09 mayo 2012

La deuda pública casi nunca vence y enriquece a quien ya es rico

Los Estados obtienen liquidez en una rueda que les obliga a estar siempre empeñados 
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Sí, ya sé que contar cosas de la economía con la máxima claridad posible no forma parte de la actualidad a la que nos han acostumbrado…
A la vista de que demasiados responsables de periódicos siguen sin entender que el futuro de la prensa pasa por contextualizar y ahondar, siquiera un poquito; por ejemplo, contando cómo funciona la deuda pública.
Inevitablemente, usted, amable lector/a, habrá escuchado eso de que la deuda del Estado español y el déficit presupuestario son descomunales y que ahí radican todos los males económicos del país.
Esa y otras afirmaciones similares son tan telegráficas que mueven a la confusión.
Antes de la cita electoral del pasado 20-N había quienes insistían en ese simplismo para que los electores fueran más viscerales o ingenuos de lo que ya son habitualmente. O alternativamente, para que se abstuvieran.
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El déficit y la deuda no reflejan
la salud de la economía real,
sino la del Estado
Ante todo conviene tener en cuenta que el déficit y la deuda son cosas distintas.
Del primero (déficit: gastar más de lo que se ingresa) hay un notable conocimiento de lo que significa y de cómo corregirlo [básicamente, se trataría de afrontar dos retos: primero, hacer una reforma fiscal a fondo y acabar con los parches a los que han recurrido sucesivos gobiernos y, segundo, poner coto a los gastos innecesarios y a las inversiones (grandezas) carentes de retorno, para lo que en ningún caso es preciso usar las tijeras en educación, sanidad y conocimiento, que es lo que está haciendo el PP al entrar en La Moncloa cual elefante en cacharrería].
Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos tienen un conocimiento limitado (por bajo) de cómo funciona la deuda pública y ante ciertas cifras e informaciones se preguntan cómo es posible, por ejemplo, que la deuda aumente pese a que el Estado gasta e invierte menos. 
Más fácil:
¿Por qué el actual Gobierno pide el mismo o más dinero prestado (emite deuda) que hace uno, dos o tres años pese a que en los presupuestos de 2012 se han reducido el gasto y la inversión pública?
Pues bien, aunque parezca mentira, el Gobierno de Rajoy está obligado a pedir crédito; lo cual no es malo ni bueno, sino una más de las perversiones del sistema.
Vayamos por partes:
El Estado puede acceder a crédito emitiendo tres tipos de deuda pública:
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Al cierre del ejercicio de 2011, el total de la deuda emitida por el Estado español que está en manos de personas físicas y jurídicas [sobre todo, en las de los llamados mercados, básicamente bancos y fondos de inversión] sumaba 580.000 millones de euros, en números redondos: letras por valor de 90.000 millones, en bonos 150.000 millones y en obligaciones, 340.000 millones.
También existe la llamada deuda perpetua, pero esa es otra historia.
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El procedimiento de amortización es "eterno" y perverso
En principio, cabría pensar que los préstamos que obtiene el Estado tiene las mismas consecuencias que cuando lo hace un particular. Es parecido, cierto, pero distinto.
Por lo general, cuando un ciudadano obtiene un crédito pacta con el banco el abono de una serie de amortizaciones periódicas y una vez cumplidas, una vez pagados el principal más los intereses, la deuda queda zanjada.
En el caso de la deuda pública la amortización es sustancial y desgraciadamente diferente, pues el Estado no devuelve el capital hasta la fecha de vencimiento y, mientras tanto, sólo abona los intereses (el rendimiento que obtiene el comprador de deuda) aplicando el tipo, los plazos y el procedimiento pactados al sellar la operación.
Esto explica, entre otras cosas, que la deuda pública siga aumentando.
Para tener una idea más clara, sirva este ejemplo:
Si durante el ejercicio de 2012 vencen bonos por valor de 10.000 millones de euros, el Gobierno pide idéntica cantidad prestada para liquidar los créditos vencidos (aparte de haber pagado ya los intereses), pero ese nuevo crédito (emitiendo nuevos bonos) sólo sirve para que el Estado liquide el crédito anterior, pero seguirá debiendo los 10.000 millones de euros... ¡más los nuevos intereses!, que además pueden ser más elevados [ahí radica la importancia de que suba o baje la famosa prima de riesgo; es decir, el grado de fiabilidad que merece el Estado para cumplir el pago de los intereses y devolver el capital cuando venzan los bonos, letras u obligaciones correspondientes al nuevo adelanto de dinero].
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El sistema ha condenado al Estado a premiar la economía no productiva 
La deuda del Estado español ha pasado de los poco más de 300.000 millones de euros del año 2000 a más de medio billón en 2011, que con relación al PIB supone una tasa más baja que la de la maestra alemana [ver: mapa de las deudas públicas al cierre del ejercicio de 2010]; ojo, esta buena salud es provisional, tiempo al tiempo.
Hay un detalle altamente revelador a la vez que inquietante: el grueso de los beneficios (intereses) que renta la deuda pública a sus tenedores se los embolsan los bancos y los fondos de inversión, que son los mayores compradores de deuda pública.
Así las cosas, el capitalismo es tan perfecto ha convertido al Estado en el agente económico que más favorece el aumento de capital de quienes compran mucha deuda, que son personas ya adineradas, bancos y grandes inversores que ponen el dinero a trabajar, ganan más dinero sin mover un dedo y sin "arriesgar" en economía productiva [por si fuera poco, los bancos obtienen dinero del BCE al 1 % y con esos préstamos baratos compran deuda pública de los Estados que les proporciona rendimientos del 3, 4, 5 y a veces hasta el 6 %].
La deuda pública casi nunca vence --salvo que el Estado decida poner coto a la rueca--, de manera que se ha convertido en una de las perversiones más inteligentes del sistema.
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TEXTO relacionado:
«Las falacias sobre la devolución de la deuda pública», por José Moisés Martín, en Contexto.

