23 febrero 2015

Hungría, o cómo enriquecer lo esencial por la vía del mestizaje

La colectividad húngara se ha forjado sin "suelo patrio"invadiendo en lugar
de recibiendo invasores y sin embargo, es un país más cohesionado que España
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Una de las naciones más singulares de Europa es la húngara. Despierta curiosidad por su exotismo, no en vano su procedencia —los Urales— y el mestizaje con los onogures, turcos, ávaros, vikingos, eslavos del este, etcétera han configurado una nación excepcional que, a mayores, en alianza con Austria y hasta que estalló la Gran Guerra de 1914, fue pieza fundamental en la configuración de la Europa central y oriental.
Los húngaros no son eslavos ni hunos, por mucho que algunos sigan empeñados en ello. Las tribus magiares llegadas durante el siglo X a la antigua Panonia romana procedían de la región del río Kama, afluente del Volga que baña los pies europeos de los Urales. Allí y al este de la cordillera radican las primeras noticias (rastros arqueológicos) de asentamientos humanos, los de la parte asiática datados el siglo III antes de Cristo y los de la cara oeste poco después. Todo apunta, pues, que los magiares constituían un pueblo de raíces siberianas y hábitos recolectores (caza incluida) que se desplazaba de este a oeste.
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Referencias:
YUGRA - LEVEDIA - ETELKÖZ 
Cuatro siglos de mudanzas
y mestizajes 
La actual nación húngara se moldeó a lo largo de los cuatro siglos [V-IX d.C.] durante los que fue migrando desde los Urales hasta el país del lago Balatón.
Durante ese largo período, ora mudándose voluntariamente ora desplazados por otros pueblos, los magiares avanzaron rumbo sur, hacia climas más benignos, en dirección al Cáucaso y también hacia las riberas del mar Negro, de modo que aún conservando los rasgos étnicos y gran parte de sus ancestrales tradiciones, fueron inevitables el mestizaje y la influencia de otros grupos humanos —en su mayoría de origen asiático: los ávaros, hunos, iranios, mongoles, turcos, etcétera.
Durante esos cuatro siglos de migración las ósmosis culturales fueron tan forzosas como naturales, lo que también introdujo cambios en la lengua magiar, cuya adscripción a una u otra familia lingüística ha suscitado encendidas polémicas entre los expertos.
Hoy, casi nadie discute que el húngaro es una más de las lenguas ugrofinesas (subgrupo de las urálicas), y también hay consenso en que durante el viaje hacia el sur y el oeste los magiares adquirieron fonemas y elementos morfológicos de las lenguas altaicas y túrquicas, lo que dificultó sobremanera precisar la cuna del idioma. 
Desde finales del siglo VII hasta el IX hubo colectivos magiares que se establecieron en las llanuras ucranianas, donde mantuvieron prolongado, estrecho y casi siempre amistoso contacto con los eslavos orientales e incluso con el clan de los escandinavos (vikingos) allí afincados, que poco a poco constituyeron una influyente colonia en la región por motivos comerciales, hasta el extremo de que acabaron siendo la clave de bóveda en la fundación del Rus de Kiev.
Los pueblos no migran en formación cerrada cual ejército. Cada tribu, comunidad o clan se mueve a su ritmo, en función de las necesidades, del clima, de las cosechas, de la caza y también de las agresiones; de modo que el desplazamiento de una "nación" se prolonga durante generaciones y por donde transita crea asentamientos que duran decenios, acaso centurias e incluso en ocasiones echan raíces, como por ejemplo las colonias griegas de las que todavía queda rastro humano en Crimea o las que formaron en época más reciente los magiares asentados en el centro de Rumanía [ver mapa], país que para colmo en sus dos terceras partes estuvo bajo dominio del Reino de Hungría durante casi un milenio.
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¿Meta? No, sólo fue el principio
de la segunda historia
Los primeros contingentes de húngaros [gentilicio que quizá precedió al topónimo del reino centroeuropeo, pues fue adjudicado a los magiares a raíz de su estrecha relación con el pueblo onogur (u on-ogur), tribus nómadas que vivían al este del Don, entre el Cáucaso y la cuenca del Volga] que iniciaron la penetración en Centroeuropa llegaron a la actual Ucrania en el siglo VII.
