El despliegue de buques de guerra organizado por la Unión Europea (UE) en el Índico noroeste, en torno a la ruta que conduce al mar Rojo y al canal de Suez, “no es para proteger a la flota pesquera” que faena en la zona situada al sur del área sometida a vigilancia. Este sustancial detalle ha sido reiteradamente advertido por los ministerios de Defensa de todos los países participantes en la Operación Atalanta desde el primer momento de ponerla en marcha.
El objetivo de ese dispositivo es garantizar la llegada de ayuda humanitaria a Somalia y, en la medida de lo posible, también evitar ataques contra el tránsito de las decenas de mercantes y petroleros que cada día transitan hacia o desde el mar Rojo.
De modo que el área más rica en túnidos, sobre todo la situada frente al centro y a la mitad sur de la costa somalí, es territorio tan abierto como desprotegido.
Los responsables del atunero Alakrana (armador, patrón, capitán) decidieron faenar en esa vasta zona --oficialmente catalogada de “alto riesgo”-- pese a las advertencias que recibieron aconsejándoles que renunciaran a ello porque las posibilidades de ser atacados por alguna de las bandas de piratas somalíes eran “muy elevadas”.
Tal como era de temer, el Alakrana fue secuestrado, al igual que varias decenas de embarcaciones de muy variados pabellones... ¡Pero ha sido atacado en aguas internacionales!, se apresuró a precisar la empresa armadora. Detalle este que es irrelevante --salvo para esconder, quizá, que faenaba en una zona no autorizada o no regulada por el pacto pesquero internacional que rige en el Índico--.
Evidentemente, los piratas obvian justificar sus delitos aludiendo a cuestiones jurisdiccionales. Sin embargo, inmediatamente, ¿por casualidad?, una pléyade de ignorantes o de manipuladores insistieron en ese aspecto: ¡El Alakrana ha sido secuestrado en aguas internacionales!, ¿y qué?...
¿A qué obedecía esa inane cantinela? Con ese alegato y otros que eran tanto o más burdos se lanzaban dos mensajes de hondo calado: Que la pesca industrial de altura que practican los países industrializados en aguas del Tercer Mundo es ética y legítima, y que esas factorías flotantes deben ser protegidas por buques de guerra.
Prescindiendo del primer asunto --en el que hay mucha tela que cortar--, la demanda de seguridad armada y costeada por los Estados es una burla a la inteligencia.
Sin que sea preciso tener una idea exacta de las dimensiones de las que se está hablando, el más bobo o inculto de los humanos de tierra adentro entiende, a poco informado que esté, que es materialmente imposible proteger barcos --sean pesqueros o cruceros de placer-- en una superficie que abarca, aproximadamente, tres millones de kilómetros cuadrados (seis veces España).
Ninguna Marina de guerra europea, ni siquiera la británica, podría garantizar al 100% esa misión aunque desplazara a la zona a todas sus fragatas, acorazados... ¡Salvo que movilizara un mínimo de tres portaviones que mantuvieran permanentemente en el aire una docena de cazas, como mínimo, en sucesivos turnos!
El mar de Somalia no es el de la isla de Perejil
Para garantizar la actividad de los atuneros que faenan en esa zona sólo hay dos alternativas: Desplegar una nutrida fuerza aereo-naval compuesta por efectivos comparables a los empleados por EE UU cuando invadió Irak, o bien crear una fuerza expedicionaria de tamaño menor pero más ágil que se adentre y permanezca en aguas jurisdiccionales de Somalia para controlar las entradas y salidas de los principales puertos del país.
[Existe una tercera opción, la que el Gobierno español tiene intención de proponer formalmente a sus socios de la UE: Costear y formar un servicio de guardacostas somalí que vigile a los somalíes... La intención es buena (mejor dicho, buenista), pero confiar en que es posible construir y mantener un depósito de agua limpia en un Estado sediento, sin aparato de Justicia y sin estructura es perder el tiempo y tirar dinero público]
La primera opción mencionada, desplegar una fuerza aéreo-naval, es económicamene un dislate; y mantener buques de guerra operando én aguas somalíes, frente a los puertos de ese país, requiere el aval o mandato de Naciones Unidas, so pena de que se decida obrar al estilo Bush y quebrar la legalidad internacional, lo que podría acarrear consecuencias indeseables (incluidas venganzas en territorio europeo, pues la única fuerza política de Somalia con peso social e incluso militar es islamista y, ¡ojo!, mantiene probadas relaciones con organizaciones yihadistas de ámbito trasnacional).
En términos generales, ese es el escenario en el que se producen episodios como el del Alakrana. Obviamente, a ningún gobierno ni a ningún partido político europeo sensato se le ha ocurrido exigir despligues bélicos propios de una invasión, entre otras cosas porque económicamente sería un despropósito mayúsculo. Bueno, esto último no es del todo exacto, pues sí hay una organización política europea que reclama medidas tan extremas como onerosas: El Partido Popular de España.
Digan lo que digan el ¿líder? del PP y sus asesores en asuntos marítimo-pesqueros, la única manera racional de reducir al mínimo las posibilidades de secuestro o ataque en aquella zona consiste en que los armadores, patrones y capitanes de los buques sean menos irresponsables y codiciosos que los del Alakrana.
El asunto tiene más facetas, pero ciñéndose al asunto de la seguridad --que es lo único que preocupa a según quienes-- convendría decir menos tonterías y mirar la realidad de frente.
COMPLEMENTO: El PP pedirá la reprobación de Caamaño, Chacón y De la Vega por el caso Alakrana, en tanto que el pleno consistorial de Ferrol, los ujieres del Tribunal Supremo, los guardias civiles de la provincia de Cuenca y los bomberos de Santander no serán, de momento... Eso sí, quedan al margen de toda sospecha e investigación los responsables del atunero y el Gobierno de Somalia.
OTRAS OPINIONES en la Blogosfera, en la selección elaborada por RADIOCABLE,
"Piratas y estupideces", en CLUB LOREM IPSUM, y
"El otro secuestro del Alakrana", en PERIODISTAS21.
"Piratas y estupideces", en CLUB LOREM IPSUM, y
"El otro secuestro del Alakrana", en PERIODISTAS21.
CON ANTERIORIDAD, en ImP: "Liberado el Alakrana, ahora sí toca pedir responsabilidades".
DE INTERÉS: Entrevista a Peter Hudson, comandante jefe de la Operación Atalanta, en Deia.
0 Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
NOTA:
ImP no publicará injurias ni difamaciones, ni textos que imputen a una persona delitos penales sin aportar pruebas o mediar sentencia firme.