07 septiembre 2006

¿Repsol es española?: ¡No!

La nacionalización de las reservas de hidrocarburos (¡no las compañías petroleras!) decretada por el Gobierno de Bolivia ha provocado la airada reacción del Ejecutivo español y del principal partido de la oposición, el PP, que coinciden en otorgar a Repsol-YPF la calidad de española. 
Sin entrar en el análisis de cuestiones estrictamente políticas, lo primero es lo primero: los datos que la propia sociedad suministra a quien le interese demuestran que calificar Repsol-YPF de española es faltar a la verdad.
Según datos de junio de este año, que apenas han variado en el último lustro y apenas variarán a corto plazo, en el accionariado de Repsol-YPF sólo hay tres grupos estables que pueden ser catalogados de significativos y que actúan como tales [la categoría "significativo" se da a los paquetes formados por más de un 4 % de las participaciones].
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Los socios significativos
Entre esos socios de primer orden destaca la Caixa de Pensions, Estalvis i Mont de Pietat de Barcelona (La Caixa), poseedora del 9,1 %; seguida de Repinves, una gestora hispana de valores mobiliarios que se ha especializado en los sectores de la energía, las telecomunicaciones y las infraestructuras, y cuya participación en Repsol es del 5,02 % [Repinves, a su vez, está participada por La Caixa]; y el tercer paquete significativo es el controlado por Pemex Repcon Lux, con el 4,8 % y sede en Luxemburgo [esta sociedad es propiedad de Petróleos Mexicanos, Pemex, el consorcio estatal que explota los yacimientos del país azteca].
El porcentaje de acciones españolas con carácter estable y peso significativo es exactamente del 14,12 %.
El resto del capital social de Repsol-YPF, el 81,07 %, es propiedad de miles de accionistas y está habitualmente sometido a las reglas de la libre cotización en las bolsas de Madrid, Nueva York y Buenos Aires.
De ese 81,07 % de acciones divididas en multitud de paquetes [ninguno de los cuales posee o ejerce el papel de "significativo"] sólo el 29,87 % es propiedad de personas físicas o jurídicas españolas, la mitad de las cuales son inversores minoristas (pequeños ahorradores); en tanto que la otra mitad está en manos de empresas dedicadas a jugar en los mercados financieros.
Sumadas las participaciones de los accionistas significativos y las de los pequeños inversores españoles, el porcentaje total de acciones de Repsol-YPF que cabe calificar de españolas es del 43,99 %.
El 43,99 % español más el 4,8 % del paquete que controla indirectamente la mejicana Pemex suman el 48,79 %.
Del resto de acciones (51,21 %) son titulares o gestores por delegación varias entidades financieras estadounidenses que suman el 17,33 % [entre las que destacan los gigantes Chase Nominee Limited, Capital Group International Incorporated y State Street Bank and Trust], y de las demás participaciones (33,88 %) es propietaria una pléyade de pequeños inversores y ahorradores domiciliados en distintos y distantes países.
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Los socios solo buscan dividendos
En este punto es obligado reseñar que los tres consorcios financieros estadounidenses mencionados no ejercen de accionistas significativos (con poder ejcutivo), pero tienen la posibilidad de hacerlo. Prueba de ello es que el año pasado, aunque durante un breve período, el Chase Nominee Limited llegó a controlar el 10,17 % del capital social de Repsol-YPF, porcentaje mayor que el de La Caixa.
Indiscutiblemente, Repsol-YPF es una compañía de capital mayoritariamente extranjero, sin que el Estado español tenga ningún derecho a intervenir en sus actividades. España y la ciudadanía española no obtienen ningún dividendo como resultado del negocio, salvo los impuestos que liquide la compañía.
Del mismo modo, las obligaciones fiscales de la mayoría de los accionistas (el 56,11 %) son abonadas en las haciendas públicas luxemburguesa, estadounidense, británica, holandesa, francesa y de otros países.
Cabe concluir, pues, que los intereses de Repsol-YPF en Bolivia son a fecha de hoy ajenos al Estado español. En todo caso, suponiendo que la mayoría del accionariado estuviera en manos privadas españolas, esta circunstancia no convertiría --o no debería convertir-- a Repsol-YPF en un elemento esencial de la patria española.
Abundando en paradojas: ¿Por qué será que la Casa Blanca apenas ha hecho ruido pese a que varios consorcios estadounidenses figuran entre los principales inversores en el sector primario del país andino?; ¿será porque en geopolítica hay presiones que se hacen poniendo las cartas encima de la mesa, en tanto que otras se urden a través de aliados ingenuos... o serviles?
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ACTUALIZACIÓN (diciembre 2006):
El consorcio constructor-inmobiliario español Sacyr Vallhermoso ha adquirido el 20 % de acciones de Repsol-YPF, de modo que algo más del 50 % de participaciones pasan a ser controladas por personas físicas o jurídicas de ciudadanía española o con sede legal en España.
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2ª ACTUALIZACIÓN (febrero 2012):
Las personas físicas y jurídicas españolas vuelven a estar en minoría en el accionariado de Repsol, cuya composición es la siguiente:
42,00 % fondos de inversión extranjeros,
12,83 CaixaBank (la Caixa),
10,80 varios inversores españoles,
10,01 Sacyr Vallehermoso,
9,90 fondos de inversión españoles, y
9,49 el consorcio petrolero mexicano Pemex.
En resumen, sumadas la participación de los fondos de inversión extranjeros (entre los que son mayoría los estadounidenses) y la de Pemex: el 51,49 % de las acciones de Repsol están en manos extranjeras.

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