En principio se establecieron en las cuencas del Dniéper y el Dniéster y en la antigua Dacia (el área suroccidental ucraniana y las llanuras y montañas del interior rumano, respectivamente).
Posteriormente, invitados a guerrear a favor de unos o de otros señores feudales, todos empujados a su vez por sucesivas invasiones procedentes de Asia y también por razones agroalimentarias, mediado el siglo IX ya sumaban varios miles las familias que se habían instalado en las fértiles tierras de la actual Hungría.
La derrota sufrida por tropas magiares en Baviera durante una de sus incursiones hacia poniente (año 955) marcó un hito. No sólo pesó el revés de la derrota militar, sino que también reforzó el sentimiento de cansancio que los migrantes habían acumulado y la cada vez más anhelada búsqueda de una forma de vida estable: poseer una tierra propia, un hogar. 
Las planicies y el regalo del agua del Danubio convirtieron las colonias magiares ya existentes en la zona norte de la vieja Panonia en el modelo a seguir.
Así se forjaron los cimientos de una de las naciones más antiguas y cohesionadas del Viejo Continente y así empezó la segunda parte de la historia magiar, repitiéndose lo ocurrido en la Magna Hungaria. En parte a remolque de Austria, el pueblo de origen urálico volvió a romper sus fronteras e irrumpir en otros espacios.
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Del esplendor a ser 
un "apéndice" de Austria
* 894-895. Los magiares, unidos bajo el liderazgo de Árpád, inician la ocupación sistemática de los Cárpatos y sus altiplanicies aprovechando que Bulgaria, enfrentada con Baviera, requiere los servicios de los afamados guerreros procedentes de los Urales.
Al mismo tiempo, Baviera invita a Árpád a invadir los dominios que poseía en el Danubio medio la que por aquel entonces era una de las más poderosas monarquías centroeuropeas, la Gran Moravia.
Así, poco a poco, las pugnas entre los señores y monarcas de la región favorecerán durante varias décadas la progresión de los magiares hacia el oeste durante el siglo X.
* 1000. La vieja Panonia ya está controlada por los magiares, que se constituyen en reino y estrenan monarca: Esteban I, tataranieto de Árpad. Una de las primeras medidas que adopta el cuarto príncipe de las tribus magiares es recibir el bautismo y cristianizar la nueva monarquía, convencido de que pertenecer al mundo católico es fundamental para que su autoridad sea tenida en consideración y respetada por los poderes vecinos.
* 1077. Es coronado Ladislao I, nacido en territorio polaco, que fue canonizado en 1192 por la Iglesia Católica. Su reinado es especialmente positivo, pues no sólo se consolida y estabiliza la vida económica, sino que además extiende sus dominios: Croacia y Dalmacia son anexionadas.
* 1241. El ejército mongol de Batú Kan irrumpe en las llanuras de Panonia. La breve pero destructiva estancia de los mongoles deja un erial y el rey Bela IV (nacido croata) ordena construir un perímetro defensivo; en total, cien fortalezas de distintos tamaños.
* 1301. La Casa de Árpád se queda sin descendencia al morir Andrés III. Tras una breve regencia el príncipe napolitano Carlos Roberto de Anjou reivindica con éxito el trono como nieto de Esteban V por vía materna. Hungría experimenta un fuerte desarrollo cultural y económico gracias en gran parte a que se ha convertido en el principal proveedor europeo de oro y plata.
* 1387. Segismundo de Luxemburgo accede al trono húngaro por vía matrimonial. También ostenta la corona de Chequia y luego se ciñe la de emperador germánico (aunque brevemente: 1433-1437); sin embargo, el luxemburgués concentra su atención en Hungría, país en auge, impulsando las artes y la arquitectura gótica.
* 1458. Es coronado Matías Corvino, que somete a vasallaje del reino húngaro los territorios de Moravia, Bohemia y Silesia. Hungría ya es la gran potencia de Centroeuropa; pese al esplendor magiar, Matías I traslada la corte a Viena.
* 1526. Por primera vez, el ejército del Imperio Otomano, con Solimán el Magnífico al mando, que pugna por extender sus dominios hacia el oeste, obtiene un sonada victoria sobre el ejército húngaro en la batalla de Mohács y los turcos ocupan Buda [ciudad vecina de Pest, poco después también ocupada por los invasores, que fusionan sus administraciones locales].
