Satanizar, endiosar y creer es más cómodo y rentable que analizar, contextualizar y dudar

domingo, 29 de noviembre de 2009

"Natio" y nación, ignorancias y cegueras interesadas


Pulsar sobre la imagen para ampliarla
La posibilidad de que el reformado Estatut de Catalunya sea o no enmendado por el Tribunal Constitucional demuestra, por un lado, que la palabra nación es fuente de pleitos y, por otra parte, que el concepto nación --que no es unívoco-- sigue siendo un gran desconocido.
La palabra nación proviene de la latina natio, derivada de nascor (nacer). En origen, ese vocablo tenía un sentido tribal o étnico (nación = pueblo; es decir, conjunto de personas que comparten origen, territorio).
Hasta finales del siglo XVIII, al vocablo nación sólo se le otorgaba esa acepción, la del vinculo territorial y cultural, incluidos usos, costumbres y, en ocasiones, también creencia religiosa; con independencia de que esa nación, tribu, pueblo o etnia constituyera la población de un reino, una ciudad-Estado, o formara parte de un señorío, un imperio que agrupara distintos pueblos, naciones o etnias. Es decir, natio y poder no eran conceptos siempre entrelazados.
El concepto de natio empezó a cambiar (o si se prefiere, empezó a forjarse un nuevo concepto de natio) en el siglo XVIII, cuando los individuos que tenían el poder económico (las clases dirigentes: la nobleza y sus aliados más parte de la incipiente burguesía, no toda) tomaron conciencia de que las natio reunían una serie de características (culturales, geográficas, sociales, económicas, religiosas, etcétera) ¡Y descubrieron que la natio constituía una realidad y un concepto utilizables!
Así, poco a poco, nació y se desarrolló el concepto político de nación, que sirvió, entre otras cosas, para dar cohesión a los Estados-nación.
La nación, convertida en instrumento, pasó a ser un factor fundamental del Estado moderno.
Pero no todos los Estados --¡ni mucho menos!-- estaban ni están formados por una sola natio. Motivo por el que numerosos Estados pusieron en marcha acciones políticas, culturales, económicas e incluso militares o gubernativas para convertirse en Estados-nación uniformes a fin de ganar mayor cohesión; es decir, ser más fuertes y que sus poblaciones fueron más gobernables y también más productivas.
En ocasiones, ese proceso uniformador llevaba (y lleva) aparejada la destrucción o la marginación de natios y de sus respectivas culturas, hábitos, valores, idiomas, identidades colectivas, sentimientos…
En paralelo, el fortalecimiento de los Estados-nación daba forma y contenido a ese moderno concepto de natio, que sólo recogía lo que era utilizable de su acepción clásica, de modo que la vieja natio fue sustituida oficialmente por el Estado-nación, concepto radicalmente político que se ha consolidado durante los siglos XIX y XX.
Numerosas natios originales quedaron relegadas a segundo plano y en algunos casos fueron masacradas y casi siempre ninguneadas y reprimidas.
Evidentemente, España no es en origen una natio. "Nación española" es una expresión y un concepto moderno, construido ideológicamente durante los últimos dos siglos con éxito relativo y de inequívoco cariz político y, en todo caso, jurídico (tal como informa la Constitución de 1978).
Una polémica largamente envenenada
A partir de ahí, el debate es tan amplio como instrumentalizable y cualquiera, desde cualquier bando y esquina, lo puede utilizar como arma arrojadiza, por lo que convendría deslindar asuntos y no mezclar hechos y argumentos históricos, culturales, económicos, jurídicos, sentimentales, políticos…
Que Cataluña es históricamente una nación es innegable y que así sea reconocido oficialmente (tanto en el Estatut como en la Constitución) no equivale a que Cataluña deba ser un Estado-nación.
En cierto modo, las cíclicas polémicas que coprotagonizan los nacionalistas (sean los españolistas que defienden el "Estado-nación española" o los de las natio preexistentes) ocultan un pleito cuyos elementos sustanciales son el afán uniformador de unos y el segregacionismo de otros --hartos los segundos de ser cultural, social y también económicamente ninguneados y reprimidos, incluso con violencia en ocasiones --por ejemplo, durante el franquismo.
Los españolistas (los partidarios de un uniformismo centralizador y absolutista que denigra y agrede a las natio clásicas) ven segregacionismo en toda manifestación de nacionalismo catalán, gallego o vasco, y los otros nacionalistas (los que en mayor o menor grado son partidarios de la creación de nuevos Estados-nación) ven opresión españolista en casi todo lo que dicen o hacen las instituciones de la Administración central o de las autonomías enemigas.
Si se lograra circunscribir el debate al papel que debe jugar el Estado-nación y a la necesidad de respetar las natio preexistentes a buen seguro que el asunto perdería visceralidad y se despejaría el horizonte.
Lamentablemente, hay quienes siguen aplicando el criterio más deleznable del nacionalismo político: alimentar el odio a las sociedades, culturas y economías forasteras a fin de crear enemigos y cohesionar a los nacionales propios.
El Estado-nación que es España no se puede cohesionar sobre la base de negar que en su territorio existen varias naciones (natios). Y en paralelo, negar que España es un Estado-nación hijo de un largo proceso histórico es ignorancia políticamente interesada.
La actual polémica, con el Constitucional ejerciendo de no se sabe qué, demuestra que además de estar condenados a convivir, seguimos condenados a polemizar por cerrar los ojos (sin olvidar los intereses económicos y de mercado, ¡que los hay!).
ENLACE de interés:
"¿Qué es nacionalismo hoy?", en EL CORREO DE LAS INDIAS.

