10 mayo 2008

Mayo del 68: Un referente que conviene recordar sin trampas

Pasan los años, ¡ya van 40!, y casi todo lo que se habla y se escribe de Mayo del 68 está cada vez más contaminado. La mayoría de los medios han celebrado el 40.º aniversario de aquel episodio publicando artículos que, ¡paradójicamente!, rara vez aluden a las causas que desencadenaron la revuelta.
Casi todos hablan y escriben de Mayo del 68 --concretamente del parisino, que fue el paradigma-- aludiendo a utopias irrealizables, a desordenes callejeros y, en definitiva, a todo aquello que resulta folclórico o llamativo.
Sin embargo, superficialidades aparte, la chispa que  desencadenó la primera protesta pública de los universitarios fue la prohibición de que los estudiantes varones accedieran a las residencias de las féminas y a las áreas de los edificios mixtos reservadas para ellas.
Es ridículo esconder esa circunstancia porque la chispa podría haber sido cualquier otra porque las hipocresías de la época no solo eran tan evidentes como las actuales, sino que además tenían consecuencias cada vez más graves en la vida privada de las personas. Por ende, el autoritarismo volvía a ser atroz, exageradamente elevado para el grado de desarrollo económico y cultural alcanzado en países como Francia.
Esos y otros desajustes, miserias socio-políticas y culturales no afectaban sólo a los estudiantes, por descontado, pero los jóvenes eran los ciudadanos que tenían menos que perder, de ahí que fueran ellos quienes encabezaron la rebelión.
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3 de mayo: la primera manifestación
Las marchas urbanas [la primera consistió en una concentración en la plaza de la Sorbona, el viernes 3 de mayo] fueron reprimidas con inusitada dureza por el Gobierno, que obedecía sin rechistar las indicaciones del jefe de Estado, el ultraconservador Charles de Gaulle.
Las cargas policiales se sucedían y cada día eran más violentas, motivo por el que los estudiantes organizaron piquetes de autodefensa.
Desgraciadamente y tal como ocurre aún hoy, las autoridades lograron que los enfrentamientos callejeros ocultaran los problemas y los debates, que giraban en torno a las hipocresías sociales, a los magros presupuestos de las universidades, al carácter productivista de los programas de estudios, a la alienación ideológica, a la sobrexplotación de los asalariados, a la conductista cultura de masas... etcétera y etcétera.
Las medidas gubernamentales no solo perseguían poner orden en las calles, sino también controlarlas y convertir los enfrentamientos en el foco de atención social, el objetivo de las medidas policiales era el mismo que ahora: provocar que la generalidad de la población prestara más atención a lo circunstancial que a lo esencial.
Pese a todo, la revuelta se extendió provocando que De Gaulle disolviera la Asamblea Nacional (parlamento francés) y convocara elecciones legislativas para un mes después, el 23 de junio.
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«Bajo los adoquines, la playa»
Interpretaciones interesadas
Estos días también se habla y escribe mucho de que la Confédération Général du Travail (CGT), referente sindical de la izquierda, en especial del Partido Comunista Francés (PCF), acabó secundando las convocatorias estudiantiles, logrando que diez millones de obreros (casi dos tercios de los existentes entonces en Francia) secundaran no una, sino varias jornadas de huelga general.
Sin embargo, todavía hoy los cronistas y analistas "de orden" subrayan con letras de oro que la CGT y el PCF acabaron traicionando la revuelta al desconvocar las movilizaciones... No fue exactamente así, pero esos mismos comentaristas --al igual que ocurrió en la propia Francia poco después de finalizar las movilizaciones-- callan que casi todos los demás grupos tradicionales de la izquierda, con los socialdemócratas a la cabeza, no sólo boicotearon la movilización de los jóvenes sino que además injuriaron a sus dirigentes, los ningunearon e incluso colaboraron con las autoridades para satanizar y castigar a los revoltosos.
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España era un país marginal
Lógicamente, en la España de entonces, asolada por el franquismo, lo poco que entonces existía del PSOE, el filosocialista FLP, el entonces calificado de revisionista PCE y el resto de la izquierda real aplaudieron a los movilizados en París.
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[Sería falsear los hechos y por tanto injusto achacar al PSOE la cobardía del PSF, en el que ya entonces destacaba la figura del equívoco François Mitterrand; en España ciertas "debilidades ideológicas" hicieron estragos en la izquierda políticamente correcta mediada la década de los ochenta, con casi veinte años de retraso]
