29 abril 2015

En la cara dura del Gobierno de Rajoy aumentan las arrugas fascistas

A las derivas fascistoides de Fernández, Montoro y De Guindos se ha sumado
la de Catalá, que con la excusa de blindar sumarios amenaza a los periodistas

Somos muchos los que siempre hemos evitado —incluso en situaciones en las que era fácil justificarlo— calificar de fascista al Partido Popular. En rigor, no está justificado afirmar que el PP es un partido fascista. ¿Por qué? Porque no reúne las características básicas de esa ideología ni defiende un programa que merezca ese marchamo.
No es fascista, pero la huida hacia delante del Ejecutivo de Mariano Rajoy no sólo está desmantelando aspectos básicos de un país y una democracia europeos —no me refiero sólo a la economía—, sino que además ha asumido la deriva ultraderechista de un sector del partido que sostiene al Gobierno. 
La mayoría de los cuadros del PP “perdonan” y algunos incluso avalan a los gabinetes ministeriales de Economía, Hacienda, Interior y Justicia a pesar de que han tomado decisiones con rasgos inequívocamente fascistas.
El PP no es una organización fascista porque sus premisas, sus estatutos y su programa —a pesar de que los primeros incurren demasiadas veces en la retórica y el segundo es “generalista”— no son los propios de la derecha autoritaria y antidemocrática que en la Italia de los años 20 promulgaba y logró implantar, entre otras cosas, el corporativismo estatal en la vida económica, caracterizado según la definición clásica por el control gubernamental de la economía, aunque —tal como han matizado los estudiosos del asunto— más que un aparato de control era un sistema de vigilancia e intervención cuya única finalidad práctica era proteger las actividades e intereses de la plutocracia, que era quien ejercía el poder real sobre las cosas y por extensión, sobre todos los ciudadanos por la vía del trabajo.
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[Llegados a este punto, ¡no sea el demonio que alguien se confunda!, conviene precisar que las directrices del estatalismo fascista nada tienen que ver con las medidas (por ejemplo, las nacionalizaciones) y regulaciones que adoptan los Estados democráticos de Derecho para racionalizar el libre mercado; cometido este, por cierto, que en España deja mucho que desear]
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Plaza de toros de Pinto (Madrid), agosto de 2013
Ideas que barnizan la economía
y eluden hablar de dinero 
Las personas adineradas y las cosas (riquezas naturales, bienes raíces y medios de producción) eran el motor y el carburante del fascismo, que era (y es) una ideología cuyo objetivo (disfrazado) siempre es administrar la economía hasta el más mínimo detalle para que quienes hacen dinero, hagan más dinero.
Los miembros de la plutocracia o del Ghota, como usted prefiera denominar a esa élite, constituían el único sostén de carne y hueso del fascismo, aparte de los militantes (los camisas negras) más los servidores del Estado, empezando por las fuerzas de seguridad y el ejército.
Al mismo tiempo, el régimen fascista supervisó con detalle la libre producción de cultura, que inevitablemente dejó de ser libre y se empobreció —excepto en el ámbito de la literatura—, imponiendo las tesis y encumbrando a los artistas y pensadores del llamado vitalismo, adornado todo con las premisas de la corriente filosófica conocida como irracionalismo.
El fascismo también aplicó un rosario de prohibiciones en todos los ámbitos de la vida; los únicos espacios semiliberados eran los templos e inmuebles de la Iglesia Católica. Ese afán autoritario llevó (y lleva) aparejada la censura editorial e informativa, así como imponer la autoridad moral (e ideológica) de la curia católica.
Para redondear este breve recordatorio es obligado mencionar que el régimen fascista normalizó el uso de la violencia como instrumento legal y cotidiano para garantizar el orden y el cumplimiento de leyes, normas y una amplia panoplia de reglamentos locales y gremiales con el propósito de imponer hábitos civiles, coartar las decisiones de las personas y de las familias, incluso en asuntos privados.
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Camisas negras de los Fascios Italianos de Combate (1924, aprox.)
Conocer el pasado permite
