08 marzo 2014

El Caracazo cumple 25 años y su "veneno" sigue activo: el maniqueísmo

El Sacudón todavía condiciona las actitudes del Gobierno y de la oposición
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Con las tensiones político-sociales venezolanas compitiendo con las ucranianas en las portadas de los medios, estos días se cumplen 25 años del Caracazo, episodio que en Venezuela también es conocido como el Sacudón.
La revuelta estalló el 27 de febrero en la ciudad de Guarenas, a 15 kilómetros de la capital, y se prolongó hasta el 9 de marzo. La protesta se extendió inmediatamente y obtuvo extraordinario eco en los barrios populares de Caracas (Antímano, Catia, Coche, El Valle).
Al día siguiente, 28 de febrero, decenas de miles de personas salieron a las calles, intervino el Ejército y solo durante esa jornada murieron más de 200 personas.
La violenta represión practicada por las fuerzas armadas provocó el efecto contrario al que deseaban las autoridades. La revuelta se radicalizó. Extensas zonas de la capital quedaron bajo el control de grupos rebeldes de variada adscripción ideológica y el desgobierno se prolongó durante diez jornadas.
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Imágenes del Caracazo
Enterramientos clandestinos para ocultar
el alcance de la represión 
Una vez superado el episodio, el Gobierno, presidido por el ecléctico Carlos Andrés Pérez Rodríguez, anunció que habían muerto 276 personas y que los heridos sumaban algo más de un millar. Recién difundido ese comunicado, las cifras oficiales fueron calificadas de ridículas por todos los periodistas y observadores ajenos a la Administración. Y en efecto, el ridículo del gobierno fue mayúsculo cuando a lo largo de las dos semanas siguientes fueron descubiertas varias fosas comunes, destacando la hallada en el caraqueño Cementerio General del Sur, que contenía 68 cadáveres.
Apenas había transcurrido un mes y a los cadáveres escondidos, todos enterrados sin identificar, se sumaron las desapariciones, que entidades no gubernamentales cifraron, como mínimo, en un centenar.
En la actualidad, hay coincidencia general (incluidos historiadores) en que el número de muertos durante los once días de motines fue sin ninguna duda superior a 500, y el de heridos sumó más de 3.000. Con el paso de los años se han emitido recuentos e informes no oficiales en los que incluso se eleva el número de muertos a más de 2.000.
El presidente Carlos Andrés Pérez prometió que el Ministerio de Interior y Justicia elaboraría un estudio al respecto. Pero ni Pérez ni su sucesor, Luis Herrera Campins, acometieron la tarea y el tiempo acabó "enterrando" el asunto.
En 2006, ya con Hugo Chávez Frías como presidente, se establecieron por primera vez medidas para compensar a todas las víctimas del Caracazo y/o a sus deudos. Hasta entonces, habían sido indemnizadas 48 familias, ¡y solo parcialmente!, a raíz de las denuncias presentadas por ellas y que arribaron hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que emitió sentencia en 2004, 15 años después de los incidentes.
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Del FMI al Estado intervencionista
El Caracazo lo propició el grave y generalizado empobrecimiento causado por las medidas ultraliberales y las desregulaciones que a instancias del Fondo Monetario Internacional (FMI) ya se empezaron a imponer durante el mandato del antecesor de Pérez, Jaime Lusinchi; en tanto que las causas económicas que subyacen en las enconadas disensiones actuales serían por todo lo contrario: el intervencionismo estatal.
No obstante, mientras que el Caracazo fue una revuelta de origen socio-económico, sin liderazgo ni objetivos políticos claros, los sucesos actuales son fruto de enfrentamientos políticos o partidarios (y en defensa de la élite social), sin menoscabo de los motivos económicos que han venido a reforzar los argumentos casi exclusivamente clasistas (ideológicos) que esgrime la oposición.
Lo único común a ambos episodios es que tanto la mayoría de gobierno de Pérez como la de Maduro han sido elegidas en las urnas en sendos procesos electorales que todas las instancias internacionales han considerado democráticos y sus resultados, legítimos.
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La Arabia sudamericana, pero sin los Saud
Los antecedentes del Caracazo se remontan a la década de 1970, cuando al calor del bum petrolero la economía venezolana se recalentó y el Estado se embarcó en un incontrolado endeudamiento. Gracias a los hidrocarburos el Estado mejoró sus ingresos, cierto, ¡pero aumentó los gastos en mayor proporción!
El dislate fue grande y duradero. El valor del bolívar se hundió y sucesivos gobiernos fueron incapaces de poner coto a la inflación. El empresariado se replegó, los inversores desaparecieron y los "experimentos" de la Administración [controles cambiarios y de precios, entre otros] fueron inútiles. 
