22 diciembre 2014

El hundimiento de la economía real es el principal motor de Podemos

La opción que lidera Pablo Iglesias nada nuevo aporta a los planteamientos de la
izquierda conocida, pero huele a coche nuevo y tiene frescura «kenedyana»
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Podemos concita mil y una atenciones. Los análisis y las declaraciones de sus dirigentes aportan grandes novedades… ¿Seguro?
Sin ánimo de restar mérito alguno a la irrupción de Pablo Iglesias y de la formación que lidera, todos los planteamientos y las todavía escasas propuestas concretas de gobernación que hasta ahora han formulado él y sus compañeros ya las había escuchado o leído con anterioridad y no ayer ni anteayer, sino desde hace años en boca o en textos de miembros de distintos partidos de la izquierda.
Veamos un ejemplo cogido al albur.
La gallega Carolina Bescansa, que en base a las informaciones difundidas es una de las principales o más fiables portavoces de Podemos en Galicia --o por lo menos la más conocida--, ha participado en un debate abierto en Vigo, durante el que, según refleja la crónica del e-periódico Terc3ra Información, la santiaguesa ha realizado una serie de consideraciones a fin de exponer el análisis que hace Podemos de la coyuntura.
Bescansa explicó que se han caído varios mitos o consensos socio-políticos, dejando al descubierto los graves defectos que acusan la economía, la sociedad y las instituciones, lo que en su conjunto refleja la crisis política y de gestión que pudren España; más exactamente, el régimen del 78:
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Esto mismo, casi palabra por palabra o con otras pero con idénticos significados, lo han manifestado en reiteradas ocasiones, aparte de Izquierda Unida [así como las distintas secciones o variantes de esa formación existentes en varias comunidades autónomas], Anova, AGE, Aralar, Bildu, BNG, Chunta, Compromís, FPG, GBai, Nós-UP, PCE, POR, Sortu, UPG, organizaciones ecologistas, sindicatos, etc.
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Desde hace no menos de cinco años, eso también lo han dicho o escrito decenas de veces miembros de las mismas organizaciones mencionadas para el caso anterior. 
Además, desde hace ya más de un año, también hay militantes y dirigentes del PSOE que --¡por fin!-- admiten que el futuro de los ciudadanos españoles va a peor y los jóvenes, los adolescentes y muy probablemente también los niños actuales tienen peores perspectivas socio-económicas y vitales que sus padres.
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Que la política económica de todos los países de Occidente está totalmente condicionada por instituciones (públicas) y entidades (privadas) de ámbito internacional no sometidas al control de los gobiernos estatales es cosa archisabida y redicha mil y una veces por todos los partidos de izquierda [¡ojo!: subrayo izquierda, lo que excluye a los dirigentes del actual PSOE].
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En este punto y desde una óptica de izquierda, el análisis de Bescansa es "suave", incluso escasamente objetivo, acaso por un sentido errado de respeto al 15-M y porque tiene una visión parcial --a mi parecer-- de la composición social de quienes participaron (participamos) en las manifestaciones.
El 15-M, por mucho que duela reconocerlo, constituyó un movimiento que, aparte de interclasista [lo cual no es negativo per se], era ecléctico y en las acciones había ciudadanos y organizaciones de izquierda, cierto, pero también personas y grupos con posiciones centristas y de centro-derecha e incluso las había de corte nihilista; es más, había quienes acudían para denostar las libertades y la democracia.
En rigor, el 15-M contribuyó en cierto modo al triunfo del PP de Rajoy [¡ojo!: subrayo el verbo contribuir, que no es sinónimo de propiciar, provocar ni procurar]; sin menoscabo de que, evidentemente, esa no era la intención de la mayoría de quienes acudieron (acudimos) a las convocatorias [por cierto, aquel movimiento contó con la participación puntual o constante del 2 % del censo de electores, aproximadamente, o poco más. No obstante, obtuvo una repercusión mucho mayor y creó un estado de opinión que aparte de bondades, lastró el voto del PSOE y de las formaciones de izquierda, pues un sector del 15-M puso especial empeño en pedir el voto en blanco o la abstención].
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Básicamente, de acuerdo [es mi opinión personal, naturalmente], sobre todo en lo tocante a que los nuevos consensos sociales se han alcanzado o se están alcanzando «al margen de la ideología»; de hecho, los especialistas en demoscopia [la buena, no la cocinada] han reseñado que entre los potenciales votantes de Podemos abundan los electores conservadores, incluidos votantes que forman parte del vasto electorado apolítico del PP.
Esa y otras circunstancias obligan a coger con pinzas los resultados que proyectan las encuestas, al igual que siempre, pero en esta ocasión con mayor motivo [además, hay analistas que están infravalorando el voto oculto del PP, que casi siempre es mayor de lo que se pronostica].
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Ignoro si la afirmación de que «se dan las condiciones objetivas para cambiar las cosas» es la fiel reproducción de lo dicho por Bescansa; si es así, Podemos peca de optimista a la hora de interpretar la realidad y la correlación de fuerzas.
Quizá convendría que los dirigentes de la organización frecuentaran cafeterías y centros de trabajo sin identificarse como tales y escucharan conversaciones [probablemente, les sorprenderían los silencios y la abundancia de ciudadanos nihilistas, pasotas o apolíticos, como prefieran denominar a esas y otras actitudes de similar tenor].
La aseveración de que «se dan las condiciones objetivas» para un cambio radical en la composición de las Cortes es optimista e "infantil". La credibilidad de Podemos y su demoscópico triunfo no se deben tanto a los atractivos de esa opción ni a sus propuestas, como a la situación personal que viven millones de ciudadanos.
Si el Gobierno lograra reconducir la economía real antes de los próximos comicios generales [cosa que coincido con numerosos analistas en que es improbable, aunque no imposible], la opción de Podemos flaqueará o detendrá su progresión, al tiempo que recuperarán parte del crédito perdido las consignas del PP y sus mensajes darwinistas [= si usted quiere tener futuro, sea "listo", pragmático y no sueñe].
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Aparte de otros optimismos que sería prolijo comentar; por último, sólo añadiré que la advertencia que lanza Bescansa en este párrafo es un tanto "arrogante", pues todas las organizaciones de la izquierda y los sindicatos sufren agresiones políticas, acusaciones, menosprecios e investigaciones por parte del Gobierno actual, de los lobis económicos y de sus medios afines.
Insisto en que no pretendo descalificar a Podemos, para nada. Creo que a todos o a casi todos los votantes de izquierda les (nos) satisfacen el oxígeno que aporta y el "despertar de conciencias" que ha provocado.
Además, sus didácticas formas y mensajes merecen aplauso.
Sin embargo, sus análisis de la realidad, del sistema económico imperante y del papel que juega la derecha no son originales, por lo que no acierto a comprender las causas por las que sus dirigentes cierran la puerta (o eso parece) a confluir con otras fuerzas de la izquierda.
Quizá acaben (acabemos) lamentando el "optimismo" de sus declaraciones y el mesianismo que en ocasiones ya asoma en las actitudes de algunos de sus portavoces.

