13 julio 2009

La corrupción no es hija de la política ni de los partidos

La comprensión social de la que gozan los "listos", el fatalismo, el escaso sentido
de colectividad, el apoliticismo y la cultura católica del perdón facilitan la corrupción
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La corrupción ha generado una prolija y apasionada literatura. Desde ensayos hasta novelas, pasando por todo tipo de informes y estudios, entre los que abundan los que analizan el fenómeno (o casos concretos) desde el punto de vista psicológico... "intelectualizando" el fenómeno.
Tanto se ha pensado y escrito sobre el asunto que, inevitablemente, menudean los expertos que están empeñados en que tal o cual factor es el más relevante, hasta el extremo de que relegan todas las demás circunstancias a simples complementos o anécdotas. Y en ese grupo de expertos abundan los que han convertido la política en la madre de todos los males... ¿Por qué será?
Esos empecinados expertos insisten en que la corrupción más practicada y económicamente más cuantiosa o perjudicial es la que tejen cierto número de dirigentes políticos y, ¡zas!, a renglón seguido satanizan a los partidos y a los políticos en general, provocando que la vida y la acción políticas sean percibidas como la fuente de casi todas las corrupciones.
Esa tesis es una falacia.
Estos días, por ejemplo, ya hay quienes afirman que la trama Gürtel habría sido puesto en marcha por la dirección del PP. Esta aseveración falta a la verdad. Esa y otras tramas son puestas en marcha por individuos adscritos o no a un partido, a una institución, a una entidad civil o a una empresa que aprovechan las relaciones y los contactos que proporciona la organización a la que pertenecen para acceder a favores, privilegios, contratos, comisiones.
Hay corruptelas cotidianas que se practican durante años en entidades de todo tipo (desde asociaciones de vecinos hasta clubes de fútbol) o en empresas (desde supermercados hasta bancos) y no pasa nada...
Y lo que es peor: ¡Nadie dice nada!, ¡nadie denuncia!
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Desprestigiar la política
es hacer política
La trama Gürtel no es hija directa de la dirección del PP, al igual que la trama Filesa tampoco fue creada por el PSOE.
La dirección del PP no ha dado instrucciones para que tales y cuales cargos públicos beneficien a fulano, mengano y perengano para sacar tajada. En todo caso, el error o la irresponsabilidad imputable al PP (o a otros partidos en otros episodios) radicaría en cerrar los ojos, defender a militantes sospechosos o imputados y a veces, incluso a los condenados.
El origen de la Gürtel no está en los órganos del PP, sino en las personas que actuando individualmente o en comandita han puesto en marcha la trama ahora investigada por policías, fiscales y jueces.
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La acción política per se no corrompe
El ejercicio de la política --sea profesional o sin mediar emolumentos-- no corrompe. Lo que ocurre es que la política, como otras actividades y en otros ámbitos, da acceso a cuotas de poder, a medios y a oportunidades.
La corrupción es fruto de una decisión de índole personal que no precisa ideología.
Es más, la corrupción --sea pequeña o grande-- está más extendida, va más allá de la política y es más profunda en las empresas y en las entidades privadas en general que en las instituciones públicas.
[Seamos sinceros: Hay casos de corrupción hasta en las familias, sea por la herencia o por el trato económico que se da a uno/s u otro/s hijos, pues hablar de preferencias o de inclinaciones oculta en demasiadas ocasiones actos de pura discriminación. ¡No nos engañemos!]
Una vez decidido a ganar dinero fácil y ya obtenidos los primeros éxitos, el corrupto da un segundo paso: organizarse con otros para mejorar el negocio.
Luego, avanzado el proceso y a medida que crecen o se consolidan los ingresos, el grupo de corruptos da el tercer paso, que es el más arriesgado pero que permite multiplicar y prolongar en el tiempo las rentas: Implicar al mayor número posible de compañeros de partido, de entidad o de empresa para levantar muros de complicidad, de silencio y de miedo.
Muchos de quienes afirman que la corrupción es intrínseca o consustancial a los partidos políticos persiguen objetivos que son radicalmente políticos.
¿Por ejemplo?: Fomentar el apoliticismo, el nihilismo, el pasotismo y, a la postre, alimentar el rechazo social a la democracia política, lo cual a su vez facilita la corrupción. Nada más corrupto que una dictadura, pues necesita de ella para mantenerse.
Sí, así como suena aunque a bote pronto parezca increíble: desprestigiar la política favorece la pasividad social y esta es una de las principales ventajas del corrupto.
Si las empresas, las asociaciones de vecinos, los sindicatos, las patronales, las cámaras de comercio, los juzgados, la Iglesia Católica, las oenegés, los bancos y las cajas, etcétera, etcétera... ¡y las familias! fueran sometidos a investigaciones y al sano acoso político y mediático como el que se aplica a los partidos descubriríamos, ¡también con hipócrita y generalizado escándalo!, los orígenes reales de la corrupción.
Por favor, no se deje engañar: Hacer política no corrompe, los individuos propensos a corromperse o a dejarse corromper acaban delinquiendo en su partido, en su círculo social, en su empresa e incluso entre amigos y en familia. Tanto les da.

4 comentarios:

  1. ¿No será que la gente con tendencias corruptas tiene mayor interés por la política?

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  2. AL ANÓNIMO,
    La gente propensa a querer ganar dinero fácil tiene propensión a prácticar todo tipo de actividades u oficios que "faciliten" el beneficio, máxime en organziaciones que sean vulnerables a la instrumentalización.
    Evidentemente, las institcuiones públicas ofrecen posibilidades singulares, no tanto porque sea más fácil robar en ellas como porque desde siempre el hombre ha cultivado la cultura-creencia (con criterios propios de un cazador o de un recolector del neolítico) de que lo que es de todos es del primero que llega o del primero que se apropia del objeto...
    Es un asunto complejo en el que deberíamos evitar en la medida de lo posible la simplificación.
    La acción política, aparte de corupciones, también ha escrito páginas vistosas y ejemplares en la historia de la humanidad... ¿Justifican esas bondades afirmar que la política es el motor de todo lo bueno que hay en el hombre? No. Y sin embargo, achacamos a la práctica política casi todo lo que es deleznable.
    Curioso.
    Saludos y, por favor, salvo que por motivos laborales sea un problema, sería bueno que se identificara. En todo caso, ha sido usted correcto y sea bienvenido simpre a esta su "casa".

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  3. Hola

    No sé si he interpretado correctamente tu artículo, pero me parece que deslizas una hipótesis que no comparto totalmente. Desde tu punto de vista, una cosa son los políticos, otra distinta los partidos. De aquí extraes la siguiente conclusión: no son los partidos, sino las personas, las que pueden calificarse moral o jurídicamente como corruptas. Esto es así sin duda, pero hay algunos condicionantes que me gustaría comentar.

    Los partidos políticos son tanto una comunidad de ideas dirigida a un fin -político, digamos- como una comunidad de personas decididas a llevarlas a cabo. Una sin la otra puede ser cualquier cosa, pero no un partido político. El único modo conocido para conseguir su fin es este: la patrimonialización del poder. Sin la pretensión de copar el poder, tampoco podríamos hablar de un partido político. Pero patrimonializar el poder exige, fundamentalmente, tres cosas: una estricta jerarquía y no poca concentración de mando en unos órganos limitados, importantes recursos económicos y, por último, doblegar la voluntad del electorado ante otros “cantos de sirena”.

    En el logro de la patrimonialización del poder, los tres aspectos anteriores constituyen la genética de los partidos, y, como en ésta, dichos principios pueden servir tanto para la formación y desarrollo de un órgano como para su corrupción o fatal destrucción –igual que ciertos genes implicados en algunos tipos de cáncer, por ejemplo-. Con esto quiero decir que, en los partidos con voluntad de Gobierno, la decisión de ser honesto o no de sus miembros no es completamente libre. Está fuertemente condicionada tanto por el fin a conseguir como por los medios empleados. Y esto es así, desde mi punto de vista, desde que se “inventó” la democracia parlamentaria. Claro que sería deseable una estricta competencia de ideas y no de medios. Pero, mientras no se demuestre lo contrario, esos son los mundos de Yuppy.

    Un saludo . Álvaro.

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  4. Hay una persona que se dedica al estudio de estos temas y que publica cosas muy interesantes. Os recomiendo la lectura del artículo: "¿Por qué hay tanta corrupción en España?", de Victor Lapuente Giné, El País, 27.03.09, pág. 31. Es un español que trabaja en la Universidad de Gotemburgo (Suecia). Podéis contactar con él via internet. Un saludo.

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