22 enero 2007

Alcorcón, ¿otro caso aislado o el enésimo aviso?

La delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Soledad Mestre, y el alcalde de Alcorcón, Enrique Cascallana, deben padecer algún tipo de síndrome socio-político. Sólo así se entendería que Mestre niegue la existencia de bandas (o grupos más o menos organizados) en la localidad madrileña, donde se han vivido graves altercados callejeros y concentraciones de jóvenes (hasta 500) convocados de forma premeditada.
Que el alcalde pronuncie la palabra «calma» cada dos frases es indicativo de que la situación es preocupante.
Digan lo que digan una y otro, todas las informaciones publicadas por la prensa --conclusión a la que ha llegado quien esto escribe tras consultar 20 periódicos-- coinciden en que entre los vecinos de Alcorcón la sensación más común es de intranquilidad.
«Los jóvenes no nos juntamos ni para pedir piso. Imagina lo que ha tenido que pasar para que quinientos nos hayamos echado a la calle», declaró un joven a un periodista de 20minutos. Y otro añadió: «Si la Policía hubiese hecho algo esto no ocurriría. Hemos decidido tomarnos la justicia por nuestra mano». Huelgan comentarios.
Mestre ha negado con injustificada rotundidad que en Alcorcón haya racismo. Bueno, racismo puro y duro quizá no haya; pero xenofobia (rechazo al forastero o extranjero, no a una etnia) sí hay. En mayor o menor medida, la xenofobia está presente en todas partes, otra cosa es que se exteriorice. No hay evidencias de que la xenofobia sea el único móvil, pero si hay indicios de su presencia, aunque sea circunstancial y secundaria.
En todo caso, en los altercados hay otros componentes y uno de ellos está presente en toda España: un alto porcentaje de jóvenes se sienten inútiles y no saben dónde van, ni para qué, ni cómo, ni por qué…   El botellón, el hedonismo y otros fenómenos son tapones; pero el nihilismo, el pasotismo y otras actitudes de similar tenor tienen los días contados y los tapones saltarán por los aires. Habrá más alcorcones. De hecho ya los hay de vez en cuando, aquí, allá y acullá.
¿Se habrán enterado Mestre y Cascallana de lo ocurrido hace unos meses en París?
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La imagen demuestra que no eran cuatro gatos

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