17 Comentarios:

  1. ¿Tú crees que a alguien le sigue interesando ese concepto? España es un refrito historicista.

    ResponderSuprimir
  2. A SUPERSALVAJUAN:
    Dudas (yo también) de que la mayoría de ciudadanos esté realmente ineteresada en esos conceptos. Quizá aciertas y quizá acierto, pero la realidad es que prácticamente todos cuantos son interrogados al respecto tienen opinión (sean nacionalistas, incluidos los españolistas, o no lo sean) y la dan.
    Otra cosa es qué porcentaje de ciudadanos se ha preocupado de conocer conceptos para saber con mínimo rigor de qué habla u opina.

    ResponderSuprimir
  3. Muy buen artículo, y magnífica ilustración. Defiendo que Catalunya sea llamada Nación, pero no defiendo el uso que de ese título de nación quieren hacer los nacionalistas, que ni han leido ni aceptarían lo que se dice en el artículo (ellos asocian nación con estado soberano).
    Y respecto al comentario final despectivo sobre el TC, discrepo. El Estado español ha decidido tener un sistema para garantizar que las leyes no atentan contra la Constitución, y aunque el Tribunal constitucional esté politizado, no se ha incumplido ninguna ley en el proceso, ni el TC tiene plazo para dictar sentencia: por lo que cuando lo hagan, todos los españoles (catalanes incluidos) tendrán que acatar esa sentencia, aunque puedan recurrirla a Estrasburgo o a donde sea.

    ResponderSuprimir
  4. El partido popular debería preguntarse por las consecuencias(politicas, electorales y de todo tipo) de su recurso. Aunque su demagogia anticatalanista le de buen resultado en otras partes quizá no le compense la pérdida de votos de Catalunya. Visca el seny!Agcasmor

    ResponderSuprimir
  5. Pero, tan só existen 4 nacións en España (a española, galega, vasca e catalana)? Podemos dicir que é a mesma nación a de Asturias ca de Murcia? Tan só porque Asturias non ten unha lingua recoñecida?
    Onde está o límite? E quen di que un pobo é unha nación, e outro non?
    Un saúdo

