El Instituto Galego de Estatística (IGE) ha elaborado una proyección de la demografía gallega que, en línea con lo que ya alertó el Instituto Nacional de Estadística (INE), indica que el número de residentes en Galicia seguirá descendiendo en los próximos años y que, salvo que se ponga remedio de forma urgente, a medios de este siglo la población gallega será de 1,7 millones de habitantes; es decir, un millón menos que en la actualidad (2,7 millones).
Esas son las cifras de la proyección pesimista, según el IGE, pues los expertos estiman que la proyección más realista es la que prevé un descenso de 300.000 habitantes durante los próximos 40 años, de modo que en el 2051 Galicia sumará los mismos habitantes que cuando acabó la guerra civil (1939).
[Ver el reportaje que publica hoy La voz de Galicia: "Galicia perderá un millón de habitantes hasta el 2051, si no detiene la sangría"]
A esa debacle cuantitativa hay que sumar la piramidal, pues el porcentaje de personas mayores seguirá aumentando, además de prolongarse en el tiempo la pérdida de varones y mujeres jóvenes (en edad productiva). Dicho de otro modo, cada vez menos población activa y más pensionistas.
Desde hace ya más de dos decenios, la demografía gallega acusa crecientes y graves desequilibrios. Sin embargo, el Estado (Administraciones públicas central, autonómica y locales) siguen mirando para otro lado y, entre otras distracciones, centran la atención y las inversiones (¡dispendios!) en construir la Cidade da Cultura; disponer de un segundo puerto exterior en la costa ártabra (rías de A Coruña-Ares-Ferrol) cuyo grado de utilización previsible a fecha de hoy indica que será deficitario e inamortizable; crear una red ferroviaria de ¿alta velocidad? que carecerá de clientela suficiente y que acarreará más gastos inútiles (otra cosa sería construir un AVE que uniera Galicia con la Meseta y punto); se siguen construyendo viviendas (sólo en la ciudad de A Coruña hay, según las fuentes, entre 17.000 y 22.000 en desuso); se asfaltan más y más paseos marítimos; se subvencionan actividades económicas que carecen de futuro y que ya hoy apenas emplean trabajadores residentes en Galicia (por ejemplo, pesca extractiva de altura); se suceden los alardes festivo-gastronómicos subsidiados; se mantienen tres estructuras universitarias públicas (con ratios en numerosas aulas de un profesor para dos o tres alumnos); se costean tres aeropuertos a una distancia uno de otro de 60 kilómetros, además de subvencionar líneas aéreas de bajo coste cuyos pasajes están formados en un 98% por personas que van o vienen de vacaciones, sin que por sus cuantías tengan efectos notorios en la economía (es decir, se subvencionan las vacaciones); el aparato de la Administración pública está sobredimensionado y es exageradamente oneroso, etcétera, etcétera y etcétera...
Actividades con futuro, pero infravaloradas
Mientras tanto, el eclecticismo, las pugnas partidarias estériles, la rapiña y en ocasiones el abandono caracterizan actividades económicas con indudable futuro, como son la agricultura (la excepción positiva es la viticultura), la ganadería, el lacteo, el forestal, la pizarra, el granito, el marisqueo, la acuicultura, el naval, la producción de energía eólica, etcétera; sin olvidar la racanería o la improvisación con las que se atienden las tecnologías de la comunicación, la investigación, la formación profesional, el equilibrio medioambiental, la ordenación racional del territorio, la enseñanza pública primaria y secundaria, la sanidad, el transporte público (sobre todo las cercanías de la red ferroviaria y el tramo de vía estrecha Ferrol-Ribadeo), etcétera; aspectos que son fundamentales para crear un futuro cierto y, sobre todo, creíble.
El desastre poblacional --¡y humano!-- no se evita follando más y teniendo más hijos --como algunos simplistas dicen o insinúan--, sino creando las condiciones para que la población actual y los potenciales inmigrantes tenga la sensación de que hay futuro porque hay empleo y servicios cotidianos de mínima calidad, ¡requisito imprescindible que desde hace ya años y años es una entelequia!
Los más de 10.000 gallegos de entre 18 y 35 años que cada año emigran tienen motivos para hacerlo, y los motivos son prácticamente siempre de orden económico o laboral.
CON ANTERIORIDAD, en ImP:
"Demografía: Los datos justifican que suene la alarma", y
"La realidad no tiene enmienda, Galicia se suicida".
"Demografía: Los datos justifican que suene la alarma", y
"La realidad no tiene enmienda, Galicia se suicida".
Moi bo artigo.
ResponderSuprimirUnha síntesis perfecta do que estamos vivindo.
A mais da crise que afonda en España. Por pouco que mellore na UE, vai arrastrar moita xente a marchar. Persoalmente non me desagrada que meu fillo ( na fin dos estudos ) marche. A calidade de vida e desenrolo profesional é moito mellor en centroeuropa, por non falar de salarios/costes.
Estráñanme tan poucos comentarios.
Xesús
Magnífico artículo. Por eso algunos pensamos que las 17 autonomías aumentan las diferencias entre regiones dentro de españa, y que eso no es bueno. Por eso sería interesante volver a unificar, a centralizar, por ejemplo la sanidad y la educación.
ResponderSuprimirY me encanta que digas que prefieres el AVE a la meseta antes que las redes interiores gallegas (que también son importantes, claro): he oido varias veces a los del Bloque afirmar que a ellos no les gusta ni les importa el AVE a la mesesta: los nacionalistas quieren fomentar el aislamiento, aunque eso nos empobrezca. Un saludo.
¿Qué voy a decir ya que no hayamos hablado tantas veces? Pero tranquilo, seguiremos hablando y debatiendo inútilmente sobre el modelo lingüístico diglósico, que no bilingüe, durante décadas, e invitando a churrascadas a os nosos vellos en lugar de llevarlos de viaje a Suiza para que vean cómo viven sus colegas agricultores. Apertas y a pedir a los inmigrantes que no nos abandonen.
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