23 de febrero de 2015

Hungría, o cómo enriquecer lo esencial por la vía del mestizaje

La colectividad húngara se forjó sin "suelo patrio",
invadiendo en lugar de recibiendo invasores y sin embargo,
es una sociedad más cohesionada que la española

Una de las naciones más singulares de Europa es la húngara. Despierta curiosidad por su exotismo, no en vano su procedencia —los Urales— y el mestizaje con los onogures, turcos, ávaros, vikingos, eslavos del este, etcétera han configurado una nación excepcional que, a mayores, en alianza con Austria y hasta que estalló la Gran Guerra de 1914, fue pieza fundamental en la configuración de la Europa central y oriental.
Los húngaros no son eslavos ni hunos, por mucho que algunos sigan empeñados en ello. Las tribus magiares llegadas durante el siglo X a la antigua Panonia romana procedían de la región del río Kama, afluente del Volga que baña los pies europeos de los Urales. Allí y al este de la cordillera radican las primeras noticias (rastros arqueológicos) de asentamientos humanos, los de la parte asiática datados el siglo III antes de Cristo y los de la cara oeste poco después. Todo apunta, pues, que los magiares constituían un pueblo con ancestros siberianos y hábitos recolectores (caza incluida) que se desplazaba desde oriente hacia occidente