    ResponderSuprimir
  6. A PEDRO ML:
    El uso que haga un sector del nacionalismo catalán de un término --en este caso nación-- no es un asunto sustancial (esa actitud sólo gana peso cuando se le da importancia desmedida, como hizo Aznar,que fue quien más votos "ganó" para ERC).
    Y otro tanto cabe decir del uso que hace de las palabras un sector del nacionalismo español (empeñado en confundir Estado-nación con nación y empeñado, sobre todo, en uniformar y erradicar culturas "no españolas"´)
    Cuando digo que "el Constitucional ejerciendo de no se sabe qué" no hay ánimo peyorativo, sino descriptivo; me explico, mucho se habla de las presiones que recibe el Constitucional (de partidos y de otros estamentos, colectivos y entidades), pero convendría recordar que ¡los propios magistrados alimentan esa dinámica y participan en ese "juego"! Y esto es jurídicamente mucho más grave que lo anterior; sin olvidar que presionar (u opinar en voz alta sin injuriar) es legítimo en democracia.
    Lo preocupante en democracia sería --como algunos pretenden-- que reinara el silencio. Otra cosa es que haya "gritos" histéricos, interpretaciones chuscas y exageraciones, pero es sano que haya opiniones.
    NOTA: Por opiniones entiendo las de personas que tengan conocimientos mínimos de lo que hablan. Lo digo porque de un tiempo acá hay medios que se dedican a parar al primer ciudadano/a que se encuentran por la calle para preguntar ¿qué opina usted del medicamente tal que favorece la flora intestinal?, ¿qué derechos asisten a los marineros españoles que faenan en un buque abanderado en las Seychelles?, ¿cree usted que es constitucional tal artículo del Estatut?
    Una cosa es dar y difundir opiniones y otra es el entretenimiento. Y hay asuntos en los que sobra el "reportaje humano" de entretenimiento.

    ResponderSuprimir
  7. A EIRIÑA:
    Primeiro de todo é preciso ter en conta que as nacións non son realidades eternas (agás unha, a que foi descrita como "unidad de destino universal"...)
    Na Península tamén existiu un reino de Sobrarbe, por exemplo, que hoxe podería ser coñecida como a nación altoaragonesa (de feito, aínda hoxe hai uns milleiros de habitantes, a maioría deles no norte de Aragón, aos pes dos Pirineos, que falan aragonés ou altoaragonés).
    Asturias foi o xermolo do reino de León, que logo uníuse co de Galicia e despois co Condado de Castela...
    Houbo unha nación e reino de Navarra --vencellado a Franza durante moitos anos--; Baleares tivo características propias de nación... A historia é un proceso, un río, e hoxendía hai coincidencia xeral conforme na Península hai cinco nacións "vivas", por orde alfabética: Cataluña, España (que non é só Castela), Euskadi, Galicia e Portugal.
    Aínda que é obrigado non esquecer que en Castela hai quen fala da nación castellana, en subsititución de nación española. E tamén hai defensores da nación aragonesa, valenciana, andaluza e mesmo a canaria (aínda que guanches, "fillos" dos bereberes, non queda un).
    Os dous exemplos citados (Asturias e Murcia) non son precisamente os máis axeitados para falar de posibles territorios da nación española ou castellana nos que exista unha nación (ou natio) diferenciada.

    ResponderSuprimir
  8. Si no he olvidado algo del marxismo elemental que aprendí en mi adolescencia, la tesis básica del materialismo histórico explica que la religión, la moral, la filosofía, el arte, etc -es decir, la superestructura-, está en función de los intereses de clase de los grupos que la han creado.

    Está muy bien todo eso de la Nación, la lengua, la cultura, la dignidad de un pueblo y que sé yo qué de una comunidad hiperenriquecida y sin problemas graves -por mucho que se diga- de promoción de su identidad. Pero mucho me temo que la explicación final del "problema" catalán -como del vasco- es estrictamente económica y la dió el señor Puigcercós de ERC en el 2007.

    "El modelo autonómico se ha agotado por una razón muy sencilla: no nos permite vivir todo lo bien que podríamos".

    No hay fallo con el viejo judío alemán, lo cuál, suele olvidarse.

    Un saludo. Álvaro.

    ResponderSuprimir
  9. Como "segregacionista" que son, Félix, non podo menos que puntualizar unha frase do teu mo interesante texto:

    "Lamentablemente, hay nacionalistas (sean españolistas, catalanistas, vasquistas o galleguistas) que entre sus fundamentos mantienen vivo uno de los aspectos más deleznables e irracionales del moderno nacionalismo, que consiste en alimentar el odio a las naciones, a las sociedades, a las culturas y a las economías vecinas para cohesionar a los nacionales propios."

