06 mayo 2009

Afganistán se hunde mientras Occidente alardea de éxitos

Cada insurgente que participa en un ataque a puestos policiales o militares cobra de los talibanes una media de 3,5 euros por operación, según fuentes de los servicios de inteligencia occidentales.
Mientras tanto, cada asesor extranjero destinado en Kabul, casi todos estadounidenses, cobra de las remesas extranjeras remitidas como ayuda a Afganistán entre 15.000 y 28.000 euros mensuales.
Ya en el 2006, Jean Mazurelle, entonces director de la oficina afgana del Banco Mundial, calculó que «entre el 35 y el 40 % de la ayuda internacional se gasta mal. Se está produciendo un auténtico saqueo, fundamentalmente por parte de las empresas privadas. Es un escándalo». Los occidentales que trabajan en programas oficiales de auxilio han ocupado los mejores barrios de Kabul para alojar al personal de las empresas, de las agencias y de las embajadas.
«Acabo de alquilar este edificio por 30.000 dólares al mes a una organización de ayuda», ha relatado Torialai Bahadery, director de Property Consulting Afghanistan, firma local especializada en alquileres a extranjeros: «Es caro porque tiene 24 habitaciones con baño, así como puertas blindadas y ventanas a prueba de balas».
Ocho de cada diez afganos carecen de acceso a agua limpia, pero los occidentales exigen que todas las habitación alquiladas o de hotel dispongan de baño, un lujo oneroso al que hay que añadir los elevados gastos en compañías de seguridad, que también son occidentales o están bajo control occidental.
Éxito talibán
El burka sigue siendo una prenda habitual en Kabul
Los ataques a extranjeros y los atentados han sido altamente eficaces desde el punto de vista de los talibanes, prueba de ellos es que prácticamente todos los técnicos extranjeros viven en complejos tan defendidos como lujosos y aislados, de manera que apenas tienen contacto con los afganos, exceptuados los que trabajan de chófer y asistente (o criado/a) para extranjeros, y los funcionarios del Estado.
Por ende, la mayoría de extranjeros dedicados a reconstruir el país (desde infraestructuras hasta la maquinaria administrativa y los servicios públicos) cubren estancias cada vez más breves, de manera que la eficacia y la rentabilidad de su trabajo y del dinero invertido es baja.
Desproporciones y rechazos
Miembros de organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan en el país asiático han denunciado, entre otros hechos demostrativos de la iniquidad de la situación, que la práctica totalidad de los 830.000 habitantes de la provincia Badakhshan (norte del país) dependen del campo y el presupuesto anual de los servicios públicos del departamento de agricultura del territorio es de 34.000 euros, que es la cantidad que cobra en tres o cuatro meses un consultor extranjero barato destinado en Kabul.
Dos tercios del dinero llegado del extranjero para el programa de ayudas se lo llevan compañías extranjeras que subcontratan hasta cinco veces y cada contratista obtiene beneficios antes de ejecutar el proyecto aprobado.
Intermediarios que se hacen millonarios
Otro ejemplo, este citado en un informe de Oxfam, relata el caso de la construcción de la carretera que une el centro de Kabul con el aeropuerto. El proyecto, cuya ejecución se acometió en el 2005, fue otorgado a una empresa de EE UU que cobró 2,1 millones de euros por kilómetro, lo que supuso multiplicar por cuatro el coste medio de las carreteras que se construían en Afganistán hace cuatro años.
Además, la compañía estadounidense beneficiada por la adjudicación subcontrató a una empresa afgana, de manera que obtuvo un beneficio todavía mayor. Es decir, empresas extranjeras ejercen de simples intermediarios o comisionistas.
La mitad de la población carece de empleo
Otro aspecto especialmente vergonzoso y revelador radica en que la ayuda extranjera apenas ha reducido el desempleo. En las provincias del sur del país --una de las zonas donde más influyentes son los talibanes-- más del 70 % de los guerrilleros abatidos o apresados son jóvenes desempleados que han sido contratados por los insurgentes a cambio de cobrar un puñado de euros por cada ataque.
Desde un punto de vista político y militar el fracaso es doblemente grave porque el uso de esos desheredados permite a los talibanes reservar a sus combatientes más experimentados, sin dejar por ello de castigar a los soldados extranjeros y gubernamentales.
El 90 % del dinero público llega del extranjero
La importancia de que la ayuda extranjera sea eficiente queda demostrada con un solo dato:
Las donaciones de los gobiernos occidentales constituyen el 90 % del presupuesto del que dispone el Gobierno afgano.
El despropósito es tal que frente a las varias decenas de miles de euros que cobra un técnico o asesor occidental que recala en Afganistán durante un año, un policía local percibe 60 euros mensuales, cantidad que ni siquiera garantiza que él y su familia coman todos los días, de modo que los sobornos son habituales.
El caos y la ineficacia son norma en Kabul, donde sólo dos de cada diez hogares disponen de electricidad las 24 horas del día y el agua corriente y potable es cosa de una minoría todavía más exigua. La situación de Afganistán --de la que en esta entrada sólo figura una breve relación de datos y casos-- indica que los portavoces gubernamentales de los países que participan en la ocupación y en la reconstrucción del país tienen más imaginación que los guionistas de Hollywood.
Eso sí, el oleoducto que se construye entre los campos de hidrocarburos de Asia Central y la costa del Índico, que cruzará Afganistán de norte a sur, sigue adelante. Amén de los negocios de las afortunadas empresas de distintos países de Occidente que contribuyen a no se sabe exactamente qué.
¿Misión humanitaria?, ¿democratización?, ¿estabilidad geopolítica?...
Ponga usted la respuesta, o bien espere a que den su versión Barack Obama, Gordon Brown, Nicolas Sarkozy, Rodríguez Zapatero o Silvio Berlusconni, entre otros.
MÁS en COUNTERPUNCH.
ENLACE a la reseña de un libro de interés: "Descenso al caos", de Ahmed Rashid.

3 comentarios:

  1. Tremendo, vergonzoso lo que pasa en Afganistán, eso sin contar que Occidente además olvida a las mujeres afganas.
    Triste, muy triste...no sé si viviré para ver este país que sale de ese túnel sin luz...quizás no veré esa revolución.
    Muy buen post....

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  2. Félix, ambos sabemos que si a los EE.UU y demás les interesara la defensa de los Derechos Humanos ya tendrían que haber invadido países (amigos suyos)como Arabia Saudita.

    Es indudable que la guerra de Irak y la invasión de Afganistán obedecen a la necesidad de controlar las fuentes de petróleo y la de desarrollar sus medios de transportes.

    Geopolítica e intereses económicos, empaquetados con un hermoso moñito azul y rojo republicano-democráta.

    Un abrazo.

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  3. A ver, que alguien me recuerde qué iba a hacer Occidente en Afganistán... más que nada por ver si es que estaba equivocada porque, vamos, no veo ningún avance en este país, pero ninguno.

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