21 de abril de 2020

El Condado de Ribadeo: Un mercenario bretón, la Casa de Alba y "Los trajes del Rey"

Ayer falleció el fotógrafo ribadense Miguel Díaz Conde con solo 43 años,
que nos regaló su cariño y excelentes imágenes, entre las que figuran 
las que ilustran y dan sentido al libro "Los trajes del rey"

Este post de More Santiago y Félix Soria ha sido insertado en recuerdo y homenaje a Miguel Díaz Conde.
.
Con motivo del 50.º aniversario de la incorporación del Condado de Ribadeo a la Casa de Alba, el 15 de julio de 2007 la librería y centro cultural Casa das Letras abrió al público la exposición Los trajes del Rey (1878-1975), al tiempo que presentaba el libro con el mismo epígrafe. Ni uno ni otra hubieran logrado tan alto grado de calidad sin la profesional pericia de Herminio Martínez y de Miguel Díaz Conde, nuestro querido hermano pequeño Miguelito.
La muestra reunió fotografías a tamaño real de trajes vestidos por los reyes Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I que son propiedad del Condado de Ribadeo en virtud del privilegio dictado en el siglo XIV por Juan II de Castilla, por el que desde entonces el rey permitía que llegado el caso el titular del condado comiera con ellos, en la misma mesa, y que cada año el titular de la monarquía castellana entregara al conde la indumentaria que vistiera el día de la circuncisión de Cristo (hasta mediado el siglo XX, el 1 de enero). El privilegio obedecía al eterno agradecimiento que Juan II profesaba al tercer conde de Ribadeo, Rodrigo de Villandrando,  porque... pero la historia, después.

Alfonso (izq.) y Carlos Martínez de Irujo y 
Fitz-James Stuart, el primero recibió el título
de conde de Ribadeo en 2013 por deseo de su
madre, todavía viva; el segundo, Carlos, es
el actual duque y jefe de la Casa de Alba, 
fue quien en 2007 asistió al 50.º aniversario, en
Ribadeo, en representación de doña Cayetana
Un incendió devoró
todas las prendas
recibidas hasta 1808 

De las mas de cuatrocientas prendas que el condado había recibido a lo largo de más de cinco siglos, en 1957 cuando la Casa de Alba se hizo cargo del legado solo quedaban las libradas por Alfonso XII y Alfonso XIII y una donada por el actual rey hemérito, otro medio ciento de ropajes estaba tan deteriorado que era irrecuperable y la gran mayoría ya había sido devorada en 1808 por las llamas de un incendio habido durante o después --el suceso no está documentado de forma inequívoca-- del asalto de las tropas napoleónicas a la fortaleza aragonesa donde los ropajes habían sido almacenados con escaso cuidado.
En 1957 la duquesa de Alba de Tormes y flamante condesa de Ribadeo ordenó tratar las ropas que restaban para devolverles su antiguo esplendor y guardarlas en condiciones adecuadas en el Palacio de Liria (Madrid).
En los primeros años ochenta, ya instalado en palacio el exjesuita Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate --segundo esposo de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva--, fue habilitada una sala de 150 metros cuadrados con la temperatura controlada donde los trajes fueron colocados en vitrinas manufacturadas a la medida, quedando a la vista cual exposición pese a que la dependencia no estaba incluida en el recorrido de los curiosos, historiadores y amantes del arte que visitan Liria, no en vano para acceder a esa sala es preciso marchar a través de sendos pasillos que circulan por las plantas superiores, desde los que se accede a varios dormitorios y estancias que son de uso estrictamente privado, más a un comedor y a la cocina principal.
También se puede entrar a la sala de los trajes a través del que fue despacho personal del segundo duque consorte, quien curiosamente se procuró un acceso directo. Prerrogativa o acaso simple casualidad de la que Aguirre alardeó amicalmente en conversación con el ribadense Dionisio Gamallo Fierros, polígrafo, irreductible republicano y mordaz polemista al que jamás lograron arredrar ni el erudito exjesuita convertido en aristócrata ni el erudito exministro de Franco y líder de la gran derecha española, el amadrileñado gallego Fraga Iribarne, amigos ambos pese a sus profundas divergencias ideológicas y vitales.