    Non digo que nos nacionalismos chamados periféricos non existan mazás podridas, que evidentemente si, mais son moi moi minoritarias. Non creo, polo demais, que sexa xusto igualar un fenómeno negador da capacidade de decidir dos demais (o españolismo con respecto ás sociedades galega, vasca e catalana) con outros (nacionalismo galego, por exemplo) que só busca defender o seu dereito a decidir o seu propio futuro sen atacar o dos demais. O drama desta España invertebrada é a falsidade histórica sobre a que se sustenta ideoloxicamente, unha falsidade compartida por PP e PSOE que impide construír un Estado común moderno A PARTIR DAS diferentes nacións existentes, que libremente decidisen federarse, e que en vez diso IMPÓN unha España única pero "graciosamente" DESCENTRALIZADA. E o problema de fondo non é a descentralización administrativa, senón o non recoñecemento da existencia de diferentes suxeitos políticos que aspiran a ter recoñecidos plenos dereitos políticos. A España una dividida en 17 comunidades non resolve o problema de fondo, porque non entra na cuestión central: non hai España una.

    Por iso en boa medida o PP ten razón no tema do Estatut. O PSOE aproba un Estatut en Cataluña en vez de enfrontar a cuestión de fondo: a necesaria reforma da Consitución para recoñecer a existencia de nacións dentro do Estado español e o conseguinte e necesario avance cara un Estado realmente federal.

    Ao "marxista" Álvaro lembrarlle que seguramente teña DNI e seguramente poña España e seguramente pague impostos a ese Estado. Fanme moita graza os que desde a esquerda española critican os "nacionalismos" desde a súa realidade administrativa e política nacional española, á que non cuestionan.

    ResponderSuprimir
  10. A XAVIER,
    Coido que non teño igualado nada. No “post” só constato que o fenómeno de crer na propia superioridade existe en todos os colectivos nacionais, comarcais ou locais (o grao ou a extensión desa actitude é difícil de evaluar).
    E ao respecto dos suxeitos políticos, os feitos e a evolución da historia teñen demostrado unha e outra vez que tra-la consolidación do Estado moderno os pobos (con ou sen Estado) deixaron de ser suxeitos políticos máis ou menos uniformes. Os suxeitos políticos individuais ou de grupo son moi fortes pero xanon xogan políticamente. Os suxeitos políticos que xogan con forza non son as persoas e moi pouco os pobos; os suxeitos políticos con poder real son os partidos, as clases sociais, as agrupacións baseadas no interese, os sindicatos, as concepcións culturais, as organizacións relixiosas, as asociacións civís… etcétera.
    Desde hai anos e anos e cada vez con maior intensidade e amplitude os individuos se unen por afinidades alleas ao territorio (á terra), e xeneran variados suxeitos políticos, ás veces máis enfrontados na mesma “natio” que entre grupos de orixe similar´pero de territorios diferentes.
    Os galegos -–aínda que poderíamos falar doutras nacións-- non comparten a mesma visión do pasado, do presente e do futuro da colectividade.
    No século XXI e no Occidente, o nacionalismo é por riba de todo un sentimento e unha ferramenta, entre outras cousas porque o nacionalismo está a perder asú influenza como "cdemento" para construir ou reforzar Estados e porque hai tempo deixou de ser unha ideoloxía.
    Tan nacionalistas son os españolistas da Falange como os galeguistas da UPG. Se facemos xuizos de valor diferentes duns e doutros non é porque sexan fillos dunha ou outra “natio”, senón polas súas ideoloxías e polos seus obxectivos sociais, económicos ou culturais. Esas dúas formacións son nacionalistas, ideolóxicamente diferentes, certo, pero nacionalistas ¡as dúas!
    Saúdos.

    ResponderSuprimir
  11. A ANÓNIMO-ÁLVARO,
    Ignoro cuáles fueron los libros que frecuentaste con motivo de tus lecturas marxistas de juventud, pero has olvidado lo que leíste, lo reinterpretas, lo interpretaste erróneamente cuando erasjoven o el "guía" --si lo tuviste-- era poco avezado.
    Economía y lucha de clases están directamente relacionadas, pero los fenómenos y conceptos que mencionas (nacionalismo, religión, etc.) son mucho más complejos de lo que das a entender y no son hijos de los intereses de clase (otra cosa es que sean utilizados, pero sus orígenes y "alimentos" son tan dispares como imposibles de resumir).

