20 febrero 2015

Moldavia fue creada por la URSS con el recuerdo y el topónimo de un vasallaje medieval

Rumanía es la nación del oriente europeo que mayor superficie de su territorio
está en manos de Estados vecinos por imposición de poderes extranjeros
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[Este post complementa el titulado «Otra piedra en el zapato: Transnistria, la Crimea de Moldavia»]
La actual República de Moldavia es otra de las potenciales fuentes de conflictos que se despiertan periódicamente en el sureste europeo. Se trata de una nación y de un Estado artificiales, incluso el nombre es un invento acuñado en el siglo XIV para crear un señorío vasallo de Hungría que carecía de base. En rigor, Moldavia forma parte de Besarabia, que es una de las regiones que componen la natio rumana.
Si hay un episodio que refleja el sinsentido moldavo es el protagonizado por el Kremlin al finalizar la segunda guerra mundial: las autoridades soviéticas decidieron desrumanizar la región, para lo que —entre otras medidas— crearon el idioma moldavo, barbaridad que consistió en sustituir el abecedario latino del rumano por el alfabeto cirílico.
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El sueño eterno:
unificar la nación rumana
La historia de la Gran Rumanía, al igual que las del resto de naciones de la región de los Balcanes, está trufada de imposturas, conveniencias y decisiones políticas y/o económicas que con el paso de los años han reescrito la historia, destruido identidades colectivas y valores compartidos para sustituirlos por creencias que poco a poco han sido convertidas en "verdades" que gran parte de las poblaciones asumieron por motivos varios, sobre todo por comodidad e instinto de supervivencia.
Por respeto a lo que hay, guste o no, hay que decir y escribir Moldavia aunque esa geografía forme parte de Besarabia.
Moldavia formó parte de un territorio que tuvo importancia capital porque ya desde antes de caer el Imperio Romano fue paso obligado para las migraciones este-oeste que alimentaron la demografía europea. El pueblo dacio fue el primero que se asentó entre los Cárpatos y el mar Negro; luego pasaron los hunos, entre otros, y más tarde (siglos X-XIII) se establecieron miles de eslavos orientales —sobre todo rusos—, que extendieron los dominios del histórico Rus de Kiev [el germen de la nación rusa fue la actual capital del novísimo Estado ucraniano, en el que ahora, como en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, reina la rusofobia… paradojas y enseñanzas de la historia].
Tras varios siglos de ejercer de pasillo de pueblos el territorio de la actual Moldavia [al igual que el resto de Besarabia y el delta del Dniéster] acabó prácticamente rusificada y así permaneció hasta recién iniciado el siglo XIV, cuando el Reino de Hungría creó una marca (colchón) para frenar las incursiones de los tártaros y otros pueblos procedentes de Oriente.
En el siglo XV ese señorío vasallo, entonces con epicentro en Bukovina (ciudad y región también de mayoría rumana), dio lugar al Principado de Moldavia, que como monarquía pasó a ser vasalla del Gran Ducado de Lituania —tal es el origen del topónimo, tomado del río Moldova—, para posteriormente pasar a ser vasalla del Imperio Otomano; es decir, la Moldavia medieval jamás fue un señorío ni una monarquía plenamente soberana, ni tampoco un país o nación y ni siquiera tuvo fronteras estables.
Desde entonces y hasta la constitución de la República Soviética Socialista de Moldavia una vez finalizada la segunda guerra mundial, estuvo a merced de poderes políticos extranjeros para desaparecer sin pena ni gloria... y finalmente reaparecer porque así lo decidió --otra vez-- un poder extranjero.
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Besarabia, entera o a trozos, siempre
fue tratada como moneda de cambio
En el siglo XIX, exactamente en 1812, el Tratado de Bucarest que zanjó la guerra ruso-turca transfirió Besarabia al Imperio Zarista, que junto a la también rumana Valaquia formaban los llamados principados del Danubio, controlados y muy apreciados por su ubicación estratégica. No obstante, gran parte de la región besaraba (incluida casi toda la actual Moldavia) fue cedida apenas un año después a Rumanía.
La Guerra de Crimea (1853-1856) provocó varios cambios en las fronteras del imperio zarista, también en la cuenca del Dniéster, aunque en este caso de forma leve, pues Rusia sólo cedió una pequeña superficie de Besarabia a Rumanía, pero la zona más oriental de la actual Moldavia y Transnistria permanecieron bajo control de la monarquía zarista.
Las fronteras no sufrieron cambios hasta que triunfó la revolución rusa (1917) y el nuevo gobierno apostó por una Besarabia soberana, que se convirtió en república independiente en 1918. Tal como era de prever debido a que la mayoría de la población era de etnia y cultura rumana, el Consejo del País decidió su incorporación al Estado rumano, quedando en poder de la URSS sólo la franja de Transnistria.
La alegría nacional por la unidad de la región besaraba y con ella la de todas las tierras rumanas sólo duró 22 años, pues en 1940 el pacto de no agresión suscrito entre el Gobierno soviético y el III Reich incluyó una serie de cambios fronterizos en el oriente europeo que incluían el "derecho" de la URSS a sovietizar Besarabia.
Poco más de un año después y como resultado de la Operación Barbarroja (invasión alemana de Rusia) Besarabia fue devuelta a Rumanía, país que los nazis ya habían convertido con anterioridad en un Estado satélite del III Reich.
En agosto de 1944 la totalidad de las tierras de Rumanía fueron invadidas a la vez que liberadas de la ocupación nazi por el Ejército Rojo y una vez acalladas las armas, Moscú decidió (1946) que el extremo noreste de Besarabia y el territorio que media entre los deltas del Dniéster y el Danubio [el primero de clara mayoría rumana y el segundo, ucraniana con fuerte presencia rumana] formaran parte de la República Soviética Socialista de Ucrania; en tanto que Transnistria [pese a que originariamente también era de mayoría rumana ya contaba con una mayoría ruso-ucraniana] quedó unida a la parte de Besarabia que fue elevada al "rango" de República Soviética Socialista de Moldavia, que es el territorio que hoy administra el nuevo Estado moldavo nacido al independizarse de la URSS en agosto de 1990.
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3 comentarios:

  1. Pues Hungría no le debe ir a la zaga. Perdió más de la mitad de su territorio en 1920 (tratado de Trianon) por imposición de los ganadores de la 1a Guerra Mundial, y debido a las inconvenientes alianzas, o "malas amistades" de los húngaros. Hay varios millones de magyares, hablantes de la singularísima lengua húngara, fuera de las actuales fronteras del país. He visitado Hungría en varias ocasiones y puedo afirmar que muchos ciudadanos viven este desgarramiento, todavía hoy, con perceptible amargura.

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    1. ¡Oh, la Pustha! Estuve allí una semana y regresé enamorado de la cultura magiar (incluida la gastronomía)... ¡Y hay quien sólo habla de la hierba que pisaba el caballo de Atila para referirse a los pueblos de Oriente que llegaron a Europa! (y prefiero no hablar del Danubio y de Budapest porque me entran ganas de salir corriendo... ¡hacia allí!)
      En fin, que tienes razón. Hay magiares (y pedazos de las tierras que habitaron) en Serbia (provincia de Voivodina), Eslovaquia, Austria, incluso en la franja más occidental de la rumana Transilvania... Tengo unas notas para escribir algo de todo eso.
      El cuadrante sureste de Europa, incluido el centro más oriental, es un mundo apasionante, rico en todos los aspectos y en lecciones de amor y de odio entre los pueblos.
      Un abrazo.

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    2. Me alegra comprobar que hemos compartido encantamientos y fascinaciones. También yo recuerdo con afecto la ciudad de Budapest. Me encantará leer esas notas sobre Hungría en una próxima entrada. Seguro que aportan mucho de interés.
      Un abrazo.

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