06 abril 2009

La remodelación del Gobierno y la política de la estética

Dando por cierto lo que hoy anuncian todos los medios, que Rodríguez Zapatero remodela el gobierno, lo que a uno se le antoja más destacable, cuestiones ideológicas aparte, es que jubilen a Solbes, ¡excelente contable del sistema!, o el imparable ascenso de la tecnocracia (Salgado), o que el fontanero del zapaterismo (Blanco) reciba un premio, o que se cree un ministerio para un profesional del coche oficial (Chaves) porque conviene buscarle sustituto en la baronía andaluza.
La remodelación del Gobierno, si se produce en los términos anunciados, es otra vuelta de tuerca en la inteligente, ¡por bien disimulada!, derechización del PSOE; que sumaría este nuevo regate estético al sorprendente frente nacionalista pactado con el PP en Euskadi (versión actualizada del otrora criticado entendimiento Redondo Terreros-Mayor Oreja), o al seguidismo que sigue practicando La Moncloa en materia internacional, pues desde hace unos años se ha agravado la obsesión con y por EE UU... Aznar López era visceralmente bushista y Rodríguez Zapatero, ingenuamente obamanista.
Más que remodelar, para estos recambios ministeriales sería más adecuado emplear el verbo descafeinar, pues es evidente que el descafeinado sigue ganando mercado.
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ACTUALIZACIÓN (martes 7 abril): 
Los cambios introducidos en el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero cabría resumirlos así:
* Un acierto relativo, consistente en defenestrar al titular de Cultura, César Antonio Molina, impulsor de la tesis de que los criterios gerenciales y administrativistas están por encima de los culturales y políticos. No obstante, es obligado reconocer que Molina es un excelente gestor. Lástima que la encargada de dar el hipotético golpe de timón sea González Sinde (es dudoso, por ejemplo, que ponga coto a la codicia de la SGAE, más bien todo lo contrario);
* Un relevo de orden partidario y otro, por amiguismo, respectivamente, al encajar en el Gobierno a Manuel Chaves y a José Blanco; en todo caso, el cese de Magdalena Álvarez en Fomento era necesario, además de habérselo ganado a pulso;
* Una jubilación solicitada, la de Solbes, concediéndole el ansiado retiro, tal como él mismo había reclamado públicamente con magistral sorna al decir que envidiaba a los ex ministros (el valenciano ha sido sustituido por la tecnócrata Elena Salgado);
* Más dos estrenos que todavía son de difícil valoración, tales son los casos de Ángel Gabilondo, nuevo ministro de Educación (Mercedes Cabrera, que ha actuado como una socialdemócrata de verdad, no de mentirijillas, no merecía la destitución) y Trinidad Jiménez, que se hace cargo de Sanidad y Políticas Sociales (Bernat Soria también deseaba abandonar el Gobierno para regresar a la ciencia). El nombramieno de Jiménez --persona política muy respetable y de talante proactivo-- quizá obedezca a un movimiento más de fondo con el que, aparte de premiar la fidelidad de la madrileña al zapaterismo, se pretende poner a Jiménez en un escaparate más visible y preparar un segundo asalto a la alcaldía madrileña o a la presidencia de esa comunidad, que es el territorio, junto al País Valencià, en el que el PP-sector caverna posee mayores resortes (incluidos los económicos) para mantenerse en el poder... Ya se verá.

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