03 noviembre 2006

En el marisqueo hay sombras del Neolítico

En la llamada ría de O Burgo (es decir, en la ría de A Coruña; en Galicia el cainismo es tan común que ni siquiera hay acuerdo para consensuar la toponimia) el furtivismo es norma.
No es el único enclave del litoral gallego en el que prima la consigna tonto el último; ley tan habitual como la que dice se non o fago eu, o fará outro (si no lo hago yo, lo hará otro).
Vamos, que el sentido de colectividad luce por escaso.
Pues bien, en la ría de A Coruña, por razón de que los bancos marisqueros están junto a la ciudad, el pleito que mantienen los mariscadores registrados administrativamente y los furtivos es pan de cada día.
Los mariscadores registrados insisten en que ostentan en exclusividad el derecho a cosechar bivalvos. Sin embargo, la siembra de crías, la protección del medio y los gastos que comporta mantener el parque de marisco son responsabilidad de todos los contribuyentes... Es decir, la ciudadanía --vía Administración-- mantiene los bancos marisqueros y quienes se benefician de su explotación apenas tienen responsabilidades ni gastos.
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Entidades del XIX convertidas en sindicato vertical por el franquismo
El asunto de cómo explotar los bancos marisqueros colea desde hace tantos años que huele a podrido. La Administración cierra los ojos y las cofradías --otra herencia envenenada del franquismo-- se niegan a reconocer que aquí y ahora los derechos que defienden son tan absurdos como que la naturaleza esté parcelada y explotada por colectivos predesignados que actúan al margen de los criterios jurídicos propios de un Estado democrático de Derecho.
Por si la confusión no fuera suficiente, en la ría de A Coruña existe una colonia de gitanos --asentada, por cierto, en un solar privado-- que en parte vive de cosechar y vender bivalvos.
El episodio, pues, es un desmadre carente de racionalidad en el que la Administración, aparte de hacer el ridículo, parece empeñada en justificar que cada cual haga lo que le dé la gana. El día que truene con heridos o muertos todos se acordarán de santa Bárbara... ¡Cuánta hipocresía!
El marisqueo, digan lo que digan las cofradías, está obligado a regirse por criterios racionales y respetuosos con la legalidad constitucional y la racionalidad económica, o seguirá siendo pasto de conflictos... Salvo que el conflicto sea lo que interesa; lo cual, en aplicación de otra consigna propia del Neolítico, es harto probable: A río revuelto...

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