01 mayo 2020

Étienne de La Boétie, el "anarquista" del siglo XVI

Hay filósofos y estudiosos del pensamiento que coinciden en la tesis de que el primer teórico del anarquismo fue un francés que con solo 18 años escribió un opúsculo titulado Discours de la servitude volontaire ou le Contr'un (Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el Contra uno mismo). Entre los varios aspectos llamativos de esa tesis destaca uno: el autor nació 290 años antes que Pierre-Joseph Proudhon y tres siglos y medio antes de que Sébastien Faure imprimiera la icónica frase «cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es anarquista».
El autor del Discours de la servitude volontaire ou le Contr'un, el aquitano Étienne de La Boétie (Sarlat, 1530 - Germignan, 1564), ejerció de magistrado en Burdeos tras zambullirse siendo todavía adolescente en el mundo de los clásicos griegos, latinos y a partir de entonces, estudiar siempre: empezó cursando Derecho, luego Historia, Filosofía, Economía y concluyó empapándose de Geografía cuando la fiebre ya le impedía prestar la atención debida, un par de semanas antes de que el bacilo yersinia pestis lograra quitarle la vida.

Inquisitivo observador

Estudios y profesión aparte, La Boétie fue desde jovencito un inquisitivo observador de cuanto le rodeaba, incluidas las vidas de las gentes, pero no como se hace cinco siglos después en los programas de TV de la culta sociedad desarrollada de Occidente, al joven Étienne le traía sin cuidado con quien se acostaba Fulano o si Menganita se depilaba la entrepierna, sino que tras observar el trajín de los vecinos conocidos y de los desconocidos con los que la vida le relacionaba se preguntó —por ejemplo— cómo era posible que alguien que cargaba bultos o picaba piedra de sol a sol no ganara lo suficiente para comer y vivir sin estrecheces, y lo que es más peliagudo: Étienne se propuso identificar y entender los resortes psíquicos, educacionales y sociales que postraban la dignidad del explotado hasta el extremo de que algunos de ellos incluso… ¡ya está bien de endulzar patéticas miserias!: no eran ni son algunos, sino que eran y son mayoría los explotados que saludaban --¡y saludan!-- corteses y risueños a sus explotadores, los defendían --y defienden-- de quienes los critican y si hay violencia entre los ricos, toman las armas para, orgullosos, ir a morir en defensa de su Señor o de su patria... ¡la del Señor!, naturalmente... 
En el siglo XVI, tanto en la Francia de La Boétie como en el resto de Europa aún regía y gozaba de buena salud el Antiguo Régimen, las todavía incipientes burguesías urbanas (artesanos, comerciantes, funcionarios, etc.) y los campesinos propietarios de tierra estaban a más de dos siglos de alzarse contra el primer y el segundo estado (aristocracia y curia) para hacer la revolución de 1789 e iniciar la demolición del Antiguo Régimen, camino del Estado Moderno o Estado Liberal; sin embargo, en aquel lejano escenario el joven estudiante de una familia aquitana acomodada se hacía preguntas con más de dos siglos de antelación, pero como no hallaba respuestas claras a casi ninguna cuestión, volcó sus observaciones y premonitorias conclusiones en un texto tan breve que se puede leer con detenimiento en poco más de una hora.

El libro se publicó 9 años después
de la muerte del autor

Étienne escribió su discours a los 18 años, en 1548, y murió a muy temprana edad, poco antes de cumplir los 34, en 1564, sin que viera publicado su revolucionario manuscrito, pese a que hizo copias y su opúsculo fue leído y aplaudido —ignoro si fue sinceramente celebrado, aunque lo dudo— por la flor y nata de la que --de ser cierto el aplauso-- cabe presentar como muy adelantada intelectualidad aquitana...
En aquella época no se había acuñado el palabro castellano “progre” ni la expresión gala “gauche divine” ni la izquierda caviar que utilizó Joan de Segarra en un artículo publicado en 1969 en el vespertino barcelonés Tele-Express, para que los lectores entendiéramos un poco mejor a los revolucionarios de clase media-alta y alta... 
Tan didáctica expresión del columnista acabó por imponerse y, agradecidos, ya durante el tardofranquismo, acabamos por utilizarla los miembros de las clases media-baja y baja para no tener que usar conceptos marxistas malsonantes que concitaban debates en los que la izquierda siempre acababa perdiendo compañeros de viaje.
La Boétie solo consiguió, que sepamos con probada certidumbre, un compañero de viaje pero con la inmensa fortuna de que era persona muy respetada y que para colmo fue leal más allá de la muerte, pues logró imprimir, publicar y difundir por toda Francia el discours de Étienne en 1573, veinticinco (25) años después de que fuera redactado y cuando se cumplía el 9.º aniversario de la muerte del autor.
El gran amigo de La Boétie era el filósofo bordelés Michel de Montaigne.
El autor del librito que cinco siglos después, en el Sesentaiocho parisino, fue catalogado como la prueba arqueológica de que el pensamiento anarquista nunca ha sido una ideología propia de las clases sociales más bajas... dándose la circunstancia de que tres siglos después, el padre sentimental de la acracia, Bakunin, era de cuna aristocren el caso de La Boétie, no era miembro de la aristocracia pero basta con ver la casona en la que nació [la primera foto adjunta] para saber que era de clase alta, o que estudió leyes en la Universidad de Orleans, y que las relaciones sociales de su familia constituían un listado de personajes aquitanos, bretones, occitanos y parisinos de elevada alcurnia

En l
as tripas del Antiguo Régimen

El joven La Boétie llegó a ser consejero del Parlamento de Burdeos (1553), con solo 23 años, y participó en negociaciones políticas del más alto nivel institucional para evitar que las pugnas religiosas entre romanos (católicos) y reformistas (luteranos) volvieran a hundir la sociedad francesa en el pozo de los enfrentamientos civiles armados y generalizados de los siglos XIV y XV, episodios de los que todos salían gravemente empobrecidos.
Étienne La Boétie fue el mediador con el que más congenió el canciller del reino, Michel de L’Hospital, pues ambos eran sinceros pacifistas. Es más, a la vista del educadísimo desprecio con el que en ocasiones fue tratado L'Hospital en la corte debido a su actitud conciliadora, es muy probable que compartiera con la Boétie el desprecio por el absolutismo y por quienes creen estar en posesión de la Verdad...
Si algo del discours de La Boétie escandalizó a sus amigos de la "gauche divine" de entonces, fue lo mismo que hoy causa admiración en los estudiosos de las ideas: el texto del aquitano planteó ¡en el siglo XVI! una cuestión que casi nadie osa mencionar: la legitimidad de cualquier tipo de autoridad sobre la colectividad, sobre el pueblo. El joven aquitano analizó ¡en el siglo XVI! las causas que hacen posible tan irracional dominio, entre las que destacó y se centró en una: la voluntaria sumisión del explotado, la relación dominación-servidumbre aceptada cual ley natural.
Étienne La Boétie ejerció de servidor del Antiguo Régimen, pero ya muerto escandalizó a la buena sociedad del siglo XVI.
Su pensamiento fue redescubierto y valorado en el XX, cuando se convirtió en el creador intelectual de la desobediencia civil y el primer teórico de la acracia.
Si más no, sirva esta breve reseña para recordar a todos los grandes desconocidos que, como La Boétie, han luchado por la emancipación de los explotados y que rara vez son siquiera mencionados.

ENLACE a la versión en línea de Discours de la servitude volontaire ou le Contr'un, original en francés, vía Université de Québec.

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