30 diciembre 2008

Europa, endomingada, hace política de salón con Gaza

La decisión del Gobierno israelí de emplear el ejército para poner coto al lanzamiento de cohetes por parte de Hamás desde Gaza es el gran foco informativo de estos días. Casi todos los medios han informado (o desinformado) y casi todos los analistas o comentaristas (cobren o no por lo que dicen o escriben) han opinado y, como casi siempre, han satanizado o endiosado.
Hay opinadores que aportan visiones constructivas (escriban o hablen a favor de uno u otro bando enfrentado), pero son más numerosos los que hablan o escriben porque para eso les pagan, para dar lecciones de lo que haga falta, de las subprime y del aborto, de las energías alternativas y del caos birmano...
Dicho esto, hay dos aspectos en los que coinciden por activa o por pasiva casi todos los que escriben o hablan del asunto, del que nunca se sabe lo suficiente como para sentenciar de forma taxativa:
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Dos coincidencias sustanciales
* Primera coincidencia: Casi todos los que opinan sobre el conflicto advierten o reconocen, unos abiertamente y otros implícitamente, que el Gobierno israelí está empeñado en aplicar criterios políticos propios de un idiota perverso, pues su agresividad (¿o es miedo?) sólo sirve para emponzoñar más, si cabe, el contencioso, a la vez que alimenta odios y visceralidades.
* Segunda coincidencia: Prácticamente ningún analista menciona o subraya con adecuada proporción que Hamás es una organización cuyo objetivo es imponer un orden religioso o teocrático, y su única política visible tiene dos patas: guerrear con Israel e imponer la sharia en Gaza... y en el resto del mundo si les dejen. Ni siquiera son ideológicamente nacionalistas, como algunos pretenden presentarlos.
Apoyar sin matices a Hamás o al Gobierno israelí requiere cierta dosis de ignorancia, de embrutecimiento intelectual y de maniqueísmo; sin olvidar el buenismo que tanto ha calado en Europa.
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Vivir para guerrear en defensa de la Verdad
La guerra entre poseedores de la verdad, sean israelíes o palestinos, son viejos y para colmo hay israelíes y árabe-palestinos que a estas alturas difícilmente entenderían la vida sin guerrear contra un enemigo [esta perversión está especialmente extendida entre los fanáticos que tan acertadamente representa Hamás; cuya irracionalidad suicida es similar a la fomentada en otras geografías por fundamentalistas de otras facciones islamistas].
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Las cifras de muertos
Uno de los aspectos que mejor refleja la inutilidad del enésimo debate abierto en Europa a propósito de la nueva batalla que se libra en Oriente Próximo versa sobre el número de muertos causados por el Ejército israelí y por Hamás.
Pese a que esa cifra tiene valor relativo porque está en función de la efectividad de los medios de que disponen unos y otros para matar --si Hamás pudiera hacer más daño, lo haría, ¡sin duda!--, en la culta Europa, que odia tanto y tanto la violencia que se bloquea cuando es obligado tenerla en cuenta, ha sido desempolvado un argumento de párvulos: el Gobierno israelí es doblemente condenable porque el número de muertes causadas por su acción militar es más elevado que el de víctimas causadas por Hamás.
Es decir, la cifra de muertos es lo esencial... ¿?
Algo similar razonan los ideólogos de ciertas corrientes civilizadamente europeas cuando minimizan la gravedad de sus delitos de sangre aludiendo a que más muertes causó el ejército de la reina Victoria en Irlanda o el aparato de represión franquista en Euskadi.
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Si compitieran en dar asco, estarían empatados
