24 abril 2015

Baluchistán: Cuando la religión oculta lo sustancial y la rapiña económica

Poco a poco, en Occidente se ha impuesto la tesis de que la religión es el motor o la causa de todos los conflictos existentes en (o con) los países de mayoría musulmana. Los avatares del pueblo o nación de Baluchistán [Beluchistán o Balochistán] constituyen uno de los casos que mejor ayudan a entender y percibir el corto alcance de esa "verdad".
El territorio histórico de la etnia baluchi está repartido en tres Estados: Afganistán, Irán y Pakistán y su población total ronda los 10 millones de habitantes, incluidos los emigrantes.
Para entender mejor lo que representa la etnia baluchi a la hora de relativizar verdades de cartón piedra, es obligado reseñar que en los medios convencionales se habla o se escribe de los paquistaníes como si ese gentilicio identificara a una cultura o una nación, cuando en realidad Pakistán —como la mayoría de los Estados-nación de Asia y sobre todo, de África— son fruto del reparto de tierras y riquezas que organizaron las clases dominantes autóctonas y los gobiernos de los países colonizadores.
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Pakistán es un país tan artificial
que hasta el nombre es inventado
Para colmo, en el caso de los dos pakistanes (el oriental, Bangladés, y el occidental) el reparto del pastel de la gran India británica se complicó debido a los intereses disfrazados con ropa del islam que lideró el ismailí Muhammad Ali Jinnah.
[El vocablo Pakistán es un topónimo inventado, exactamente un acrónimo formado con letras de los topónimos de cinco países o regiones: Punjab (o Punyab), Afghania, Kashmir (Cachemira), Sind y Baluchistán]
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Los iranios malditos 
Los baluchis [balochi, beluchos, baluches o beluchi] constituyen uno más de las pueblos de la familia irania, están ancestralmente organizados en tribus que comparten el idioma [el baluchi es una de las escasas lenguas indoeuropeas originales que todavía siguen vivas], así como una serie de valores y normas consuetudinarias.
Hasta hace poco más de medio siglo los baluchis estaban presentes no sólo en la provincia paquistaní de Beluchistán, la franja sur de Afganistán y el rincón suroriental de Irán [ver mapa], sino también en el sur del Punjab indio y al otro lado del mar Arábigo, en los actuales Omán y Emiratos Árabes Unidos, donde vuelven a formar una notable minoría a causa de la emigración por motivos económicos.
Una de las características más notables de los baluchis es su tradicional y natural secularidad. Asumieron el mazdeísmo (o zoroastrismo) que imperó en el Asia suroccidental durante más de ocho siglos y luego fueron ganados para el islam, pero en ambos casos evitaron que la religión modificara las leyes civiles que rigen su vida social y los criterios políticos (administración y poder) de carácter tribal.
Aunque esa actitud persiste, acusa un lento pero constante retroceso debido a la influencia (y la represión) de las élites persa, punjabí y pastún, las etnias mayoritarias en Irán, Pakistán y Afganistán, respectivamente.
Pese a todo, todavía hoy la identidad colectiva de los baluchis es fuerte y posee rasgos similares a los nacionalismos catalán, escocés o quebequés, pues la religión carece de peso y la conciencia de pertenecer a una natio (cultura, geografía y economía determinadas) es el fundamento de su cohesión.
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El segregacionismo tiene largo
recorrido y sólida base social 
De hecho, en los grupos que se oponen al dominio paquistaní en el Baluschistán oriental, la práctica totalidad de las demandas baluchis son de corte independentista.
A su vez, en el territorio occidental, bajo control iraní, la insurgencia contra el actual régimen de los ayatolás y antes contra el Sha también es de claro sesgo segregacionista, aunque en este caso a la consolidación de los independentistas ha contribuido sobremanera el afán uniformador de las élites iraníes, la actual y la anterior.
Para colmo, el Estado teocrático ha convertido la fe (el chiismo) en bandera política, con el reguero de insensateces gubernativas y el consiguiente rosario de rechazos en territorios como el baluchi y el kurdo.
El régimen de los ayatolás lanza cíclicas ofensivas propagandísticas, policiales e incluso militares contra los baluchis y los kurdos, dos pueblos en los que para colmo de "males" gozan de generalizada simpatía los socialdemócratas y los comunistas.
Con la finalidad de combatir a los independentistas y a las organizaciones de la izquierda baluchi las autoridades iraníes han recurrido a las ejecuciones extrajudiciales: asesinatos; a la vez que han auspiciado y/o permitido la creación de bandas ultrarreligiosas —incluso las de fe suní adscritas o cercanas a Al Qaeda— porque constituyen la herramienta más efectiva contra el secularismo y las formaciones de izquierda.
La persecución de los nacionalistas e izquierdistas baluchis ha rozado el genocidio, hasta el punto de que organizaciones nada sospechosas de simpatizar con los perseguidos, caso de la estadounidense Human Rights Watch, han denunciado que Baluchistán es escenario de agresiones de Estado que conculcan los derechos humanos.
El empeño de Teherán en ningunear al pueblo baluchi (con el objetivo final de destruirlo) queda claro hasta en los detalles formales, como cuando fue creada la "provincia de Baluchistan y Sistán" [primera denominación que luego fue alterada con ánimo vejatorio, pues el nombre oficial es "de Sistán y Baluchistán"], emparejando a los baluchis en el mismo ámbito gubernativo que las tribus saka, el Sakastán medieval, minoría étnica que desde un punto de vista demográfico y económico es irrelevante.
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Mosaicos que sin el tratamiento adecuado acabarán estallando
Pakistán no es una nación, sino la suma de varios pueblos o natios; básicamente cuatro, de norte a sur: los sijes ("cachemiros") los punjabíes (o punyabíes), los baluches y los sindis, más una exigua pero muy influyente minoría pastún
Por su parte, Irán es étnica y culturalmente más homogénea, pues el 60 % de los habitantes son persas; no obstante, en amplias zonas del noroeste son mayoría los kurdos (9 % de la población total), en el sureste los baluchis (2,5 %), más una poderosa minoría: los azeríes (23 %), árabes (3 %), turkmenos (2 %), armenios y asirios (ambos con menos del 1 %); sin olvidar la minoría religiosa de los musulmanes de credo suní, "enemigos" tradicionales del chiismo, que suponen el 9 % de la población total.
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La religión obnubila, relegando a segundo plano lo sustancial y la rapiña económica
Ese carácter plurinacional no es exclusivo de los Estados iraní y paquistaní. Numerosos países de mayoría musulmana son mosaicos étnicos donde los potenciales conflictos culturales, económicos y sociales duermen aplastados bajo el artificioso e interesado peso que se le ha otorgado a la religión (o religiones).
No es un secreto, salvo para quienes cierran los ojos, que la mayoría de los gobiernos de los países musulmanes, empezando por el régimen teocrático de los Saud, están encantados con el teatro religioso, tan caro para ellos por motivos de control social y tan apreciado por los grandes consorcios de Occidente para que permanezcan en segundo plano los dislates que caracterizan la explotación y comercialización de las reservas de hidrocarburos y otros minerales que atesoran los países de mayoría musulmana.

1 comentario:

  1. Tan esclarecedor como todos tus otros artículos sobre estos mosaicos de pueblos y etnias, mal disueltos y repartidos entre Estados. Y siempre encontramos lo mismo: fronteras impuestas contra la voluntad de las personas. Y la religión enturbiando y enconando el panorama.

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