carácter radicalmente anticomunista. Aunque los nacionalista ucranianos eran de ideología derechista no comulgaban con varios aspectos del nazismo. La milicia ucraniana llegó a movilizar unos 25.000 hombres, aproximadamente], y las fuerzas militares y policiales de Hungría y Rumanía, países donde fueron instaurados sendos regímenes "satélites"  del III Reich.
Ya en las décadas de 1950 y 1960, Moscú llevó a cabo sucesivas y cuantiosas inversiones que convirtieron Transnistria en el emporio industrial de Moldavia. Por este motivo y por razones de índole militar, el conjunto del territorio moldavo fue catalogado como estratégico, a lo que sumó la circunstancia no menos capital de que en 1956 la ciudad transnistria de Tiráspol fue elegida como sede de la comandancia del 14º Ejército soviético.
Aunque Moldavia se haya independizado de la URSS, la presencia militar rusa no ha desaparecido, en principio porque justo cuando se inició el traslado de tropas estalló el conflicto transnistrio. A la postre, allí sigue estacionado un poderoso contingente militar ruso que ahora, con la implícita bendición de la comunidad internacional, sirve para "convencer" al Gobierno moldavo de la inconveniencia de repetir la guerra de 1992.
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Gendarmes rumanos y lugareños de ideología derechista
durante el progromo en el que fueron arrestados los
judíos de la localidad transnistria de Briceva (1941)
Mil y un problemas,
también militares
Cuando se inició la revuelta en Kiev el pasado mes de noviembre, Rusia y el gobierno ucraniano de Víktor Yanukóvich negociaban desde ya hacía varios meses la renovación del acuerdo que regula el paso de los convoyes con los que Rusia releva y suministra material a las tropas estacionadas en Transnistria. Tras el mal disimulado golpe de Estado que ejecutado en Ucrania esa negociación está suspendida, de momento...
La presencia militar rusa en Transnistria siempre ha sido políticamente incómoda para la OTAN, pero ahora también lo es para Moscú, en este caso por onerosa, pues la única manera de asistir a las tropas estacionadas en Transnistria (en tanto no se dulcifiquen las relaciones con Kiev) es por vía aérea o marítima, con el inconveniente añadido de que en el segundo caso los barcos tienen que acceder a través del golfo que se abre frente al estuario del Dniéster, aguas de soberanía ucraniana, y además antes de alcanzar territorio transnistrio las embarcaciones deben remontar el tramo de río que discurre entre Moldavia y Ucrania.
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2006: Referéndum y estatus jurídico
El escenario transnistrio se enredó en 1990, se agravó en 1992 y es potencialmente explosivo desde septiembre de 2006, cuando el Ejecutivo de la República Moldava Pridnestroviana [tal es la denominación oficial de ese Estado virtual] organizó un plebiscito cuyo resultado fue apabullante: el 97,2 % de los votantes ratificaron la independencia y además aprobaron el proyecto de integrar la franja en la Federación Rusa.
El referéndum desencadenó una enconada polémica y un cruce de acusaciones a cual más exagerada y belicosa. Ni siquiera el Gobierno moldavo ha cuestionado que la mayoría de los residentes al oriente del Dniéster rechazan la reintegración, si bien las autoridades de Chisinau rebajan a poco más de la mitad el 97,2 % de independentistas que reflejó el referendo.
El estatus jurídico del territorio es, como poco, curioso, pues el gobierno de Tiráspol ha sido reconocido de facto por Moscú, que tiene consulado en la capital, pero en Naciones Unidas ni siquiera ha sido planteada oficialmente la posibilidad de dar luz verde al nuevo Estado.
La República Moldava Pridnestroviana solo ha sido reconocida formalmente, incluida la apertura de sendas embajadas, por Abjasia, Osetia del Sur y Nagorno-Karabaj, tres países ubicados en el Cáucaso que tampoco gozan de reconocimiento internacional.
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Tiráspol felicita a Simferópol y Chisinau mira hacia Bruselas
Este mes, recién anunciado el resultado del referéndum de autodeterminación celebrado en Crimea, la ministra de Exteriores de Transnistria, Nina Shtanki, felicitó con premeditado y publicitado entusiasmo a las autoridades de Simferópol y recordó que Transnistria también aspira a incorporarse a la Federación Rusa.
En esa línea, el presidente del Parlamento transnistrio, Mijaíl Burla, ha remitido una carta a su homólogo ruso sugiriendo que la Cámara federal debata y apruebe una ley de adhesión similar a la recién promulgada para el caso crimeo.
La reacción no se ha hecho esperar. El presidente de Moldavia, Nicolae Timofti, dirigió la semana pasada una misiva a la Comisión Europea solicitando que acelere al máximo la firma del acuerdo de asociación que negocian Chisinau y Bruselas. Implícitamente, la demanda de Timofti supone emplazar a la UE, ¡y de paso a EE UU!, a que asuma el objetivo moldavo de recuperar el control de la ribera oriental del Dniéster, que en teoría sigue siendo parte integrante de Moldavia.
Transnistria es una piedra en el zapato menos hiriente que Crimea, a lo que contribuye el silencio político y mediático que al respecto reina en Occidente. Sin embargo, una vez consumado el regreso de Crimea a Rusia, más pronto que tarde Moldavia y Transnistria merecerán portadas.
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CON POSTERIORIDAD y complementario:
* «Moldavia fue creada por la URSS con el recuerdo y el topónimo de un vasallaje medieval», y
* Otro post relacionado: «Pleitos sin fin a los pies de Rusia, desde los Cárpatos hasta el Pamir».
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INFO relacionada:
"La importancia de ser Transnistria", vía VoxEurop.

1 comentario:

  1. Lo ignoraba todo acerca de este territorio. Gracias por la magnífica información que aportas.

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