Ni Hamás ni el Gobierno israelí tienen la razón, que además no es una ni incontrovertible. Estos días con mayor empeño unos y otros están alimentando el sinsentido y, de paso, reforzando liderazgos domésticos. No vale engañarse: Quienes toman partido de forma radical por unos o por otros contribuyen --voluntaria o involuntariamente-- a perpetuar el inhumano fanatismo de la banda islamista y la deriva de un Estado cuyos principales partidos siguen dirigidos por ciegos que confunden pasado y presente, y militarizan su propio país.
¿Solidaridad con la población civil, incluidos los que creen en una fe destructiva? Sí, sin atisbo de duda, pero en estos casos la solidaridad no debería saber de fronteras y, residan en Gaza o en la periferia de Tel-Aviv, todos los ciudadanos de Israel-Palestina merecen más solidaridad incolora y menos auxilio intelectual a favor del provocador, que es Hamás, sin duda, o del que aplica la máxima de que "no hay mejor defensa que un ataque", sin ponderar los daños.
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La lástima hace mucho daño
¿Es posible apoyar o justificar a Hamás sin cerrar los ojos? ¡No! Apoyar a Hamás es tato o más absurdo que apoyar al Gobierno de Israel [digo Gobierno, no israelíes]. ¿Cómo explicar lo que no se puede explicar en una breve entrada de bitácora? Quizá sirva esto:
Fruto de la generalizada inclinación a sentir lástima por una persona o un colectivo [por ejemplo, la que siente el abogado del banquero por el moroso al que la entidad le embarga su vivienda], son muchos los que apoyan o justifican a Hamás porque en su fuero interno, consciente o inconscientemente, esa banda representa a los débiles, a los parias, a esos dos tercios largos de la humanidad que viven empobrecidos; de modo que Hamás se beneficia de la lástima y del buenismo europeos aunque machaque a la población, aunque la condene a vivir en estado de guerra y aunque imponga una fe medieval radicalmente contraria a los derechos humanos.
¿Y en qué beneficia la lástima a los palestinos? En nada; al revés, los condena más. Eso sí, los que sienten lástima [o sucedáneos de la misma] se creen mejores, sin menoscabo de que muchos de ellos merezcan absoluto respeto como personas pues alimentan un sentimiento tan virtuoso como inútil.
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Vestirse de domingo con las manos recién lavadas
En esta Europa que a la hora de pensar se lava las manos y se viste de domingo, hay actitudes --tambien frente al conflicto del Oriente Próximo-- que permiten comprender porque las dos alternativas electorales más votadas son la izquierda caviar (que no es de izquierdas) y la derecha sabedora de que si dice lo que piensa y hace difícilmente ganaría unas elecciones, por lo que simula ser de centro.
De modo que --sigo resumiendo-- la izquierda caviar asume de pe a pa el judeo-cristiano principio de apoyar al débil, en tanto que la derecha que se disfraza de centrista acaba sincerándose y apoya al fuerte.
Y el debate sigue abierto y sin salida porque, entre otras cosas, la práctica totalidad de los cuadros y dirigentes políticos de Europa no hacen política para Oriente Próximo, sino para la propia Europa.
ENLACES a textos representativos de distintos puntos de vista:
"Con Israel, a lei do funil", por Miguel Boo, en Xornal de Galicia;
"¡Destruyamos el Estado de Israel!", en A SUELDO DE MOSCÚ;
"Agora chorades?", en O RUÍDO DOS DÍAS;
"Anillo Solidario contra la masacre de Gaza", vía LÁPICES PAFRA LA PAZ;
"Hamás erró al convertir Gaza en un fortín para atacar a Israel", por J. F. Dorrego, en EL SEMANAL DIGITAL;
"¿Qué significa desproporcionada?", por André Gluscksmann, en El país.

