23 noviembre 2007

Iberia, un mosaico que actualmente está infravalorado

El premio Nobel de Literatura alemán Günter Grass, en entrevista que publica esta semana la revista portuguesa Expresso, ha declarado que España y Portugal saldrían beneficiadas constituyendo un Estado ibérico.
Las manifestaciones pro iberistas de Grass se suman a las de José Saramago, también Nobel de Literatura, que el pasado mes de julio abogó por la unión de ambos Estados. Recientes sondeos indican que uno de cada tres portugueses vería con buenos ojos esa posibilidad, en tanto que en España el porcentaje de partidarios de la confluencia incluso es mayor, en torno al 45 %.
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Los "fenicios" de la Península
La última iniciativa pro iberista de peso, pues obtuvo amplio eco a ambos lados de la frontera, la coprotagonizaron el historiador Oliveria Martins (1845-94) y el político Teófilo Braga (1843-1924), que fue presidente de la República Portuguesa, aunque fugazmente (mayo-agosto de 1915).
La propuesta de Braga concitó notables simpatías en Cataluña, donde el poeta Joan Maragall y el escritor y periodista Agustí Calvet (Gaziel) llegaron a comprometerse abiertamente con el proyecto, calificándolo de "racional y lógico".
El origen de Portugal es el Condado de Portus Cale (con sede en la actual Oporto), título y señorío que fueron otorgados por el rey Alfonso VI de Castilla y León (el de León se había creado de la unión de Asturias, Galicia y León) a Enrique de Borgoña, que estaba casado con una hija del monarca, Teresa; cuyo hijo, Alfonso Enriques, fue el primer rey de Portugal.
El reino de Castilla y más tarde las ya unidas coronas de Castilla y Aragón intentaron en varias ocasiones incorporar Portugal a su territorio ora amistosa ora militarmente, resultando especialmente memorable la derrota de las tropas castellanas en Aljubarrota (1385), batalla que elevó a la categoría de héroe nacional al condestable Nuno Alvares Pereira, comandante del ejército portugués. España no reconoció oficialmente la legitimidad del reino luso hasta 1411.
Por mor de la muerte el rey luso sin descendencia y conveniencias dinásticas, con Felipe II como soberano, Portugal formó parte de las Españas desde 1580 hasta 1640, cuando la nobleza lusa se rebeló y proclamó rey al duque de Bragança, Juan IV. La independencia se hizo efectiva en cuestión de semanas pero la guerra guadiana que desencadenó se prolongó durante 28 años, hasta 1668, cuando Carlos II se avino a aceptar lo que ya se había consumado para dejar de gastar vidas y dinero.
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Andaluces, catalanes, gallegos y vascos son los más iberistas
Curiosamente, el iberismo siempre ha calado más en la periferia (Andalucía, Cataluña, Galicia y País Vasco) que en la villa y corte. Y en Portugal ha ocurrido otro tanto, pues las propuestas iberistas también acostumbran a gozar de mayores simpatías en ciudades como Porto, Braga y Aveiro que en Lisboa o en la histórica Guimaraes, sede original del Ducado de Bragança.
Por razones que sería prolijo referir, la mayoría de los ideológicos o precursores del moderno nacionalismo español (españolismo), tan propensos a citar a los Reyes Católicos y a Felipe II, no han hecho suyas las ansias integradoras de aquellos reyes, que llegaron a obsesionarse con la incorporación del antiguo condado castellano-leonés de Portus Cale al reino de Castilla-Aragón --si bien, todo hay que decirlo, ese afán fracasó porque obedecía al deseo de dominio, en vez de a un proyecto integrador que respetara las diferencias.
Propuestas e ideas recientes como las de Grass y Saramago (ambos europeístas entusiastas), o el histórico sueño de los republicanos hispanos de los siglos XIX y XX de crear una confederación ibérica, apenas obtienen eco en los medios pese a que, ¡es justo remarcarlo!, amplios sectores de las sociedades española y portuguesa reconocen que vivir en Iberia reportaría muchos beneficios y ninguna desventaja, salvo herir el orgullo de los portugueses que siguen anclados en Aljubarrota y restar futuro al españolismo carca que tanto abunda, así como a los proyectos territorialistas de quienes apuestan por las segregaciones en detrimento de las integraciones [¡ojo!, integrarse en una unión política-institucional no es sinónimo de uniformar como pretenden los nacionalistas españoles o españolistas].