Referencias:
YUGRA - LEVEDIA - ETELKÖZ 
Cuatro siglos de
mudanzas y mestizajes 
La actual nación húngara se moldeó a lo largo de cuatro siglos [V-IX d.C.], durante los que fue migrando desde los Urales hasta las tierras del lago Balatón.
Durante ese largo período, ora mudándose voluntariamente ora desplazados por otros pueblos, los magiares avanzaron rumbo sur, hacia climas más benignos --en dirección al Cáucaso-- y también en dirección suroeste --hacia las riberas del mar Negro-- de modo que aún conservando los rasgos étnicos y gran parte de sus ancestrales tradiciones, fueron inevitables el mestizaje y la influencia de otros grupos humanos; en su mayoría de origen asiático: ávaros, hunos, iranios, mongoles y turcos, entre otros.
Durante esos cuatro siglos de migración las ósmosis culturales fueron tan forzosas como naturales, lo que también introdujo cambios en la lengua magiar, cuya adscripción a una u otra familia lingüística ha suscitado encendidas polémicas entre los expertos.
Hoy, casi nadie discute que el húngaro es una más de las lenguas ugrofinesas (subgrupo de las urálicas), y también hay consenso en que durante el viaje hacia el sur y el oeste los magiares adquirieron fonemas y elementos morfológicos de las lenguas altaicas y túrquicas, lo que dificultó sobremanera precisar la cuna del idioma. 
Desde finales del siglo VII hasta el IX hubo colectivos magiares que se establecieron en las llanuras ucranianas, donde mantuvieron prolongado, estrecho y casi siempre amistoso contacto con los eslavos orientales e incluso con el clan de los escandinavos (vikingos) allí afincados, que poco a poco constituyeron una influyente colonia en la región por motivos comerciales, hasta el extremo de que los dirigentes nórdicos acabaron siendo la clave de bóveda en la fundación del Rus de Kiev, germen institucional de la natio rusa 
Los pueblos no migran en formación cerrada cual ejército. Cada tribu, clan y familia se mueve a su ritmo, en función de las necesidades, del clima, de las cosechas, de la caza y también de las agresiones; de modo que el desplazamiento de una "nación" se prolonga durante generaciones y por donde transita crea asentamientos que duran decenios, acaso centurias e incluso en ocasiones echan raíces, como por ejemplo las colonias griegas de las que todavía queda rastro en Crimea o las que formaron en época más reciente los magiares asentados en el centro de Rumanía [ver mapa], país que para colmo en sus dos terceras partes estuvo bajo dominio del Reino de Hungría durante casi un milenio.
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¿Meta? No, sólo fue el principio de la segunda historia
Los primeros contingentes de húngaros que iniciaron la penetración en Centroeuropa llegaron a la actual Ucrania en el siglo VII.
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[El gentilicio húngaro fue anterior al topónimo Hungría, pues fue adjudicado a los magiares a raíz de su estrecha relación con el pueblo onogur (u on-ogur), tribus nómadas que vivían al este del Don, entre el Cáucaso y la cuenca del Volga]
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En principio los más numerosos y la mayoría de los grupos de migrantes magiares se establecieron en las cuencas del Dniéper y el Dniéster, en la antigua Dacia (el área suroccidental ucraniana y el noroeste búlgaro) y poco después en las llanuras del centro de Rumanía.
Posteriormente, invitados a guerrear a favor de unos o de otros señores feudales, y todos empujados a su vez por sucesivas invasiones procedentes de Asia, así como por razones agroalimentarias, mediado el siglo IX ya sumaban varios miles las familias que se habían mudado hacia el oeste y afincado en las fértiles tierras de la actual Hungría.
La derrota sufrida por tropas magiares en Baviera durante una de sus incursiones hacia poniente (año 955) marcó un hito, pues ese revés reforzó el sentimiento de cansancio que los migrantes habían acumulado y la cada vez más anhelada búsqueda de una forma de vida estable: poseer una tierra propia, un hogar. 
Las planicies que rodean el lago Balatón y el regalo del agua del Danubio convirtieron las colonias magiares ya existentes en el norte de la vieja Panonia romana en el modelo a seguir.
Así se forjaron los cimientos de una de las naciones más cohesionadas del Viejo Continente y así empezó la segunda parte de la historia de los magiares, repitiéndose lo ocurrido hacía más de mil años en la Magna Hungaria.
En parte a remolque de Austria, el pueblo llegado de las faldas de los Urales volvió a romper sus fronteras e irrumpió en otros espacios.
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Del esplendor a ser 
un "apéndice" de Austria
* 894-895. Los magiares, unidos bajo el liderazgo de Árpád, inician la ocupación sistemática de los Cárpatos y sus altiplanicies aprovechando que Bulgaria, enfrentada con Baviera, requiere los servicios de los afamados guerreros urálicos.
Al mismo tiempo, Baviera invita a Árpád a invadir tierras del Danubio medio que por aquel entonces controlaba una de las más poderosas monarquías centroeuropeas, la Gran Moravia.
Así, poco a poco, las pugnas entre los señores y monarcas centroeuropeos favorecerán la progresión de los magiares hacia el oeste durante el siglo X.
* 1000. La vieja Panonia ya está controlada por los magiares, que se constituyen en reino y estrenan monarca: Esteban I, tataranieto de Árpád.
Una de las primeras medidas que adopta el cuarto príncipe de las tribus magiares es recibir el bautismo y cristianizar la nueva monarquía, convencido de que pertenecer al mundo católico es fundamental para que su autoridad sea tenida en consideración y respetada por los poderes vecinos.
* 1077. Es coronado Ladislao I, nacido en territorio polaco, canonizado en 1192 por la Iglesia Católica. Su reinado es especialmente positivo porque no sólo se consolida y estabiliza la vida económica, sino que además extiende sus dominios: Croacia y Dalmacia son anexionadas.
* 1241. El ejército mongol de Batú Kan irrumpe en Centroeuropa. La breve pero destructiva estancia de los mongoles en tierras magiares deja un erial y el rey Bela IV (nacido croata) ordena construir un perímetro defensivo; en total, cien fortalezas de distintos tamaños.
* 1301. La Casa de Árpád se queda sin descendencia a la muerte de Andrés III. Tras una breve regencia el príncipe napolitano Carlos Roberto de Anjou reivindica con éxito el trono como nieto de Esteban V por vía materna. Hungría experimenta un fuerte desarrollo cultural y económico gracias en gran parte a que se ha convertido en el principal proveedor europeo de oro y plata.
* 1387. Segismundo de Luxemburgo accede al trono húngaro por vía matrimonial; también ostenta la corona de Chequia y luego se ciñe la de emperador germánico (aunque brevemente: 1433-1437); sin embargo, el luxemburgués concentra su atención en Hungría, nación en auge, impulsando las artes y las incipientes infraestructuras urbanas y viarias.
* 1458. Es coronado Matías Corvino, que somete a vasallaje los territorios de Moravia, Bohemia y Silesia. Hungría ya es la gran potencia de Centroeuropa pero pese a su esplendor Matías I traslada la corte a Viena.
* 1526. El ejército del Imperio Otomano, con Solimán el Magnífico al mando, pugna por extender sus dominios hacia el oeste, obtiene un sonada victoria sobre el ejército húngaro en la batalla de Mohács y los turcos ocupan Buda [ciudad vecina de Pest, poco después también ocupada por los invasores, que fusionan ambas administraciones locales].
El rey Luis II muere en Mohács y los nobles húngaros eligen sucesor a Fernando de Habsburg (o de Austria), hermano del emperador flamenco Carlos V de Alemania y I de España.

