12 abril 2015

¡Atención, «gente normal», el líder del PP os necesita!

Hoy domingo, entre las informaciones y demás asuntos impresos en primera plana del diario El mundo figuraba el resaltado en la ilustración adjunta. En rigor, tras ver y escuchar un vídeo de su intervención, el presidente de Gobierno no ha dicho exactamente eso, pero aunque las palabras del titular de El mundo estén descontextualizadas porque un titular es un titular y no puede ser una novela, no es la primera vez que Rajoy alude a la vez que apela a la «gente normal». Es uno de sus latiguillos favoritos.
Hay decenas de modelos de «gente normal», acaso millones, pues cada ciudadano tiene su propio concepto de «gente normal» y enriquece su modelo con decenas de detalles. Entonces, ¿a qué viene eso de la «gente normal», ¿acaso hay un tipo oficial de «gente normal»?
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¿Determinarán por ley quién es normal
y quién anormal? 
Según un porcentaje de la ciudadanía que ninguna empresa de demoscopia se ha preocupado de averiguar, «gente normal» sería, por ejemplo, la que cada día sale de casa para ir a trabajar, frente a quienes no quieren o no pueden hacerlo, que serían los anormales, ¿no?
Por cierto, ¿la gente que no trabaja porque no lo necesita es normal o anormal? Imposible saber qué dice la opinión pública, tampoco hay encuestas a ese respecto.
¡Qué expresión tan correcta!: "opinión pública" vale para certificar que la nieve es blanca y que España va bien. Ya ve usted, para poner palabras en su boca (o en la mía) basta con apelar a la opinión pública... ¡y sin encuestas!
En fin, que por ahí van los tiros. Me explico:
El jefe de Gobierno, un tertuliano o un analista "de los buenos", uno de esos que siempre están invitados en alguno de los canales volvemos en cinco minutos, dice «como todos sabemos» y en la platea de los hogares, frente al televisor, millones de televidentes asienten con la cabeza.
Pero no se engañe, amable lector/a, no asienten porque estén dando la razón al entrevistado o al tertuliano; asienten porque se alegran de que esa persona importante o que sabe mucho ¡les da la razón a ellos!
Por ahí va la reiterada mención que hace Rajoy Brey a la «gente normal», para erigirse en su portavoz virtual o para emplazar a los millones que se consideran «gente normal».
Rajoy es más inteligente que el otro gallego que gobernó España, lo cual es lógico porque la ciencia y la tecnología avanzan que es una barbaridad, también la Sociología, y el de Pontevedra tiene mejores asesores que el del Ferrol del Caudillo. 
Los científicos que estudian la sociedad saben que la «gente normal» suma millones… por eso hay quienes dicen una y otra vez eso de «gente normal», desde vendedores de coches o detergentes hasta presidentes: diciendo «gente normal» cogen a millones de la oreja.
Pero la ciencia y la tecnología también avanzan para usted y para mi, no sólo para que el presidente de Gobierno sea o parezca más inteligente. El saber del hombre avanza para todos, o al menos para quienes intentamos no quedarnos demasiado rezagados.
De modo que en la actualidad cualquiera puede guardar en su casa miles de documentos, o bien entrar en la Red y buscar qué canastos dijo fulano el día tal a propósito de aquello que… 

Es lógico que según quien prefiera ciudadanos desmemoriados
No es la primera vez que la expresión «gente normal» en boca de Rajoy me causa desazón, lo confieso. De un tiempo acá la utiliza más a menudo y siempre me queda un no sé qué rondando en la cabeza.
Así que hoy me dije, Félix, esto no puede seguir así, tienes que averiguar por qué te inquieta la expresión «gente normal» en boca de ese político profesional. Me hice caso, eché mano de la tecnología que avanza, en este caso de la hemeroteca que almaceno en casa, y encontré esto:
El 4 de marzo de 1983, el diputado de Alianza Popular en el Parlamento Galego apellidado Rajoy Brey suscribía un artículo publicado en Faro de Vigo que entre otras cosas, decía:
«Ya nadie pone en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual. No sólo desde el momento del nacimiento, sino desde el propio de la fecundación (…) en cierta manera nace predestinado para lo que habrá de ser. La desigualdad natural del hombre viene descrita en el código genético (…) por eso, todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de riquezas son radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre, a su ser peculiar, a su afán de superación y progreso»...
Tiene guasa que equipare el código genético con la cuna económica.
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Un político que menosprecia a "los iguales" no merece votos ni respeto
Si Rajoy Brey opina que existe un «natural instinto del hombre a desigualarse», ¿a qué «gente normal» se refiere el presidente Rajoy Brey?, ¿al individuo que ha logrado desigualarse, al que está desigualado porque nació predestinado, o al que está igualado con sus semejantes?
En rigor, la respuesta a esa pregunta me importa bien poco; mejor dicho, nada.
A partir de ahora cuando el político Rajoy Brey vuelva a decir «gente normal» me reiré y nadie podrá acusarme de faltar al respeto del presidente de Gobierno, pues tras leer cómo clasifica a las personas es evidente que él ha faltado al respeto de los que no han nacido desigualados, de los que no han podido desigualarse y de los que nunca hemos tenido la clasista intención de desigualarnos.
Ya ve usted, un "desigual" considera que está por encima de "los iguales", que son precisamente la gente normal sin comillas. Porque normales somos todos, ¿o no?... ¡vale!, tiene usted razón, todos no pero casi casi.
[Rebuscando y escribiendo las horas son liebres, ya es medianoche: ¡feliz lunes, gente normal!]
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DE INTERÉS:
«Seres humanos normales», por Ruth Toledano», vía eldiario.es.
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2 comentarios:

  1. El insulto de Rajoy a los "anormales" no pasa desapercibido:

    http://www.eldiario.es/zonacritica/Seres-humanos-normales_6_376622349.html

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    1. Gracias a tu comentario no me he perdido el texto de Ruth Toledano, muy apropiado y merecido por parte de ese político del siglo XIX (ayer estuve fuera casi todo el día y no pude hacer mi habitual "viaje digital" por la actualidad).
      Un abrazo.

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