    ResponderSuprimir
  12. Estimado Javier

    Pretender convencernos sobre a racionalidade das nosas opcións nacionais é un absurdo de calibre tal como a de intentar convencernos sobre si é máis pracenteiro deleitarnos co color roxo ou o verde ou co azul sobre o amarelo. É unha experiencia subxetiva sobre a que inflúen ingobernables motivacións emocionais ou directamente irracionais.

    Desgraciadamente, o franquismo en primeiro lugar, e certos momentos da gobernanza do PP en segundo, expropiaron toda concepción de España que non fose a de "Una, Grande y Libre". Unha auténtica calamidade. Sen embargo, ese sentimento de Imperial Grandiosidade, dase tamén en certas concepcións nacional-periféricas. Dígame vostede si é así ou non. Está moi ben trazar e despóis cortar unha España distinta. Pero deberá definirse cal é o patrón, porque algúns deles disgústanme por profundamente reaccionarios.

    Dende logo, e considerando a importancia do factor económico neste tipo de reivindicacións políticas, non alcanzo a comprender o beneficio que acadaría Galicia integrándose en tales solucións políticas atopándonos como nos atopamos no extremo pobre da escala española.

    Un saúdo. Álvaro

    ResponderSuprimir
  13. Prezado Álvaro,

    o meu nome é Xavier e non Javier. Non llo tomo a mal nin é unha puntualización carod-rovirista, é simple comentario ante o que entendo un despiste seu.

    Non creo que haxa patrón que cortar, partimos de concepcións radicalmente diferentes. Eu entendo que a miña única nación é a galega, sen que isto impida que poida ser cidadán do Estado español e mesmo sentirme cómodo se este fose, de iure de facto, plurinacional (como é, de facto, plurilingue e pluricultural). Outros pensan -non sei vostede- que a nación é España, e que o que pode haber é un proceso de descentralización administrativa. Como comprenderá, isto non resolve o problema. Reivindicamos soberanía política e dereito democrático a decidir o noso futuro (ollo, que podería ser, se así o decidise a sociedade galega, manter a situación actual. Como ve, nada temos contra os demais, nin queremos victimismos nin discursos esencialistas. Queremos, simplemente, decidir.

    Obviamente a nosa posición hoxe non é maioritaria na sociedade galega, mais traballamos lexitimamente e de forma democrática para que a sexa. Se é así, sexa cando for, que faría o Estado español para impedilo? Que dirían os demócratas españois ao respecto? Pesaría máis a españolidade esencialista ou a libre vontade popular e democrática?

    Fala vostede da cuestión económica. Non se equivoque. Queremos soberanía xustamente para prosperar como sociedade, e temos dereito a elo. Síntoo, mais non lle vou rebater a estas alturas o mito da Galicia subvencionada, unha de tantas falsidades socializadas. Pregúntese onde cotizan as grandes empresas que explotan os recursos pesqueiros, enerxéticos, lácteos, etc do país. Pregúntese por que o interese do BNG -que refrendo totalmente- en facer do concurso eólico un motor no desenvolvemento de grupos conserveiros e lácteos galegos, ou a súa proposta para a fusión das caixas e o mantemento da participación pública nas mesmas. Que ten de malo querer unha economía produtiva, un modelo de desenvolvemento endóxeno, ao servizo do progreso e do benestar do conxunto da sociedade? Por que seguramente lle parece ben para España e o ve con desconfianza para Galiza?

    Por último, aínda que é tamén outra obviedade: o nacionalismo galego quere soberanía para avanzar no benestar. A emancipación nacional e social van parellas no caso galego (non así noutros, é certo) e poñelo en dúbida é descoñecer totalmente a historia do moderno nacionalismo galego, dos anos 60 en diante, e as teorías que o sustentan ideoloxicamente (colonialismo interior, atraso económico de Galicia, etc).

    Polo demais, entendo que a dicotomía entre vontade e natureza non é operativa neste caso. Galiza reune todas as condicións para podermos afirmar que é unha colectividade diferenciada (lingua, cultura, tradicións, costumes, modo de asentamento poboacional, historia, ...), unha nación en si. E iso non impide que, efectivamente, por motivos históricos coñecidos, hoxe en día teña un nivel de autonomía determinado, que moitos aspiramos a aumentar nun proceso de toma de consciencia ata conseguir que, politicamente, sexa tamén de forma maioritaria unha nación para si.