6 comentarios:

  1. Pues nada, que como siempre cuando termino de leerte me parece que hago las cosas mal. Ya no sé si ha sido correcto clamar por lo que está ocurriendo o es un simple lavado de mi conciencia.

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  2. En primer lugar, es la guerra de un Estado contra un grupo terrorista que amenaza su integridad: no podemos ni debemos situar en el mismo nivel a ambas partes.
    En segundo lugar, entre los gobiernos europeos y EE.UU. hay división de opiniones, unos solicitando a Israel el alto el fuego, y otros solicitando a Hamás el cese del lanzamiento de cohetes, pero por lo menos SE MOJAN E INTENTAN BUSCAR SOLUCIONES; sin embargo, no he escuchado nunca a un gobierno de un país árabe o pro-árabe proponer ni una sola medida real para acabar con este conflicto, sino que sólo saben quemar banderas de EE.UU y amenazar continuamente a Occidente (debe ser que la Alianza de Civilizaciones todavía no se ha puesto en marcha...)

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  3. Josito,
    Sin menoscabo del respeto político e insticional que merece Rodríguez Zapatero --al igual que Rajoy o los dirigentes de otros partidos, a los que ¡ya está bien de arrumbar por arrumbar!--, lo de la alianza de civilizaciones es un brindis al sol.
    En mi opinión, es infantil y patético confudir respeto a otras formas de concebir el mundo y la vida con "aliarse" o mantener cordiales relaciones con todos, sin distinciones.
    Por ejemplo, es absurdo pactar nada que tenga que ver con derechos humanos con los Saúd o con los talibanes, o con los estalinistas que aún pululan en Rusia (ahora cargados de dólares), o con el "rey" de Zimbabue, etcñetera y etcétera.
    Confudir creencias instrumentalizadas --como el islam de los fanáticos o el catolicismo de los integristas-- con formas de civilización es un error, o acaso una perversión o una forma como otra de lavarse las manos y mirar para otro lado.
    Saludos.

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  4. Juan,
    Todos, sin excepción, nos lavamos la conciencia.
    Levantar la voz para reclamar que Israel deje de bombardear Gaza es legítimo, incluso necesario. Lo que personalmente no comprendo o me parece inadecuado es hacerlo sin condenar a los bandoleros religiosos de Hamás. Que haya muchos palestinos que siguen las barbaridades inhumanas de Hamás no acredita que tengan la razón.
    Los alemanes de los años treinta votaron mayoritariamente a Hitler, pero esto no legitima ni humaniza el nazismo.
    Hamás (y los "hamases" que pululan por doquier) constituyen un peligro tan inquietante como el del sector radical del "americanismo" (el de EE UU) más agresivo y militarista.
    La fuerza y la capacidad de hacer daño no se miden sólo por las armas de que dispone el "bárbaro", la economía y las creencias (la religión incluida, así lo demuestra la historia) son o pueden ser armas tanto o más mortíferas y desestabilizadoras.

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  5. Creo que es la primera vez que coincidiendo contigo en lo básico me parece que tu análisis es demasiado pulcro, frío, gélido. Tanto que me inquieta.


    Volveré a leerlo, porque en alguna de tus ajustadas palabras me he perdido. No sólo yo, también los inocentes de Gaza que numéricamente son mayores en este desastre humano.

    Una vez a la semana hablo con Anna, judía y amiga de siempre.
    Una vez a la semana hablo con Nunjia, palestina y amiga de siempre.
    La dos coinciden en condenar la violencia de Hamás y condenar la violencia de un Estado. A mí que me da que el terrorismo de Estado es lo peor que puede haber.
    No sé, debe ser cosa mía.

    Y me niego a que me digan que para condenar una cosa debo condenar doscientas. No, yo condeno un atentado de Hamás y condeno la matanza de Gaza cuando debo hacerlo.



    Un abrazo,

    Marta

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  6. Debemos atacar el problema REAL (La intolerancia de la intolerancia) y no a los bandos, pues al tomar partido somos cómplices de los disparos o de los muertos que se puedan dar luego de nuestro comentario: "Donde no hay coexistencia HAY CODESTRUCCIÓN" Decía Rabindranath Tagoré, premio Nobel de la India. Sean bienllegados a mi rincón:

    target="_blank">Que es la tolerancia social?

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