16 octubre 2006

El ex ministro de Franco sigue dando lecciones

A los líderes de la extrema derecha españolista --que es el sector del PP que hoy controla este partido-- les extraña que haya ciudadanos dispuestos a abuchear a quienes firmaron penas de muerte, caso de Manuel Fraga Iribarne.
Así ha ocurrido con motivo de la comparecencia del presidente fundador del Partido Popular (PP) en la Universidad de Granada, donde el ex ministro del general Franco fue recibido con manifiesta inquina.
¿Acaso un ex ministro de Stalin sería bien recibido en las universidades de Kiev, San Petersburgo o Ashgabat?, ¿alguien concibe que el conde Ciano, mano derecha de Musolini, fuera aplaudido hoy en las universidades de Milán, Turín o Roma?
Los derechistas exigen peras al olmo.
Fraga, años sesenta
En Granada, Fraga se ha pronunciado con relación a la reforma de los estatutos de autonomía precisando que “respetaré las decisiones que adopte mi partido”, pronunciamiento discreto y propio de un político que, al margen de su pasado, ha dado siempre muestra de su visión de Estado. Lástima que a renglón seguido asomara el Fraga autoritario y faltón, que calificó de cretinos a quienes cuestionan «el concepto de España»¿a qué España se refiere Fraga?, ¿a la España nacional-católica por obligación, o a la España real y plural?, ¿o acaso la única España posible es la que él concibe?
Tan valiente como siempre, Fraga sigue confundiendo Estado con nación, y en Granada ha insistido en atizar fuegos: «Jugar con el concepto de nación es muy peligroso». Cierto, pero para los derechistas las únicas apelaciones al concepto de nación que son peligrosas son las que se hacen desde Cataluña, Galicia y el País Vasco.
Dispuesto como siempre a pronunciarse sobre lo que sabe, sobre lo que ignora y sobre lo que prefiere ignorar, Fraga también ha comentado que «sin una buena juventud, España no tendrá futuro»; pero no precisó qué entiende él por “buena juventud”.
Ministro de Franco, ministro de Arias Navarro y presidente de la Xunta de Galicia durante dieciséis años, Fraga es inocente de todo cuanto ha ocurrido y ocurre en España, esa España que él concibe como un territoro uniforme (¿y uniformado?) que debería ser gobernado por otro caudillo.
Los abucheos --¡no hubo agresión física de ningun tipo!-- con los que un nutrido grupo de estudiantes recibió a Fraga pueden ser calificados de acto de mal gusto por el escenario en el que se produjeron, pero nada más. Calificar esa acción como una manifestación de intolerancia es a todas luces excesivo.
Que un ex ministro de Stalin, Hitler, Mussolini, Hiro Hito, Somoza, Videla o Franco sea abucheado es perfectamente lógico, incluso previsible y democráticamente sano en un país...  ¡democrático!

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