23 septiembre 2014

El referéndum escocés adorna el 50º aniversario de la independencia de Malta

La "tolerancia territorial" con la que Inglaterra ha solventado
el reto de Escocia ha causado sorpresa entre los malteses
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El de 2014 es un año singular para los malteses, que desde hace meses asisten incrédulos a lo que ocurre en Escocia. El ejemplar proceso y el referéndum han causado sorpresa entre los isleños, lo que en gran medida también ha ocurrido en el resto de Europa. ¿Por qué el episodio concita tanto interés en Malta?
Muy sencillo: porque la lección de democracia ofrecida por Londres al permitir que la nación escocesa decidiera su continuidad o no en el seno de Gran Bretaña, contrasta con la actitud que adoptó hace medio siglo cuando los malteses alcanzaron la independencia, en 1964, que sólo fue teórica, pues la metrópoli se empeñó en mantener el control sobre todos los puertos, aeródromos, emisoras de radio y televisión, ¡el servicio de correos y la red telefónica!
La presencia británica en Malta se prolongó durante 150 años (1814-1964) y los avatares son tanto o más instructivos que los del archipiélago de las Malvinas. Dos historias y dos mundos insulares que reflejan cómo funcionaba el imperio inglés, que en ambos casos aplicó criterios más propios del medievo que de la Ilustración. 
En las Malvinas nada sólido había (salvo "cuatro" familias sudamericanas dedicadas a criar ganado y a la pesca, instaladas en otro de los tradicionales "abandonos" hispanos) y allí sigue izada la Unión Jack; mientras que en Malta el imperialismo inglés resistió con apuros hasta 1979, pues tras la independencia formal Londres aún tardó quince años en aceptar que la descolonización real exigía renunciar a sus bases militares en la isla.
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Pulsar sobre los mapas para ampliarlos. Conviene prestar
atención a la escala, pues permite tener una idea
cabal de la escasa superficie del país
Comparaciones racionales y comparaciones absurdas
Es lógico, pues, que numerosos malteses consideren que lo ocurrido este año en Escocia es un hito. El pasado reciente permite que los malteses hagan comparaciones racionales y valoren mejor que la mayoría de europeos una evidencia: hay países donde la democracia avanza, incluso cuando gobierna el partido que más ha aportado al conservadurismo parlamentario de Europa; en tanto que en otros países…
Pero dejemos para otra ocasión las comparaciones que algunos hacen entre el decisorio referéndum escocés y la consulta no vinculante que se plantea en Catalunya, vincular una y otra cosa constituyen un burdo intento de enredar debates... el oportunismo político de los uniformistas hace estragos.
Este post versa sobre el 50º aniversario del teórico nacimiento del Estado maltés, de modo que vayamos al grano:
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1964, la independencia virtual
La constitución de 1964, que fue cocinada en Londres, consagraba a la reina Isabel II como jefa de Estado e imponía la figura de un gobernador general que ejercía la autoridad ejecutiva en nombre de su graciosa majestad; de manera que todas las instituciones del virtual Estado maltés eran pura filfa y las urnas, poco más que el biombo tras el que se escondía el poder omnímodo de la metrópoli.
Tras diez años de estira y afloja, con crecientes tensiones y malestar social, el 13 de diciembre de 1974 la asamblea de representantes maltesa proclamó la Repubblika ta' Malta / Republic of Malta [en el idioma autóctono y en inglés, que siguen siendo las dos lenguas oficiales del país], instaurando un poder legislativo elegido por sufragio universal y totalmente ajeno a la Corona inglesa, un primer ministro y un presidente (jefe de Estado), ambos elegidos por la Cámara de Representantes. Sin monarca, ni delegados de la corte.
No obstante, la república decidió seguir adherida voluntariamente a la mancomunidad de naciones del extinto imperio, la Commonwealth.
Sin embargo, el Gobierno británico, testarudo (por no emplear otro calificativo), forzó un acuerdo que imponía el mantenimiento en la isla de una importante presencia militar, no en vano el primer Gobierno maltés realmente soberano carecía de poder efectivo (sin ejército ni aliados internacionales) para plantear el cierre de las bases extranjeras. Los cinco años siguientes fueron difíciles.
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1979, la independencia real
Finalmente, la solución al contencioso fue económica: el parlamento de Malta aprobó la imposición de una elevada compensación por el mantenimiento de las bases y Londres, sabedora de que aquello iba camino de acabar mal o peor, se negó a pagar, lo que sirvió de excusa para retirar sus aviones y navíos de guerra sin perder la compostura ni el prestigio imperial.
El cierre y vaciado de las bases se produjo a lo largo de los meses de febrero y marzo de 1979. En rigor, pues, Malta no estrenó independencia hace 50 años, sino 35. De hecho, el 31 de marzo se celebra la fiesta nacional, el Día de la Libertad, que así fue bautizado oficialmente.
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El municipio de La Valeta, que ni siquiera comprende la mitad
de la península que aparece en la imagen, suma poco más de 11.000
habitantes censados; sin embargo, los municipios de la conurbación
capitalina reúnen más del 40 % de la población del país  
Pasillo de pueblos
Tras la presencia de fenicios, romanos, bizantinos y vándalos, en el año 870 Malta fue conquistada por los árabes que desde hacía dos siglos extendían el islam a lo largo de toda la costa mediterránea de África. Las islas maltesas, cuya población era mayoritariamente de origenaria de la Península Itálica fue islamizada. Era la primera vez que un poder político-religioso extranjero imponía sus criterios de forma sistemática en todos los aspectos de la vida.
Tanto es así que la cultura de la entonces reducida y escasamente cohesionada población isleña vivió una radical transformación, incluido el idioma. El maltés primitivo era de origen fenicio, de la familia de los semíticos que engloba el amárico, el árabe, el hebreo y el tigriña, amén de otros ya muertos o que están en trance de desaparecer.
Cuando los árabes desembarcaron en la isla, el maltés ya había sufrido una notable influencia romana (latinización), aunque ese proceso consistió básicamente en la importación de vocablos. Los nuevos pobladores árabes acapararon todos los poderes, el militar, el económico y el religioso, de modo que el impacto lingüístico también fue total y el maltés fue arabizado, hasta el extremo de que actualmente el idioma está catalogado como semítico de raíz árabe, no fenicia, si bien conserva trazos de la lengua que nació en la actual costa sirio-libanesa y de su parcial romanización ulterior.
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Sólidos vínculos con Sicilia y Nápoles
El gobierno árabe de la isla se prolongó hasta finales del siglo X, cuando la élite dirigente mahometana fue muerta o expulsada por las tropas del reino normando de Sicilia, lo que provocó que Malta recuperara sus vínculos con las culturas siciliana y del sur de la bota transalpina.
No obstante, la arabización era profunda y numerosos hábitos y los cambios en el idioma pervivieron. No así la islamización, pues al paso de apenas dos generaciones la cristianización ya era prácticamente total. Esta rápida transformación político-religiosa se debió a la llegada de varios miles de inmigrantes sicilianos y en menor cuantía, napolitanos, que dieron lugar a la nobleza medieval de Malta, cuyos apellidos, títulos y la huella de sus prebendas (posesiones) todavía hoy están presentes en la isla.
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La presencia de la Corona de Aragón
En el siglo XIII, exactamente en 1282, Sicilia y por tanto Malta pasó a ser dominio de la Corona de Aragón, conquistada por los almogávares que lideraba Roger de Lauria. Ya en el siglo XVI, en 1530, Carlos I, rey de Castilla y Aragón, alquiló la isla a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén [más conocida actualmente como Orden de Malta], cuyos guerreros habían sido expulsados de la isla de Rodas por el otomano Solimán el Magnífico.
Entonces se produjo un hecho determinante para el futuro de la isla mediterránea, pues el Papa Clemente VII (aupado por el clan de los Medici) regaló a la orden el dominio y la recaudación de la ciudad de Trípoli (en la costa de la actual Libia) con una condición: no entrometerse nunca en las guerras entre reinos cristianos.
A todo esto es obligado subrayar que los caballeros malteses, actuando como poder político-religioso, favorecieron la marginación del idioma autóctono al establecer que la única lengua oficial era la italiana.