8 comentarios:

  1. tambien lei "la voz" y "el pais", queria escribir sobre esto, basicamente para decir que me aprece buena idea
    como tu dices todo beneficios y ninguna desventaje ... peeeroo ... sabesmos que los sospechosos habituales no estan interesados

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  2. pues a mí, en estos tiempos de localismos, crear una gran iberia me mola.

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  3. todo é muy bonito, pero...
    siempre hai un pero, e nin mais nin menos é que non o verán os ollos dos nacidos, penso eu claro, pero si foran capaces de articular semellante tratado, beneficiaría a moitos...

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  4. ...y restar futuro a los proyectos territorialistas de quienes apuestan por las segregaciones en detrimento de las integraciones.

    ¿Te estás refiriendo, sin mencionarlo, a la reivindicación de Olivenza,al concepto de Portugaliza,al incentivo que la independencia de portugal da a los separatistas catalanes y vascos?

    Para mí el iberismo es el viejo colonialismo castellano adornado con promesas de una hipotética prosperidad económica. En 30 años a partir de esa unión los ex-portugueses necesitarían un intérprete para ir a Brasil.

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  5. La idea de unir España y Portugal en una sola nación es interesantísima pero más interesante sería razonar un sistema de gobierno que permita minimizar las opiniones localistas que, invariablemente, surgirán con el tiempo.

    Sin embargo es también interesante ver que mucha gente piensa en los beneficios de la unión, enfrentándose con aquellos que no cejan de referirse a los beneficios de la desunión.

    Un abrazo.

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  6. Es cansado, pero hay que hacerlo.
    Ignoro las razones concretas de cada uno de ellos --no hay razones o motivos colectivs en ciertas actitudes personales--, pero en este "post" hay dos comentarios anónimos --había más-- que he decidido publicar porque no insultan y plantean cuestiones interesantes.
    No voy a contestar porque lo que plantean --sobre todo el segundo-- merece respuesta tranquila, sosegada, documentada, incluso un texto específico.
    Pero, por favor, a lo que iba: quienes hacen comentarios y demuestran su excelente actitud al diálogo y a plantear cuestiones interesantes, ¿tanto les cuesta enviar un correo a fsoriag@gmail e informar de que, mira, soy fulano de tal, mi e-correo es este y voy a enviar comentarios a tu ePágina identificándome como Juan Sierra, Joan Ferrer, Xoan Figueiras o Jon Aginaga?
    Los anónimos son utilizados por cientos de "tocacojones", y estos son los que han provocado --como en otros ámbitos-- que quienes utilizamos la Red sin esconder la mano solicitemos e insistamos en que, por favor, los demás, los que sencillamente amamos el debate sin miedo y con respeto --como estos dos anónimos que he incluido-- nos identifiquemos.
    Saludos y perdonad el "rollo".

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  7. Una pequeña pregunta, Félix.

    En el caso de darse esa unión ibérica...¿el castellano/español pasaría a ser idioma también de los portugueses, como la Constitución dice que es de los catalanes, murcianos, asturianos y pacenses?

    Pues entonces, prefiero que no. Más que nada por que, cuando el gallego haya sido fagocitado por el castellano, al menos que viva en sus hijos.

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  8. Hola Mendigo: Contestar a tu pregunta es imposible en un espacio tan breve. Pero hay dos detalles que ayudan a "imaginar":
    1. Si los Estados español y portugués unieran sus territorios cambiarían los marcos constitucional y jurídico-territorial de las actuales Españas;
    2. El portugués también es el idioma de ¡¡¡Brasil!!!, aparte de Cabo Verde, Mozambique y Angola (imagina por un momento que el gallego se hablara en Argentina o el catalán en Italia... el trato de "Madrid" a ese catalán y gallego hipotéticos de ámbito transfronterizos sería bien distinto: ¡el mercado y la economía mandan mucho!).
    De rebote, abres una pregunta rabiosamente actual: ¿Tiene sentido el uniformismo cultural que, explícita o implícitamente, se promueve desde ciertas instancias y partidos?
    Más claro: imagina que Madrid tuviera lengua propia... Como dice un amigo mío: ¡los madrileños serían más independentistas que los vasquistas radicales!
    No en vano, en el origen de ciertas posiciones o inclinaciones "desagregadoras" pesa mucho creerse mejor, más dotado o superior al otro (hay conceptos políticos en los que la "psicología" pesa más de lo que algunos están dispuestos a reconocer, a veces incluso pesa tanto como la economía).
    Un abrazo.

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