18 mayo 2009

España y el sueño maniqueo de una noche medieval

A raíz de varios post en los que sale a colación España, Estado español o las Españas, durante los últimos meses he recibido un ciento de correos --remitidos al margen de la bitácora-- que con independencia de los asuntos tratados en los textos insisten en dos mensajes: «Eres un peligroso anti-español» o, alternativamente, «Eres un españolista disfrazado»...
Al parecer, hay quienes opinan que sólo hay dos opciones: Ser nacionalista español, catalán, gallego o vasco, o bien ser un traidor a alguna de esas patrias...
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[Algo similar padecieron los subditos del Reino de España que hace ahora dos siglos fueron tildados de afrancesados porque eran partidarios de la ilustración y de la racionalidad de su tiempo, representada en gran medida por Francia, por lo que fueron acusados de traidores y de todo lo imaginable, aunque no fueran bonapartistas.
Los buenos del siglo XXI persiguen lo mismo que los buenos del siglo XIX: crear enemigos que ayuden a cohesionar a la tribu oficial]
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Abundan los maniqueos porque pocos dirigentes políticos y creadores de opinión apuestan sin ambages por España como un mosaico compartido: las EspañaS constituyen una variopinta realidad CULTURAL y SOCIAL que es históricamente incuestionable pero que, por desgracia, unos abrazan hasta la asfixia y otros ningunean.
Casi todos los partidos políticos han caído en mayor o menor medida en una u otra perversión; por ejemplo: soberbios de CiU que se dan besos en el espejo, esencialistas del PNV que sólo ven su ombligo; socialdemócratas de Extremadura, Castilla-La Mancha o Madrid que recelan de sus compañeros catalanes; resentidos galleguistas que se retroalimentan con desconfianza, o nacionalistas españoles que están empeñados en imponer su uniforme rojo y gualda, etcétera y etcétera...
Y para redondear, en Canarias hay godos que se disfrazan de guanches para echar más leña al fuego.
La idea de España es bombo, corneta, piano, trombón o arpa, según convenga y sin letra, como el himno...
¿Qué es España?, preguntan los niños, y los papás responden con arrebatos patrioteros o negando la historia para garantizar que sus hijos sean fieles a una tribu.
Así las cosas, demasiados niños grandes ignoran que hay un interrogante más sustancial que sigue abierto desde hace decenios, acaso desde que el absolutista Fernando VII se limpió con las Cortes de Cádiz: ¿En que consiste ser ciudadano español? Más fácil y para que los maniqueos no malinterpreten:
¿En qué consiste ser ciudadano? Ciudadano a secas, no digo siervo, ni súbdito, ni patriota; digo ciudadano. Punto.
Si los maniqueos supieran lo que significa ser ciudadano, perderían sentido los uniformismos, nadie cerraría los ojos y los niños grandes serían adultos libres.
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4 comentarios:

  1. ¡Ay qué post más lúcido! Te hablo como ciudadana de una periferia con el corazón partío, asfixiada por nacionalismos estrechos de miras (esto de los besos al espejo es muy agudo) y por arrebatos de unidad, grandeza y libertad y por la frase de "si no estás conmigo estás contra mi".
    Y una, catalana de pata negra (dicho con toda la ironía del mundo, pero cierto) se pregunta qué coño hacen estos "otros catalanes" arrodillándose cuando oyen la Santa Espina o enarbolando banderas esteladas que si bien son bonitas tampoco es que vayan a quitarme el sueño.
    Entonces en las elecciones generales vas i votas por el bien del Estado, en las autonómicas por el bien de la nación que algunos ningunean y en las municipales te quedas directamente en casa.
    Y lo que es peor hecha la picha un lío, dicho lo anterior en sentido figurado.
    Buenos días, bon dia.

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  2. Me gustaría hacerle una pregunta a Antònia P.

    Los votantes de CiU y ERC ¿en qué grado crees, realmente, que son independentistas?. O dicho de otra manera. Ante un referendum de independencia ¿en qué grado crees que se decantarían por la independencia?.

    Lo pregunto porque de tu post deduzco que técnicamente eres nacionalista pero emocionalmente abrigas serias dudas. De nuevo te hago la misma pregunta ¿En qué grado crees que otros nacionalistas se encuentran en la misma situación?

    Muchas gracias.

    Álvaro.

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  3. ¡Malditas etiquetas! No me gustan quienes tienen que etiquetarlo todo, encasillarlo, alienarlo... Hay que vivir y dejar vivir siendo cada uno lo que quiera ser, aunque no corresponda exactamente a un lugar determinado en la geografía y en el corazón.

    Soy... soy yo, hablo dos lenguas según me "peta": gallego y castellano, sin orden ni concierto y lo intento con el Inglés. Adoro Galicia pero también me gusta Asturias, Valencia o El País Vasco.

    ¿Soy antialgo? ¿Soy proalgo? ¿A quién --ñ- le importa?

    Reivindico mi derecho a ser de todas partes y de aquí, a ser una ciudadana del mundo, de mi mundo particular

    biquiños,

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  4. Ojalá algún día aprendamos todos a ser ciudadanos, así, sin más añadidos. Eso espero poder enseñarle a mi hija. Cada día me hartan más los nacionalismos de cualquier tipo: estrechos de miras, rurales, empequeñeciendo el mundo hasta límites ridículos, ninguneando a los "otros", asfixiantes. Yo prefiero ser sólo ciudadana y mirar más allá de las fronteras de ciudades, comunidades o países.

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