17 octubre 2007

Mayor Oreja, su "desmemoria" es el huevo de la serpiente

«¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo
muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad?»
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Uno desearía atemperar ciertos recuerdos y, al mismo tiempo, que el inolvidable dolor físico o moral que vivieron (vivimos) millones de ciudadanos españoles durante demasiados años fuera paliado con la dignidad de saber que ¡todos! lamentamos en mayor o menor medida los males vividos, al margen de personalismos y opiniones.
Sin embargo, hay quienes dicen cosas como esta: «¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad?» Son palabras del ex ministro y hoy eurodiputado Jaime Mayor Oreja, militante del Partido Popular (PP). Para contestar a ese y a otros comentarios basta con recordar que, por ejemplo...
* Las mujeres no podían abrir cuentas bancarias ni disponer de pasaporte sin permiso del padre, tutor o marido.
* Para matricular a un hijo en un colegio público había que presentar, aunque no siempre, un certificado de buena conducta, lo que implicaba no tener enemigos personales entre los franquistas que controlaban el barrio, el pueblo o el municipio.
* En numerosas ocasiones el acceso a una vivienda de protección oficial se conseguía a base de recomendación o de sometimiento laboral, económico, sexual...
* Con el apoyo expreso de las autoridades y bajo coacción se organizaban recaudaciones voluntarias de dinero para honrar a tal o cual mandamás (así consiguió la familia Franco el Pazo de Meirás).
* Las fuerzas de seguridad del Estado podían detener a cualquier ciudadano como sospechoso (o simplemente por haber sido acusado por un hombre de bien) y mantenerlo en calabozos durante días y más días.
* Había numerosos funcionarios de Justicia que participaban en las mafias de subasteros, que empleando ardides de todo tipo se repartían a bajo precio bienes embargados con el consiguiente perjuicio a personas y colectivos.
* Las licencias de importación (amén de adjudicaciones de todo tipo) se concedían discrecionalmente y sólo había un requisito imprescindible: ser franquista o amigo personal de un cargo público con poder o influencia... o bien garantizar una comisión a "alguien".
* Los niños que accedían a un colegio de pago gracias a una beca eran discriminados e incluso obligados legalmente a realizar trabajos (servir las mesas del comedor, recoger el material deportivo, barrer y fregar aulas…)
* Miles de jóvenes fueron utilizados durante el servicio militar como criados de oficiales y jefes militares.
* Ingentes cantidades de material e incluso inmuebles de las empresas y servicios públicos, más los de todas las compañías controladas por el INI o dependientes de otros organismos del Estado (Renfe, Feve, Telefónica, Bazán, Campsa, Tabacalera, Iberia, TVE, RNE, etcétera) fueran utilizados o robados en beneficio de particulares franquistas o amigos del régimen.
* Miles de funcionarios públicos adscritos al Movimiento, falangistas y personas del régimen obtuvieron vivienda o disfrutaron de casas de vacaciones con cargo al erario.
Más un larguísimo etcétera de casos y situaciones.
El robo de bienes públicos o su aprovechamiento privado eran norma
Mayor Oreja tiene razón: Fueron muchas las ventajas de las que disfrutaron esas familias que según él vivieron durante el franquismo con «naturalidad y normalidad».  
Uno desearía atemperar ciertos recuerdos…
Para contestar a las ignominias de Mayor Oreja no es preciso referirse a los muertos y heridos durante la guerra civil provocada por el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, basta con recordar los asesinados, encarcelados, extrañados, arruinados y represaliados por el Gobierno franquista una vez finalizada la guerra civil y hasta el último día del régimen.
La simple vida cotidiana de la inmensa mayoría de los españoles estuvo marcada durante el período 1939-75 por el embrutecimiento, la iniquidad, las discriminaciones sistemáticas y para redondear: la corrupción no era un problema porque el régimen era la corrupción.
Uno desearía atemperar ciertos recuerdos, pero tipos como Mayor Oreja obligan a recordar que miles de delitos (desde homicidios hasta apropiaciones) cometidos por franquistas después de la guerra han quedado impunes.  
Ahora, tres decenios después, cuando nos limitamos a atemperar el dolor de ciertos recuerdos, Mayor Oreja dice lo que dice sin sonrojarse.
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NOTA:
Me he limitado a recordar algunos aspectos de la vida cotidiana durante el franquismo que he conocido y vivido personalmente.
ENLACE a la entrevista en la que Mayor Oreja hace esas declaraciones, en La voz de Galicia.