La duquesa de Alba y Jesús Aguirre
contrajeron matrimonio en 1978
Juan Carlos de Borbón
suprimió el privilegio
pocos días después de
asumir la jefatura del Estado

A punto de ser aupado a la jefatura de Estado, cosa que ocurrió el 22 de diciembre de 1975, Juan Carlos de Borbón fue oficialmente emplazado por doña Cayetana a que ya como rey y jefe de Estado cumpliera con el privilegio sine die que Juan II otorgó al tercer conde de Ribadeo y, por tanto, hiciera entrega del uniforme que luciera el día de la circuncisión de Jesucristo, que hasta 1960 se celebraba el 1 de enero y actualmente el 6, día de la Epifanía del Señor, coincidiendo con la Pascual Militar.
En principio, el Borbón intentó obviar la demanda pero la insistencia de la jefa de la Casa de Alba y condesa de Ribadeo, que era la aristócrata europea poseedora de más títulos y dignidades, unido al elevado peso que tenía doña Cayetana en círculos nobiliarios y elitistas de medio mundo, acabó por convencer al Borbón de que lo más procedente era satisfacer a la nobleza; no obstante, el monarca tampoco quería conceder una victoria absoluta, de manera que al mismo tiempo que comunicaba la aceptación de la demanda informó de que suprimía el privilegio, entregando como postrer regalo el traje de capitán general utilizado cuando juró ser fiel a las leyes del Movimiento Nacional para ser nombrado jefe de Estado a título de rey por el pleno de los procuradores en Cortes.

[La decisión de suprimir el privilegio del Condado de Ribadeo es una más de las adoptadas por Juan Carlos de Borbón que desde un punto de vista jurídico bien se puede calificar de alegal y acaso de ilegal porque su padre, Juan de Borbón, renunció a reclamar sus derechos como aspirante al trono --insisto en subrayar que solo renunció a eso: a reclamar, a nada más-- para no dificultar el acceso de su hijo a la jefatura del Estado.
Don Juan fue el jefe de la Casa Real y dueño de todos sus derechos y prerrogativas --que incluyen la administración y buen orden de la nobleza, nombramientos, privilegios y sus revocaciones-- hasta el 14 de mayo de 1977, solo entonces en una ceremonia reservada cedió la jefatura de la Casa Real y los derechos dinásticos a su hijo; por lo que en rigor la supresión del privilegio concedido por Juan II de Castilla es nula o cuanto menos, se trata de otra singular irregularidad a sumar al dislate nobiliario y monárquico creado por el franquismo con la complicidad y/o gracias a la pasividad de Juan Carlos de Borbón… es más, ¡incluso el general Franco creó y otorgó títulos nobiliarios!]
 
Hasta 2007 solo habían tenido acceso a la colección de los trajes reales del Condado de Ribadeo la familia y personas próximas a los Alba, pero a petición de la periodista ribadense More Santiago, en abril de ese año y a través de la secretaria personal de la duquesa, la Casa de Alba autorizó a un equipo de Casa das Letras para acceder a la zona privada del Palacio de Liria a fin de conocer y fotografiar las vestimentas, así como para recabar información sobre el pasado del Condado de Ribadeo [los componentes del equipo de Casa das Letras figuran en la foto al pie del post]
.
Los avatares del condado,
que se extendía desde el Masma hasta el Navia,
reflejan la azarosa y violenta consolidación del Reino de Castilla

El libro Los trajes del Rey relata el nacimiento y avatares del señorío ribadense y las tribulaciones de sus titulares, que influyeron notablemente en la vida de las gentes y en el devenir político-administrativo del territorio que media entre las desembocaduras de los ríos Masma y Navia.
La creación del condado, otorgado a un mercenario extranjero que combatió como oficial en una guerra entre hermanos para dilucidar quien se ceñía una corona cuyos dominios abarcaban gran parte de la mitad occidental de la Peninsula, refleja la violenta consolidación del Reino de Castilla, prueba de ello es que en el siglo XIV la nobleza ya llevaba tres centurias dedicada a dos interminables guerras civiles en territorio de Hispania, una entre hipano-católicos y la otra contra hispano-musulmanes.
Antes de entrar en el pasado de las tierras del oriente mariñano y del hoy occidente astur, con el fin de contextualizar y conocer la monarquía que impuso un señorío en la costa galaico-astur, es conveniente saber siquiera a vuela pluma como evolucionaron los poderes existentes en el cuadrante noroeste de la Península [ver ilustración que sigue].