    Teño para min que o modo de incardinación ou non no proxecto estatal non deixará de ser conflitivo mentres non se recoñeza esta condición.

    Saúdos moi cordiais

    ResponderSuprimir
  14. A ÁLVARO E XAVIER,
    Coñecido é que non son políticamente nacionalista; perón, coincido con Xavier en que a miña nacionalidade é a galega (aínda que síntome tamén catalán, pois foi alí onde vivín a infancia e a xuventude, ata os trinta); entanto que a miña cidadanía é a española.
    Cicáis, alguén pense --lexítimamente-- que isa dualidade é transgresora, estrana, ou mesmo unha impostura.
    Sen embargo, ao meu parecer a miña posición é lóxica e "de futuro".
    Un ten a nacionalidade que lle peta, a que elixe, a que desexa ou na que se senta máis cómodo e coase sente máis identificado; sexa por sentimento ou por convición.
    A cidadanía --a pertenza ou adscripción administrativa a un Estado-- é outra cousa, pois está condicionada ou determinada por cuestións xurídicas,sen esquecer o lugar de nacemento.
    No meu caso, asumo a cidadanía española con naturalidade, sen rexeitamento ningún, e góstame formar parte dun Estado-mosaico no que conviven varias nacións e culturas.
    Dito esto, paréceme igual de lexítimo que nas Españas sexan moitos os nacionais cataláns, galegos ou vascos que preferirían non ser cidadáns españois. É lóxico se temos en conta que o Estado español leva moitos anos --¡séculos!-- xerando conflictos identitarios, e polo tanto persoais, aos individuos. Ás veces esa actitude político-administrativa ten base económico, noutras ocasións e porque aínda hai moitos dirixentes políticos e adminitrativos que non asimilaron a esencia do Estado moderno, polo que están a confundir cidadanía con nacionalidade.
    É unha magoa que nun territorio plurinacional, entre os principais responsábeis de facer posíbel a convivencia (políticos, xuíces, funcionarios...) sexan tan numerosos os "alunos" de Fernando VII.
    Ser cidadán do Estado español non é un sentimento nin tampouco unha opción, é un feito administrativo. Entanto que ser nacional galego, castelán, vasco ou catalán é un dereito e unha liberdade do individuo.
    Nengunha lei racional é de impoñer identidades, o Estado establece dereitos e obligacións aos seus cidadáns. Ir máis aló é propio do medievo, de Estados inmaduros ou confesionais, de ditaduras, etcétera... e tamén da incultura política ou da "comodidade".
    Aínda hoxe hai probas dabondo de que a transición española do Antigo Réxime ao Estado Moderno foi un fracaso. E prefiro non falar da transición da ditadura franquista á democracia...

    ResponderSuprimir
  15. A Félix e Xavier (disculpe o despiste anterior)

    Parece evidente que entre os tres hai importantes diferencias. Quizáis máis no caso de Xavier e eu que de Félix, nun punto propio coa súa defensa da cidadanía. Non diría rotundamente que as nosas diferencias señan, digamos, intelectuais. Diría máis ben que as nosas diferencias son de carácter simbólico-emocional. As diferencias intelectuais poden solventarse, xeralmente, con vontade de acordo e tras procesos de concesión mutua. As diferencias emocionais, sen embargo, enquistan as posicións de partida póis nelas interveñen zonas cerebrais que acompañan ao ser humano desde tempos inmemoriais.