El rey Luis II muere en Mohács y los nobles húngaros eligen sucesor a Fernando de Habsburgo (o de Austria), hermano del emperador flamenco Carlos V de Alemania y I de España [los Habsburgo y Hungría quedarán unidos durante más cuatro siglos; no así España, donde tras una guerra de sucesión (1701-1714) la Casa de Habsburgo es relevada por la francesa de Borbón en la persona de Felipe de Anjou, Felipe V].
* 1529. Fracasa la ofensiva turca para tomar Viena. En Hungría, dominada casi enteramente por el Imperio Otomano, varias familias nobles colaboran con el ocupante como administradoras. Las revueltas son constantes, tanto en el país magiar como en Transilvania, territorio húngaro de población mayoritariamente rumana.
* 1686. Las tropas de los Habsburgo reconquistan Budapest, que ha permanecido bajo dominio turco —aunque administrada por la nobleza local— durante 167 años: ocho generaciones.
* 1699. El Imperio Otomano se ve obligado a retirarse de Transilvania debido a la ofensiva austriaca y casi al mismo tiempo Hungría es institucionalmente relegada, aunque no desaparece como reino se convierte en "apéndice" de Austria.
Curiosa y significativamente, la Casa de Habsburgo es pragmática y comprensiva con las incipientes burguesías de Viena, Salzburgo o Linz en tanto que en Budapest sólo atiende (y para colmo con mal disimulado desprecio y de forma sólo parcial) las ambiciones de la nobleza.
* 1846. Levantamiento campesino en Galicia (sur de la actual Polonia), que es aplastado a sangre y fuego por el ejército austro-húngaro.
* 1848. Eclosiona en Budapest y varias ciudades magiares un fuerte movimiento que los historiadores "de orden" presentan como exclusivamente de cariz nacionalista. La capital es tomada por las gentes, la mayoría llegadas de los alrededores, con la burguesía y el artesanado urbanos al frente y contando con la aquiescencia de la nobleza —que actúa bajo mano.
Las protestas son básicamente de orden económico y fiscal, a lo que se suma el rechazo al centralismo vienés que anida en los nobles.
Los insurgentes constituyen un gobierno provisional. El emperador, Francisco José I obtiene el apoyo de las etnias que habían sido sometidas por los húngaros (sobre todo, croatas y rumanos) y además consigue ayuda militar del zar. Tras varios meses de enfrentamientos de baja intensidad, los soldados entran en Budapest (1849) y es restablecida la "normalidad".
En principio, el emperador suaviza sus criterios autoritarios y a base de promesas logra que la nobleza húngara apoye sus medidas.
* 1860-1861. Tras varios años de aparente tranquilidad, los nobles magiares, que se habían contentado con la promesa de obtener nuevas atribuciones que a la postre ha sido incumplida, vuelven a instigar bajo mano periódicas protestas populares. El emperador, temeroso de un nuevo estallido refuerza las medidas gubernativas y recentraliza todos los procedimientos de decisión.
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Austria pierde la guerra con Prusia
y Budapest recupera cierto protagonismo
* 1866. Estalla la llamada Guerra de las Seis Semanas entre Austria y Prusia, que se salda con la victoria de los vecinos del norte, convertidos en potencia de ámbito continental y referente del germanismo.
* 1867. La nobleza húngara aprovecha la debilidad de Viena y logra que el reino magiar vea mejorado su rango institucional y reconocido como entidad autónoma "dentro del orden imperial", naturalmente.
* 1902. El declive del poder imperial es parejo al aumento de los desórdenes y revueltas. Además, la economía renquea.
Oportuna, la nobleza húngara organiza una comisión que viaja a Viena, con Ferenc Deak al frente, y se firma el Kiegyezés (el compromiso), que reconoce la preeminencia de las instituciones húngaras en territorio magiar, incluidas las competencias legislativas de las cortes (parlamento no elegido por sufragio universal) de Budapest.
* 1903. Hungría y Austria pactan una nueva relación, en la que Viena sólo se reserva en exclusiva las competencias en asuntos militares, exteriores y aduaneros más la emisión de moneda.
