10 junio 2008

Echan el freno a los camiones y dan cuerda al descaro

Los mismos motivos que se aducen para paralizar el transporte por carretera podrían ser esgrimidos por más del 80 % de los asalariados, autónomos y empresas españolas de casi todos los sectores de la producción y de los servicios.
En este conflicto parecen ser norma las medias verdades y las mentiras. Ejemplo de falacia:
«No podemos aguantar más, desde hace tiempo hay autónomos que están haciendo por 200 euros trabajos cuyo coste es de 300 o 400».
Este testimonio, que ha sido corroborado con las mismas o similares cifras y palabras por decenas de transportistas, retrata los criterios que guían a los convocantes del desmadre.
Desde hace años y años los transportistas compiten deslealmente entre ellos, reventando precios y prestándose a vergonzantes servilismos con las empresas contratantes; amén de un largo etcétera de absurdos. Y ahora, en lugar de imputar el aumento de los costes --sean por la carestía del gasóleo, por los peajes u otros gastos-- en el precio de sus servicios, pretenden que la Administración resuelva lo que son incapaces de solventar dialogando entre ellos y con los agentes económicos implicados para, ¡de una vez por todas!, racionalizar su propio sector.
El del transporte es un sector atomizado, desunido y cainita. Así de crudo.
Resumiendo: Hasta aquí quiero libre mercado, pero a partir de aquí, justo desde donde yo diga, quiero intervencionismo estatal y dinero público...
Exigen intervencionismo al estilo franquista, o soviético...
La principal demanda de los huelguistas es que la Administración fije un precio mínimo para los servicios de transporte. Sin rodeos: Semejante propuesta revela que los convocantes del despropósito viven fuera de la realidad, o sencillamente están tomando el pelo a los ciudadanos.
Puestos a que el Estado intervenga las actividades económicas y los mercados --tal como los gremialistas del transporte pretenden--, sería más urgente y estaría humanamente más justificado que la Administración estableciera precios mínimos al mayor para garantizar la dignidad salarial de los productores de patatas, huevos, leche, carne, medicinas, etcétera, etcétera.
El buenismo de unos y el oportunismo de otros
Pero en este aberrante conflicto también llama la atención --aparte del descaro de las organizaciones convocantes-- que el Gobierno esté ofreciendo "compensaciones" a los extorsionadores. Es decir, el Gobierno está dispuesto a utilizar dinero público para compensar la caída de los ingresos o las pérdidas que acusan las empresas y los autónomos de un sector que lleva años enfangado en su propia inoperancia organizativa y que, para colmo, se caracteriza por luchas intestinas en las que se aplica sin piedad la consigna del todo vale para pisarse entre ellos.
En paralelo, el PP, haciendo gala de un oportunismo atroz, presenta una iniciativa parlamentaria que --con el apoyo de otros benditos-- va más allá del buenismo gubernamental y pide más y mejor intervencionismo... ¿Están todos locos?
Leyendo y escuchando lo que dicen unos y otros parece que la escalada de las cotizaciones del crudo en los mercados de Londres y Nueva York es un problema estrictamente español.
Nadie ignora que no es políticamente correcto decir alto y claro lo evidente: La desregulación y las especulaciones constituyen la raíz de un episodio que es de ámbito internacional, pese a que en las Españas --para desgracia de sus ciudadanos-- el problemón internacional se agrave con una acción injustificable que, para colmo, cuenta con el inexplicable apoyo del buenismo gubernamental y del oportunismo de la oposición.
Pero, ¿habrá que buscar soluciones, no? Sí, pero sin extorsiones, sin mentiras y para todos, ¡¡¡no solo para los transportistas!!!
ENLACE útil para quienes consideren que siempre es bueno sonreír: "Franco y la gasolina en polvo".

2 comentarios:

  1. Lo bueno que tiene la subida del petróleo y, por vasos comunicantes, de todas las fuentes de energía primaria, si es que algo bueno se puede sacar, es que va a contribuir a racionalizar los procesos de producción, transporte y comercialización.