7 comentarios:

  1. Yo creo que son varios los "motores" que impulsan a PODEMOS, y no estoy seguro de que el deterioro de la economía sea el principal. Me parece que un motor casi igual de poderoso es la extendida convicción de que los partidos preexistentes ni quieren ni están en condiciones de resolver los problemas, sean económicos o de otra naturaleza. Otro motor importante es el deterioro de la representatividad, la democracia desvirtuada, con la evidente pérdida de libertades impuesta por el régimen, que (des)gobierna desde el incumplimiento sistemático, el fraude y la mentira. Multas, mordazas, persecución del disidente, "toma" de los medios de comunicación para manipular...

    Se ha extendido en gran parte de la sociedad la noción del ABUSO IMPUNE, mediante el cual el ciudadano puede ser robado, privado de un salario digno, expulsado de su vivienda o arrestado prácticamente SIN CONSECUENCIAS y sin que reciba ninguna asistencia. Esta certeza es psicológicamente devastadora y yo creo que actúa como una motivación de gran intensidad. En este sentido, PODEMOS tiene muy poco que ver con los partidos clásicos de izquierdas, salvo en una especie de "programa de mínimos". El propio Pablo Iglesias suele hacer gala de la moderación de su formación, insistiendo en que sólo persiguen logros muy básicos y de sentido común: acabar con los abusos, con el robo de caudales públicos, con los desahucios, con la miseria de las capas sociales desfavorecidas, con la desigualdad extrema, con las limitaciones abusivas de las libertades....

    Lo realmente terrible es que la deriva autoritaria y totalitaria del Estado haya convertido estas simplezas de sentido común, el mero RESPETO AL CIUDADANO, en una peligrosa revolución "comunista-colectivista", "antisistema", "bolivariana" y "extremista". La derecha española es tan ultra, tan agresiva y desaforada, que quiere convertir el simple hecho de ser normales en una amenazadora conmoción.


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    1. Sí, todo eso y más, pero el PRINCIPAL motor (subrayo la palabra PRINCIPAL) es la debacle de la economía real y la consiguiente secuela de miserias sociales; sin esa condición, todas las demás taras tendrían efectos relativos (la capacidad de "tragar" de los ciudadanos españoles todavía es inconmensurable).

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    2. Yo no me atrevería a ser tan categórico. El lumpen, lo más mísero, nunca se caracterizó por su activismo revolucionario, sino por su "desclasamiento" (es presumible que, en gran parte, ni siquiera vote), y tampoco creo que la mayoría de militantes/simpatizantes de PODEMOS esté entre los más afectados por las "miserias sociales". A mí no me parece tan inconcebible que una sociedad libre de "miserias sociales" pueda generar alguna suerte de PODEMOS exclusivamente sobre la base del abuso de poder, las libertades cercenadas, el engaño cotidiano, la corrupción y la burla sistemática a los ciudadanos.

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  2. Creo que la debacle que apuntas es la que acerca a la gente, pero no la que la aferra y mantiene, y, en ese sentido, no sería la principal.

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    1. El grado de cuán aferradas están las gentes o hasta qué punto están dispuestas a provocar vía urnas un cambio radical en las Cortes no se sabrá con certidumbre hasta que voten.
      La esperanza y el compromiso medidos con encuestas no constituyen una certidumbre. ni tampoco un motor.

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  3. Es normal porque la gente se mosquea y termina votando a quien promete el oro. En cualquier caso prefiero esperar unos meses para tener la respuesta.

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    1. Totalmente de acuerdo. Es prematuro llegar a conclusiones.

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