Homenaje a los hermanos Grimm, en Hanau (Alemania)
Durante las jornadas precedentes e inmediatemente posteriores a la cumbre del G-20 celebrada en Londres, varios líderes políticos europeos han aplaudido y apoyado las tesis del gabinete de Barack Obama en materia económica.
Pasan los días y la obamania sigue creciendo, tal como ha quedado demostrado en la reunión de la Alianza de las Civilizaciones celebrada en Estambul el pasado fin de semana.
Pero, ¿qué propugna el equipo de Obama para que EE UU salga de la crisis financiera?, ¿hay, como afirman políticos y analistas sistémicos, un cambio radical respecto a las políticas neocon que se pusieron en marcha en los años ochenta (Reagan-Thatcher) y que se siguieron aplicando y mejorando sin trabas durante los noventa con la bendición incluida de progresistas (¡¿?!) como Clinton y Blair?
En una demostración de simplismo y obamanía, Rodríguez Zapatero ha llegado a calificar a Obama de "socialdemócrata".
En los tres departamentos institucionales de EE UU dedicados a los asuntos económicos (Secretaria del Tesoro, Reserva Federal y la SEC, servicio equivalente a la CNMV española) siguen trabajando la mayoría de los altos cargos de la etapa Bush y, además, han regresado algunos de los que fueron alguien durante los ocho años de la Administración Clinton; por ejemplo, Lawrence Summers, que en los años noventa fue uno de los artífices de la destrucción parcial o total de lo poco que quedaba de los sistemas de control y regulación de los mercados financieros, desmantelamiento que se inició bajo la presidencia de Ronald Reagan.
Ahora, con el adulado Obama al frente, los summers regresan a la Casa Blanca para desdecirse de lo que dijeron y, en teoría, reconstruir parte --¡sólo parte!-- de lo que destruyeron en los noventa.
Para cuentos, los hermanos Grimm o Calleja
No, Obama no es socialdemócrata, para nada. Evidentemente, tampoco es un neocon al estilo de George W. Bush. En asuntos económicos, Obama está actuando como un político centrista, escorado en todo caso a la derecha, que trata de poner coto a las perversiones. Ni más, ni menos.
El equipo de Obama está corrigiendo necedades y abusos a base de inyectar cantidades ingentes de dinero público y, al mismo tiempo, ocultando de forma premeditada las responsabilidades políticas y acaso penales de quienes alentaron y permitieron enriquecimientos para los que se utilizaron métodos que sólo son posibles en un sistema en el que la especulación es más valiosa que el trabajo y la corrupción, norma (los reguladores miraban para otro lado). Males estos que cultivaban y practicaban con descarada impunidad la mayoría de los cuadros bancarios y financieros, conformando una red de corte mafioso (incluida la omertá siciliana, el silencio cómplice).
El descaro ha sido y es pan de cada día
Noam Chomsky, uno de los pensadores norteamericanos que han denunciado con más claridad y contundencia las aberraciones de la Casa Blanca, ha comentado recientemente que “cuando la Associated Press envió a periodistas a entrevistar a los administradores bancarios y a los gestores de inversiones, preguntándoles qué habían hecho con el dinero del TARP [Troubled Assets Relief Program: plan de rescate financiero de la Administración Bush para reducir los riesgos que corrían los tenedores de activos tóxicos], ellos se limitaron a reír y dijeron No es de su interés. Somos empresas privadas. La tarea del sector público es financiarnos, no saber lo que estamos haciendo. Pero el Gobierno podría averiguarlo --sigue Chomsky-- haciéndose cargo del control de los bancos que han quebrado”; pues, tal como ha recordado Chomsky, la Administración es de facto propietaria de varias grandes corporaciones tras haber adquirirdo la mayoría de sus acciones para evitar su quiebra y, con ello, un crac en Wall Street similar al de 1929.
La Casa Blanca nunca se pegará un tiro en el pie
Pero la Administración Bush renunció a controlar las entidades financieras adquiridas y los responsables del equipo económico de Obama, también.
Calificar a Obama de socialdemócrata es una chiquillada, por no emplear un calificativo más riguroso y menos benigno.
Desde un punto de vista socialdemócrata, sin necesidad de recurrir a visiones más crudas de la realidad económica, el programa económico que el gabinete Obama aplica en EE UU y que pretende imponer en Europa --cosa que en parte ha conseguido-- es perfectamente identificable por dos acciones que a su vez son objetivos fundamentales:
Primero, reflotar con dinero público las entidades hundidas por los especuladores, ventajistas y ladrones, y
Segundo, lavar la cara a las instituciones encargadas del control bancario y financiero (la SEC y la Reserva Federal) y, en paralelo, imponer ligeras reformas en el Fondo Monetario Internacional.
A mayores, EE UU ya ha hecho saber a los gobiernos de los paraísos fiscales que pueden jugar con las entidades y con los países que se lo permitan pero si Washington está interesado en controlar ciertas operaciones y a ciertas personas o entidades, deberán colaborar [la poderosa Union de banque Suisse (UBS), así como los jueces y el gobierno helvéticos ya se han dado por enterados y están colaborando desde hace varios meses con Washigton para cazar a los evasores y especuladores que dañen a la economía de EE UU o a relevantes personas físicas y jurídicas estadounidenses].
La política económica del gabinete de Obama no es la propia de la socialdemocracia. En todo caso, es nacionalismo estadounidense de calidad, unido a una necesaria corrección táctica (viajando hacia el centro ideológico) cuyo fin es corregir y tapar los excesos de los neocon.
Obama y sus asesores son, en todo caso, políticos hábiles e inteligentes, mas de socialdemócratas tienen lo que yo de cardenal, ayatolá, lama o ilusionista, con perdon de Tamarit y el Mago Antón.