    Por poner un ejemplo: es absurdo que en un supermercado de Verín (Ourense) puedas comprar agua embotellada en Granada o en Lleida (Verín tiene tres plantas embotelladoras: Cabreiroá, Sousas y Fontenova). Atravesar la península con un camión cargado de algo de tan bajo coste específico como el agua, llevándola allá donde sobra, es uno de los absurdos e ineficiencias del actual sistema.

    Con la subida del coste de los combustibles, muchos de los despilfarros energéticos actuales se saldrán de costes.

    El empleo de materias primas del entorno, la descentralización de la producción eléctrica, la racionalización del urbanismo para minimizar los desplazamientos diarios...todas son medidas que puede tomar el Estado para paliar la carestía de petróleo que no es un hecho puntual, sino un problema que cada vez será más grave.

    Seguir sin actualizar el recibo de la electricidad, o ceder a las peticiones de los transportistas y abaratarles el gasóleo, pueden ser medidas populares en el corto plazo, pero es insistir en un camino sin salida y fomentar de forma indirecta la ineficiencia y el despilfarro energético (incluso subvencionar estos comportamientos con cargo a los Presupuestos del Estado, como es el caso de la electricidad).

    En resumen: el gasóleo está caro. AFORTUNADAMENTE. ¿Acaso alguien creía que iba a bajar? ¿Quién se extraña? El gasóleo está caro y más que va a estar, y más vale que nos vayamos haciendo a la idea.

    Habrá que buscar alternativas a un problema estructural (transportes más eficientes como el ferrocarril, acercar las industrias a las fuentes de materias primas y/o mercados, planificación del territorio descentralizada, con ciudades de tamaño medio dotadas de servicios, donde no sea necesario el uso del transporte privado...).

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  2. Como siempre dando en el clavo Félix. Yo he sido transportista autónomo durante muchos años y puedo corroborar de primera mano lo que dices. Los transportistas han tenido una época de vacas gordas, pero que muy gordas, ganando mucho más de lo que gana asalariado alguno. Luego empezaron las vacas flacas, o a ganar menos de lo que estaban acostumbrados, y en gran medida por lo que tu citas. La competencia desleal está a la orden del día, los autónomos tienen mucha culpa. Si fulanito te hace el viaje por 300 yo por 200, pero el que viene detrás lo hace por 100. Yo he visto como entraban a trabajar los primeros, comían el desayuno en la cabina conduciendo, no paraban a comer y volvían a toda prisa por más repartos, se quejaban de las rutas largas o difíciles, se apuñalaban por la espalda y hasta se alegraban de tus averías. Luego todo el mundo se mete a transportista. Si tu trabajabas en una empresa y esta cerraba, con el finiquito te comprabas un camión y a reventar precios. No hacías vacaciones para trabajar agosto aunque fuese bajo mínimos, o cogías las vacaciones en agosto porque era cuando había menos trabajo.
    Nadie es del todo malo, hay transportistas muy buena gente y legales, pero son rápidamente absorvidos por las empresas que los contratan ("Si no te interesa el trabajo a este precio, tengo cinco esperando")
    No han sabido unirse en un sindicato competente, ni reclamar las subidas justas cada año. Cada autónomo es su empresa y va por libre.
    Hay tantas y tantas cosas que han hecho mal por culpa de su propio egoísmo, que yo, habiendo sido transportista y fiel defensor del gremio, he acabado asqueado.
    Y por si alguien se molesta, hablamos de transportistas como colectivo, porque como personas suelen ser excelentes personas, y hay muchas partes positivas en dicho colectivo (en carretera son una garantía de ayuda, aunque cada vez menos).
    Sinceramente cuando he visto que querían hacer huelga me he alegrado en un principio. Yo se lo que significa este exceso en gasto del gas-oil. Sin embargo, ni las reclamaciones que hacen, ni la forma de conducirlo me parece la correcta, más que nada porque acaban cayendo en el mal que los ha aquejado siempre, el egoismo.

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