[Los Habsburg lograron que Austria y Hungría quedarán unidas durante más cuatro siglos; no así en la Península Ibérica, donde tras la guerra de sucesión (1701-1715) y a cambio de ceder a los Habsburg varios territorios europeos propiedad de la Corona de Castilla y de la Casa de Aragón, la francesa Casa de Bourbon asume el poder de los reinos hispanos en la persona de Felipe de Anjou, Felipe V]


* 1529. Fracasa la ofensiva turca para tomar Viena. En Hungría, dominada casi enteramente por el Imperio Otomano, hay familias de la nobleza que colaboran con los turcos. Las revueltas son constantes, tanto en el país magiar como en Transilvania, territorio vasallo de Hungría pero de población mayoritariamente rumana.
* 1686. Las tropas de los Habsburg reconquistan Budapest, que ha permanecido bajo dominio turco —aunque administrada por la nobleza local— durante 167 años: ocho generaciones.
* 1699. El Imperio Otomano se ve obligado a retirarse también de Transilvania debido a la ofensiva austro-húngara pero, paradójicamente y al mismo tiempo, Hungría es institucionalmente relegada y aunque no desaparece como reino se convierte en un "apéndice" del de Austria.
Curiosa y significativamente, la Casa de Habsburg es pragmática y comprensiva con las incipientes burguesías de Viena, Salzburgo, PragaLinz en tanto que en Budapest sólo atiende (y para colmo con mal disimulado desprecio) de forma tangencial las peticiones de la nobleza, lo que se  debe a que significados aristócratas húngaros colaboraron con la Administración otomana con la esperanza de reforzar su poder socio-económico para, una vez retirados los turcos, romper con Viena o alternativamente obtener un trato de igual a igual.
* 1846. Levantamiento campesino en Galitzia (sur de la actual Polonia), que es aplastado a sangre y fuego por el ejército austro-húngaro.
* 1848. Eclosiona en Budapest y varias ciudades magiares un fuerte movimiento que los historiadores "de orden" presentan como exclusivamente nacionalista. La capital es tomada por gentes llegadas en su mayoría del rural, secundadas por la burguesía y el artesanado urbanos y contando con la aquiescencia de la nobleza, que actúa bajo mano con la intención de que el reino magiar marque distancias con Viena.
No obstante, la revuelta es básicamente de orden económico y fiscal, no nacionalista, influyendo sólo tangencialmente el rechazo al centralismo vienés que anida entre los patriotas de la nobleza.
Los insurgentes constituyen un gobierno provisional pero el emperador Francisco José I obtiene el apoyo de las etnias que habían sido sometidas por los húngaros (sobre todo, croatas y rumanos; además, los Habsburg consiguen ayuda militar del zar.
Tras varios meses de enfrentamientos de baja intensidad, los soldados imperiales entran en Budapest (1849) y es restablecida la "normalidad". El emperador suaviza lo que opina de los nobles que colaboraron con los otomanos --o sea, esconde lo que piensa--, destila amabilidad, enuncia vagas promesas y logra que la nobleza húngara asuma su debilidad social y apoye al monarca.
* 1860-1861. Tras varios años de aparente tranquilidad, la aristocracia magiar, que se había contentado con la promesa de obtener atribuciones que a la postre ha sido incumplida, vuelve a instigar bajo mano periódicas protestas populares. El emperador, temeroso de un nuevo estallido refuerza las medidas gubernativas y recentraliza la fiscalidad y todos los procesos de decisión.