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1918-1920: Derrota militar, revolución y dictadura
La derrota de los llamados imperios centrales (alemán, austro-húngaro y otomano) en la Gran Guerra de 1914 estaba cantada. Antes de consumarse, en enero de 1918, estalla en Budapest una revuelta protagonizada por obreros, campesinos, desheredados y soldados que han desertado. Tras meses de protestas y disturbios y confirmada la derrota del ejército imperial, a finales de octubre de 1918 los trabajadores y los soldados acantonados en la capital toman las calles, las armas y en menos de 12 horas se hacen con el control de todos las infraestructuras e instalaciones estratégicas de la capital.
Todos los presos políticos son excarcelados.
Béla Kun, dirigente social-revolucionario magiar que se había unido a los bolcheviques cuando estos se alzaron en San Petersburgo, recién regresado a Budapest pilota la fundación del Partido Comunista (PC) húngaro (4 de noviembre) y doce días después (16 de noviembre) cuadros del PC, dirigenets sindicales y gremiales marchan al frente de una gigantesca manifestación que rodea el Parlamento para reclamar la proclamación de una república socialista.
Con la esperanza de apaciguar a la población, el nuevo Gobierno, presidido por el conde Mihály Károlyi, decreta la reforma agraria.
El gobierno carece de poder real; ni siquiera cuenta con el apoyo del Ejército porque la mayoría de suboficiales y tropas, así como las armas, se han sumado a las protestas ciudadanas. El escenario es doblemente explosivo porque la economía ha colapsado hace ya varios meses.
En paralelo, el Gobierno es presionado por las potencias aliadas para que firme el acuerdo de paz aceptando las nuevas fronteras del país. Abrumado, Károlyi dimite.
Los socialdemócratas, el partido mayoritario en el Ejecutivo del aristócrata, ruegan —literalmente— a los comunistas que acepten formar parte de una coalición de gobierno y como muestra de buena voluntad liberan a Béla Kun, que había sido detenido semanas antes.
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En el círculo, Sándor Garbai (izq), jefe de Gobierno de la
república soviética Béla Kun (dcha), que era el titular
de Asuntos Exteriores pero quien lideraba
políticamente el gabinete del PS. La foto, tomada
durante las movilizaciones habidas en Budapest
cuando los dos políticos gozaban del favor popular,
ha sido capturada en  el magacín Mult«kor.
Proclamación de la
República Soviética Húngara
En la mañana del 21 de marzo de 1919 el Gobierno proclama la República Soviética Húngara para contentar a la fuerza social mejor asentada, el PC. Sólo entonces el partido de Kun acepta unirse a los socialdemócratas, pero no sólo para formar gobierno, sino que además impone que ambas formaciones se unifiquen para crear una sola organización política que dirija a los obreros y campesinos: nace el Partido Socialista (PS).
Las primeras elecciones húngaras con sufragio universal para mayores de 18 años, celebradas de forma precipitada a finales de abril, confirman el respaldo popular al PS.
Los acontecimientos se aceleran "peligrosamente" y en apenas dos semanas el nuevo Gobierno instaura la jornada laboral de ocho horas; la educación gratuita y la entrega a organizaciones civiles, obreras o campesinas de todos los palacios, los hoteles de lujo más los hospitales y sanatorios privados.
El Ejecutivo socialista, "embalado", nacionaliza la banca, las grandes industrias y los latifundios, pero se niega a repartir las tierras entre los campesinos como estos reclaman.
La mayoría de los ministros se avienen a seguir la táctica-torrente de Kun, que aplica el proceso bolchevique ruso en la muy distinta sociedad húngara, donde los campesinos y los obreros no acusan un empobrecimiento tan extremo como el de sus hermanos de la Rusia zarista.
La negativa del PS a repartir las tierras de la aristocracia provoca desilusión política, luego rechazo y lo peor: distanciamiento, lo que acaba desembocando en desconfianza.
La situación se pudre y las protestas vuelven a arreciar hasta exacerbarse debido al premeditado y planificado desabastecimiento de alimentos en las ciudades organizado por entidades gremiales del campesinado, inicialmente con la finalidad de vengarse de que los latifundios hayan sido "estatalizados" en lugar de repartidos y después, ya envenenados por los rumores y falacias que ya entonces jugaban un importante rol político, cala la sospecha de que el Gobierno acabe expropiando todas las explotaciones agropecuarias.