5 comentarios:

  1. Precisiones muy esclarecedoras. Este es uno de los mecanismos por el que los gobiernos están cautivos del poder financiero.

    Mucho más sutil que las correrías y pillajes de la época feudal, pero seguramente más efectivo.

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  2. Creo que por una vez, lo expuesto es más bien confuso. Se entendería que no puede disminuirse la deuda, y creo que no es así. Ello, aunque por el sistema, a no ser una decidida intención y una acción previsora, sea mucho más fácil renovarla y el estado se ve casi abocado a ello.

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    1. En ningún momento digo que no se pueda disminuir la deuda, o amortizarla, sea pagando o negándose a seguir pagando.
      ¡Claro que se puede poner coto a la espiral!, hay Estados --pocos-- que lo han hecho de forma simple y directa: negándose a seguir re-re-re-amortizando el principal y seguir abonando intereses usurarios.
      Pero para hacer eso hay que tener voluntad política, y los gobiernos españoles --como los del resto de la UE-- no la tienen, ni siquiera se lo plantean.
      Estados con gobiernos como los habidos y el que hay en España no renuevan la deuda porque estén abocados a ello, ¡no es por eso!; sino que la renuevan y la renuevan y la renuevan porque interesa a quienes realmente detentan el poder político, poder que los Estados están cediendo, ¡cada vez más!, a los "mercados".
      Saludos.

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  3. No soy anónimo, es que aún no puedo entrar de otra forma. Soy tu ex compañero Guisande. Mira por donde; yo escribiendo cosas de humor, tú serias y separados en la Redacción por menos de un metro. Pues me encanta como explicas las cosas y aprendo que no veas. Un abrazo gran amigo. Espero que todo baya bien

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    1. ¡Hola!
      Escríbeme al buzón del blog: fsoriag@gmail.com, así tendré tu correo, te paso mi nuevo número de tlf. y tomamos unas birras.
      Un abrazote.

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