7 comentarios:

  1. Supongo que tendrás que prestarme una silla y convidarme a un trago dado que estoy en tu blog más que en el mío, pero allá vamos.

    Gente como jaime mayor oreja (y sigo con las minúsculas) son parte de toda sociedad y es de lamentar que algunos, como él, lleguen a ocupar puestos de relevancia pero así es la democracia que permite hablar a los que se oponen al contrario que los regímenes del tipo franquista.

    El intríngulis que veo en este punto es que en España, al momento del alzamiento de Franco, existía la democracia y seguramente Franco, a la hora de asumir su cargo, había jurado defender la constitución de aquel entonces como se hace en todos los países del mundo.

    Digamos que al igual que Pinochet, la junta militar argentina del 76 y muchos más, Franco no cumplió su juramento y atacó y destruyó lo que había jurado defender. Esto cimenta a su gobierno (dictadura o tiranía o como sea que lo llamen) sobre bases ilegítimas desde su principio.

    A todo esto debemos agregar que el que una persona que defienda a un gobierno que se basó en principios ilegales para conseguir el poder se llame demócrata resulta sorprendente y resulta aún más sorprendente que esa persona ocupe un cargo de responsabilidad democrática que no es moco e'pavo. Sin embargo, así están las cosas y todos somos testigos de las dimensiones conventillescas a las que están llegando ciertos representantes políticos sin que les tiemble el pulso a la hora de firmar como gente honorable.

    Supongo que piensan más en el juicio de la historia, que presuponen escribirán ellos al pensar que serán los vencedores, que en el juicio de las personas con memoria que aún habitan en ese lugar donde con tanta naturalidad y normalidad se fusilaba o condenaba al aislamiento a quien pensaba diferente.

    Un abrazo.

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  2. ¿Donde está Garzón?, ¿podrían constituir estas declaraciones una apologia del terrorismo (de estado)?.

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  3. En mi opinión, afirmar que el presidente de Gobierno ha creado una UTE de empresas con ETA es delito, pero Mayor juega con que está aforado y con que los tribunales, al parecer, evitan esos farragosos procedimientos...

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  4. yo de verdad, es que cuando leo cosas como estas me enervo. pero no podíamos aprender del resto de países con dictaduras, que miran a su pasado tras condenarlo con total normalidad? a qué estamos jugando aquí? a arañar votos de extrema derecha?

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  5. Poco a poco se van quitando la careta.Cada vez con menos desvergüenza. Y eso es lo que tenemos. No sé si indignarme .... más. Y nadie dice nada, todo es normal.

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  6. He leído tu artículo más los dos que recomiendas y el de los niños robados es algo que aparte de angustiarme me ha dado mucha vergüenza y mucha ira. Me averguenza la pregunta que te hice la primera vez que leí tu blog, no espero que lo recuerdes pero te pregunté, "Todos tuvieron muertos, ambos lados tuvieron muertos" refiriéndome a la memoria histórica, después de profundizar más veo que no tiene punto de comparación. Es más, hoy sé que terminada la guerra siguieron matando.
    Si hay alguien a quien rendir cuentas, la iglesia tiene muchas que rendir.

    es un placer leerte, y por ello te dejo un beso.

    Ah, casi lo olvido. Mi madre estudió en un colegio de monjas y por ser hija de rojos sirvió mas de criada que estudió y eso que mamá nació en el 48 corrían ya los 60 cuando entró en el tal colegio del que conserva pésimos recuerdos.

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  7. A LYS,
    Sí recordaba tu pregunta. Tu madre no fue la única que vivió discriminaciones en el colegio; esas tácticas fueron el pan de cada día en los centros de enseñanza y de trabajo.

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