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La desconfianza abre paso a la animadversión y esta, al odio
Ya no hay vuelta atrás. El enfrentamiento entre fuerzas que hace apenas una semana eran aliadas es más radical que entre viejos enemigos.
A causa de las urgencias que provoca la creciente escasez de alimentos y otros productos de primera necesidad, la gestión económica se deteriora con rapidez. El Ministerio de Comercio todavía cree en los golpes de autoridad y adopta medidas intervencionistas. El rigor sólo sirve para exasperar más los ánimos.
Para redondear errores, Kun hace suya la táctica del  miedo y hace realidad las temidas colectivizaciones que anuncian los propagandistas de la nobleza: el gabinete de "iluminados" del líder del PS decide derogar la propiedad privada, pero los términos son tan confusos que la ley es inaplicable, entre otras cosas porque incluso contempla el cierre de los comercios y negocios para acometer una especie de reordenación general de las actividades. En fin, un despropósito.
Ese y otros absurdos decretos son relegados, como si no existieran, pero el mal ya está hecho. Nadie se fía de nadie.
La producción industrial ha caído un 25 % en apenas dos meses y para colmo la Entente Aliada impone un bloqueo total en el tráfico de mercancías como respuesta a la negativa de Budapest a firmar oficialmente la rendición y la revisión de las fronteras del imperio derrotado.
La falta de crédito alimenta la propensión del Gobierno húngaro a improvisar, decide imprimir más papel moneda y la inflación se dispara: hay precios que se duplican en cuestión de horas, hay alimentos que sólo se comercializan por la vía del trueque, lo que poco a poco desvaloriza los bienes muebles, desde los útiles domésticos hasta las herramientas de trabajo, e incluso se deprecian los inmuebles de la burguesía urbana y las tierras de los pequeños propietarios del rural.
Las consecuencias son cada vez más graves y triunfan la autarquía, el estraperlo es norma y la práctica totalidad de los campesinos y ganaderos dejan de aceptar los pagos con papel moneda.
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Budapest, hoy (pulsar para ampliar)
El hambre hace acto de presencia,
sobre todo en la capital
El Gobierno, con Béla Kun decidido a emplear mano dura, ordena expropiaciones forzosas de alimentos en las granjas, lo que provoca un aumento de las respuestas violentas. Ya no hay días sin muertos.
El Gobierno, desesperado, llega a diseñar una batería de estatalizaciones en cadena para poner la producción de alimentos bajo control directo de la Administración; es decir, una especie de colectivización forzosa con la consiguiente proletarización de las actividades agropecuarias.
En una epifanía política, Kun renuncia a dar el paso hacia la colectivización forzosa, evitando así una guerra civil abierta; pero la situación es caótica y cada vez más compleja.
En paralelo, el ejército húngaro no sólo debe intervenir en la metrópoli para evitar desmanes mayores, sino que además tiene que hacer frente a las revueltas antigubernamentales que se registran en los países que siguen bajo dominio húngaro.
En Chequia y Eslovaquia la situación está definitivamente fuera de control: ya actúan grupos insurgentes armados. El ejército logra finalmente proclamar las repúblicas soviéticas checa y eslovaca, pero los disturbios no amainan y para más inri se desata una oleada de deserciones: cada día "desaparecen" decenas de soldados, hay jornadas en que las fugas suman más de un ciento, los desertores casi siempre toman el camino del exilio, huyen a los países vecinos para evitar el encarcelamiento y los fusilamientos que se empiezan a aplicar para detener la sangría.
El 24 de junio de 1919 un grupo de oficiales intenta dar un golpe de Estado, los embozados fracasan y el Gobierno reacciona con inusitada violencia: crea tribunales especiales y son ejecutadas varios cientos de personas —más de mil, según la mayoría de las fuentes—, las represalias se prolongan varias semanas que los húngaros recordarán durante décadas como el «terror rojo».