Por si fuera poco, el dinero del petróleo adolecía de falta de control y alimentó egoísmos, se generalizó la corrupción administrativa, y floreció el mercado negro de divisas y de determinados productos, alimentos incluidos.
La situación económica empeoró progresivamente y en 1989, cuando Pérez ganó las elecciones al frente de Acción Democrática, el 65 % de los venezolanos acusaban graves problemas económicos y de estos, más de la mitad sobrevivían, literalmente.
A Carlos Andrés Pérez le apoyó el 52,9 % del electorado, la mayor tasa de sufragios obtenida hasta entonces por un candidato en la historia de Venezuela. Confiado debido a ese amplio respaldo, Pérez apostó por aplicar inmediatamente los ajustes diseñados por el FMI que Lusinchi había retrasado o quizá no estaba dispuesto a cumplir.
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El venezolano Moisés Naim, "prestigioso"
columnista de El país (entre otros medios),
analista y profeta del neoliberalismo que
da lecciones de casi todo en asuntos
políticos y económicos, era ministro
del Gobierno venezolano que en 1989
decidió cargar sobre las espaldas de
la población los dislates que caracterizaban
la economía de Venezuela. El 65 % de
los venezolanos sobrevivían en la pobreza
y los "Pérez boys" prendieron
la mecha del Caracazo   
Como elefante en cacharrería
La liberalización de todos los precios [exceptuados solo 18 productos básicos], unida a la desregulación del sistema financiero (banca), más la decisión de "abandonar" el bolivar a su suerte en el mercado libre de divisas, ya habían agravado el empobrecimiento de más de la mitad de la población.
La mecha estaba preparada, solo faltaba encenderla, de lo que se encargaron Carlos Andrés Pérez y sus ministros de Energía e Industria.
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[El titular de Industria era Moisés Naim, el hoy "prestigioso" analista de El país y uno de los portavoces oficiosos de la élite del neoliberalismo, amén de propagandista de las campañas que diseña el poder político-económico estadounidense, incluso contra el país en el que él nació, creció, estudió, se formó y mal gobernó: Venezuela]
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El 26 de febrero de 1989, casi sin tiempo para acabar de instalarse en la residencia presidencial ni de hacer el relevo en los ministerios, el Ejecutivo decretó un aumento del 30 % en el precio de los carburantes a partir del día siguiente, lo que suponía un alza similar del transporte y, de rebote, de numerosos servicios y productos.
Es más, Pérez y los titulares de Industria y Energía precisaron que ese aumento era provisional porque la determinación del Gobierno era doblar el precio de las gasolinas en el plazo de tres meses.
Visto con perspectiva, el rechazo y la rebelión ciudadana eran prácticamente inevitables.
La mañana del 27 de febrero estalló Guarenas, a mediodía de la jornada Caracas ya era un clamor y al día siguiente decenas de miles de personas tomaron el control de casi toda la capital. La protesta fue inicialmente pacífica, pero la prepotencia de las autoridades propició que los líderes populares más responsables quedaran desautorizados.
El Gobierno, desbordado, decretó el toque de queda, suspendió las garantías constitucionales y autorizó al Ejército para que en Caracas usara armas de guerra para "despejar las calles". La violencia generó más violencia, el caos se generalizó y miles de familias pobres [con los inevitables ladrones y los "listos" que siempre pescan en río revuelto] asaltaron decenas de comercios.
A las revueltas de Guarenas y Caracas se sumaron las de Barquisimeto, Ciudad Guayana, La Guaira, Maracay, Mérida y Valencia.
Veinticinco años después el "veneno" más letal que destiló el Caracazo sigue activo; el maniqueísmo político, perversión generalizada de la que no han logrado curarse los que actualmente gobiernan ni los que aspiran a gobernar.
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CON ANTERIORIDAD:
* Enero 2013, "Marquina, el médico que desde La Florida sienta cátedra sobre la enfermedad de Chávez",
* marzo 2011, "¿Recuerda usted el contubernio anti-español Venezuela-FARC-ETA?",
* agosto 2010, «Venezuela y México: Chávez y un "hijoputa de los nuestros"»,
* julio 2010, "EE UU remite dinero a periodistas bolivianos, nicaragüenses y venezolanos",
* febrero 2009, "Referéndum en Venezuela: El antichavismo obsesivo del ¿periodista? Luis Herrero",
* octubre 2007, "Los obedientes periodistas del frente anti-chavista",
* junio 2007, "Chavez y RCTV, medias verdades y mentiras por doquier".

2 comentarios:

  1. ¡Joder, Félix! Qué buno y clarificador es tu artículo. No lo leí en su día, hoy me lo has acercado túa través de twitter. Lo recomendaré.
    Un abrazo.
    Tomás

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    1. Gracias por las flores. El empeño de Naim en dar lecciones a todo el mundo reactualizaba el 25º aniversario de la nefasta gestión y letal "indigesitón" social que los "Pérez boys" organizaron en Venezuela. Saludos.

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