Una decisión del 5.º conde de Ribadeo 
propició que la comarca de Eo-Navia
dejara de formar parte de Galicia

El condado marcó las vidas de cuantos residieron en su ámbito porque, entre otras cosas, hasta 1816 los titulares del condado cobraron anual y puntualmente las rentas que llevaba aparejadas el título y, además, una decisión del conde de Ribadeo causó que en el siglo XVI Galicia perdiera de facto la comarca que media entre los ríos Eo y Navia, que acabó formado parte de Asturias, trabajo y cambio medio hecho por el conde y que remató la curia ovetense.
El origen del condado tiene mucho significado, no en vano fue otorgado para pagar el buen uso de la violencia.
Todo empezó en el siglo XIV, cuando Pedro I, hijo legítimo de Alfonso XI de Castilla, vio contestados sus derechos a la Corona de Castilla [que ya  había engullido al de León y con este a los extintos de Asturias y Galicia] por el cuarto de los diez hijos bastardos que concibió la amante de su padre, la cortesana Leonor Núñez de Guzmán y Ponce de León.
Alfonso XI murió de forma repentina, durante la epidemia de peste que azotó a las tropas que operaban en el Campo de Gibraltar, donde el rey dirigía una expedición para impedir que un ejército yihadista cruzara el Estrecho para apoyar al Reino Nazarí de Granada.
El desembarco de las tropas islámicas fracasó, pero esa es otra historia. El caso es que la inesperada muerte de Alfonso XI fue aprovechada por su esposa, María de Portugal, para expulsar de la corte a Leonor y a sus hijos, que abandonaron el Alcázar de Sevilla, donde radicaba la corte en aquellos años.
Una vez coronado, Pedro I desoyó las recomendaciones de su madre y envió recado a Leonor para que compareciera ante él, en Sevilla, donde pactaron que ella y sus hijos regresarían a la corte a cambio de aceptar sin reservas la legitimidad del nuevo rey. El gesto fue inútil, pues Leonor siguió alimentando su ambición.
Uno de los hijos de Leonor, Enrique, apellidado Trastámara porque el conde de ese señorío le había ahijado, asumió los deseos de su madre y en aplicación de un detallado plan para ganar apoyos políticos matrimonió con Juana Manuel de Villena, hija de don Juan Manuel de Villena, adelantado mayor de Murcia, el más influyente de los nobles de la corte de Alfonso XI y más conocido por su faceta de escritor con el nombre de Infante don Juan Manuel.

Pedro I, estatua datada en 1504,
depositada en el Museo
Arqueológico Nacional
El alias de Pedro I, el Cruel,
está justificado

Enrique, que una vez muerto su padrino heredó el señorío de Trastámara, se levantó en armas en Asturias, desde donde partió para recorrer el norte de Castilla a fin de recabar apoyos contra Pedro I.
La reacción del monarca fue inmediata y tras varios intentos frustrados de apresar a su hermanastro, hizo prender a la madre, Leonor, encarcelada en el Alcázar de Talavera y poco después, ejecutada por orden de la viuda del rey Alfonso XI y madre y maestra de Pedro I el Cruel.
El rey perpetró similares atrocidades para castigar a cuantos nobles apoyaron al pretendiente, por lo que fue apodado y pasó a la historia como prototipo de crueldad coronada.
El levantamiento de Enrique de Trastámara derivó en una guerra civil, aunque de baja intensidad, que coincidió en el tiempo con la Guerra de los Cien Años, que enfrentaba entre sí a los pretendientes de la corona de Francia y a este país con Inglaterra, así como a católicos contra protestantes en toda Europa; conflicto que además fue alimentado por el Papa por motivos para nada evangélicos.
Enrique de Trastámara se puso al servicio del rey de Francia y poco después también del monarca de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, aliado del francés y que mantenía pleitos fronterizos con el de Castilla en tierras de las actuales provincias de Álava, Logroño, Soria y Cuenca.
Enrique de Trastámara sumó sus tropas a las del monarca aragonés para contribuir a la derrota de su hermanastro y apoderarse de la corona castellana.
La guerra fue larga y aunque las batallas en campo abierto fueron esporádicas, miles de campesinos se arruinaron y la hambruna asoló decenas de villas, pues entre los mercenarios y los caballeros de uno y otro bando eran mayoría los que se dedicaban al saqueo.
En la batalla de Nájera (1360) el Trastámara cayó herido y fue apresado pero sus captores no lo identificaron, por lo que fue liberado y huyó a Francia, donde con el apoyo del rey galo reunió otro ejército para, primero, luchar contra los anglonormandos y, más tarde, en 1363, cruzar los Pirineos y luchar otra vez al lado del rey aragonés, que seguía en guerra contra el Cruel. 

