capturado en lainformación.com, elaborado en el verano del 2009.
Fuente: CECA (Pulsar sobre la ilustración para ampliarla)
En Galicia y con motivo de la reforma de la Lei de Caixas (el episodio también se ha vivido o se vive en otras comunidades autónomas) se ha abierto una agria polémica política entre quienes apuestan por utilizar la ley para forzar la fusión de las dos entidades existentes (Caixa Galicia y Caixanova), los que consideran que ese cambio legal no es necesario, y los que afrontan la reforma con independencia de la fusión --sin menoscabo de que esta sea o pueda ser positiva para la economía gallega.
Además, pese a que el Consello da Xunta insiste erre que erre en aprobar la ley de cajas que el Consejo de Estado --¡no el Gobierno central!-- considera inconstitucional en algunos aspectos, resulta que en rigor la fusión de las dos cajas gallegas se puede hacer sin cambiar la ley... En fin, un dislate trufado de medias verdades.
Las posiciones de los unos y de los otros tienen matices, pero conste que PP y BNG han sido aliados objetivos en el Parlamento Galego a la hora de votar el texto de la Lei de Caixas, al margen de que sus criterios difieran en numerosos aspectos.
[A propósito de las posiciones que defienden los partidos políticos, ver "Fusión de las cajas gallegas: ¡Hagan juego, señores!"]
La ley aprobada en la Cámara autonómica fue recurrida ante el Constitucional a instancias del Consejo de Estado (¡no del Gobierno!) por un motivo fundamental: el texto aprobado en la Cámara gallega otorga al Ejecutivo autonómico poderes que invaden competencias de control que son potestativas del Banco de España, otorgando al Gobierno gallego derecho de veto en operaciones estratégicas de las cajas con sede en Galicia.
Hay otras causas de posible inconstitucionalidad, pero son de alcance menor.
Hay otras causas de posible inconstitucionalidad, pero son de alcance menor.
Pasan las semanas y las posiciones apenas han cambiado, de modo que la negociación Xunta-Gobierno central para adecuar la Lei de Caixas a las indicaciones del Consejo de Estado está estancada pese a que el tiempo corre en contra de la fusión y en contra de la mejora o saneamiento de ambas entidades, pues el plazo para hacer uso del fondo de reestructuración bancaria (FROB) se agota.
En todo caso, en el episodio hay dos aspectos que llaman la atención.
1º: Casi nadie habla de economía.
Resulta chocante que si tanto Caixa Galicia como Caixanova gozan de tan buena situación económica --tal como han certificado las consultorías realizadas y según afirman cuantos han opinado al respecto desde distintas posiciones institucionales--, ¿por qué hay tanto empeño en fusionarlas o incorporarlas a pactos con entidades de otras comunidades? Si tan bien están, ¿por qué tanta insistencia en que es preciso recurrir al FROB?
¿O acaso se ha creado un espejismo interesado y las cuentas de las cajas o de una de ellas no son tan buenas como dicen?, ¿no será que hay situaciones delicadas que aconsejan unirlas entre sí o con otras y hacerlo sin dilaciones?
Lo cierto es que en las negociaciones Xunta-Gobierno central y también en el conjunto de la sociedad gallega --desde los medios hasta las charlas de café y los círculos de la elite-- se habla del asunto desde un punto de vista político y puntualmente jurídico, pero rara vez se alude a la economía y a la contabilidad o a las prácticas de ambas entidades.
2º: ¿Qué es eso del sistema financiero gallego?
Se ha puesto de moda hablar del sistema financiero gallego (¿?), hasta el extremo de que ese ente inexistente ha sido convertido en la clave de bóveda de quienes defienden la Lei de Caixas tal cual ha sido aprobada en Santiago.
Lo más curioso de ese argumento es que ¡no existe un sistema financiero gallego!
Es más, no sólo no existe, sino que además el uso de esa expresión es prueba palmaria del alto grado de politización y del escaso rigor económico con el que se afronta el asunto.
Es más, no sólo no existe, sino que además el uso de esa expresión es prueba palmaria del alto grado de politización y del escaso rigor económico con el que se afronta el asunto.
