01 octubre 2007

Familia, permisividad, tibieza y accidentes de tráfico

Otro fin de semana y otra vez es noticia la muerte de varios jóvenes en accidentes de tráfico. Todo indica que el drama continuará, entre otras cosas porque casi nadie quiere abordar ese y otros asuntos llamando a las cosas por su nombre.
Así, por ejemplo, la muerte de dos jovencitas de 15 años de edad en el siniestro ocurrido en la madrugada de ayer domingo en las proximidades de Sarria (Lugo), ¡las muchachas regresaban de un botellón!, ha sido presentada por casi todos los medios con titulares y textos que hablan de puntos negros (¿?), de las carreteras se ceban con los jóvenes (¿?), de la necesidad de que las competencias de tráfico sean cedidas a la Administración autonómica (¿?), de que las jóvenes tuvieron mala suerte (¿?), etcétera.
Pero casi ningún medio, periodista, columnista o tertuliano menciona dos cuestiones:
Primero, ¿Qué narices hacen dos crías de 15 años yendo a un botellón, fiesta basada en el consumo de alcohol?, y
Segundo, ¿Cuántos puntos negros son fruto del absurdo principio de otorgar esa catalogación a los tramos o puntos de la red viaria donde se producen X cantidad de accidentes, aunque se trate de tramos en línea recta o con leves curvas, bien señalizados y con buena visibilidad?
Las causas más comunes de los accidentes de tráfico tienen raíz humana: despiste, imprudencia, error, exceso de confianza, temeridad, apuestas, chulería, sueño, alcohol u otras drogas, prescindir de las señales de tráfico, etcétera.
Además, en casos como el de Sarria también influye la abundancia de padres y madres exagerada o enfermizamente comprensivos, el síndrome del papá y la mamá que aspiran a ser amigos y colegas de sus hijos, por ejemplo; o los que cierran los ojos, los que carecen de autoridad para decir no, o sencillamente porque renuncian a controlar y educar a sus hijos por los motivos que sea... ¡Es más cómodo!
La tragedia de Sarria es lo que es y nada tiene que ver con puntos negros ni con transferir competencias. Silenciar lo que es evidente --aunque se haga para no ahondar en el dolor-- contribuye a que la sociedad siga cerrando los ojos.
El elevado número de jóvenes muertos en las carreteras tiene orígenes perfectamente identificables y algunos de ellos, absurdamente silenciados.
INFORMACIÓN puntual del siniestro, en 20Minutos.

9 comentarios:

  1. vaya, otro día que tengo que darte toda la razón. es que es cierto, aquí la gente se mata y luego nos echamos las manos a la cabeza. es cierto que existe esa tendencia de padres amigos, que yo también detesto. los niños deben distinguir lo que está bien de lo que está mal.

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  2. Muy bien dicho, es impresionante ver tantos adolescentes casi niños por la calle a cualquier hora sin que nadie sepa lo que hacen. Se necesitan padres responsables para amigos ya tienen los del colegio. Tienes toda la razon

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  3. Totalmente de acuerdo. Los esfuerzos y las peleas que me han costado mantener a mis hijas dentro de la lógica de las salidas y entradas. No, no es fácil pero no imposible.
    Una de las frases siempre es recordarles que yo soy madre, su madre, no su colega.

    Es terrible esa permisividad absurda...

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  4. Desesperada y Rosa, tengo la sensación --desde hace ya tiempo-- de que las mujeres son por lo general más conscientes de que un hijo necesita padres, pero no consentidores. Curiosa y significativamente, las madres acostumbran a ser mucho más cariñosas, incluso comprensivas, pero delante de según que estupideces o excesos acostumbran a "pasar" menos que los padres. Es una impresión, aunque sé (sabemos) que hay de todo en todos y en todas. Saludos.

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  5. Por mucho que se gaste, económica y políticamente, en las carreteras no va a dejar de haber accidentes mortales mientras no haya responsabilidad al volante. Lo demás es confundir el tocino con la velocidad. Todos conducimos por las mismas carreteras y estamos expuestos a los mismos "puntos negros". Como para conducir, a algunos padres habría que obligarlos a sacar un "carné parental". Saludos.

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  6. Escriptorum54, su comentario ha llegado mientras ecribía mi respuesta a Desesperada y a Rosa, pero veo que usted confirma lo que comentaba. Migramundo, cuyo autor es varón, está en la misma onda. Esperemos que cada vez haya más padres-padres (o adultos-adultos) y menos papás-colegas (o papás-cómodos).

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  7. Hola. Me gusta el artículo. Genera cosas en las cabezas pensantes, por lo que puedo apreciar.

    Trataré de enfocar dos de los puntos, a mi juicio, claves:

    Primero. La velocidad, responsabilidad, seguridad al volante - en la carretera. No tengo coche, no conduzco. Pero de hacerlo, no necesitaría ir a 210 kms/h. Los gobiernos, ya que ostentan la autoridad y se preocupan por nosotros aunque nadie se lo pida... ¿Porqué no obligan a los fabricantes de automóviles a establecer unos máximos permitidos en cuanto a potencia y velocidad se refiere? ¿Dónde queda su voluntad política y sus ganas de que sigamos vivos en este caso?

    Segundo. La responsabilidad paterna, padres colegas, etc. Nunca los he tenido, pero he conocido a gente que sí. En mi opinión, deberían darles cursillos de pedagogía.

    Por otro lado, se me presenta una contradicción como antiautoritario. Igual que con la libertad, ¿Dónde está la barrera de la autoridad? ¿En la cosanguineidad? ¿En la relación paterno-filial, qué delimita la autoridad que se debe ejercer sobre la carne de vuestra carne? El sentido común me dice que debe ser el sentido común. Pero por lo común, solemos carecer de sentido...


    Un beso.

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  8. A Die Kranke Kraken: Sobre lo primero --¿por qué comercializan coches que pueden circular a 180o 220 kms/h?-- la respuesta es la misma que tu, seguramente, tienes en la punta de la lengua: por dinero. ¿Y el poder legislativo? Lo de siempre, apela a la libertad (¿?) individual y al libre mercado (¿?). Que son cosas tan moldeables como la plastilina.
    Sobre lo segundo, no te puedo contestar en un blog, pero diré --resumiendo mucho, mucho, mucho-- que el concepto de autoridad no tiene porque entrar en colisión con ser antiautoritario. Antiautoritario --seamos rigurosos siquiera por un instante-- no equivale a anti-autoridad, sino a anti-autoritarismo. En el caso que nos ocupa --padre, hijo o menor, adulto-- hablamos de la autoridad que es hija de la madurez y la experiencia, si la hay, frente al niño o joven que "todo lo sabe". En esta autoridad hay --o debería haber-- más respeto y cariño que mando y hago saber.
    Un abrazo.

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  9. De la educación de la familia que pasa a sus descendientes sale lo bueno o lo malo. Coincido con los comentarios del autor del blog, hay que ver las cosas como son, aunque detrás de todo, de los botellones y de los excesos etílicos, están los grandes intereses de los productores de bebidas alcohólicas. Ahí tiene que meter mano el Gobierno.

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