Derrota, exilio y regreso de Pedro I

En 1365, Pedro I creyó disponer de tropas suficientes para adoptar una estrategia más agresiva e invadió tierras aragonesas, donde fue derrotado. El Cruel se vio obligado a huir a Francia para salvar la vida, donde se puso al servicio de los anglonormandos y de los ingleses, enfrentados al monarca francés y, por extensión, al de Aragón.
Con Pedro I en el exilio y superadas las renuencias de algunos cortesanos, pocos, Enrique de Trastámara fue coronado rey en 1366.
Mientras tanto, el destronado se había granjeado la amistad personal de Edward de Woodstock, príncipe de Gales, y gracias a tan poderoso aliado Pedro I regresó a la Península al frente de un contingente de anglosajones, anglonormandos y --en gran medida debido a la sorpresa-- derrotó al confiado Trastámara, cuyo ejército fue desarbolado curiosamente también en Nájera, lo que obligó a Enrique a exiliarse de nuevo en Francia. 

Detalle del cuadro Virgen de Tobed con los 
donantes, en el que figura Enrique II,
su esposa (ambos en la foto) y dos de
sus hijos. Oleo expuesto en
el Museo del Prado
El triunfo de los mercenarios
del señor de Trastámara 

Durante los meses siguientes y gracias a la financiación que le prestó el rey franco Carlos V el Sabio, Enrique II logró reunir el que fue considerado uno de los más poderosos ejércitos de la época, no tanto por el número de combatientes como porque la mayoría de ellos eran experimentados mercenarios.
Los guerreros contratados invadieron Castilla con el apoyo del ejército aragonés y a causa de las atrocidades de El Cruel, los invasores contaron con el respaldo de numerosas partidas armadas y costeadas por nobles castellanos que estaban hartos del despotismo de Pedro I.
El que sería el último rey de la dinastía de Borgoña cayó derrotado en 1369, en la batalla de Montiel, donde fue apresado, encadenado y horas después llevado a presencia de Enrique II, que con sus propias manos mató a su hermanastro de una puñalada en el corazón, emulando la crueldad de Pedro I para vengar los viles asesinatos de su madre y de una docena de señores aliados de la causa del Trastámara. 

El primer conde de Ribadeo:
Pierre de Villaines (Pero Villán) 

¿Qué tiene que ver todo esto con el Condado de Ribadeo? Mucho, pues en esa guerra intestina entre el hijo y el hijastro de Alfonso XI participó de forma destacada el primer titular del señorío ribadense, el bretón Pierre le Bègue de Villaines.

[INCISO: El noble bretón y tercer señor de Villaines es identificado en casi todos los libros de Historia de Bretaña y de Francia con el apodo de "le Bègue" (el tartamudo) porque así fue conocido por sus coetáneos y así figura en varios textos de aquella época.
Lógicamente, tanto él como los escribanos castellano-leoneses que redactaron el título, derechos fiscales y privilegios concedidos por Juan II, o las actas de las Cortes y demás documentos evitaban dejar constancia de ese defecto en el habla de don Pero Villán o Vilaines, los nombres castellanizados que fueron utilizados en casi todos los escritos]
  
