18 noviembre 2009

¿Cómo garantizar la seguridad de los atuneros en el Índico?

El despliegue de buques de guerra organizado por la Unión Europea (UE) en el Índico noroeste, en torno a la ruta que conduce al mar Rojo y al canal de Suez, «no es para proteger a la flota pesquera» que faena en la zona situada al sur del área sometida a vigilancia. Este sustancial detalle ha sido reiteradamente advertido por los ministerios de Defensa de todos los países participantes en la Operación Atalanta desde el primer momento de ponerla en marcha.
El objetivo de ese dispositivo es garantizar la llegada de ayuda humanitaria a Somalia y, en la medida de lo posible, también evitar ataques contra el tránsito de las decenas de mercantes y petroleros que cada día transitan hacia o desde el mar Rojo.
De modo que el área más rica en túnidos, sobre todo la situada frente a la costa del no-Estado somalí, es territorio tan abierto como desprotegido.
Los responsables del atunero Alakrana (armador, patrón y capitán) decidieron faenar en una zona que está oficialmente catalogada de alto riesgo, y lo hicieron a pesar de las reiteradas advertencias que recibieron todos los armadores y sus representantes, instándoles a que renunciaran a pescar en esa vasta superficie porque las posibilidades de ser atacados impunemente por alguna de las bandas de piratas somalíes eran muy elevadas.
Tal como era de temer y de esperar, el Alakrana fue secuestrado, al igual que otras embarcaciones de distintos tamaños y portando pabellones, desde yates hasta buques portacontenedores.
¡Pero ha sido atacado en aguas internacionales!, se apresuró a precisar la empresa armadora. Detalle este que es irrelevante --salvo para esconder que faenaba en una zona desaconsejada y/o no regulada por el pacto pesquero internacional que rige para la pesca en el Índico.
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La cantinela de las aguas internacionales
Evidentemente, los piratas obvian justificar sus delitos aludiendo a cuestiones jurisdiccionales. Sin embargo, inmediatamente, ¿por casualidad?, voces ignorantes o manipuladoras insistieron en ese aspecto: ¡El Alakrana ha sido secuestrado en aguas internacionales!, ¿y qué?...
¿A qué obedecía esa inane cantinela? Con ese alegato y otros que eran tanto o más burdos se lanzaban dos mensajes de hondo calado: Que la pesca industrial de altura que practican los países industrializados en aguas internacionales y de países del Tercer Mundo es ética y legítima, y que esas factorías flotantes deberían ser protegidas por buques de guerra.
Prescindiendo del primer asunto --en el que hay mucha tela que cortar--, la demanda de seguridad armada y costeada por los Estados es una burla a la inteligencia.
Sin que sea preciso tener una idea exacta de las dimensiones de las que se está hablando, el más bobo o inculto de los humanos de tierra adentro entiende, a poco informado que esté, que es materialmente imposible proteger barcos --sean pesqueros o cruceros de placer-- en una superficie que abarca, aproximadamente, tres millones de kilómetros cuadrados (seis veces España).
Ninguna Marina de guerra europea podría garantizar al 100 % esa misión aunque desplazara a la zona a 20 o 30 buques de guerra... ¡Salvo que movilizara un mínimo de tres portaviones que mantuvieran permanentemente en el aire una treintena de aeronaves, ¡como mínimo!
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El mar de Somalia no es el de la isla de Perejil
Para garantizar la actividad de los atuneros que faenan en esa zona por la vía militar sólo hay dos alternativas reales:
* Desplegar una nutrida fuerza aereo-naval compuesta por efectivos comparables a los empleados por EE UU para mantener la paz en Irak (mioles de hombres y decenas de buques y aeronaves), o
* Crear una fuerza expedicionaria de tamaño menor pero más ágil que se adentre y permanezca en aguas jurisdiccionales de Somalia para controlar los movimientos de las embarcaciones y las entradas y salidas de los puertos del país.
[Existe una tercera opción, la que el Gobierno español tiene intención de proponer formalmente a sus socios de la UE: Costear y formar un servicio de guardacostas somalí... La intención es buena, pero confiar en que es posible construir y mantener un depósito de agua limpia en un Estado sediento, trufado de corrupción, con el poder dividido en varias instancias regionales, sin aparato administrativo ni de Justicia es perder el tiempo]
La primera opción mencionada, desplegar una fuerza aéreo-naval, es económicamene un dislate; y mantener buques de guerra operando en aguas somalíes, con base en el país y que patrulle las aguas jurisdiccionales requiere el aval o mandato de Naciones Unidas, so pena de que se decida obrar al estilo Bush, quebrando la legalidad internacional, lo que podría acarrear consecuencias indeseables (incluidas venganzas en territorio europeo, pues la única fuerza política de Somalia con peso social y militar ciertos es islamista y, ¡ojo!, mantiene probadas relaciones con organizaciones yihadistas de ámbito trasnacional).
En términos generales, ese es el escenario en el que se producen episodios como el del Alakrana.
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En Europa sólo hay un partido favorable a declarar la guerra
Obviamente, a ningún gobierno ni a ningún partido político europeo sensato se le ha ocurrido exigir despliegues bélicos propios de una semi-invasión, entre otras cosas porque económicamente sería un despropósito mayúsculo y para colmo el problema se agravaría.
Bueno, no es del todo exacto que no haya ningún partido europeo defendiendo esa posibilidad, pues sí hay una organización política, una, que reclama la ¿solución? bélica: el Partido Popular de España.
Digan lo que digan el líder del PP y sus sagaces asesores en asuntos marítimo-pesqueros y de seguridad, la única manera racional de reducir al mínimo las posibilidades de secuestro y los ataques a pesqueros en aquella zona consiste en que los armadores, patrones y capitanes de buques sean menos irresponsables y codiciosos que los del Alakrana.
El asunto tiene más facetas, pero ciñéndose al asunto de la seguridad --que es lo único que preocupa a según quienes-- convendría decir menos tonterías, atemperar la testiculitis y el populismo.
COMPLEMENTO:
El PP pedirá la reprobación de Caamaño, Chacón y De la Vega por el caso Alakrana, en tanto que el pleno consistorial de Ferrol, los ujieres del Tribunal Supremo, los guardias civiles de la provincia de Cuenca y los bomberos de Santander no serán, de momento... Eso sí, quedan al margen de toda sospecha e investigación los responsables del atunero y el Gobierno de Somalia.
OTRAS OPINIONES en la Blogosfera, en la selección elaborada por RADIOCABLE,   
"Piratas y estupideces", en CLUB LOREM IPSUM, y
"El otro secuestro del Alakrana", en PERIODISTAS21.

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