El Imperio Otomano había expulsado de Rodas y sumido en un temporal ostracismo a la Orden de Jerusalén, pero también ejerció de involuntario promotor de los caballeros católicos como organización militar. En mayo de 1565, un ejército turco de 30.000 soldados llegados en una flota de 160 embarcaciones intentó conquistar Malta. Los guerreros de la católica orden lo impidieron, ayudados por tropas de la Corona de Aragón enviadas desde Sicilia y Nápoles.
Fue el principio del fin de la expansión del Imperio Otomano hacia el Mediterráneo oriental. La pugna económico-militar entre la principal potencia islámica de la época y los países católicos comandados por la Santa Sede se zanjó seis años después (1571) en la batalla naval librada en el golfo de Corinto, frente a la ciudad griega de Naupacto (Lepanto), donde naves hispanas, genovesas, venecianas y de El Vaticano derrotaron a la principal flota otomana.
Fue en esa época cuando nació la actual capital de Malta, pues para proteger la isla de futuras invasiones fue construida la fortificación que domina los puertos naturales de la bahía de Rinella y de la ensenada de la isla Manoel, que rodean la actual ciudad de La Valeta, bautizada así en honor al comandante de los caballeros hospitalarios que rechazaron la invasión turca en 1565, el gran maestre francés Jean Parisot de La Valette.
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La Valeta posee un valioso patrimonio histórico-arquitectónico
(pulsar para ampliar).
Camino de Egipto,
Napoleón tomó La Valeta
El honor religioso y las rentas que proporcionaba Trípoli, la ciudad que Clemente VII concedió a la Orden de Malta a cambio de no inmiscuirse en pleitos entre países cristianos, tuvo torna en 1798, cuando la flota con la que Napoleón se dirigía hacia Egipto atracó en La Valeta y se apropió de la ciudad por cuyo control pugnaban varios reyes católicos, incluido el emperador francés. Motivo por el que los católicos guerreros de la orden cumplieron el mandato del Papa y no opusieron resistencia. 
El control de Francia apenas duró dos años, pues en 1800 los reinos de Inglaterra y de las Dos Sicilias (Sicilia y Nápoles) enviaron una flota al mando del almirante Horatio Nelson, que bloqueó los accesos a los principales puertos y obligó a las tropas francesas a capitular.
La rica nobleza napolitana no concedió importancia a las diminutas y pobres islas de Malta y Gozo, pero Londres supo apreciar su alto valor estratégico para mejorar la seguridad y avituallamiento de los navíos que cubrían las largas travesías entre los puertos ingleses y las posesiones del pujante imperio en el Mediterráneo oriental; de modo que los británicos tomaron el control de la isla, ocupación que obtuvo el visto bueno internacional en 1815, con motivo del Tratado de París.
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Ubicación estratégica
La ubicación de Malta [ver mapa adjunto] aumentó de valor con la apertura del canal de Suez. Gran Bretaña, deseosa de garantizar que la isla formara parte del imperio sine die aplicó una intensa labor político-cultural, imponiendo su legislación y el uso del inglés.
Hubo posteriores intentos de re-italianizar Malta, pero todos fracasaron. Sin embargo, de forma natural a partir de la década de 1970, ya consolidada la independencia, con motivo de la recepción de los canales de TV italianos y a caballo de las estrechas relaciones comerciales con el país transalpino (Malta importa el 70 % de los alimentos que consume y cientos de toneladas de agua potable) han propiciado que el italiano ya sea la segunda lengua más utilizada en las islas, sobre todo entre los jóvenes. 
No obstante, el inglés sigue siendo el único idioma que maneja con fluidez más del 90 % de los 455.000 residentes en el archipiélago, en tanto que el maltés pierde hablantes año tras año.
La economía de Malta depende del turismo, del tráfico marítimo, de los negocios financieros (es un paraíso fiscal blando y mal disimulado) y de las firmas dedicadas a la intermediación (export-import), sobre todo entre empresas establecidas en la Unión Europea con las radicadas en países del norte de África y Oriente Próximo.
Una vez superados los odios que durante siglo y medio inspiró la prepotencia de Londres, Gran Bretaña e Italia son los espejos en los que se miran los isleños para garantizar su pertenencia a Europa y alejarse de la cercana África, otro motivo por el que el referendo escocés de 2014 constituye un referente y el descubrimiento de una Inglaterra cuya tolerancia territorial ha causado sorpresa entre los isleños.

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