La ambiciosa iniciativa de Reporteros sin Fronteras de clasificar el grado de respeto a la libertad de prensa en el mundo es, de entrada, absolutamente respetable pero a la vez cuestionable, siquiera parcialmente, por tres motivos, amén de por otras causas de menor enjundia.
Primero, los criterios que aplica RSF son contradictorios al entremezclar legalidad y legitimidad;
Segundo, entre esos criterios hay uno que resulta singularmente absurdo, pues RSF penaliza a los poderes públicos de un país, a éste en su conjunto y a sus ciudadanos cuando en ese territorio actúan bandas armadas, criterio que en muchas ocasiones es absurdo e incluso radicalmente injusto --¿acaso el Estado español y los ciudadanos españoles somos corresponsbales de las acciones de ETA?--; y
Tercero, RSF infravalora el principio de laicidad, pues admite la imposición oficial de valores teocráticos al dar por moralmente admisible que los poderes públicos asuman principios o tradiciones religiosas --aunque éstas sean represivas y de probado dogmatismo--. En cierto modo, RSF confunde ética y moral.
Esos y otros criterios condicionan el resultado de las encuestas recabadas por lo autores del informe. Así, por ejemplo, según RSF la libertad de información es más sólida o está más garantizada en Eslovaquia, Letonia, Bosnia, Trinidad y Tobago, Benin, Namibia, Lituania, Corea del Sur y Malí que en España, que ocupa el puesto 41, ¡ex aequo junto a El Salvador!
Otra de las decisions más discutibles consiste en castigar a Dinamarca y a su sociedad civil, clasificando el grado de libertad de información de ese país en el puesto 19 --¡junto a Bosnia y Trinidad y Tobago!-- al considerar negativo que la publicación de las caricaturas de Mahoma obligue a proteger policialmente a los periodistas que fueron amenazados por fundamentalistas islámicos. Es decir, en Dinamarca habría menos libertad de expresión, según RSF, debido a la posibilidad de una agresión fanática que sería objetivamente ajena a los poderes públicos y a la sociedad civil, y pese a que la publicación de las caricaturas del profeta constituyó una demostración --aunque la forma pudiera ser criticable-- de la tolerancia, del acendrado laicismo y de la ausencia de dogmatismos religiosos que caracterizan a la generalidad de los daneses.
En fin, al margen de que el esfuerzo de RSF merezca respeto, convendría relativizar el valor de su dictamen; sin menoscabo de que sirva para tener una visión global del escenario.
Quien acceda al informe de RSF debería leer el texto completo, pues la simple lectura del listado de países y de las puntuaciones que les otorga RSF alimenta la confusión.
[MÁS INFORMACIÓN en RSF]








0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada