19 octubre 2006

ETA: tomar la iniciativa o sentarse a esperar

En ocasiones es preciso tomar decisiones, por difíciles que sean y, en definitiva, optar. Sucesivos gobiernos españoles y democráticos de distinto signo (con presidentes de UCD, PSOE y PP) han ido aplazando, voluntaria o involuntariamente, la búsqueda de una salida al callejón ETA. 
Desde 1978, año en que fue refrendada la Constitución, sólo ha habido tres intentos políticamente serios de habilitar salidas al callejón:
La pimera tentativa la pilotó Felipe González, en las llamadas conversaciones de Árgel. La iniciativa fracasó porque, resumiendo, el sector duro de ETA --que justo en esa época y no por casualidad recobró su viejo poderío-- ganó la partida a los activistas partidarios de enfundar las pistolas que lideraba Txomin, episodio que costó la vida a Yoyes.
El segundo intento lo dirigió Aznar López y se inició en noviembre de 1998, cuando dos representantes del Gobierno se reunieron en al menos dos ocasiones con emisarios de la organización armada. También fracasó, aunque en este caso nunca se han sabido a ciencia cierta porque cayó el telón tan abrupta como silenciosamente.
Y actualmente, de la mano de Rodríguez Zapatero, se esboza en el horizonte una tercera oportunidad. Esta vez con la ventaja de que ETA ha suspendido su actividad armada.
En este escenario, mientras el Gobierno espera a que ETA dé pruebas inequívocas de que renuncia definitivamente a las armas, el PP exige al Gobierno que paralice todo hasta que ETA se rinda... ¿?
Llegados a este punto, la pregunta es igual de simple: ¿Qué hacer para acabar de una vez por todas con ETA, que se ha revelado como una de las más envenenadas y duraderas de las herencias franquistas?
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