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El ejército rumano invade el país para rematar la república
A instancias de la Entente Aliada y con numerosas complicidades en la propia Hungría, el ejército rumano —sorprendentemente bien armado y pertrechado— invade el país magiar y se hace con el poder de facto en cuestión de días, exceptuada Budapest, donde paradójicamente el PS cuenta con el apoyo de la aristocracia local, dispuesta a apoyar hasta la muerte al Ejecutivo en agradecimiento por haber rechazado la propuesta aliada de privar a la patria de los dominios que posee en los países vecinos.
Finalmente, mediado el mes de agosto el Gobierno —que carece de país que gobernar— cede el poder a un gabinete provisional compuesto básicamente por un grupo de "sindicalistas" (en rigor, dirigentes gremiales) presidido por Gyula Peidl.
Casi todos los ministros salientes, varias decenas de cuadros del PS y Béla Kun, el líder político del "infantil" a la vez que absurdo experimento revolucionario, logran viajar en tren hasta Viena donde obtienen asilo político nada más apearse del convoy porque los aliados, que no son tontos, quieren evitar a toda costa fabricar héroes y, en paralelo, quieren zanjar lo antes posible la inestabilidad en Centroeuropa para proceder al reparto de los territorios (y mercados) que en teoría todavía controla el ahora arruinado reino magiar.
En casi todas las ciudades húngaras se decreta el toque de queda. Una vez apaciguados los ánimos, en casi todos los casos a los tres o cuatro días se restablece la "normalidad" al tiempo que el ejército rumano (engrosado con parte de las tropas húngaras que restan) y la Administración provisional —trufada de "prudentes" nobles, burgueses "sensatos" e intelectuales "de orden"— aplican un régimen de terror que superará con creces al practicado por el PS de Kun.
Todas las fuentes históricas fiables coinciden en que las fuerzas del gobierno provisional mataron a un mínimo de 5.000 militantes y simpatizantes del PS, en su gran mayoría trabajadores.
* 1920. Tras meses de represión y una vez purgada la Administración, el 1 de marzo de 1920 las fuerzas vivas eligen regente a Miklós Horthy de Nagybánya, aristócrata y militar que desempeñará el cargo hasta el 15 de octubre de 1944, cuando ya con el Ejército Rojo camino de Budapest las SS trasladarán a Horthy a Alemania para poner al frente del agónico gobierno títere a Ferenc Szálasi.
[Horthy, que había sido edecán de Francisco José I de Austria, se había retirado a sus fincas nada más finalizar la Gran Guerra (1918), pero regresó a primera línea de la vida política para liderar el movimiento contrarrevolucionario que derribó el Gobierno socialista]
En marzo de 1920, restaurada formalmente la monarquía, Horthy se niega a reconocer al rey Carlos IV y se erige en regente sine die, ejerciendo de jefe de Estado durante 24 años.
Durante las casi dos décadas y media en las que acapara todo el poder, el dictador sólo protagoniza dos hechos históricamente relevantes: firmar el Tratado de Trianon (1920) y pactar (1941) con el III Reich la instauración en Budapest de un régimen filofacista que junto a los de Croacia y Rumanía daría facilidades a la invasión de Rusia, al control de los Balcanes y a los progromos contra judíos y opositores políticos en general.
En el haber de Horthy un logro: a base de autoritarismo la sociedad magiar acabaría funcionando como una máquina insensible, trabajar y hacer dinero es el único "consuelo" y la economía logra salir con rapidez del marasmo, de manera que desde mediada la década de los años veinte hasta que la barbarie nazi llega Danubio abajo, los húngaros sobreviven reprimidos y ensimismados, no falta la comida y el sector agropecuario —que siempre ha sido la gran riqueza del país— se desarrolla de forma constante.
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El fin de la segunda etapa del viaje magiar al futuro
Tal como exigían los aliados, la segunda etapa de la Historia de los magiares y la aventura de la Gran Guerra se saldaron con la firma de un pacto leonino, el Tratado de Trianon.
El restablecido pero inane Reino de Hungría reconoció oficialmente la victoria de la Entente, firmó la paz con Francia, Gran Bretaña, Italia y los demás países aliados (con Rusia no hacía falta porque ya había caído el régimen zarista), poniendo fin al Imperio Austro-húngaro y repartiendo todos sus dominios.
