28 mayo 2009

El denunciado es Garzón, pero no sólo Garzón

Sin duda, Miguel Bernard, ex líder de Fuerza Nueva, alumno de Blas Piñar y actualmente presidente del ¿sindicato? Manos Limpias es el personaje mediático más curioso de la semana tras haber sido admitida a trámite por el Tribunal Supremo la denuncia que ha presentado contra el juez Baltasar Garzón, al que acusa de prevaricación por haber abierto una investigación a fin de saber qué ocurrió con los miles de ciudadanos desaparecidos durante la dictadura franquista.
Manos Limpias considera que Garzón incurrió en prevariación al iniciar ese procedimiento, pues según los denunciantes el juez lo hizo pese a saber que carecía de competencia para ello.
Probablemente sea cierto el argumento que desde círculos de la propia judicatura se han apresurado a difundir, insistiendo en que el Supremo está obligado a admitir a trámite la denuncia. Sin embargo, lo más relevante no es la denuncia ni su admisión a trámite, sino su razón de ser y la intención de Manos Limpias, cuyos dirigentes, en uno de sus delirios moralistas, llegaron a denunciar a Los Lunnis ante el Defensor del Menor.
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Miguel Bernard, en imagen
capturada en Público
El país de los desmemoriados
En España abundan los desmemoriados --amén de los intelectualmente cómodos o cobardes-- y todavía hay decenas de miles de personas para las que es más grave regular la interrupción voluntaria del embarazo que abusar de menores
¿Por qué debería extrañarnos, pues, que una organización de píos ciudadanos considere aberrante que un juez o cualquier otra persona se interese por lo que ocurrió con las personas desaparecidas durante y tras la guerra incivil que en 1936 iniciaron los golpistas del glorioso Movimiento del 18 de Julio?
La denuncia revela que para sus autores lo preocupante y lo escandaloso no es que miles de españoles fueran ejecutados sin juicio y sus cuerpos enterrados clandestinamente o tirados al mar, a un pozo o a una sima; lo realmente inquietante para esos moralistas es que los deudos de los desaparecidos y un juez intenten saber dónde fueron inhumados o destruidos los cadáveres y, gracias ello, se difunda la verdad sobre el franquismo y los franquistas, incluidos --por ejemplo-- los buenos españoles que robaron miles de bebés, los que justificaron esa ignomina y los que sabiendo lo que ocurría callaron... ¡y siguen callando!
El denunciado es Garzón, pero no sólo Garzón.
Más vale dar por cierto que el Supremo estaba obligado a admitir la denuncia a trámite por razones procedimentales... 
Si la denuncia prospera, quedará demostrado ¡sin resquicio de duda! que la transición de la dictadura a la democracia no ha terminado.
TEXTO relacionado: "¿Manos limpias?", en EL CUADERNO DE SARAMAGO.

1 comentario:

  1. La justicia es junto a la iglesia, los últimos latidos del franquismo (y de la pederastia). Cuarenta años después y todavía quieren tener el poder.Esta vez estoy con Garzón y yo también me siento acusado.

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