analizar mejor la actualidad 
A modo de resumen apresurado —esto es una bitácora, no un libro—, sirvan esos apuntes para acercarse al fascismo, ideología política muy poco original, pues sus impulsores y primeros teóricos se limitaron a recoger teorías largamente alimentadas por la cúpula social que, lógicamente, disponía de aliados intelectuales y en la burguesía. El diseño del fascismo se inició una vez completado el tránsito del Antiguo Régimen al Estado Moderno, se trataba de construir una superestructura ideológica aparentemente inocua pero fácilmente “transformable” cuando fuera preciso…
En la Italia de inicios del siglo XX, sumida en una profunda crisis económica y de valores, la labor de poner en práctica todas las ideas (y ocurrencias) acumuladas y dar cuerpo a lo que conocemos como fascismo corrió a cargo de los autodenominados Fascios Autónomos de Acción Revolucionaria, rebautizados Fascios Italianos de Combate, que contaron con las valiosas aportaciones —algunas involuntarias— de una veintena de sobresalientes intelectuales de la época; por ejemplo, Gabrielle d’Annunzio y Curzio Malaparte.
Benito Mussolini se incorporó formalmente a los fascios en el otoño de 1914, recién fundada la organización, que en su congreso de enero de 1915, con Mussolini ya erigido en líder, puso en marcha un vasto plan para implantarse en toda Italia.
En el congreso de 1921 los fascios fueron rebautizados Partido Nacional Fascista, que para alcanzar el poder social y luego el estatal recurrió a métodos que luego imitaría y exacerbaría el nazismo alemán, variante del fascismo cuyas únicas diferencias relevantes —amén de numerosos detalles de calado menor— son dos:
* el racismo y
* la germanización de los territorios vecinos (pangermanismo agresivo).
La finalidad de expandir la patria “en las proximidades” era triple: ampliar el llamado espacio vital, apropiarse de bienes naturales, y disponer de bolsas de mano de obra barata... y esclavos.
Cabe apuntar que la política “demográfica” nazi fue perfeccionada e incluso dotada de una cuidada “elegancia normativa” por el régimen sudafricano del apartheid: los “homeland”, también conocidos como bantustanes.
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Serrano Suñer, Francisco Franco y Benito Mussolini, en 1941
La huida hacia delante conduce
a un lugar inquietante
Esta breve exposición de las esencias del régimen fascista sirve para dimensionar el alcance de lo que sigue:
La huida hacia delante del actual Gobierno español en materias económica, laboral, social, gubernativa y también en el campo de la información, ha llegado a un punto en el que deberían sonar todas las alarmas. Me refiero, ante todo, a los sindicatos silenciosos (CC OO y UGT) y a la “intelligentsia”, los intelectuales, el segmento social que vive y puede comer como productor de cultura, incluidas sus organizaciones más los profesionales de la docencia (en especial los de la enseñanza superior), artistas, escritores, historiadores, abogados, etcétera; todos, sean conservadores o progresistas, cristianos o comunistas. 
La huida hacia delante del Gobierno es tan peligrosa que ya deberían haber sonado todas las alarmas de la sociedad civil —las pocas que quedan.
Prácticamente cada semana se enriquece la lista de motivos y de razones en las que cualquiera que piense con sensatez puede encontrar base para posicionarse frente al Gobierno.
El conservadurismo ya no es el motor ni tampoco el principal criterio del equipo que dirige Rajoy.
Empecinados, los miembros de ese sector parafascista del PP han hecho buenas las tesis y las propuestas de los darwinistas sociales, apostando por una sociedad tan radicalmente clasista que repugna a los partidarios del liberalismo, el de verdad, no la falacia que farfullan Aguirre y otros directivos del PP dedicados desde hace varios años —desde mucho antes de acceder al poder— a burlarse incluso de la moral cristiana, a la que sólo recurren para vestir sus barrabasadas [cristianismo y catolicismo no son sinónimos].
Siempre hubo sombras fascistas en AP y luego en el PP, pero desde hace ya casi dos decenios un sector del gran partido de la derecha española ha ido introduciendo poco a poco criterios nacional-católicos, que es la variante española del fascismo.