Los mercenarios que sirvieron al Trastámara --la mayoría de origen franco, normando o bretón-- eran comandados por el mariscal Bertrand du Guesclin, que llegó a ser condestable de Francia (responsable de la justicia militar) por ser uno de los más destacados militares partidarios de la causa francesa en la Guerra de los Cien Años, aunque no tanto por lealtad patriótica como porque se dedicaba a organizar ejércitos.
Este tipo de empresas --los ejércitos de mercenarios-- rentaron elevados beneficios durante el largo conflicto entre anglófilos y francófilos, entre protestantes y católicos, amén de que los empresarios siguieron poniendo sus huestes al servicio de señores dispuestos a pagar por los servicios de una mesnada de mercenarios --como así hizo el Trastámara.
De hecho, la mayoría de las contrataciones que atendían señores de la guerra como Du Guesclin eran de enjundia menor que la guerra anglo-francesa o la lid por la corona de Castilla, pues obedecían a la llamada de un aristócrata que hacía frente a una revuelta campesina, o un conde u otro noble que proyectaba agredir al señorío vecino para apoderarse de parte o de todos sus dominios, o bien era el noble agredido que precisaba mercenarios para defender su feodum y demás bienes.
Los episodios de violencia regular de carácter privado eran habituales durante la Edad Media.
Entre los lugartenientes de Du Guesclin --para quien se creó el Ducado de Soria como premio por su apoyo al Trastámara-- había un oficial originario de la localidad bretona de Beaucé que destacó por su arrojo y pericia con las armas: el futuro conde ribadense, Pierre de Villaines.
Los mercenarios que invadieron Castilla lo hicieron por dinero pero las riquezas del Trastámara eran parcas, de modo que el futuro Enrique II de Castilla se comprometió a que una vez coronado pagaría otorgando títulos y derechos recaudatorios a los oficiales del mariscal Du Guesclin. 
Ahí radica el motivo por el que un oficial de mercenarios bretón fue el primer conde de Ribadeo y su jefe, un mariscal francés, el primer duque de Soria. 
Pierre de Villaines, que recaló varias veces en la costa cantábrica pero sin que haya quedado expresa constancia documental, participó en varias sesiones de las Cortes castellanas, tal como consta en media docena de actas en las que figura identificado como titular del señorío ribadense con el nombre y el apellido castellanizados: Pero Villán --si bien en otros dos documentos también redactados en castellano figura con su apellido original mal escrito: Vilaines.

López de Ávalos pagó 
cien mil maravedíes por el título   

El primer conde de Ribadeo vivió en distintas localidades de Castilla durante un cuarto de siglo y ya casi sesentón decidió regresar a su patria. Sabedor de que si abandonaba la Península dejaría de recibir las rentas ribadenses, el bretón decidió vender sus señoríos al mejor postor, que resultó ser Ruy López de Ávalos, condestable de Castilla y adelantado mayor de Murcia (territorio de la casi recién cristianizada taifa del mismo nombre) y señor de Arenas de San Pedro, que abonó al vendedor cien mil maravedíes, pago del que existe prueba documental
Juan II, retrato imaginario al óleo
de Francisco Prats y Velasco,
datado en 1848 y expuesto
en el Museo del Prado
Las referencias disponibles indican que el segundo conde de Ribadeo, don Ruy, era hombre refinado y católico devoto pero también, intrigante empedernido y terriblemente autoritario con sus servidores.
Esto último le costó caro. López de Ávalos fue acusado por uno de sus empleados de conspirar contra el joven rey Juan II, que recibió una carta anónima alertando al monarca de que el conde hacía negocios secretos y pretendía perjudicar e incluso derrocar al monarca con el apoyo del Reino Nazarí de Granada.
Juan II no esperó confirmación del complot y tras leer la carta retiró todas las dignidades al condestable, incluido el título de la villa mariñana, que pasó a manos de la Corona.
Este proceso fue posteriormente revisado y se descubrió que el contenido de la carta era en gran medida una calumnia que formaba parte de la venganza de al menos uno de los escribanos que habían servido a don Ruy. Pese a ello, el rey se negó a rectificar su decisión y López de Ávalos murió solo, empobrecido y extrañado en València.

