17 febrero 2011

Egipto: El ejército sigue en el poder y la transición a la democracia sólo es un anhelo

¡Llega la democracia!, proclaman los medios convencionales. No es verdad
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Según la mayoría de los medios de información convencionales, el autócrata egipcio Hosni Mubarak ha abandonado el poder debido a una movilización popular impulsada por jóvenes que se han coordinado vía SMS e internet, y que han contado con el apoyo de las clases medias... ¿?
Pues va a ser que noMubarak ha abandonado el poder obligado por el ejército, que era uno de sus dos pilares básicos; el otro estaba constituido por los gobiernos de Occidente y los grandes consorcios económicos de ámbito transnacional. En rigor, sólo ha cambiado el que da la cara.
Hay dos factores que marcan la necesidad de un Egipto estable y fuerte, siquiera aparentemente: el canal de Suez, que es una infraestructura de altísimo valor económico y geopolítico, y el conflicto árabe-israelí, en el que Egipto y Arabia Saudí juegan un papel pacificador o amortiguador de primer orden.
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Economía congelada, conflictos laborales y fundamentalismo
Mubarak, pues, ha caído porque era lo más conveniente para el ejército, para Occidente y para la propia estabilidad de un país que es capital en el tablero del Oriente Próximo.  
Pero junto a esos motivos, hay otro:
Viñeta capturada en J·R·Mora
Desde hace ya más de un lustro en Egipto se viven fenómenos mucho más determinante que los jóvenes, que los SMS, que internet y que una hipotética y poderosa clase media: la deteriorada situación económica, la creciente conflictividad laboral y el auge del fundamentalismo religioso.  
Hay detalles reveladores, pero curiosamente soslayados: durante el último trienio (2008-2010) las convocatorias de huelga han ido en aumento. El año pasado la cifra de llamamientos al paro exitosos en centros de trabajo de todo tipo superó el medio millar pese a que todos eran no autorizados y de que casi siempre fueron reprimidos con violencia, con un saldo global de decenas de heridos, entre 70 y 125 muertos (según las fuentes), cientos de detenidos y ¡decenas de miles! de trabajadores despedidos.   
Tan generalizado y poderoso es el movimiento huelguístico, que durante el último medio año se han convocado paros en centros de trabajo controlados por el ejército, en la Administración, en el transporte público e incluso en el estratégico canal de Suez. 
En todos los sectores productivos, sin excepción, se han registrado conflictos, no solo porque la legislación laboral y las condiciones de trabajo son draconianas, sino porque la capacidad de compra media de un asalariado egipcio es equiparable a la que tenían los españoles de los años cincuenta o, como mucho, los sesenta. Los trabajadores no están hartos, están desesperados y poco tienen que perder.
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El polvorín es real y el camino a la democracia, sólo mediático
La sociedad egipcia es un polvorín y se han producido estallidos locales o sectoriales cada semana desde hace varios años. Además, desde hace tres meses los precios de las materias primas, incluidos los alimentos, aumentan casi a diario.
Ni la juventud egipcia que dispone de móviles, tabletas y ordenador es tan numerosa ni poderosa como algunos dan a entender, ni existe una clase media suficientemente desarrollada como para provocar la renuncia de Mubarak.
Sin duda, las movilizaciones de los jóvenes y la concentración de varias decenas de miles de acampados en la plaza Tahrir han jugado un papel multiplicador --sobre todo en el extranjero--, pero Mubarak no ha sido invitado a dejar el poder por la movilización de las últimas dos semanas. Quienes afirman esto faltan a la verdad, carecen de información o simplemente difunden o reproducen una falacia para ocultar las causas y razones que han desembocado en la dimisión de Mubarak.  
Dos datos indican que la revolución basada en las nuevas tecnologías y en las clases medias es un invento mediático: El 48 % de egipcios son analfabetos y sólo disponen de acceso a internet 1 de cada 5 ciudadanos; amén de que el teléfono móvil no es, ni mucho menos, un aparato de uso común como en Occidente.
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Analistas que difunden deseos y proyectos ajenos a la realidad  
Pero con ser chocante, la versión europea de lo que ocurre en Egipto no es lo más llamativo del asunto. Lo más sorprendente es la proliferación de observadores y analistas que con argumentos más o menos creíbles insisten en que el ejército facilitará la transición a una democracia parlamentaria equiparable o parecida a las de Occidente. 
Durante decenios, los ciudadanos europeos han sido sistemáticamente engañados respecto de la realidad económica y social de Egipto, así como las de otros países de la región, y ahora nos intentan convencer de que allí las brujas también son las únicas malas, que todos los príncipes tienen los ojos azules y que los piratas son fácilmente identificables por la pata de palo...   

1 comentario:

  1. Comparto la mayor parte de la tesis que defiendes en este post. Y también a mi me preocupa el papel que está desempeñando el ejercito en este movimiento ciudadano. No sería la primera vez que alguien asume el poder de manera temporal y, finalmente, le abandona con su muerte.

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