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Pese al éxito social de la rebelión en las elecciones anticipadas que De Gaulle convocó al mes siguiente, en junio, venció el golismo ("gaullisme", derecha y centro-derecha), que logró sobreponerse gracias en parte al apoyo moral de la izquierda caviar (el entonces sacralizado PSF), que prestó apoyo incondicional a las instituciones del Estado e incluso deslizó alabanzas a la defensa del orden que hizo el Gobierno, criticando las movilizaciones y a los más significados activistas y a los teóricos del situacionismo.
El triunfo electoral de los conservadores fue en gran medida lógico porque los humanos electoralmente más reaccionarios, en el sentido vital del término, son los asalariados cuando ven peligrar el empleo o cuando son (o se ven) amenazados con el caos --actualmente incluso con amenazas menores basta para convencer a la mayoría de que puede perder todo cuanto posee o cree poseer.
Reprimidas y finalizadas las movilizaciones estudiantiles, la inmensa mayoría de los franceses consiguieron importantes mejoras, aunque más sociales y políticas que salariales, y asumieron la recomendación de regresar al tajo y a lo de siempre...
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Raíces profundas
En todo caso, para comprender lo esencial de Mayo del 68 es preciso conocer siquiera superficialmente la época inmediatamente precedente; cuando, una vez cicatrizadas las heridas de la segunda guerra mundial, se vivió un largo período de bonanza económica, con un crecimiento constante del número de puestos de trabajo, prácticamente todos ellos indefinidos, aunque con flacos salarios a pesar de que las plusvalías de las empresas se multiplicaban año tras año y pese a que el consumo estaba garantizado en un mercado voraz porque hacía falta de casi todo.
Durante el bienio 1959-60 el escenario socio-económico cambió al iniciarse un período de expansión, los salarios empezaron a repuntar, la capacidad adquisitiva se incrementó notablemente, la cultura y la educación ganaron espacio y millones de trabajadores coincidieron en el no dejaré que mi hijo sea un asalariado condenado a laborar sin descanso.
Los liceos (institutos de enseñanza media franceses) y las universidades se masificaron, pero los hijos de millones de familias descubrieron que el sistema sólo garantizaba salidas extraordinarias a la minoría de siempre: los hijos de las clases media-alta y alta, que gozaban (y gozan) de mayor disponibilidad económica y de sólidas relaciones sociales de interés.
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[Apenas ha cambiado ese esquema, actualmente la selección de los privilegiados del futuro se hace a base de onerosos másteres, de estancias en el extranjero y con recomendaciones o empleos que se consiguen gracias a los amigos de la familia que ostentan cargos en organismos públicos o en grandes empresas]
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Para colmo, en los años sesenta la hipocresía ética y moral de la sociedad era agobiante. La quiebra, pues, estaba servida.
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¡Hasta Picasso decía ser comunista!
Todavía hay quienes afirman que en Mayo del 68 los comunistas jugaron un papel relevante, cuando en realidad --salvo en lo tocante a las huelgas-- los motores ideológicos y prácticos de la revuelta fueron los anarquistas, los marxistas anti-estalinistas (sobre todo los trostkistas) y en sus inicios los miembros de la Internacional Situacionista, colectivos todos ellos que carecían de cuantiosas bases militantes pero que poseían los cuadros y activistas más leídos, más escuchados y más respetados por la juventud parisina.
Justamente hoy, 10 de mayo, hace 40 años que la Policía francesa asaltó la Universidad de Nanterre y desalojó a 30.000 estudiantes. Fue la mayor de las marchas estudiantiles habidas: esos 30.000 jóvenes secundados por otros tantos ciudadanos caminaron unidos hasta la Sorbona y su fuerza, junto al apoyo social del que gozaron durante el trayecto obligaron al Gobierno a renunciar al uso de las compañías antidisturbios so pena de generar una situación de consecuencias imprevisibles.
En torno a medio centenar de barricadas y los varios cientos de miles de vecinos del Gran París que apoyaron a los manifestantes desde las ventanas, los portales, las aceras y con concentraciones improvisadas en barriadas de la periferia (los "banlieue") provocaron que la autoridad dejara que los movilizados y la población confraternizaran, lo que facilitó que unos y otros se conocieran mejor y que las tesis de los rebeldes calaran en la sociedad.
Fue el principio del fin político de Charles de Gaulle y, con él, de la mayoría de quienes controlaban las universidades y la "intelectualidad dominante".
En paralelo, miles de empresarios entendieron que la estabilidad social es la mejor garantía para obtener beneficios, verdad esta que en la España actual aún siguen sin haber entendido la mayoría de los empresarios.
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La sinrazón del Poder