El tercer conde: 
Rodrigo de Villandrando

Tres años después de morir López de Ávalos y con afán recaudatorio, Juan II puso a la venta el condado. Varios fueron los pretendientes y exactamente el 22 de diciembre de 1431 en ceremonia celebrada en Zamora, Juan II firmó el contrato nombrando al que sería el tercer conde de Ribadeo: el jefe de otra mesnada de mercenarios, estos hispanos, llamado Rodrigo de Villandrando [nacido según unos en Ourense --dato no documentado-- y según otros en Valladolid, que es lo más creíble porque su padre residía en esta ciudad].
No se sabe cuánto pagó pero sí está probado que en la elección del de Villandrando pesó sobremanera ser un profesional de las armas que había prestado valiosos servicios al rey castellano, pues incluso le salvó la vida en un encuentro con musulmanes en Toledo, amén de tener buenas relaciones y amigos en la corte.
En la concesión del título al de Villandrando también influyó que contaba con excelentes aliados en Francia, donde había luchado --cobrando, lógicamente-- en dos campañas contra los anglonormandos, integrado como oficial en el ejército que lideró Juana de Arco.
El nuevo conde matrimonió con Margarita, hija de un compañero de armas francés, el duque Jean de Bourbon, pero la joven falleció poco después de parir un niño, que fue bautizado con el patronímico Charles.

La venta de la mitad oriental
de la comarca eonaviega  

El tercer conde ribadense se casó nuevamente, esta vez con Beatriz, hija de Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva y virrey del Perú, y esta segunda esposa concibió dos hijos: María y Pedro.
El primogénito del conde, Charles de Villandrando y Bourbon, heredó parte de los bienes y privilegios que esa rama de los borbones poseía en Francia, adonde se mudó definitivamente; en tanto que el señorío de Ribadeo fue reservado para el benjamín, Pedro, pero su temprana muerte propició que el cuarto titular del condado fuera una mujer: María de Villandrando y López de Zúñiga, que se emparejó con un miembro de la Casa de Sarmiento.
Tras el aventurero mercenario bretón, el desgraciado López de Ávalos, el mercenario castellano y la hija del virrey del Perú, de los siguientes condes de Ribadeo el que más méritos hizo para ser destacado en la historia de las gentes que residían en Ribadeo, Castropol, los Ozcos, la Pobra de Navia y Vilayón --esa era la circunscripción del señorío-- es Diego Sarmiento y Villandrando, que decidió vender sus derechos sobre las fincas y propiedades adscritas a la Pobra de Navia y las entonces muy codiciadas tierras de Vilayón [o Vilallón].

El avispado obispo de Oviedo arrebató
a su colega de Mondoñedo el Occidente astur

El conde alcanzó un acuerdo de compraventa con el asturleonés Lope Ruiz Ron, vecino adinerado de Ibias [el actual municipio de Ibias abarca todo el rincón suroccidental de Asturias, linda con A Fonsagrada (Galicia) y Al Fabeiru (Fabero, León)]; sin embargo, las gentes de Navia y Vilayón consideraron que la operación perjudicaba sus intereses y, asesorados por Juan Alonso de Navia, titular del Mayorazgo de Anleo [pasado glorioso del que solo queda el castillo, semiderruido y actualmente en obras  de rehabilitación] presentaron un alegato ante el titular de la corona de Castilla, el todopoderoso Carlos I de España y V de Alemania.

[INCISO: España como unidad jurídico-política no existió hasta 1715, ver mapa al pie de este post y/o leer los titulados: "Los avatares de la Marca Hispánica..." y "...300 años reinterpretando la guerra entre los Bourbon y los Habsburg"]

Pulsar sobre la ilustración para ampliarla
Pasaron varios años y con fecha 18 de mayo de 1550 y en Aranda de Duero, Carlos I suscribió un edicto autorizando la venta de los derechos fiscales de la zona más oriental del condado, las tierras de la Pobra de Navia y Vilayón, pero con una condición: los compradores debían residir en el territorio, lo que descartaba a quien pujó desde Ibias y al resto de forasteros.
El dictamen del monarca incluso fijó el precio: 8.217 ducados y 4 reales.
El pago se hizo efectivo y el cambio de titularidad entró en vigor 16 meses después, en el otoño de 1551.
Las consecuencias de esa venta fueron profundas en términos político-administrativos, pues la enajenación de los derechos del condado de Ribadeo sobre la mitad de la comarca eonaviega fue tenida en cuenta con motivo de los pleitos territoriales y económicos que durante decenios enfrentaron a los obispados de Mondoñedo y Oviedo.
La curia astur aprovechó la nueva situación para incorporar a su diócesis no solo las parroquias enajenadas sino todas las que median entre los ríos Eo y Navia.
Al margen de las consecuencias de ámbito mayor, el señorío compartido por vecinos de tierras de la Pobra de Navia y Vilayón fue breve. Los copropietarios de los derechos fueron incapaces de ponerse de acuerdo a la hora de repartir fincas, caseríos y otras propiedades. Los pleitos se agravaron hasta el extremo de que se produjeron varios enfrentamientos violentos en los que se registraron muertos y varias decenas de heridos.