Austria pierde la guerra
con Prusia y Hungría
gana autonomía
* 1866. Estalla la llamada Guerra de las Seis Semanas entre Austria y Prusia, que se salda con la victoria de los vecinos del norte, convertidos en potencia de ámbito continental y referente del germanismo.
* 1867. La nobleza húngara aprovecha el revés sufrido por los Habsburg y logra que el reino magiar vea mejorado su rango institucional y reconocido como entidad autónoma "dentro del orden imperial", naturalmente.
* 1902. El declive del poder imperial es parejo al aumento de los desórdenes y revueltas, azuzadas por una economía que renquea.
Oportunista como siempre, la nobleza húngara organiza una comisión que viaja a Viena con Ferenc Deak al frente y fuerza un hito histórico: el Kiegyezés (el compromiso), que reconoce la preeminencia de las instituciones húngaras en territorio magiar, incluidas nuevas competencias legislativas para las cortes de Budapest (cámara de nobles y representantes gremiales no elegidos por sufragio universal).
* 1903. Hungría y Austria pactan una nueva relación, en la que Viena sólo se reserva en exclusiva las competencias en asuntos militares, exteriores, aduaneros y la emisión de moneda.
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1918-1920: Derrota militar, revolución y dictadura
La derrota de los llamados imperios centrales (alemán, austro-húngaro y otomano) en la Gran Guerra de 1914 estaba cantada y antes de consumarse, en enero de 1918, estalla en Budapest una revuelta protagonizada por artesanos, obreros, campesinos, desheredados y cientos de soldados que han desertado.
Tras meses de protestas y disturbios y ya derrotado el ejército imperial, a finales de octubre de 1918 los trabajadores y los soldados acantonados en la capital toman las armas y en apenas doce horas se hacen con el control de todas las infraestructuras e instalaciones estratégicas de la urbe y sus alrededores.
Todos los presos políticos son excarcelados.
Béla Kun, dirigente social-revolucionario magiar que se había unido a los bolcheviques cuando estos se alzaron en San Petersburgo y recién regresado a Budapest, pilota la fundación del Partido Comunista (PC) húngaro (4 de noviembre de 1918) y doce días después (16 de noviembre) cuadros del PC, dirigentes sindicales y gremiales marchan al frente de una gigantesca manifestación que rodea el Parlamento para reclamar la proclamación de la república.
Con la esperanza de apaciguar a los alzados, el nuevo Gobierno monárquico presidido por el conde Mihály Károlyi decreta la reforma agraria.
El gobierno carece de poder real, ni siquiera cuenta con el apoyo del Ejército porque la mayoría de los suboficiales y casi toda la tropa --así como las armas-- se han sumado a las protestas ciudadanas. El escenario es doblemente explosivo porque la vida económica ha colapsado hace ya varias semanas.
En paralelo, el Gobierno es presionado por las potencias aliadas para que firme el acuerdo de paz aceptando las nuevas fronteras del país magiar. Abrumado, Károlyi dimite.
El nuevo Gobierno formado sólo por socialdemócratas y que cuenta con el apoyo de la aristocracia --temerosa del PC-- ruega (literalmente) a los comunistas que acepten formar parte de una coalición gubernamental y como muestra de buena voluntad liberan a Béla Kun, que había sido detenido durante los disturbios.
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En el círculo, Sándor Garbai (izq), jefe de Gobierno de la
república soviética Béla Kun (dcha), que era el titular
de Asuntos Exteriores pero quien lideraba
políticamente el gabinete del PS. La foto, tomada
durante las movilizaciones habidas en Budapest
cuando los dos políticos gozaban del favor popular,
ha sido capturada en el magacín Mult«kor.
Proclamación de la
República Soviética Húngara
En la mañana del 21 de marzo de 1919 el Gobierno de coalición proclama la República Soviética Húngara, contentando así a la fuerza más poderosa y mejor asentada socialmente, el PC.
Pero los comunistas de Kun no se conforman con haberse unido a los socialdemócratas para formar gobierno, sino que además acaban imponiendo la unificación de ambas formaciones para crear el partido unificado de los obreros y campesinos, bautizado Partido Socialista (PS).
Las primeras elecciones húngaras con sufragio universal para mayores de 18 años, celebradas de forma precipitada a finales de abril de 1919, confirman el amplio respaldo popular del PS.
Los acontecimientos se aceleran y en apenas dos semanas el nuevo Gobierno instaura la jornada laboral de ocho horas; la educación gratuita y entrega a organizaciones civiles, obreras o campesinas los palacios, los hoteles de lujo más los hospitales y sanatorios privados.
