13 noviembre 2007

A veces, adoptar niños del Tercer Mundo es un negocio

¿Es correcto recurrir a las adopciones en el Tercer Mundo para satisfacer los deseos de paternidad de los occidentales?
La revista francesa Courrier international [el acceso a este medio requiere estar registrado] difunde un reportaje y análisis de Mohamed Hadda que, entre otras cuestiones, plantea la siguiente:
«Actualmente, hay indicios de que prospera el lucrativo negocio de la compra-venta de niños de África y de Asia disfrazada de adopción».
En los países ricos aumenta el deseo de paternidad/maternidad porque, entre otras cosas, tener perros, gatos, tortuguitas y periquitos ya no satisface a nadie... Ese deseo de adopción congracia consigo mismos a los hombres y mujeres del Primer Mundo que rehusaron adquirir obligaciones familiares en su juventud, pero que al envejecer se sienten solos o simplemente frustrados; al margen de las legítimas esperanzas de las parejas que no pueden procrear por razones biológicas.
«Cuando hay mucha demanda de un producto, siempre aumenta la oferta», alerta Hadda.
Pero las motivaciones no siempre son infames, en un elevado porcentaje los motivos son inocentes y generalmente, filantrópicos. Sin embargo, ¿por qué los ricos no se ocupan de los pobres? No olvidemos otro factor: al margen de que las motivaciones de los aspirantes a adoptar sean legítimas o cuestionables, la emigración siempre enriquece al país receptor y agrava la pobreza del país emisor.

2 comentarios:

  1. No me gustan las adopciones internacionales, se hagan de la forma irregular y delictiva como parece que operaba El Arca de Zoé, se hagan de forma absolutamente legal.

    Un niño chadiano tiene derecho a poder crecer y desarrollarse en su propio país. No me gusta la idea de sacar negritos del infierno para traerlos a nuestro cómodo paraíso. Tienen el derecho y la obligación de convertir su país en un lugar donde los niños no mueran y los hombres no se vean forzados a emigrar.

    Aunque también es cierto que la alternativa para muchos huérfanos es la miseria y la muerte.

    Tampoco me gusta la inmigración forzada. Toda persona tiene derecho a trabajar y lograr una vida digna en su país. La solución de África no es que huyan los brazos más fuertes, los espíritus más decididos para trabajar en Europa o los Emiratos Árabes.

    Toda persona tiene derecho a no tener que huir de su país para poder sobrevivir, progresar.

    La inmigración debe ser una opción, no una necesidad. Antes los blancos fletábamos buques negreros. Ahora los negros vienen ellos solos atraídos por los oropeles de la televisión por satélite e impelidos por la miseria de sus países. Como perfeccionamiento del sistema esclavista, no hay que irlos a buscar: vienen ellos solos y hasta se pagan ellos mismos el viaje.

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  2. Se ha construido un mundo en el cual se admite el libre tránsito de mercancías y dinero pero no el de las personas, donde la escasés de un artículo aumenta su valor gracias al juego de la oferta y la demanda. Los niños parecen ser un bien escaso en los países ricos, la mesa está servida para hacer negocios.

    Existen muchísimas cosas de aumentar o dar valor a un producto, una de ellas es dificultar su obención y si bien decir que un niño es un producto es una herejía y un delito de lesa humanidad necesito de la comparación para desarrollar mi razonamiento así que espero sepan disculparme.

    La dificultad de conseguir bebidas alcohólicas durante la prohibición en los EEUU sirvió para impulsar el negocio de contrabando de estas y cimentó el poder de la mafia en esas tierras. Las enrevesadas reglas urbanísticas de este país posibilitan e impulsan el pago de ingentes sumas de dinero como cohecho con el fin de conseguir la aprobación de determinados proyectos urbanísticos. Derogada la Ley Seca se acabó el negocio millonario de la mafia, si la ley urbanística fuese razonable, entendible, ajustada a las necesidades de desarrollo de las distintas comunidades no sería necesario recurrir al cohecho por parte de quiénes intentan que se aprueben sus proyectos.

    Igual los niños, lamentablemente. Si existieran leyes claras, no burocráticas, acerca de la adopción internacional, si uno pudiese adoptar un niño extranjero a través de un trámite lógico, normalizado (es decir, el mismo sea la nación que sea), si las parejas que desean adoptar un niño extranjero no tuviesen que luchar contra la maraña burocrática y contra condiciones kafkianas, este tipo de negocio no existiría o se vería reducido a su mínima expresión (lo cual seguiría siendo algo intolerable).

    Es lícito que una pareja quiera adoptar un niño de nacionalidad diferente si no le es posible adoptar un niño de la misma nacionalidad, eso no debería prohibirse. Lo que debería diseñarse es una ley a nivel internacional que permita que a través de un trámite único sea la nación que sea, permita a una pareja acceder a la adopción de ese niño. Si se le dificulta el acceso y su necesidad de adoptar es fuerte, recurrirán al medio que sea para conseguirlo, después de todo solo quieren un niño al que amar.

    Pero la existencia de esa ley arruinaría el negocio a organizaciones del tipo de las mencionadas y quizás por eso no se escuche que intenten su aprobación.

    Un abrazo

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