[NOTA: Las tierras de Pobra de Navia y de Vilayón no incluían las del otrora poderoso señorío de Castropol ni los entonces casi despoblados Ozcos… ¡grande fue la habilidad del Obispado de Oviedo para incluir en su diócesis todas las parroquias situadas al este del río Eo!; sin descartar que el Obispado de Mondoñedo cayera en la desidia o bien renunciara a seguir pleiteando por esa zona de su "demarcación espiritual"] 

La Chancillería de Valladolid zanjó el pleito
en nombre del Reino de Castilla  

Finalmente, en 1608 (¡ya en el siglo XVII!), después de tres generaciones de trifulcas y con parte del patrimonio del señorío de la mitad oriental de Eo-Navia destruido, malvendido o abandonado, la Real Chancillería de Valladolid, actuando en nombre del Reino de Castilla anuló todas las ventas, arriendos, traspasos realizados y el patrimonio y los derechos del tercio (aprox.) oriental del condado fueron rescatados por la Corona, circunstancia que reforzó las pretensiones del obispado oventense, que logró cerrar su ofensiva logrando que todas las parroquias situadas al oriente del Eo fueran incorporadas a la diócesis de Oviedo, factor que cuando se establecieron las provincias determinó que toda la comarca eonaviega fuera acomodada dentro de Asturias pese a que sus vecinos se regían por los usos y costumbres (leyes civiles) gallegas y la inmensa mayoría de ellos eran galegofalantes
Hoy el condado es un episodio pretérito y su valor, exclusivamente histórico.
La dignidad otorgada por Juan II de Castilla hace más de seis siglos pertenece desde hace ya 64 años a la Casa de Alba debido a que la 25.ª condesa de Ribadeo, Rosario de Silva y de Gurtubay, se casó en 1920 con el 17.º duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, que fueron los padres de la 26.ª condesa de Ribadeo, Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, que en 1957 reclamó y obtuvo para sí y para la Casa de Alba el condado para en 2013 transferirlo a su hijo, el 27.º conde de Ribadeo, Alfonso Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, hermano de Carlos, el actual duque y jefe de la Casa de Alba, que fue quien presidió la inauguración de la exposición celebrada durante el verando de 2007 en Casa das Letras sobre la colección de los trajes de reyes que constituye la única propiedad tangible del condado, prendas que están depositadas en el Palacio de Liria, sede de la Casa de Alba.

Los autorizados a acceder a las dependencias del Palacio de Liria para fotografiar y estudiar 
los trajes y conocer el pasado del condado fueron Miguel Díaz Conde, Félix Soria, 
Andrés López-Santos, More Santiago y Ana Martinez, que no figura en la foto y
en la actualidad ya es exconcejal del Ayuntamiento de Ribadeo. La foto
 fue tomada durante la estancia del duque de Huéscar en la villa.

Mapa político-administrativo de la Península en 1715

Así era el mapa de la futura España cuando se rindió Palma de Mallorca, la última plaza que conservaban los austracistas (Casa de Hasburg o de Austria), finalizando así la guerra de sucesión iniciada en 1701. 
El vencedor, Felipe V, el primer rey de la Casa de Bourbon en la Península, acometió la ejecución del último de los Decretos de Nueva Planta, suprimiendo la Casa de Aragón y sus cuatro monarquías, procediendo a la fundación de la unidad jurídica del Reino de España.
Previamente, el Reino de Castilla ya había fagotizado --por orden cronológico-- los reinos gallego, astur-leonés (o de Léon), nazarí (de Granada) y navarro, convirtiéndolos en provincias o territorios vasallos:
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

NOTA: ImP no publica injurias ni imputaciones de faltas o delitos sin aportar pruebas ni referencias judiciales o sentencia.
Sólo serán publicados los anónimos que a criterio del administrador sean de interés.