El Ejecutivo revolucionario se "embala", nacionaliza la banca, las grandes industrias y los latifundios, pero se niega a repartir entre los campesinos la superficie expropiada a la nobleza y apuesta por la colectivización de las fincas bajo dirección estatal, emulando a los sóviets de campesinos de Rusia.
La mayoría de los ministros se avienen a seguir la táctica-torrente de Kun, que aplica el proceso bolchevique ruso en la muy distinta sociedad húngara, donde los artesanos, campesinos y obreros no acusan el empobrecimiento extremo que mata de hambre a miles de campesinos en la Rusia zarista.
La negativa del PS a repartir las tierras expropiadas a la aristocracia provoca desilusión política, luego rechazo y lo que es peor: un distanciamiento que acabará desembocando en desconfianza y a la postre, en desobediencia generalizada.
La situación se pudre y las protestas vuelven a arreciar hasta exacerbarse a causa de un premeditado y planificado desabastecimiento de alimentos en Budapest organizado por las entidades gremiales del campesinado, inicialmente con la finalidad de vengarse de que los latifundios hayan sido "estatalizados" en lugar de repartidos pero al paso de unos días el boicoteo se endurece tras calar el rumor --quién lo hizo correr era un secreto a voces: la nobleza-- de que el Gobierno proyecta colectivizar todas las explotaciones agropecuarias.
No era cierto pero era creíble.
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La desconfianza abre paso a la animadversión y esta, al odio
Ya no hay vuelta atrás. El enfrentamiento entre fuerzas que hace apenas un mes eran aliadas es más radical que entre los enemigos de siempre.
A causa de las urgencias provocada por la creciente escasez de alimentos y otros productos de primera necesidad, la gestión económica se deteriora con rapidez. El Ministerio de Comercio todavía cree en los golpes de autoridad y adopta medidas intervencionistas. El rigor sólo sirve para exasperar los ánimos y endurecer posiciones.
Para redondear errores, Kun cambió de opinión y hace suya la idea de aplicar las temidas colectivizaciones que habían difundido los propagandistas de la nobleza. Para colmo, el gabinete de "iluminados" que pilota el PS decide derogar la propiedad privada, pero los términos son tan confusos que la ley es inaplicable, entre otras cosas porque incluso contempla el cierre de los comercios y negocios para acometer la reordenación general de todas las actividades bajo el control de representantes gubernamentales (una suerte de comisarios políticos).
En resumen, la huida hacia delante ha conducido al despropósito.
Esos y otros absurdos decretos son finalmente anulados de facto, como si nunca hubieran existido, pero el mal ya está hecho. Nadie se fía de nadie.
La producción industrial ha caído un 25 % en apenas dos meses y para colmo la Entente Aliada impone un bloqueo total en el tráfico de mercancías como respuesta al injustificado retraso de Budapest a firmar oficialmente la rendición y la revisión de las fronteras del imperio y de las dos monarquías derrotadas.
La falta de crédito alimenta la propensión del Gobierno húngaro a improvisar y decide imprimir más papel moneda: la inflación se dispara, hay precios que se duplican en cuestión de horas y la mayoría de los alimentos se comercializan por la vía del trueque, lo que poco a poco desvaloriza los bienes en general, desde los útiles domésticos hasta las herramientas de trabajo, la maquinaria e incluso se deprecian los inmuebles de la empobrecida burguesía urbana y las tierras de los pequeños propietarios del rural.
La situación de decenas de miles de familias es cada vez más precaria, se generaliza el estraperlo y los campesinos y ganaderos rehúsan cobrar sus productos con  papel moneda.
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Budapest, hoy (pulsar para ampliar)
El hambre hace acto de presencia,
sobre todo en la capital
El Gobierno, con Béla Kun otra vez decidido a emplear mano dura, ordena expropiaciones forzosas de alimentos en las granjas, lo que provoca un aumento de las respuestas violentas. Ya no hay días sin muertos ni sin detenidos.
El Gobierno, desesperado, llega a diseñar una batería de estatalizaciones para poner la producción de carnes y vegetales bajo control directo de la Administración; es decir, una especie de colectivización de los alimentos escalonada y forzosa.
Horas después de anunciarla, Kun sufre una venturosa epifanía política y renuncia a dar el paso hacia la colectivización forzosa, evitando así una guerra civil abierta. Ese paso atrás evita que la sangre llegue al río pero la situación sigue siendo caótica y cada vez más compleja.