Todo sistema financiero se compone de tres elementos imprescindibles: activos y pasivos financieros, instituciones y mercados. Premisa que incumplen todas las comunidades autónomas, también las de Madrid, Cataluña y Euskadi, territorios que son citados en Galicia como ¿sistemas financieros? a imitar.
El único sistema financiero que hay en España es de ámbito estatal y, por ende, con reservas, pues desde que se puso en marcha la Unión Económica y Monetaria (UEM) todos los Estados que se han incorporado a la eurozona han cedido competencias monetario-financieras al Banco Central Europeo (BCE) y, objetivamente, ya existe un germen de sistema financiero único de ámbito europeo que, en teoría, deberá avanzar al mismo ritmo que se reducen las competencias e independencia de los sistemas monetarios y financieros de cada Estado miembro de la Unión.
Intuyo que quienes insisten una y otra vez en aludir al inexistente sistema financiero gallego lo hacen con la legítima intención de subrayar que conviene --¡sin duda!-- que la sede social de la o las cajas gallegas siga en Galicia.
Pero también ocurre que entre esos reales y los supuestos galleguistas financieros también hay quienes insisten en esa falacia del sistema financiero gallego para no entrar en jardines poco edificantes del submundo de las cajas.
Pero también ocurre que entre esos reales y los supuestos galleguistas financieros también hay quienes insisten en esa falacia del sistema financiero gallego para no entrar en jardines poco edificantes del submundo de las cajas.
Es curioso, que las cúpulas de los partidos políticos con representación en el Parlamento Galego (PP, PSdG y BNG) se acuerden ahora de la galleguidad de las cajas y, en cambio, nada dijeran cuando esas cajas invertían decenas de millones de euros en empresas ajenas a Galicia que especulaban con el ladrillo.
[Hay un episodio paradigmático: la elevada inversión de Caixa Galicia en el bluf Astroc, donde se han evaporado decenas de millones de euros procedentes del ahorro de los gallegos. ¿Por qué no se habla de ese escándalo político-financiero protagonizado por una entidad que se beneficia de estar protegida por la Administración pública?]
[Hay un episodio paradigmático: la elevada inversión de Caixa Galicia en el bluf Astroc, donde se han evaporado decenas de millones de euros procedentes del ahorro de los gallegos. ¿Por qué no se habla de ese escándalo político-financiero protagonizado por una entidad que se beneficia de estar protegida por la Administración pública?]
¡Que se hable de quienes venden riqueza!
Hablar del inexistente sistema financiero gallego también es utilizado por quienes eluden uno de los debates más sustanciales para el futuro de la economía gallega: ¿Qué hacer para que las empresas, sociedades y entidades con más peso económico en el país gallego dejen de ser enajenadas y/o ubiquen sus sedes (incluidas las decisiones y los impuestos que abonan) fuera de la comunidad?
La adquisición de Fenosa por Unión Eléctrica Madrileña, que dio lugar a Unión-Fenosa, marcó un hito; pero ha habido pérdidas tanto o más significativas en casi todos los sectores. La última operación de ese tipo fue noticia la semana pasada: La compra de dos plantas transformadoras del sector lácteo (en Vilalba y Nadela) por parte de la multinacional francesa Lactalis. Empresarios, cajas y demás agentes económicos gallegos volvieron a dar la espalda al sector lácteo del país.
Es un suma y sigue constante y, por tanto, es lógico y merece aplauso que se alcen voces exigiendo poner fin a esa sangría, pues si las cajas acaban en manos de entidades con sede fuera del país gallego, el círculo vicioso se habrá cerrado en gran medida.
Este es el aspecto en el que sí habría que insistir a diario: la propensión de demasiados dirigentes económicos gallegos a desgalleguizar sus empresas y sus activos y, en definitiva, la facilidad con la que venden y exportan poder de decisión, capitales y también ahorros.
El eje del debate de las cajas pasa por ahí, en vez de aludir a un sistema que no existe y cuya mención contribuye a empobrecer la cultura económica de los ciudadanos.
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