Hungría vio reconocida plenamente la soberanía, liberada de los Habsburgo y de la "elegante" ambición austriaca, pero perdió el 70 % del territorio que la monarquía magiar había llegado a controlar.
El desmembramiento se ejecutó con tres operaciones:
a) La Entente Aliada creó la República de Checoslovaquia, que abarcaría Bohemia, Eslovaquia, Moravia y Rutenia;
b) Transilvania fue reunificada e incorporada a Rumanía en su totalidad; además, Bucarest recibió otro regalo: la porción del Bánato con mayoría de población de lengua rumana; y
c) Croacia y la Vojvodina fueron integradas en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, Estado que tras la segunda guerra mundial sumaría Bosnia y engendraría la República Federativa de Yugoslavia.
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* Sobre los avatares económicos de Hungría tras el derrumbe de la URSS y el fin del Comecon, ver «En Hungría la crisis financiera coincide con la institucional» (post de enero 2012).
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4 comentarios:

  1. Completísimo cuadro histórico de la compleja área centro-oriental europea. MUY interesante. Es tarea ardua la de desentrañar los grupos humanos, idiomas, costumbres, religiones, alfabetos que aquí han convivido y siguen conviviendo, casi siempre sometidos a fuertes tensiones.

    Preciosa panorámica la del Danubio, el Duna, como lo llaman los húngaros, con el Puente Lanchid, cadenas, y el enorme Parlamento. Supongo que el puente de detrás es el Margit, con la cercana isla-parque. ¡Hermosos recuerdos! El puente "anterior", el largo Erzsebet, con su catenaria de acero, también es muy interesante.

    Durante un tiempo se atribuyó un origen altaico a las lenguas ugrofinesas, no indoeuropeas. Después se acercó el punto de partida hacia los Urales. Y ahora los lingüistas (yo no lo soy en absoluto) debaten, y no parecen estar tan seguros, de que el húngaro y el finés procedan de un tronco común. Por circunstancias de la vida, recientemente he tenido que pasar temporadas largas en Helsinki, y desde luego no se observa el menor parecido léxico entre ambas lenguas. Pero la sufijación si que delata un parentesco.

    Gracias por el magnífico post. Un abrazo.

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    1. Me satisface haber despertado hermosos recuerdos... ¡buena falta nos hace!
      Un abrazo (si necesitas un secretario en tu próximo viaje a Finlandia, avisa).

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    2. ¡Secretario de lujo, por cierto! No doy por hecho que Helsinki te encandilase. Es ciudad modesta, de corta historia, sin monumentos deslumbrantes. Pero muy despejada, con el mar siempre a mano. Y sorprende la arquitectura, vistosa y esmerada, con cientos de viviendas decoradas en Jugendstil. La gente, en el trato superficial y cotidiano (único que he tenido), educadísima.

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    3. Ya que lo mencionas: Un aspecto que siempre me ha llamado la atención en Alemania, Austria, Bélgica, Holanda o Francia (el extranjero que mejor conozco; en los casos de Francia y Bélgica, he vivido allí) es el educadísimo (por emplear el mismo calificativo que tú) trato cotidiano en comparación con el que por lo general se da en España.
      La diferencia es sobre todo notoria en las relaciones vecinales. Evito extraer conclusiones... quizá porque temo lo peor y ya tengo bastante con las "verdades" que me causan desazón.
      De Finlandia lo que más me atrae (por lo poco que sé) es el paisaje: los bosques y lagos; además, tras vivir años en Galicia viendo como se infravalora y desaprovecha la riqueza forestal, indagué en las explotaciones madereras finlandesas y todo indica que ese mundo, sus profesionales y su economía, es digno de conocer,. No me dedico a eso, pero me sorprende que los técnicos y empresarios españoles del sector inventen cada dos, tres o cuatro años nuevas fórmulas y elaboren ma´s y más teorías que nunca acaban de funcionar o de aplicar en lugar de ir varias semanas a Finlandia para ver cómo funciona lo que ya funciona bien (valga la redundancia).
      En todo caso y aunque las posibilidades de que Helsinki me entusiasme sena bajas, mantengo mi oferta-demanda VIRTUAL: si necesitas un secretario...
      Un abrazo.

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