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[No lo digo yo ni lo invento, hay consenso mayoritario entre historiadores y politólogos de todo el mundo en que el régimen franquista o nacional-católico, así lo enuncian indistintamente, fue la segunda variante más exitosa de la ideología con la que Mussolini llegó al poder en Italia. Lógicamente, ese fascismo español se nutrió de alimentos autóctonos, sobre todo de los sentimientos y actitudes generadas por el derrumbe de 1898]
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El cascarón del huevo, la serpiente y las comadronas  
Hay arena para todos. Para los que trabajamos o hemos trabajado casi toda la vida manejando información, las declaraciones que hoy ha realizado el ministro de Justicia, Rafael Catalá, abriendo un debate sobre la conveniencia —según él— de penalizar la difusión de información judicial reservada es uno más de esos rasgos fascistas a los que aludo, que esta vez es singularmente grave porque ha sido anunciado y defendido por el titular de Justicia, que es el ministerio responsable de garantizar los fundamentos del Estado democrático de Derecho.
A lo más que han llegado los Estados de Derecho clásicos de Occidente es a castigar administrativa o penalmente al periodista que se niega a revelar a la autoridad judicial la fuente de una información, cuando el periodista ha sido requerido, por ejemplo, tras publicar datos o documentos catalogados como secreto.
Huelga entrar en detalles procedimentales y en las diferencias entre países, que son de entidad menor; resumiendo: en los Estados de Derecho de "nuestro entorno" el periodista no delinque por difundir información, sólo incurre en el delito de desacato o desobediencia si se niega a revelar la fuente aunque lo exija un juez.
Ese es el criterio que corresponde, como mucho, aplicar a los periodistas para combatir las fugas de información en las sedes de la Justicia, pero el debate que ha abierto Catalá indica que el Gobierno quiere ir más allá, ¿hacia dónde?...
Quienes consideran adecuado encarcelar a un periodista por difundir información ejercen de comadronas del huevo de la serpiente… que todavía es pequeñita y todavía no puede o no se atreve a romper el cascarón, pero está viva. En el Gobierno y en el PP hay quienes están dispuestos a romperlo.
Desde Interior, Fernández "ha roto el cascarón" varias veces, por ejemplo en Melilla y en la Puerta del Sol; en Hacienda lo hace Montoro con su elitista y "acomodaticia" política fiscal; en Economía la "comadrona" De Guindos se dedica a engendrar lumpen, sector social que ha sido y puede volver a ser una masa desestabilizadora (votando o sin votar) favorable al fascismo; sin rodeos: los asalariados que pese a trabajar sobreviven en la pobreza y quienes están hundidos en la miseria pueden ser fácilmente instrumentalizados.
Y hoy también asoma el fascismo en la boca del ministro Catalá, que con la excusa de combatir la filtración de secretos judiciales amenaza con institucionalizar el miedo (el terror) entre los profesionales de la información.
Lo dicho, el PP no es un partido fascista, pero hay ministros y cuadros que han empollado el huevo de la serpiente y ahora parecen decididos a romper el cascarón.
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DE INTERÉS:
«El lumpenproletariado de la Europa del siglo XXI», sobre la actitud que adoptan algunos directivos y directivas del PP para convencerse a sí mismos de que lo saben todo y poseen la razón..
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ACTUALIZACIÓN (30 abril 2015):
Apenas 24 horas después, Catalá ha reculado, pasando de abrir el debate a decir que sus manifestaciones eran poco más que una reflexión. Ha descartado la posibilidad de penalizar la difusión de filtraciones y ha precisado que la agenda del Gobierno no contempla esa propuesta, subrayando que ni siquiera está incluida en las reformas legislativas en marcha.

Todos los dirigentes políticos que hoy se han pronunciado al respecto han rechazado esa reforma legal, incluidos los del PP, excepto Esperanza Aguirre, que ha estimado conveniente la reforma.
Más detalles, en El Confidencial.

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RELACIONADO: «Mayor Oreja, su "desmemoria" es el huevo de la serpiente».

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