28 noviembre 2006

Incompetencias y fatalismo en el país de la lluvia

Las lluvias caídas durante las últimas semanas en Galicia --que han sido intensas, pero no excepcionales-- han propiciado --que no provocado-- inundaciones en numerosas localidades. Excepto las habidas en Caldas de Reis (Pontevedra) y las registradas en varios núcleos de menor entidad, el resto y las más graves catástrofes se han vivido en localidades costeras: Cee, Marín, Pobra do Caramiñal, Vilagarcía de Arousa, Vigo...
Autoridades y personajes que se arrogan autoridad moral e incluso técnica --en este punto es obligado correr un tupido velo-- achacan todas las desgracias a la llegada de sucesivas borrascas atlánticas...
¡Como si fuera la primera vez que Galicia recibe tan húmedos visitantes!
El fatalismo, tan arraigado en Galicia, ha hecho el resto.
A la postre, todo se debería a una maldición meteorológica, o acaso a la providencia, como si un ser supremo hubiera condenado a los gallegos a sufrir mil y una penalidades. En el país del Prestige, de los incendios por doquier y de las lluvias de toda la vida nadie es responsable de nada.
En paralelo, la mayoría de los políticos, dirigentes económicos y agentes sociales parecen empeñados en silenciar las preguntas más simples:
Ocupar el cauce natural de los ríos es un error endémico
en Galicia y en toda la Península (foto, Xoán A. Soler)
a)  ¿por qué se han rellenado millones de metros cuadrados de las rías sin habilitar los desagües que exige el elevado régimen de lluvias galaico?,
b) ¿por qué se han reducido al mínimo los cauces de los ríos y la capacidad de achique de sus desembocaduras?,
c) ¿por qué en tantas y tantas localidades se ha habilitado suelo urbanizable reduciendo e incluso cerrando cursos de agua naturales?,
d) ¿por qué, en fin, se han relegado --y se siguen relegando-- los criterios medioambientales y de seguridad en beneficio de unos pocos?
Ciertamente, los incendios forestales del pasado verano y la inusual persistencia de los chuvascos han propiciado situaciones límite. Pero a poco que se analice con detalle lo ocurrido en localidades como Vilagarcía o Cee, sólo quienes tienen mucho que callar pueden afirmar que lo ocurrido es natural e inevitable.
..
Comparación sin sentido
Pero las autoridades --las elegidas ayer y hoy, más quienes se arrogan tal condición-- son listas, que no inteligentes, y el colmo del simplismo lo han puesto en boca de un residente en las Rías Baixas que hoy (martes 28 de noviembre) ha aparecido en un reportaje de televisión diciendo que en 80 años jamás se habían registrado inundaciones tan graves en Vilagarcía.
Lástima que ese viandante pillado a traición y quienes silencian los hechos obvien que hace 80, 50, o 30 años la ciudad y entorno de Vilagarcía no acusaban tan alto grado de impermeabilización, ni se había edificado en más del 50 % de los cauces naturales de los ríos y arroyos de la zona, ni se habían soterrado o taponado decenas de desagües y aliviaderos naturales, ni se había asfaltado tanto ni con tan poco gasto en alcantarillado...
¡Ni tampoco se habían amasado tantas fortunas construyendo sin planificar!
Comparar la Vilagarcía de hoy con la de hace 80, 50 o 30 años para evaluar lo ocurrido es propio de necios, de ignorantes o de interesados.
Pero claro, es lo de siempre, hay cosas que no está bien visto decirlas.
Lo correcto es callar (¿?), echarle la culpa a la providencia o a la meteorología y ahora, con el dinero de todos --no sólo con las fortunas de quienes se beneficiaron del urbanismo salvaje-- paliar los graves daños que han sufrido decenas de familias y pequeños empresarios.
Nunca llueve a gusto de todos. Las excusas y las mentiras tampoco son del gusto de todos.
¿Solución? De entrada, llamar a las cosas por su nombre y negarse a comulgar con ruedas de molino.

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