En paralelo, el ejército húngaro --pilar fundamental del Estado-- también se tambalea, pues no sólo debe intervenir en la metrópoli para evitar desmanes mayores, sino que además tiene que hacer frente a las revueltas antigubernamentales que se registran en los países que siguen bajo dominio húngaro.
En Chequia y Eslovaquia la situación está fuera de control, ya actúan grupos insurgentes armados. El Gobierno logra finalmente apaciguar los ánimos proclamando sendas repúblicas teóricamente soberanas (federadas a Hungría), una checa y otra eslovaca; mas los disturbios sólo amainan y para más inri se desata una oleada de deserciones.
Cada día "desaparecen" decenas de soldados, hay jornadas en que las fugas superan el centenar. Los desertores casi siempre toman el camino del exilio llevando consigo sus equipos y armas, rumbo a los países vecinos para evitar el encarcelamiento y los fusilamientos que la autoridad militar ha multiplicado en un intento de cauterizar la sangría de hombres y material.
El 24 de junio de 1919 un grupo de oficiales intenta dar un golpe de Estado, los embozados fracasan y el Gobierno reacciona con inusitado rigor, crea tribunales especiales y son ejecutadas varios cientos de personas —en torno al millar, según la mayoría de las fuentes—, las represalias se prolongan varias semanas que los húngaros recordarán durante décadas como el «terror rojo».
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El ejército rumano invade el país para rematar la república
A instancias de la Entente Aliada y con numerosas complicidades en la propia Hungría, el ejército rumano —sorprendentemente bien armado y pertrechado— invade el país magiar y se hace con el poder de facto en cuestión de días, exceptuada Budapest, donde paradójicamente la cúpula del PS cuenta con el apoyo de la aristocracia local, que apoya al Ejecutivo en agradecimiento por haber rechazado la propuesta aliada de privar a la patria de los dominios que posee en los países vecinos.
Finalmente, mediado el mes de agosto el Gobierno —que carece de país que gobernar— cede el control de la Administración a un gabinete provisional compuesto básicamente por "expertos en economía" y "sindicalistas", según la prensa; en rigor, todos son ex miembros del desaparecido partido socialdemócrata, presididos por el culto impresor Gyula Peidl.
Casi todos los ministros y altos cargos salientes, varias decenas de cuadros del PS y Béla Kun --líder político del "infantil" experimento revolucionario-- logran viajar en tren hasta Viena donde obtienen asilo político nada más apearse del convoy porque los gobiernos aliados, que no son tontos, quieren evitar a toda costa fabricar héroes y, en paralelo, superar lo antes posible la inestabilidad en Centroeuropa para proceder al reparto de los territorios (y mercados) que en teoría todavía controlan las ahora arruinadas y desaparecidas monarquías austriaca y húngara.
En casi todas las ciudades magiares se decreta el toque de queda. Una vez apaciguados los ánimos, en casi todos los casos a los tres o cuatro días se restablece la "normalidad".
El ejército rumano y lo que resta del húngaro auspician con el apoyo de la Entente Aliada un cambio de gobierno. El socialdemócrata Peidl es sustituido por István Friedrich, un prágmático industrial cuyo gabinete es presentado como un proyecto realista y moderado que cuenta con el apoyo de aristócratas "prudentes", burgueses "sensatos" e intelectuales "de orden" pero que aplicará una represión que superará con creces al muy publicitado «terror rojo» del PS de Kun.
Todas las fuentes históricas fiables coinciden en que las fuerzas del "moderado gobierno provisional" ajusticiaron a un mínimo de 5.000 militantes y simpatizantes del PS, aparte de cientos de encarcelados, que en su práctica totalidad eran obreros y artesanos.
* 1920. Tras meses de represión y una vez purgada a fondo la Administración, el 1 de marzo de 1920 las fuerzas vivas eligen regente --a la espera de seleccionar al futuro monarca-- en la persona de Miklós Horthy de Nagybánya, aristócrata y militar que desempeñará ese cargo provisional durante 24 años...
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Horthy y Hitler, en la primavera de 1941
[Horthy, que había sido edecán de Francisco José I de Austria, había decidido retirarse definitivamente a sus fincas al finalizar la Gran Guerra (1918), pero regresó a primera línea de la vida política para unirse a la élite social que dirigió el movimiento contrarrevolucionario que derribó al Gobierno del PS]