Aquel 10 de mayo, tras varias horas de contención, el presidente De Gaulle [empeñado en condicionar las decisiones del poder ejecutivo] consiguió finalmente que el Ministerio del Interior asumiera su opinión y ordenara a la policía y al ejército «despejen las calles cueste lo que cueste».
El balance de la represión, según datos oficiales, fue de 367 heridos y 460 detenidos; aunque organizaciones sociales, incluidas las de tinte y tinta conservadoras, cifraron los heridos en más de un millar y los arrestados, entre 600 y 700.
Al día siguiente, el 11 de mayo de 1968, la ciudad de París amaneció ocupada por el Ejército, que incluso había movilizado vehículos blindados y tanques.
El lunes día 13, las autoridades fueron conscientes de la peligrosa situación que habían contribuido a crear, temieron lo peor y presionaron al poder judicial para que liberara a los detenidos ya procesados. Fue inútil, el poder judicial fue más consecuente y fiel al Estado ultrautoritario que era Francia y siguió adelante con los procedimientos.
Las consecuencias del empecinamiento de De Gaulle fueron las que el Gobierno temía: un mínimo de 300.000 parisinos salieron a la calle [según cálculos difundidos por Le Figaro, cuya línea editorial era y es conservadora] y recorrieron la ciudad sin que ni un solo policía ni soldado se acercara a la manifestación; a su vez, el servicio de orden de los movilizados consiguió que no se produjera ni una sola agresión contra las personas ni los bienes.
El martes 14 de mayo, los universitarios eligieron a los miembros de un denominado comité de ocupación que se hizo cargo de todos los inmuebles de enseñanza media y superior durante 24 horas, que fueron empleadas en organizar debates en los que se analizó todo y a casi todos.
Y se convocó la huelga general.
Estos fueron los dos grandes éxitos del mayo francés: abrir debates que pusieron en barbecho las verdades oficiales, y que la clase trabajadora en general asumiera que sin movilización nada es posible. Verdades que todavía hoy son minimizadas e incluso silenciadas.
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La rebeldía caló
Las huelgas en Francia alcanzaron tal grado de seguimiento que pararon los controladores aéreos, los funcionarios de Justicia y de prisiones, los técnicos y científicos de grandes empresas privadas, trabajadores de los medios de información públicos y privados, el 75 % de los empleados públicos, el 90 % de los obreros industriales, el transporte y la mayoría de servicios quedaron paralizados… incluso hubo paros parciales en las fuerzas de seguridad.
Prueba de la profundidad del descontento y del alcance de la movilización es que se registró una retirada bastante generalizada de dinero de cuentacorrentistas y ahorradores de los bancos, aunque los reintegros fueron testimoniales, rara vez superiores a los 500 francos y el dinero fue reingresado en los días siguientes.
Ese variado abanico de acciones y la elevada participación social dejaron constancia inequívoca del rechazo y del malestar reinantes.
Por primera vez tras la segunda guerra mundial, los poderes de un país del Occidente europeo, el financiero incluido, vio las orejas del lobo.
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Hoy, la consigna es trivializar
Hoy, 40 años después, los analistas de la izquierda caviar y la mayoría de los intelectuales y periodistas que consideran suficiente autoproclamarse demócratas, se limitan a hablar de los adoquines, de las geniales ocurrencias de los grafiteros y de las utopías en su sentido más inane.
La rebelión francesa sorprendió porque se produjo en un país que sumaba más de 20 años de crecimiento económico sostenido y cuya población gozaba de un bienestar social que dos decenios antes, recién concluida la guerra mundial, era inimaginable.
Todo el Occidente y también los países del bloque soviético estuvieron pendientes de lo que acontecía en Francia y casi todas las organizaciones de la izquierda --incluidos los PC del oeste europeo-- fueron sacudidas dos veces: primero por la revuelta de París y a continuación, en agosto, por la intervención militar de la URSS que puso fin a la Primavera de Praga.
Tras el instructivo mayo se produjo --¿casualidad?-- un rápido empeoramiento de las relaciones este-oeste y la oportunamente revitalizada guerra fría permitió desviar la atención, de modo que los autoritarios de Occcidente recuperaron crédito ante las masas y, en paralelo, los gobernantes del "socialismo real" pudieron conservar las formas ante sus fieles.
Mayo del 68 exige, cuanto menos, respeto, rigor y evitar simplismos que son más propios del tomate que del relato y análisis de los hechos.
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Relación de algunas de las consignas que reflejan el pensamiento y, sobre todo, los sentimientos de los rebeldes del mayo francés:
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ENLACES a textos de interés en otras bitácoras: 
"Mayo 68 y dos películas" (incluye dos vídeos), en Y... LÓGICO;   
"Sed realistas, pedid lo imposible", en CASA DAS LETRAS.