    O que non teño nada claro é como deben os políticos administrar as emocións dos cidadáns sin menoscabar a súa liberdade de elección e decisión. Democráticamente, Xavier, vostede e o seu partido, como defensores dun ideario poden levar a cabo certas actividades cun fin moi concreto: aumentar a toma dunha determinada consciencia política ata que alcance o sentir maioritario da poboación. Fíxese que digo “sentir” e non “a razón” maioritaria da poboación, porque o sentir é precisamente a súa parte máis vulnerable. A miña susceptibilidade hacia o nacionalismo periférico é que está, desde o punto de vista da manipulación simbólica, a anos luz da miña sensibilidade. É claramente compartible que certos recursos económicos xeneren riqueza, en primeiro lugar, alí donde son explotados. É claramente compartible a defensa e a promoción da lingua e da cultura consustancial a ela. Son claramente compartibles estas e outras moitas cousas. ¿Porqué entonces a distancia entre nós? . Moi sinxelo, porque aínda que coincidamos en moitas ideas, non compartimos emocións. Porque o feito de que certos recursos non coticen na terra é un problema de eficacia económica non de expolio; que certos sectores políticos non defendan adecuadamente a língua é un problema de incultura e si se quere de escasa cidadanía, non de exterminio dun Pobo; así, máis. A linguaxe, Xavier, a linguaxe; qué magnífica importancia ten para sumar ou restar.

    Evidentemente, o caso vasco tería unha especificade obvia.

    Un saúdo. Álvaro.

    ResponderSuprimir
  16. Prezado Álvaro,

    di vostede:

    "É claramente compartible que certos recursos económicos xeneren riqueza, en primeiro lugar, alí donde son explotados. É claramente compartible a defensa e a promoción da lingua e da cultura consustancial a ela. Son claramente compartibles estas e outras moitas cousas. ¿Porqué entonces a distancia entre nós? . Moi sinxelo, porque aínda que coincidamos en moitas ideas, non compartimos emocións. Porque o feito de que certos recursos non coticen na terra é un problema de eficacia económica non de expolio; que certos sectores políticos non defendan adecuadamente a língua é un problema de incultura e si se quere de escasa cidadanía, non de exterminio dun Pobo; así, máis. A linguaxe, Xavier, a linguaxe; qué magnífica importancia ten para sumar ou restar."

    Concordo na importancia da linguaxe, as palabras son as que conforman o mundo, o xeito no que o vemos. Cada lingua ten unha cosmovisión propia. Mesmamente por iso eu defendo na prática a diversidade lingüística e cultural, ao contrario do que fan PP e PSOE, por poñer un par de exemplos. Tamén por esa importancia da linguaxe non usei os termos que vostede cita: nin expolio, exterminio.

    Repare, contodo, en que se ese proceso se dar, por poñer un caso, entre España e Guinea, Portugal e Angola ou Inglaterra e a India non tería vostede temor a recoñecer unha relación económica inxusta, seguramente. Non estou comparando o caso galego cos anteriores, obviamente, só tento facerlle ver que tampouco no seu caso a linguaxe é inocente.

    Fala vostede do sentimento e da razón, e doulla. O sentimento é unha vía de coñecemento válida, e propia e presente en todos os colectivos humanos. Os lazos non son unicamente racionais, senón tamén afectivos, primarios. Mais isto vale para o caso galego e para o español por igual, coa diferencia de que no noso ese sentimento e esa vontade racional non acadaron forma institucional soberana, e no español si. Iso fai que nós sexamos o termo marcado e o español o termo neutro, normal, "natural". Non me negará, ademais, que os aparatos de reprodución e socialización da ideoloxía dominante española son ben máis poderosos e amplos que os da soberanista galega, empezando polo propio sistema educativo, mediático e político.

    Nada máis, a cousa non dá máis de si. Só agradecerlle a vostede e a Félix a oportunidade de constrastar as nosas opinións deste xeito, civilizado e educado, o que non sempre é sinxelo nin habitual. Seguramente non nos unirá nunca un sentimento nacional compartido, mais poder unirnos -quen sabe- unha futura cidadanía estatal na que todos nos sintamos cómodos e iguais e aprecemos nese feito a principal fortaleza da nosa convivencia.

    ResponderSuprimir
  17. A Xavier

    Se fora sacerdote ou crente, debería rematar cun sinxelo "Amén". Como non o son, remato cun laico "Así seña". Quedo con bon sabor de boca e mantendo o misterio de qué diaños é, nas súas formas máis profundas, eso de o "sentimento nacional".

    Gracias pola atención e a Félix pola posibilidade que nos ofrece co seu blog para este tipo de encontros ou civilizados desencontros.

    Un saúdo cordial. Álvaro

    ResponderSuprimir

NOTA:
ImP no publicará injurias ni difamaciones, ni textos que imputen a una persona delitos penales sin aportar pruebas o mediar sentencia firme.