Finalizada la Gran Guerra, trazadas las nuevas fronteras, superada la frustrada revolución socialista, purgada la Administración, desmantelados los sindicatos, encarcelados o exiliados casi todos los cuadros del PS y una vez normalizada la restauración formal de la monarquía el regente da el "golpe sorpresa": Miklós Horthy se niega a reconocer al nuevo rey --actitud similar adoptaría en 1939 el general Franco con respecto a Juan de Borbón una vez finalizada la guerra civil española--; sin prácticamente oposición de ningún tipo, Horthy se autoproclama jefe de Estado sine die, cargo que ejercerá hasta el 15 de octubre de 1944, cuando ya con el Ejército Rojo a las puertas de Budapest las SS le obligaron a viajar a Alemania para poner al frente del agónico gobierno títere a Ferenc Szálasi, menos escrupuloso que Horthy y dispuesto a ejecutar sin miramientos el plan de retirada hitleriano de "tierra quemada".
Durante los dos decenios y medio de su reinado, Horthy sólo tomó dos decisiones políticas históricamente sustanciales: firmó la rendición, el Tratado de Trianon, y en mayo de 1941 pactó con el III Reich la instauración en Budapest de un régimen 100 % nazi que --junto a los de Croacia y Rumanía-- jugó un papel muy relevante para invadir Rusia, controlar los Balcanes y ejecutar los progromos previstos para "limpiar" el sureste de Europa de judíos, de otras minorías "prescindibles" y de los opositores políticos en general.
En el haber de Horthy cabe citar un mérito: a fuer de autoritarismo la sociedad magiar acabaría funcionando como una máquina tan insensible como productiva; trabajar y hacer dinero fueron las únicas aspiraciones personales inequívocamente legales, de modo que la economía logró salir del marasmo y desde mediada la década de los años veinte hasta que la barbarie nazi avanzó Rin abajo los húngaros estuvieron mejor alimentados que la mayoría de sus coetáneos centroeuropeos, pues la pacífica dictadura de Horthy logró que la producción del sector agropecuario —que siempre ha sido la gran riqueza del país magiar— creciera de forma constante.
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El fin de la Gran Guerra y del viaje iniciado en los Urales quince siglos antes 
La segunda etapa de la Historia de los magiares y la barbarie de la Gran Guerra se cerraron con la firma de un pacto leonino, el Tratado de Trianon.
El restablecido pero débil Reino de Hungría reconoció oficialmente la victoria de la Entente, firmó la paz con Francia, Gran Bretaña, Italia y los demás países aliados (con Rusia no hacía falta porque ya había caído el régimen zarista), poniendo fin al Imperio Austro-húngaro y repartiendo todos sus dominios.
Hungría vio reconocida plenamente su soberanía, fue liberada del "elegante" egoísmo de la Viena cortesana pero perdió más de la mitad del territorio que la monarquía magiar había llegado a controlar.
El desmembramiento de la Gran Hungría fue ejecutado con tres operaciones:
a) La Entente Aliada creó la República de Checoslovaquia, que abarcaría Bohemia, Eslovaquia, Moravia y Rutenia;
b) Transilvania fue reunificada e incorporada a Rumanía en su totalidad; además, Bucarest recibió otro regalo: la porción del Bánato que poseía (y posee) mayoría de población de cultura y lengua rumanas; y
c) Croacia y la Vojvodina (norte de Serbia) fueron integradas en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, Estado monárquico que como resultado de la Segunda Guerra Mundial sumó Bosnia al tiempo que desaparecía para engendrar la República Federativa Yugoslava.
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* Sobre los avatares económicos de Hungría tras el derrumbe de la URSS y el fin del Comecon, ver «En Hungría la crisis financiera coincide con la institucional» (post de enero 2012).