CON POSTERIORIDAD, en ImP: 
«Medio siglo después, los motores ideológicos del Mayo del 68 todavía son jóvenes»

4 comentarios:

  1. Casualmente este 6 de mayo escribí un poema en mi bitácora de poesía dedicado al "lunes sangriento", el lunes 6 de mayo de 1.968.

    Respecto a tu post, se tardará 13 minutos en leerlo pero tarda unos 5segundos en atraparnos, realmente es riquísimo en cuanto nos presenta una muy buena interpretación de lo ocurrido en aquel mayo del '68.

    Un abrazo.

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  2. Muchísimas gracias, Félix, una vez más.
    :)

    Y la verdad es que leyendo esto una se pregunta ¿por qué la gente no se moviliza ahora así? ¿Quizás porque interesa que cada uno de nosotros se considere parte únicamente de un colectivo concreto y no de toda la sociedad?

    Esto sí que me da que pensar...

    Petons

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  3. Yo creo, irreverens, que se juntan varios factores. Uno es que la situación no es crítica para la mayoría de la población. Dicen que los pingüinos antes de saltar desde un acantilado al mar, para saber si hay lobos marinos (sus depredadores) empiezan a empujar todos hacia el borde, y los que están en el borde hacen fuerza para no caer, pero al final alguno se va al agua y entonces los demás miran si está nadando o se lo han comido. Imaginar la escena da algo de risa, hasta que uno cae en la cuenta de que la sociedad (humana) funciona mas o menos igual.
    Hoy en día la franja media de la población se ha comprado un departamento, un coche, ha invertido en sellos, y parece completamente feliz de haber encajado en el sistema a base de deuda. ¿Cuál es su reclamación? Que les abaraten la hipoteca (en el mejor de los casos). Como alguien que está atrapado en un cepo, gritando, y cuando le preguntan qué es lo que desea responde: "que me rasquen la espalda". Los que luchan en el borde del precipicio no importan a casi nadie, son "los otros", y con absoluto desparpajo se los trata como el "barómetro" social: cuántos se han caído, cuántos aguantan en el borde, cuánto falta para que se caigan...
    Nótese, por cierto, la inteligencia de los pingüinos: cuando caen un par ya es suficiente para dejar de empujar y ver si se los han comido. En nuestra sociedad, en cambio, es necesario que se vaya medio país al agua para que los próximos saquen las cacerolas a la calle a exigir que dejen de hacer fuerza.
    Saludos

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  4. Gracias Félix por la mención y enlace. Gran articulo, como siempre.
    Saludos

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