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4 comentarios:

  1. Completísimo cuadro histórico de la compleja área centro-oriental europea. MUY interesante. Es tarea ardua la de desentrañar los grupos humanos, idiomas, costumbres, religiones, alfabetos que aquí han convivido y siguen conviviendo, casi siempre sometidos a fuertes tensiones.

    Preciosa panorámica la del Danubio, el Duna, como lo llaman los húngaros, con el Puente Lanchid, cadenas, y el enorme Parlamento. Supongo que el puente de detrás es el Margit, con la cercana isla-parque. ¡Hermosos recuerdos! El puente "anterior", el largo Erzsebet, con su catenaria de acero, también es muy interesante.

    Durante un tiempo se atribuyó un origen altaico a las lenguas ugrofinesas, no indoeuropeas. Después se acercó el punto de partida hacia los Urales. Y ahora los lingüistas (yo no lo soy en absoluto) debaten, y no parecen estar tan seguros, de que el húngaro y el finés procedan de un tronco común. Por circunstancias de la vida, recientemente he tenido que pasar temporadas largas en Helsinki, y desde luego no se observa el menor parecido léxico entre ambas lenguas. Pero la sufijación si que delata un parentesco.

    Gracias por el magnífico post. Un abrazo.

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    1. Me satisface haber despertado hermosos recuerdos... ¡buena falta nos hace!
      Un abrazo (si necesitas un secretario en tu próximo viaje a Finlandia, avisa).

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    2. ¡Secretario de lujo, por cierto! No doy por hecho que Helsinki te encandilase. Es ciudad modesta, de corta historia, sin monumentos deslumbrantes. Pero muy despejada, con el mar siempre a mano. Y sorprende la arquitectura, vistosa y esmerada, con cientos de viviendas decoradas en Jugendstil. La gente, en el trato superficial y cotidiano (único que he tenido), educadísima.

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    3. Ya que lo mencionas: Un aspecto que siempre me ha llamado la atención en Alemania, Austria, Bélgica, Holanda o Francia (el extranjero que mejor conozco; en los casos de Francia y Bélgica, he vivido allí) es el educadísimo (por emplear el mismo calificativo que tú) trato cotidiano en comparación con el que por lo general se da en España.
      La diferencia es sobre todo notoria en las relaciones vecinales. Evito extraer conclusiones... quizá porque temo lo peor y ya tengo bastante con las "verdades" que me causan desazón.
      De Finlandia lo que más me atrae (por lo poco que sé) es el paisaje: los bosques y lagos; además, tras vivir años en Galicia viendo como se infravalora y desaprovecha la riqueza forestal, indagué en las explotaciones madereras finlandesas y todo indica que ese mundo, sus profesionales y su economía, es digno de conocer,. No me dedico a eso, pero me sorprende que los técnicos y empresarios españoles del sector inventen cada dos, tres o cuatro años nuevas fórmulas y elaboren ma´s y más teorías que nunca acaban de funcionar o de aplicar en lugar de ir varias semanas a Finlandia para ver cómo funciona lo que ya funciona bien (valga la redundancia).
      En todo caso y aunque las posibilidades de que Helsinki me entusiasme sena bajas, mantengo mi oferta-demanda VIRTUAL: si necesitas un secretario...
      Un abrazo.

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